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viernes, 25 de enero de 2019

Triste pero cierto: Trevor Horn Reimagines The Eighties


Tengo que empezar con un descargo: amo a Trevor Horn. Le he dedicado un podcast. Y una parte importante de otro. Sus colaboraciones con Grace Jones, Seal y los Pet Shop Boys son algunos de mis discos favoritos. Por eso me duele tener que escribir esta reseña, pero por otro lado, por eso mismo siento una cierta obligación de escribirla.

Trevor Horn, quien porque quiere, puede y tiene resto, decidió sacar un disco de covers de canciones de los ochenta y llamarlo Trevor Horn Reimagines The Eighties, junto con músicos populares tales como Robbie Williams, Seal o All Saints

Lo que caracteriza a lo que hoy conocemos como “el sonido de los ochenta” es una mezcla de cosas, que incluye desde estilos de composición, ritmos y a el uso de ciertos instrumentos y tecnicas de grabacion que forman un ADN difícil de aislar pero totalmente identificable a simple escuchada. Trevor Horn lo sabe, porque bueno, él INVENTÓ ESE SONIDO. Y una característica clave es que en la mayoría de los casos, las canciones clásicas de la época son prácticamente indivisibles de sus arreglos y grabaciones originales. La mayoría de los artistas fallan cuanto las tratan de reimaginar en sus presentaciones 10, 20, 30 años después y es prácticamente imposible que existan buenos covers de las mismas. No es que sean malas canciones, solo que la mayoría no resisten un reversionado como el que el catálogo de los Beatles tuvo en manos de gente tan dispar como Frank Sinatra, Ella Fitzgerald o Siouxsie and the Banshees. 

Y Trevor por ser Trevor no es menos dado a fallar en lo mismo. Sobre todo porque pasados los ochenta estrictos, él mismo dejó de lado su sonido característico basado en sintetizadores y samplers (recuerden: es el hombre que armó una banda y grabó un disco porque quería probar los límites del Computer Musical Instrument que se había comprado) combinados con arreglos de orquesta y corales para apoyarse más en un sonido de gran estudio tradicional, más cerca de George Martin que de Stuart Price. 

Nos guste o no reconocerlo, Everybody wants to rule the World es un clásico tanto por la canción como por los arpegios de guitarra sampleados y sincronizados con el bajo y la batería en el disco original de Tears for Fears. Saquemos eso, y no hay Robbie Williams ni orquesta que lo resistan. 

Una y otra vez el disco falla cuando trata de descontextualizar y tomar como “grandes canciones” a lo que en realidad fueron “grandes discos”.

Esto queda bien claro en Blue Monday, una canción que es claramente inseparable de su instrumentación (algo que Horn mismo sabe, ya que es el único track que tiene una batería programada y secuenciadores). No importa que podamos “cantar” Blue Monday: el TUT TUT TUT TURUTUTURU TUT  es tan parte de la canción como la letra y la melodía, y no, reemplazarlo con la percusión de una orquesta sinfónica no lo equipara. 

Las excepciones no casualmente son las canciones de artistas que si bien  las grabaron en los ochenta, pertenecen a otras tradiciones: David Bowie, Joe Jackson. Ashes to Ashes es responsable por el sonido de la mitad de los ochenta, pero no es una canción en la tradición de los ochenta, y soporta arreglos y voces diferentes, lo mismo que It’s different for girls (nota al margen: que las canciones resistan covers no significa que estos covers sean especialmente buenos tampoco, solo mejores que otros en el mismo disco).

Horn además hace una especie de efecto homogenizador que les saca toda gracias a las canciones originales y a los artistas invitados, por que lo que Brothers in arms no suena ni al tétrico minimalismo de la versión original de Dire Straits ni a Simple Minds, el featured artist. Es una canción más con una buena orquestación impersonal. Y la elección de los invitados tampoco es la mejor: Slave to the Rhythm ha sido reversionada por Alison Moyet o Shirley Bassey sin problemas. Rumer, por talentosa que sea, no es la cantante para esta canción, que termina siendo más Bossa Ochentas que el “La BBC interpreta los ochenta” que podría ser. 

Tampoco es que el disco haga todo mal: hay dos momentos en los que Horn deconstruye y reconstruye los originales y logra algo casi mágico. En Girls on Film, podemos imaginarlo pensando “que quiso hacer Nick Rhodes con su Crummar String Synthesizer”, “que quería hacer John Taylor con el bajo” y reconstruyendo los arreglos originales con una orquesta (y reconociendo que el efecto de sonido de la cámara de fotos al comienzo de la canción es tan importante como la partitura). Lo hace nuevamente con Owner of a lonely heart, con la facilidad que no tuvo que reconocer la intención original ya que el arreglo original era suyo y solo tuvo que reemplazar “Fairlight orchestral hit” por “real orchestral hit”. (En un callback a una época más oscura cuando fue brevemente el cantante de Yes, Horn mismo canta esta versión).

