viernes, 26 de octubre de 2012

Kylie The Abbey Road Sessions: El poder de la canción


Kylie Minogue decidió aprovechar el año 2012, cuando se cumplen 25 años de su carrera en la música pop para darse todos los gustos: en una celebración que bautizó K25, todos los días 25 de cada mes, anuncia o lanza una sorpresa. Ya sea un video celebratorio de su longevidad, una gira a la que llamo ‘anti tour’ en lugares pequeños y solamente tocando rarezas, la edición de un simple “sorpresa”, Time Bomb, la grabación oficial de un viejo tema que solo hacía en vivo, Flower y darse el gusto de dirigir ella misma el video que lo acompaña.
La pieza central de esta celebración es un disco llamado The Abbey Road Sessions (la sorpresa del 25 de octubre), algo a mitad de camino entre un unplugged, un disco orquestal y un grandes éxitos, donde se pone a reinterpretar casi una veintena de sus clásicos en un formato bastante diferente de sus versiones originales. El resultado es mejor de lo que se podía esperar, mucho mejor.
Con la música pop y sus envases, mensajes mezclados, relevancia entrecruzada, es fácil olvidarse del poder de la canción. Podemos tomar a la más glamorosa, escandalosa o vocalmente talentosa estrella, pero sin el poder de las canciones detrás, no van a llegar demasiado lejos.
Pocos artistas se pueden dar el lujo de celebrar 25 años de carrera, y aun muchos menos de ellos, 25 años de éxitos en esas carreras, tal como la Señorita Minogue. Si nos ponemos a teorizar el secreto, seguramente terminaremos en algún lugar hablando del carisma y encanto natural de la diminuta australiana, pero el disco que acá nos ocupa tiende a apuntar en otra dirección, que tiene que ver con las canciones. Canciones que, claro, salvo honrosas excepciones, no fueron escritas por Kylie, pero si oportunamente elegidas por ella o para ella. Y que presentadas en este despojado contexto nos muestran que sin canciones, sin ESTAS canciones, no habría Kylie.
Están los ejemplos obvios, identificables además con los nombres y apellidos de sus compositores: Can't get you out of my head lleva la firma de Cathy Dennis, que demostró junto con ésta y la increíblemente versátil Come into my world que es una artesana pop como pocas. Where the wild roses grow que Nick Cave le dedicó con todo su terrorífico amor a Kylie. The Loco-motion, escrita por Carole King, una de las más grandes de todos los tiempos. Los amigotes de Scissor Sisters regalaron I believe in you, que descubrió ya hace unos años su verdadera vocación de balada. Y creo que ya me explayé lo suficiente sobre Confide in me en otro lado. 
Pero seguramente las que uno no esperaba que resistieran tan bien el paso del tiempo fueron las composiciones de Stock, Aitken y Waterman, tan fácilmente despreciables en su momento por sonar todas iguales, y que en este contexto sorprenden una y otra vez: Hand in your heart ya había sido recuperada por el acusti-indie-sueco-argentino José González, y Kylie, astuta, retoma ese arreglo maravilloso, que revela la tristeza de fondo que le es inherente a la canción. Never too late, descartable como sonaba, con una relevancia que era difícilmente imaginable, y Better the devil you know, bajada de revoluciones sin perder por un momento eso que la hizo un "momento Minogue" como pocos. Mi favorita es Finer feelings, generalmente identificada como un momento Brothers in Rhythm-Minogue, pero originalmente un Stock-Waterman (sin Aitken). Y claro, I should be so lucky, que ya fue formada, deformada y reformada tantas veces que no nos sorprende, aunque debería
Minogue es también una astuta compositora, aunque modesta, y dado que el disco que contiene la mayoría de sus originales es su "disco maldito", rara vez se anima a sacar esta faceta a la luz, y aquí lo hace con Flower, un favorito de sus fans, y una de sus canciones más personales, escrita luego de su batalla contra el cáncer que probablemente la dejó sin posibilidades de tener hijos.
A todas estas canciones se les permite brillar en The Abbey Road Sessions, grabadas casi en directo, con los brillantes arreglos de Steve Anderson, que más allá de ser un gran arreglador, conoce a la cantante como pocos con su relación artística continuada de dos décadas.
Y Kylie, claro. Con su cada vez más ajustada voz, y ese je ne sais quoi que la sostiene cuando todo hubiese indicado que ya tendría que haber caído hace rato
Un disco bello, y muy recomendable. Para los fans, imprescindible, pero para aquellos que no, curiosos o simplemente amantes del buen pop y las buenas canciones, un disco que los puede sorprender

lunes, 22 de octubre de 2012

Homeland, temporada 2, episodios 01,02,03,04


"I loved you!"

Había decidido no hacer comentarios “episodio por episodio” de Homeland esta temporada, no porque considere que la serie no lo merece, si no porque, al contrario, el estilo narrativo y la inmediatez que la caracterizan me iban a hacer imposible postear las actualizaciones a tiempo como para que fueran relevantes.  Verán, estas cosas toman tiempo y trabajo, y un resumen de episodio de Homeland con 24 horas de retraso, probablemente ya no sea noticia.
Porque más que ninguna otra serie, ni de las actuales ni de las que tenga memoria, está jugando con las herramientas a su alcance de manejo del tiempo, de la intriga y manipulación de las convenciones del género que harían que determinadas cosas fueran “previsibles” con mas maestría. Como dice mi colega comentarista en The AV Club, tal como el jazz de la secuencia de los títulos, también la música favorita de su protagonista Carrie, uno puede saber cuáles son las notas que van a sonar, pero nunca estamos seguros ni dónde ni cuándo. Si a esto agregamos el ensamble de virtuosos que las están interpretando, tienen el equivalente televisivo de Bitches Brew o algún otro clásico del jazz que rompe el género en mil pedazos creando un nuevo estándar en el proceso.
Lo interesante que está sucediendo en esta segunda temporada de Homeland es que cuando todos creíamos que los guionistas se habían metido en un callejón sin salida con la historia que no podía más que tener un final después de 13 episodios, encontraron la manera de continuar. Y no solo eso: en cada uno de los cuatro episodios que vimos hasta ahora, en algún momento pensamos “ah, por acá va a ir el resto de la temporada”, solamente para demoler en los primeros cinco minutos del episodio siguiente todos nuestros preconceptos.
Si están mirando esta temporada, y sin entrar en detalles específicos sobre la trama, ya se habrán dado cuenta que con lo que otros creadores menores tirarían por 7 temporadas esta gente hizo cuatro episodios, donde en cada uno nos quedamos con la sensación de “y ahora que más puede pasar?”. Estamos tan programados para la “vuelta de tuerca al final” (de la película, de la temporada de la serie), que cuando dicha vuelta de tuerca sucede a los 14 minutos del episodio 4, nos quedamos sin aliento.
Claro que la serie no es perfecta, hay varios detalles en la historia de Brody que no resisten un análisis demasiado profundo, pero están jugados con tal maestría que estamos dispuestos a dejarlos pasar. Porque además hay algo tan creíble en Damian Lewis, algo tan… humano cada vez que le tiran una volea que no puede agarrar, que estamos constantemente esperando estos momentos (y realmente, si Abu Nazir no lo mata de un disgusto, seguramente será alguna de las mujeres en su vida, ya sea su cada vez mas desconfiada esposa Jessica, su hija Dana y todo lo que sabe que no tendría que saber, la peligrosa Roya y su aun más peligroso juego de agente encubierta. O  Carrie, claro) para ver cómo reacciona.
Y si Lewis tiene la oportunidad de brillar cada vez que se encuentra en alguna situación que cree que no va a poder controlar, es Claire Danes la que se lleva puesto cada episodio, que por cada llanto que nos pueda hacer pensar en sobre actuación, nos tira una sonrisa maniaca como la del episodio 01 de la segunda temporada (justa y oportunamente titulado “La sonrisa”) que nos muestra que si hay algo exagerado es porque la actriz decidió que es parte de la patología de su personaje y es INTENCIONALMENTE exagerado.  Miren la secuencia del “regreso a casa” de los últimos diez minutos del episodio 3 para ver el rango completo de una actriz, pasando de la desesperanza a la actividad maniaca, al quiebre, a la depresión total, para remontar nuevamente en un instinto de supervivencia y de disimulo que nos recuerda porque Carrie siempre fue tan buena espía como se nos dice que fue y culminando con el alivio, alegría y terror de confirmación cuando Saul finalmente le muestra el video. Bipolaridad de ciclado rápido para el personaje, calidad y precisión de la actriz que lo interpreta.
Y claro, si estos dos solistas son brillantes, no se imaginan en contrapunto. Juntar a Carrie y a Brody, es televisivamente brillante, pero a nivel de la narración una bomba de tiempo, y Danes y Lewis nos dan la mejor escena de “tragos en un bar” desde Don y Joan hace unos meses.
El resto del elenco gira alrededor de estos dos jugadores, pero cada uno aportando algo propio: Saul como el único pacificador que puede mantener unidos a elementos tan diversos como una agente con un trastorno mental importante con la agencia central de inteligencia; Estes que se niega a dar el brazo a torcer sobre los acontecimientos que rodean a todo este fiasco hasta que los acontecimientos mismos se le caen encima; Jessica que cuando cree que finalmente es su turno de que le pase algo bueno termina embarrada por los errores de su marido (Morena Baccarin se está robando la serie con su talento y su belleza) y Dana, de quien se espera que se comporte como la adulta que conoce todos los secretos cuando en realidad es una adolescente que tiene que decidir entre dos potenciales noviecitos.
Como dije cuando comente la temporada 1, si no están mirando esta serie, mírenla (empezó esta semana la temporada 2 en FX para Latinoamérica), no prometo hacer el “episodio por episodio”, mas cuando me voy a perder de ver ‘en vivo’ los próximos dos episodios, pero si comentar de vez en cuando pase algo que me deje los pelos de punta, como el s02e04, los mejores 40 minutos de adrenalina televisiva que se me puedan ocurrir. 