Y así como hay malas elecciones de artistas para cada canción, All Saints ponen en vigencia Girls on film con la inversión de género, al igual que Tony Hadley cantando What’s love got to do with it, que además permite apreciar la entonación Luis Miguel Style del ex Spandau Ballet en una canción que ostensiblemente es para que cante una mujer.

El disco cierra con una triste versión de Take on me que le quita toda la vida al original, y que irónicamente sale a la venta el mismo dia que Weezer saca su propio disco de covers con su propia, superior, versión. En conclusión, el mismo mercado le está diciendo a Horn lo irrelevante e innecesario de su disco. Un lástima. Saben que me duele mas que a nadie tener que decirlo. 

viernes, 23 de agosto de 2013

Clásicos para mi: Sandman 12 (1990)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Se podría argumentar, correctamente, que toda la serie Sandman es un clásico, para mi o para cualquiera con un mínimo de criterio. De todos modos, si bien hay consenso sobre ciertos momentos específicos, dado que la mayoría del público conoce la serie a través de sus reimpresiones en forma de libro, hablar de números aislados es un poco complicado. Igual “clásico” es el número 8, The sound of her wings, la primera aparición de Death, y que marca el comienzo de Sandman tal como lo concebimos hoy en dia.
Hasta ese momento, anterior a la formación del sello Vertigo, Sandman intentaba, un poco forzadamente, “jugar” con el universo DC, hasta que alguien se dio cuenta que lo mejor que se podía hacer era dejarlo a Gaiman que se cortara solo. De todas maneras, prolijo y obsesivo como es, insistió en atar cabos sueltos, tales cómo que había otro Sandman dando vueltas por ahí, y una mujer embarazada del mismo.  

Sandman 12 (1990):
Luego de la última vez que hablamos de Lyta Trevor y Hector Hall (en el Clásico para mi - Infinity, inc ) pasaron un montón de cosas: Hector murió, y se reveló que Lyta estaba embarazada de él, revivió, y se transformó en una nueva iteración del personaje Sandman. 
Gaiman lo que hace es desarmar todo lo absurdo de esta trama de telenovela, revelando al mismo tiempo lo siniestro subyacente, y tejiéndolo en la historia que está contando (conocida como The Doll’s house) y en la historia mayor de Sandman (la advertencia de “voy a volver por ese niño” es de hecho la que precipita los hechos que cierran la serie toda). Y lo hace siendo respetuoso al punto del puntillismo con lo que Roy Thomas y Jack Kirby habían escrito años antes. En el camino, Brute y Glob, dos personajes supuestamente de horror pero que no son más que comic relief se muestran como astutos (aunque cobardes) conspiradores, Hector como el bufón de músculos llenos de aire que todos los que leímos Infinity siempre supimos que era, y Lyta como un personaje trágico cuya vida está a punto de tornarse aún más trágica. Y Morpheus da la primera señal de su sarcástico sentido del humor (de familia, parece) que luego le conoceríamos mejor, largando la mejor carcajada detrás de una máscara que vayan a poder disfrutar en comics o cualquier otro medio. 
La capacidad de Gaiman de tejer mitologías a partir de elementos en teoría completamente aislados (la serie de Sandman de Kirby, Infinity, Inc, House of Mistery, House of secrets) y hacerla integral ha sido varias veces imitada (estoy mirando a Robinson y su “Sandman light”, Starman) pero nunca nadie ha llegado más allá de la categoria de "derivativo".
Es imposible leer The Doll’s house sin leer este número  pero también es posible leerlo solo, especialmente si uno ya viene de leer Infinity, inc. Este fue, de hecho, mi primer acercamiento a Sandman, allá lejos y hace tiempo. 