sábado, 13 de octubre de 2012

La importancia de llamarse Alison


Lectores de este blog sabrán de mi amor incondicional por Alison Moyet. Si bien reniego de los fandoms en general, no me queda otra que salir del closet como fan ciego de la Señora Alison Jane Genevieve Moyet, también conocida como “Alf”.
Más abajo me explayo un poco más sobre mi amor por la susodicha, pero un extraño efecto secundario de éste es mi simpatía por las Alison (o Allison, las dos deletreadas son relevantes) en general. Llegué a esta conclusión luego de terminar de ver en poco tiempo los 154 episodios de The West Wing, donde por lejos mi personaje favorito es Claudia Jean “CJ” Cregg, interpretada por ...Allison Janney. En seguida me vinieron a la cabeza Alison Goldfrapp, de la banda que lleva su nombre, y hasta Alison Parker, la sufrida protagonista de Melrose Place.
Hagamos un rápido recorrido de Alisons, entonces. 
Empecemos con la primera, la original, claro. Si me preguntan que me llevó hasta Alison, lo desconozco. Puedo explicarles ahora lo maravillosa que me parece su voz, lo astuta compositora que es, su seco sentido del humor, su férrea determinación a hacer lo que quiera que la llevó desde separar su rentable relación con Vince Clarke en Yazoo hasta quemar puentes con Sony, o lo bella que me parece, tanto cuando era una simpática chubby a su magnífica prestancia actual como MILF cincuentona. 
Pero cómo llegué a ella, poca idea. Tengo súper presentes haber escuchado Don’t go y Situation en su momento, y estar convencido que los cantaba un hombre. Recuerdo haber leido en la Pelo seguramente que su simpáticamente titulado primer disco Alf estaba primero en los rankings ingleses. En algún momento me crucé con el cassette  (Alf, junto con Dare de la Human League y Sweet Dreams y Touch de Eurythmics son los discos que tuve en más formatos posibles: cassette, vinilo nacional, vinilo importado, CD y de vez en cuando alguna edición especial ampliada) y lo compré... y 28 años más tarde sigo queriéndola como el primer día.
A pesar de todo lo que ha hecho porque la abandone, tal como sacar un disco cada 7 años, que esos discos sean en ocasiones horribles, que recicle caras B perdidas en temas de álbum, le sigo fiel.
Fue por Alison que en un ataque me hice las escapada más cara del mundo de cinco días a Inglaterra para verla tocar 3 veces (y que sigo pagando 3 años después, sin ningún arrepentimiento). Sólo tiene que decir “Stop!” en el medio de All cried out, o mandarme un saludo por twitter por mi cumpleaños, y le soy fiel de por vida. 
CJ: too sexy