Contexto posterior:
The Doll’s house le dio a Sandman es status que hoy le conocemos, y fue lo que convenció a DC de lanzar Vertigo. Sandman toda está considerada una de las mejores series de todos los tiempos, y Gaiman uno de los mejores escritores de ficción fantástica en cualquier medio. El ‘artista invitado’ en este número era un jovencito Chris Bachalo, irreconocible aun, que volvería a la serie para el tramo final de The Kindly Ones (donde las consecuencias de este numero toman todo su peso) y poco tiempo después seria una super estrella dibujando a los X-Men.  

viernes, 26 de julio de 2013

Clásicos para mi: Green Lantern:Mosaic (1992)

Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Como en todo, las tendencias en los comics son cíclicas: mientras que se cree que el el “boom Green Lantern” empezó con Geoff Johns hace unos pocos años, hace 20 estábamos en el medio de otro boom del (los) personaje(s). Un poco producto de la serie Emerald Dawn que revitalizó a Hal Jordan, y otro por la popularidad del Green Lantern Guy Gardner en JLI. Se decidió lanzar un título donde los tres GLs alternarían protagonismo, que no fue más que un “piloto” para tres series individuales: Green Lantern (con Hal), Guy Gardner y Green Lantern: Mosaic con John Stewart como protagonista. El personaje de John venía seriamente dañado a causa de la mini serie Cosmic Odissey que básicamente lo había transformado en un genocida por negligencia. 

Green Lantern: Mosaic (1992):
Existen los clásicos, existen los “Clásicos para mi” y existen las series de culto. Pongámonos de acuerdo que Mosaic probablemente caiga en esta tercera categoría. 
Gerard Jones, el guionista inicial de estas series sobre los GLs, sabía muy bien que era insostenible tener 3 series con Linternas como protagonistas que fueran títulos de superhéroes standard. Decidió que Green Lantern fuera ese título, Guy Gardner sería mas accion/comedia y Mosaic... Mosaic sería un experimento.
La premisa era que en Oa, el planeta de los Guardianes del Universo, conviven ciudades de diferentes planetas, con los conflictos que esto podía traer. Como “castigo” por su imprudencia en Cosmic Odissey, se le asigna a John ser el guardián de ese planeta. Pero Jones, en lugar de ir al obvio conflicto y rol de pacificador de su protagonista, usó cada ciudad como la manera de contar una historia particular, en la cual John era más un testigo que un protagonista. Esas historias además, sólo compartían un tono onírico, tratando de alejarse del antropocentrismo clásico de la ciencia ficción, y explorando conceptos tales como seres vivientes hechos de música. Además, John al darse cuenta que no es posible vigilar el solo un planeta, ‘deputiza’ a un grupo de chicos con unos anillos que se alimentan de su poder.
El tono de la serie solo puede definirse como ‘surrealista’, apoyado en el arte nada tradicional de Cully Hamner, que luego se transformaría en una superestrella por su línea libre y sus cualidades más ilustrativas que de acción, y la sensación en los primeros números es que los creativos tenían libertad total para hacer lo que quisieran (el número 3 es famoso por tomar a un personaje absurdo, el Linterna Verde ardilla Ch’p y poco ceremoniosamente matarlo aplastado por un camión en una historia nada sutilmente titulada “Roadkill”). Claro que tanta libertad en una revista que no dejaba de llamarse Green Lantern puso nervioso a más de uno, y solo duró el escaso año y medio que logró durar por la buena posición de Jones en DC en ese momento y porque las ventas eran más que saludables. Igual moderaron un poco el tono general, mientras que el publico pedia que movieran la revista a la colección Vertigo en lugar de sacrificar la extrañeza que la caracterizaba. 


Contexto posterior:
El experimento Mosaic término en el número 18, casi inmediatamente vino la polémica Emerald Twilight que nos dio a Kyle Rayner como Linterna Verde, y se retiró al personaje de John Stewart de las primeras líneas. Fue 10 años después que se decidió usarlo en la serie animada Justice League Unlimited, algunos dicen que inspirados tanto por la necesidad de diversidad racial como por la popularidad geek que Mosaic le había ganado. Esta exposición transformó a John por algunos años en el Linterna Verde más popular y conocido por fuera del mundo del comic.
Jones finalmente se cansó de la interferencia editorial en el mundo de los comics, y se transformó en un celebrado autor e historiador del medio de cuatro colores. Hamner capitalizó su popularidad creando el titulo independiente Body Bags, que hace una década intenta transformar en una película.  
Mosaic es una serie maldita que nunca fue coleccionada o reeditada por DC. 

viernes, 19 de julio de 2013

Clásicos para mi: Justice League Europe #9 (1989)

Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Si hay una serie clásica, reconocida en su momento y revalorada más aún con el paso de los años es la Justice League International de Giffen y DeMatteis. Lo que  los autores hicieron fue tan radical (básicamente, transformar al título “premier” de la DC en una sitcom poblada de segundones) que el mundo no tuvo más que detenerse y mirar. Tan popular era, que hasta le hicieron un spinoff escrito por los mismos autores, situado en Europa y con un tono un poco más “serio”. La serie nunca levantó como la original, y una de las maneras de alinearlas fue haciendo un crossover entre ambas series, llamado The Teasdale Imperative.
Como suele pasar en estos grandes eventos, hay consecuencias, y en este caso fue un ataque casi mortal sobre la persona de Power Girl. 