En cuanto a la Janney, si bien puedo admitir haberle declarado mi amor hoy en día, siempre tuve una atracción por ella en sus muchos papeles secundarios a través de los años. Parte del motivo es que al igual que Moyet, es una mujer... poco tradicional. Muy alta (chiste recurrente en The West Wing) y con una cara que una buena amiga observadora de estas cosas describiría como “difícil”, imposible no reparar en ella. La tengo presente en American Beauty, Primary Colors y The Ice Storm, pero sin lugar a dudas quedé cautivado por el brevísimo papel como la amante lesbiana de Meryl Streep en The Hours (ese elenco secundario de The Hours...Janney, Claire Danes, Miranda Richardson...).
De todos modos, nada se compara a sus 7 premiadísimos años en The West Wing. Como CJ Cregg, primero la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca y luego como la mujer más poderosa del gobierno, la Chief of Staff, Janney terminó siendo la más consistente y protagónica del elenco, con su personaje tratando de compatibilizar éxito profesional con vida personal; ser la “madre” del grupo y al mismo tiempo enfrentar a los jefes de las tres fuerzas armadas; luchar contra los rumores (clásico encasillamiento: una mujer “no tradicional” es automáticamente lesbiana, pensar también en muchos de sus papeles secundarios anteriores a la serie) y al mismo tiempo imponer una agenda que tuviese por lo menos algo de feminista. Una mirada de Janney vale más que mil rápidas palabras del guión de Aaron Sorkin.
Y hablando de mujeres poco tradicionales y lesbianismo, la tenemos a Alison Goldfrapp. Con su extravagante look y particular voz, a los fines prácticos Alison ES la banda que lleva su nombre, con su rara mezcla de impacto comercial alternado con experimentación, desafiando las convenciones sobre a que edad se puede comenzar a tener éxito o que si se puede ser una lipstick lesbian creíble y seguir manteniendo el apoyo tanto del gran público como de la comunidad LGTB. 
Dos palabras: Alison Borracha
¿Y Alison Parker? Bueno, la irritante protagonista de Melrose Place, eternamente enamorada de Billy y vapuleada por Amanda era un punto en contra para la serie... hasta que tuvo un problemita con el alcoholismo. “Alison Borracha”, se transformó en sinónimo de lo más trash y disfrutable de la televisión, al igual que “Kimberley Loca” o “Sidney Problemática”.
Hay montones de otras Alisons: la de la canción de Elvis Costello; la alt-country Krauss; Alison Pill, actriz de caracter en ascenso; la comiquera lésbica Alison Bedchel (che, ¿que onda con las Alison lésbicas? Para investigar); y hasta la tormenta tropical Allison, que hizo desastres en Texas en el 2001. 
No se con que otras Alisons me cruzaré en el futuro, pero estoy seguro que voy a estar bien predispuesto hacia ellas sólo por portación de nombre. 

sábado, 6 de octubre de 2012

Yoko lo hizo: Tu relación sentimental está interfiriendo en mi banda.