Justice League Europe (1989):
La narrativa de comics moderna, especialmente en lo que es manejo de revistas de grupos con grandes elencos, fue inventada tal como es, por Chris Claremont en sus largos años escribiendo a los X-Men, y modificada mínimamente desde entonces. Lo que Claremont incorporó fue la vida personal de los personajes, el teleteatro, y era su costumbre, luego de cada mega evento, dedicar por lo menos un número a analizar las consecuencias personales del mismo, y a alivianar un poco el ambiente (los X-Men jugando al softball son uno de los top 5 tropos comiqueros). Traigo esto a colación, porque este número es un poco así, un ver que pasa con la JLE luego de la Teasdale Imperative.  
La acción gira alrededor de la gravedad de las heridas de Power Girl y un dilema que es raro que no surja más seguido en los comics de super heroes: cómo se hace para operar a un personaje invulnerable. En este caso, mientras todos parecen congelados sin saber que hacer, Sue Dibny, esposa del Elongated Man y casi miembro del grupo por matrimonio, decide que la única manera de tratar a alguien invulnerable, es con otro invulnerable. Agarra el teléfono y lo llama a Superman. Lo que Sue hace es completamente lógico, aunque media liga se le tire encima, y el encanto del personaje, aparte de su proactividad, es su convicción para defender sus acciones, no importa si su interlocutor es el Captain Atom o el mismísimo Batman.
Hablando de Bats, tiene un cameo confrontando a otro miembro de la JLE, Metamorpho, con quien tiene una larga historia, y nuevamente, para hacer algo lógico: si Metamorpho estaba muerto y revivió...cómo pueden confiar en él como si nada hubiese pasado.
La tercera historia es una larga charla de aclaración de tantos entre Elongated Man y Wally West, el ya no tan nuevo Flash. Verán, Ralph (Elongated Man) era el mejor amigo de Barry Allen (el Flash anterior), y no puede dejar de ver a su compañero de equipo como un impostor o arrivista. Ese diálogo, entre lo que más allá de las chicanas son viejos amigos o casi un tío y un sobrino (Ralph lo conoce a Wally desde que tenía 10 años, después de todo), no sólo enfoca sobre un tema pendiente en la serie, sino que además está magistralmente escrito por el nuevo guionista de los diálogos de la JLE, William Messner Loebs, que como ya vimos, escribía la serie de Wally en esos años.
Loebs no era la única novedad en este número, sino también los lápices de Art Nichols, que normalmente era el entintador, sobre los lápices de Bart Sears. Sears en ese caso entinta a su compañero, y esto funciona especialmente, dado que Sears era más “extremo” y Nichols más tradicional, prestándose más al tono intimista de estas páginas.
Y de todas ellas, rescato la última página de diálogo interior de PG, recuperada gracias a su “primo”, y con sus poderes altamente reducidos, pero alegrándose de ser simplemente estar viva. 

Contexto posterior:
JLE pasó algunos años más buscando su “voz”, con DeMatteis siendo reemplazado por Loebs y luego, de manera un poco más permanente, por Gerard Jones, siempre con los plots de Giffen y el arte de Sears como constante. Este fue el comienzo de los años “poderes reducidos” de Power Girl y sus discutidísmo traje blanco y amarillo (del que soy fan), otro producto tardío de la Crisis, del que más tarde nadie se acordaría, como pasa con casi toda esta interesante, si no del todo innovadora, serie. 
Años más tarde, Sue Dibny fue innecesaria y poco dignamente asesinada, y su personaje retroactivamente ultrajado, en lo que se puede considerar el comienzo del fin del Universo DC tal como lo conocimos: Identity Crisis.  
El traje en cuestión

viernes, 12 de julio de 2013

Clásicos para mi: Infinity Inc. #26 (1986)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.


Contexto:
Uno de los encantos de DC siempre fue su larga historia. Poca gente la supo apreciar tanto como Roy Thomas. Thomas, fanático de los personajes de la “era de oro” de los comics y apoyado por el éxito de las franquicias de adolescentes como los Teen Titans o los X-Men, llevó a los personajes clásicos de DC a su consecuencia lógica: si esta gente estaba activa desde hacía tanto años, era natural que tuvieran descendencia. Así nació Infinity Inc. el grupo de “los hijos, las hijas, los protegidos de la legendaria Sociedad de la Justicia” la nueva generación de super heroes... de la “Tierra 2”. La serie, moderadamente exitosa, tendría un shock de popularidad cortesía de un nuevo y joven artista que se haría cargo de los lápices. Un tal Todd McFarlane, que tendría algo de futuro en la industria...


Infinity Inc. (1986):
La rica historia de la DC  que mencionaba más arriba fue siempre también su principal problema, y con la Crisis en Tierras Infinitas de 1985, DC pretendía hacer un borrón y cuenta nueva, deshacerse de las múltiples Tierras y de los personajes duplicados o redundantes. Las consecuencias para Infinity Inc, fueron devastadoras: al sacar de la ecuación a las versiones clásicas de personajes como la Mujer Maravilla o el Hombre Halcón, estaban dejando de existir los padres de los personajes principales. Thomas haría lo mejor que podría con esta situación, pero primero se dio un último gusto, contar una última historia con los orígenes clásicos de los personajes, situada en su infancia, unos 10 años antes de la acción de Infinity.
Así tenemos la historia de una amazona de 11 años, Lyta, hija de Diana Prince y Steve Trevor, con su incipiente romance con Hector Hall, el hijo del Hombre y la Mujer Halcón. Conocen también al petisito Albert Rothstein, que luego se transformaría en el gigante Nuklon y al rebelde Rick Tyler, hijo de Hourman. Juntos hacen las cosas que harían chicos de 11 años con superpoderes y acceso a un avión invisible, generando una penitencia de parte de sus sueperpoderosos padres y cimentando una amistad de por vida.
La historia es increíblemente tierna, como una especie de Penauts con superpoderes (es fácil ver a Al como Charlie y Lyta como Lucy), y el delirante diseño gráfico de McFarlane no hace más que apoyar el sentimiento general de diversión. Su estilo caricaturesco hace que además los personajes auténticamente parezcan tener 11 años.
El final de la historia es un contraste en amargura, con un personaje telépata “borrando” la memoria de Lyta sobre sus padres que ya no lo son ni lo serían y de esta aventura, de la misma manera que se esperaba que los lectores nos “olvidáramos” del viejo universo DC y adoptáramos al nuevo.



Contexto posterior:
Si bien la serie siguió un par de años más, la Crisis definitivamente arruinó el concepto de Infinity Inc. para siempre, aunque sus queridos personajes reaparecieran con gran regularidad durante otros 20 años, hasta que DC hizo otro borrón y cuenta nueva. Thomas nunca se recuperó tampoco del daño hecho a este universo que con tanto cuidado había construido durante años.
McFarlane, por supuesto, pasaría de DC a Marvel, redefiniendo al Hombre Araña y saltaría de allí al mega estrellato, su propia compañía, juguetes, películas y polémicas.

jueves, 4 de julio de 2013

Clásicos para mi: X-Factor 87 (1993)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Los X-Men ya eran la franquicia más popular de Marvel desde hacía una década y media, pero nunca fueron tanto un boom como en los tempranos 90. Una serie de artistas super estrella revitalizaron todos los títulos, solamente para luego con su fama y dinero fundar su propia editorial. X-Factor era un título secundario de la franquicia, y el fuerte no era el artista, sino el escritor: Peter David, que ya venía haciendo magia con su revigorización de Hulk. Tomando una página de lo que Giffen y DeMatteis habían hecho con la JLI en DC, David trajo el humor a los mutantes, con un fuerte acento en la caracterización.
Inicialmente acompañado por una de las super estrellas más fugaces, Larry Stroman, este número era el debut de un pibe que prometía, Joe Quesada. 