Las bandas se separan, todo el tiempo. Especialmente aquellas donde hay mucho talento. Mucho talento suele significar grandes egos, y ahí está la raíz del problema. Cuando tenés a John, Paul y George, es esperable que alguno cante pri y quiera que entre su canción o ser la voz líder o lo que sea. Obviamente, es mucho más jugoso pensar y difundir que fue un tema de polleras y culparla a Yoko por la separación, y el tema es que es bastante común que suceda, especialmente con las relaciones inter banda.
Andy y Corinne. Martin who?
Esto se me ocurrió ayer, disfrutando una canción del genial segundo disco de Swing Out Sister. Este disco es notable no sólo por su belleza y calidad, sino también porque sin mucha explicación, la banda pasó de ser un trío a ser un dúo, con un modesto agradecimiento a Martin Jackson (el que conspicuamente faltaba de la foto de la tapa), y una innecesaria aclaración que “Swing Out Sister son Andy Connel y Corinne Drewery”. ¿Diferencias musicales, o paso algo más? Los SOS siempre fueron muy discretos y nunca se aclaró el tema, pero lo cierto es que Corinne y Andy siguen siendo banda y tal vez pareja 25 años después y de Martin nunca se volvió a saber más nada. ¿Acaso los SOS llevaron el concepto de trío al punto del threesome
No serían los primeros ni los últimos. Hay un caso más notorio aun, también ochentero, que fueron los Thompson Twins. Tom, Alannah y Joe jugaron durante varios años a la ambigüedad, insistiendo que eran “más que amigos o una sociedad musical” y dejando la puerta abierta a la salvaje imaginación de sus fans. Hasta que un día… Joe fue separado de la banda sin ninguna ceremonia. Tom y Alannah confirmaron su relación sentimental y continuaron como dúo de ahí en más.
¿Y qué pasa con otros dúos y grupos con componentes “marido y esposa”? Tenemos todos los casos: los White Stripes y su insistencia en no aclarar qué relación unía a los White, los Sonic Youth y su matrimonio-sociedad musical que ya lleva más de treinta exitosos años y claro, los exes mas famosos, Annie Lennox y Dave Stewart. Desde el primer día, el ángulo de prensa de Eurythmics era que alguna vez habían sido pareja pero que a partir de que habían comenzado su sociedad musical, ya no lo eran y se llevaban genial. Si era así o no, sólo sabemos lo que ellos nos decían, pero también es cierto que varias de las crisis de la banda fueron cuando uno de ellos empezó otra relación, o tuvo hijos (o los perdió, como en el caso de Annie) y otras cosas de índole más personal que musical.
Dave + Siobhan y una innecesaria muestra de afecto. Terry Hall reprueba. 
Y hablando de Dave, antes de que se acuse a esta nota de desequilibrio de género y de acusar a las mujeres de tentadoras que separan bandas, recordemos que fue él el que interfirió en una banda de chicas: Bananarama. Dave empezó una relación con Siobhan Fahey, se casaron y tuvieron un par de chicos. “Casualmente”, al poco de empezar esta relación, Siobhan decidió que estaba “frustrada” con las ‘nanas y se fue dando un portazo. Se puede argumentar que Shuv estaba y está completamente loca, pero si uno se pone suspicaz es fácil ver que Dave, que en esa época se codeaba con Dylan y Harrison estaba medio avergonzado de su relación con una integrante de un girl group y fue el ingeniero de una opción musical más seria para su esposa. Como Yoko, pero con los géneros invertidos.
Y si diversidad se trata, no nos olvidemos de la tempestuosa relación entre Boy George y Jon Moss, que junto con algunos excesos químicos, hizo estragos sobre Culture Club. Les recomiendo la película Worried about the Boy que en estos días está en rotación en iSat para interiorizarse más sobre los pormenores de este asunto.
¿Son las relaciones sentimentales las únicas que ponen  a las bandas en problemas? Bueno,  pregúntenle a los Gallagher, hermanitos mas teleteatreros que muchas parejitas de las que estuvimos hablando (y no me hagan hablar de Patsy Kensit, una de las ex señoras Gallagher y su relación con el caos de las bandas de todos sus exes en Big Audio Dynamite, Simple Minds y Oasis…).


¿Cuál será la solución? Ya vemos que no funcionan ni las parejas, ni los tríos, ni los hermanos. Famosos son los The Police por marcar el camino que para ser una banda exitosa no solo no hace falta ni ser amigos, sino ni siquiera caerse bien unos a otros. Tal vez por eso es que hay tantos solistas…