X-Factor 87 (1993):
De todos los números que vengo comentando en Clásicos para mi, este sea probablemente el que más se acerque a la definición universal de "clásico". No sólo por marcar la carrera de Quesada a fuego, sino además por ser la más profunda y en cierto modo definitiva, exploración de estos personajes, cuatro de los cuales, Alex, Lorna, Pietro y Maddrox, son integrales a la mitología de los X-Men de los últimos 50 años. La técnica usada por David parece sencilla: cada uno de los personajes está pasando por lo que parece una evaluación psicológica de algún tipo, sin mostrarnos quién es su interlocutor. En viñetas que duran dos o tres páginas, presenciamos el despertar de la sexualidad de Rhane, con un muy de la época, y aún así comprensible hoy, chiste sobre Ren & Stimpy. Nos metemos en la cabeza de unos de los personajes más complejos y con más historia del universo Marvel, Pietro Maximoff, Quicksilver, y de paso entendemos como nunca no solamente su psicología sino la de cualquier personaje con supervelocidad en cualquier compañía. Vemos por primera vez las secuelas que puede dejar el abuso frecuente al que se somete a algunos personajes en la persona de  Lorna. Presenciamos la definición del único personaje del que no sabíamos nada, Guido, con un "payaso que llora" que por primera vez no suena como un cliché. David además empieza una elaboración del personaje de Jaime Maddrox que continuaría por los próximos 20 años, como ningún otro autor con un sólo personaje "de compañía" por tanto tiempo. Y finalmente, en un grupo de "segundones" le hace justicia al segundón más prominente del universo X-Men, Alex Summers, Havok, cuya única seña hasta ese momento era ser "el hermano de Cyclops". Bueno, ¿qué significa para alguien ser el hermano de un ícono? David lo define en dos sencillas páginas. En la última página nos enteramos que el psicólogo era Doc Samson, con quién David ya venía trabajando en Hulk.
Un número suelto, en el momento en que leer a los X-men significaba tener que leer 6 meses de 8 revistas diferentes para entender algo, y un número suelto que no es descartable, donde se sientan precedentes que guiarían a los personajes por años. Todo además con el hermoso dibujo de Quesada, que muestra maestría para las caras y el lenguaje corporal, algo esencial en lo que es basicamente un número sin acción. 


Contexto posterior:
David seguiría poco tiempo más en X-Factor, cansado de la interferencia editorial y los crossovers innecesarios. Nadie podría continuar con su estilo (ni siquiera el mismísimo DeMatteis que escribió unos números). Quesada sería una más de las super estrellas que se irían de Marvel, sólo para regresar, esta vez como editor en jefe y supervisar una de las eras más fructíferas de la compañía desde hace más de una década. David retomaría X-Factor y a estos personajes 15 años después, para una serie mucho más larga e igualmente apreciada. 

viernes, 14 de junio de 2013

Clásicos para mi: Hawk and Dove (1988)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados. 

Contexto:
Hawk and Dove siempre fue uno de esos conceptos que si bien suenan bien en papel, son difíciles de realizar: dos personajes en los polos opuestos del espectro "guerrero/pacifista", tal vez tenían sentido a fines de los 60 cuando los crearon. Para los 80, la solución fue matar a Dove y dejar a Hawk suelto como un hiperviolento de ultra derecha, justo lo que los años Reagan necesitaban. Pero el concepto se llamaba Hawk AND Dove, y la misión que le dieron al matrimonio de Karl y Barbara Kesel fue "creen un nuevo Dove". O en este caso, una nueva Dove. Adicionalmente: Rob Liefeld aún no era sinónimo de todo lo que está mal en el mundo del comic.

Hawk and Dove (1988) Miniseries:
Los Kesel deben ser de la gente menos apreciada en su trabajo como guionistas. Karl era uno de los entintadores líderes del comic norteamericano, y Barbara una astuta editora en compañías independientes y para DC. Con la misión antes mencionada, decidieron no solamente crear una nueva Dove, sino también un universo completo para los personajes, que incluía un refinamiento de su origen, una justificación sobre la muerte de Don Hall, el primer Dove y un variado elenco de personajes secundarios.
Esto también requería recuperar a Hawk-Hank Hall como un personaje funcional y no solo un psicótico ultra violento. Y ese es el punto de partida: el ya peligroso Hawk se cruza con alguien vestido como su hermano Don cuando era Dove... pero se trata de una chica. Su primera reacción es de furia, pero casi sin quererlo, terminan trabajando juntos, con la dinámica complementaria que alguna vez había tenido con su hermano. Los primeros números son un seguir a Hank y su razonamiento de torpe detective para decidir quién de los tres nuevos personajes femeninos son su "nueva compañera": su potencial interés amoroso Ren, la engreída Donna o la brillante Dawn (los nombres no son casuales: Donna y Dawn son versiones femeninas de Don; Ren, aparte de sonar a nombre de pájaro -Wren- es la que se comporta más sospechosamente). Finalmente el misterio se resuelve (spoiler: la nueva Dove es Dawn) y el nuevo dúo tiene que enfrentarse a una criatura MUY parecida a Hawk, Kestrel, que intenta ser el nuevo compañero basado no en las diferencias que complementan, sino en los parecidos que suman.
En el medio, todo el nuevo elenco y nuevo escenario (una ficticia universidad en Washington DC, lugar donde tradicionalmente operaron los Hall, hijos de políticos que también son parte del elenco secundario), y una serie de enredos, algunos humorísticos, y otros sentimentales (¿se supone que Dawn y Hank tienen que ser pareja? ¿O más como hermanos? ¿Y qué tiene Ren para decir de todo esto? Ah, además, en un momento de clásica torpeza Hank le hace saber a Ren que es Hawk), hacen de esta serie un gran entretenimiento, que se lee siempre con una sonrisa.
Ayuda también el encantador arte de Rob Liefeld. ¿QUE??? ¿Liefeld haciendo dibujitos lindos? Efectivamente, antes de transformarse en el destructor de anatomías y buen gusto que asociamos ahora con su nombre, Liefeld era un artista competente, ayudado además por las hábiles tintas de Kesel, que pulen los bordes más ásperos de su dibujo. Guion y arte completan una historieta muy de la época, pero no por eso menos disfrutable.

Contexto posterior:
El éxito de la mini hizo que les dieran una serie regular a los Kesel para los personajes, ya sin Liefeld. Las historias competentes pero sin demasiado brillo, y una serie de artistas genéricos, hicieron que solo durara dos años, finalizando en una de las historias más traídas de los pelos de la época, enganchada con el evento Armaggedon 2001. Tomaría 20 años arreglar ese desastre y para cuando lo hicieron, con Hawk and Dove como  miembros de los Birds of Prey, todo el universo DC fue relanzado.
Liefeld, por supuesto, se transformó en uno de los creadores más populares de los años 90, fundó Image comics, y bajó el estandar de lo que se necesitaba para ser considerado una súper estrella. 
Debido a la popularidad de Liefeld, la serie se editó varias veces en tomo de tapa blanda y se consigue facilmente. No se confundan con la espantosa version 2012, también del amigo Rob, ya sin ningún encanto. 

viernes, 7 de junio de 2013

Clásicos para mi: Legion of Super Heroes v4 #12 (1990)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados. 

Contexto:
Pocas cosas son más polarizantes que esta serie de la Legion, también conocida como la "Legion Giffen" o la "Legion 5 años después". Sencillamente se la ama por su complejidad y guiños para el fan, o se la odia por destruir el concepto de la Legion como "futuro brillante" reemplazándolo con una distopía que destruyó la integridad de los personajes.
Transcuyendo "5 años después" de la última historia publicada, muestra a un planeta Tierra colonizado por la raza alienígena de los Dominators, la Legion desbandada, personajes clave muertos o mutilados, otros que traicionaron a sus ideales y otros que simplemente se rindieron. Algunos de ellos no se olvidaron de que se trataba, y estos primeros doce números son un recorrido (con algunas DISCUTIDISIMAS interrupciones debido a mandato editorial) sobre este proceso de reformación.

Legion of Super Heroes v4 #12 (1990 ):
Una de las complejidades de esta serie es como leerla: se puede considerar una larga historia de 39 números, como un montón de historias aisladas,algunas de las cuales apenas guardan relación unas con otras, o como una serie de sagas más cortas que finalmente arman un mosaico mayor.
De un modo u otro, el número 12 completa la idea iniciada en el número 1, pasando de "no hay más Legion", a "tenemos Legion nuevamente". Como en tantas otras locuras narrativas que Giffen y compañía estaban probando (esta serie es definitivamente prueba y error, con especial acento en el error), luego de un breve diálogo entre personajes donde se dan cuenta que, efectivamente, la Legion está de vuelta, sigue esta página, como diciendo, casi un año después de publicarse el número 1 de una serie llamada "Legion of Super Heroes", "aquí es donde comienza la legión nuevamente".

Página a página se van inventariando los statuses de los diversos personajes, desde los heridos a los desplazados en el tiempo, los presumidos muertos y los que están listos para volver a salir a pelear. El foco es en los veteranos, pero también en personajes que parecen aparecer de la nada como Kono, Devlin, Kent o Celeste (que es casi la protagonista de la historia, adquiriendo lo que parece un nuevo poder... que no se aclararía en por lo menos 4 años). También está la confirmación sobre la relación entre Furball y Brin Londo (pista: son la misma persona), la cacería del clásico villano Roxxas y un ataque en el planeta Quarantine, donde aparecen más personajes de los cuales hasta ese momento no sabíamos nada.
Como con toda la serie, el secreto está en relajarse y gozar, no pretender entender todo en la primer sentada, ir saboreando de a poco lo que pasa. En segunda, tercera, DECIMA leída, van apareciendo cosas. Leer una historia clásica del año 69 nos hace entender quien es otra persona, ver una película de ciencia ficción otro día nos hace entender una línea narrativa, poner Watchmen lado a lado nos hace ver dónde Giffen homenajea y donde va en otra dirección. Una vez que se empieza, desde el número 1 o desde este número 12, se los garantizo, no lo van a poder soltar. Y si se quedan con la sensación de que esto no es una historia orgánica, completa... déjenme decirles que 23 años después sigo tratando de entender hacia dónde va todo, y que no está en mis planes abandonar la tarea en el futuro cercano.


Contexto posterior:
La legión siempre tuvo lectores fieles, pero el ruido de fondo con la serie era intenso y alguien se debe haber puesto nervioso, por lo que un par de números después intentaron contar una historia más tradicional, con otro dibujante. Nadie quedó satisfecho y se le permitió a Giffen terminar de contar su polémica historia del modo que quería. Unos años más tarde hubo un intento de tomar los cimientos de esta historia y transformar a la nueva realidad en un título de super heroes típico de los tempranos noventa, pero no dejaba satisfechos ni a los fans de la serie tal como estaba ni a los que pretendían un cambio total. Esto llevó al primero de varios (muchos) relanzamientos de la serie, que nunca volvería a ser la misma, salvo por aislados momentos de brillantez. 

Un dato personal:
Aparte de ser mi etapa favorita de mi serie favorita a cargo de mi creador favorito (Giffen), este número lo compré directamente de la estantería de una comiquería de paseo por New York en 1990, por lo que le tengo un cariño especial. 

viernes, 31 de mayo de 2013

Clásicos para mi: Black Canary - Oracle: Birds of prey (1996)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados. 

Contexto:
Hoy en dia hablar de Birds of prey automáticamente significa pensar en un grupo de superheroes, mayormente integrado por mujeres,  algunas de ellas fácilmente asociables con la bati-familia de personajes. Pero en 1996 era impensable y Chuck Dixon se atrevió a uno de los tabúes de los comics de super héroes: protagonistas mujeres. Luego de ser paralizada por el Joker en The Killing Joke, Barbara Gordon fue reinventada por John Ostrander y Kim Yale como Oracle en las páginas de Suicide Squad y los títulos de Batman, haciéndola más popular de lo que nunca había sido como Batgirl. Canario Negro fue un personaje que siempre sufrió por ser un accesorio de Green Arrow, y fue este especial el que la devolvió al top 5 de los personajes femeninos de DC.

Black Canary - Oracle: Birds of prey (1996)
La popularidad del personaje de Oracle debe haber tomado a toda DC por sorpresa: un personaje femenino, no sexualizado, de imposible acción dado a su parálisis. Sin embargo, Ostrander, Yale y Dixon la hicieron irresistible y, nunca dispuestos a dejar pasar una oportunidad, los cráneos de DC querían darle un título propio. Lo natural era que liderara algún tipo de equipo, pero el Suicide Squad ya era historia y nadie iba a aceptar que mandoneara a Robin o Nightwing (para eso está Bats, después de todo). Barbara debe haber pensado lo mismo, y entonces al necesitar un "agente de campo" recurre a una colega que estaba en las malas: Black Canary. Alguna vez fundadora de la Justice League, ahora estaba en bancarrota y había cortado amarras con todos sus novios/amigos/colegas. Oracle, que todo lo sabe, le ofrece un dinero, una misión, un objetivo, y sin nada que perder, Dinah acepta.
Lo primero que hace es tirar por la borda las dos complicaciones más absurdas de su personaje: las medias de red y la peluca rubia, optando por la solución obvia de una buena tintura. Aprovechando sus más visibles características (Dinah es un minón, después de todo), Babs la manda a seducir a un dudoso inversionista/traficante de armas y el resto es una historia más de espías que de super héroes, donde las artes marciales y el trabajo de detectives son más importantes que los super poderes. Agreguemos un poco de Lady Shiva, encantador arte de Gary Frank, en su estilo dinámico de la época de Hulk, no creepy de su época de Superman, y una sólida caracterización tanto para Dinah como para Barbara (Dinah es arriesgada, lanzada hasta el punto de la imprudencia, curiosa, con mucha calle. Barbara es organizada, prudente y siente gran culpa por poner a otra gente en peligro por cosas que considera que tendría que estar haciendo ella misma), cada una de un lado de un auricular, y sin embargo, con una intimidad pocas veces vista en las historietas mainstream. La fórmula es super entretenida, y deja con ganas de más, mucho más. Ninguno de los dos personajes volvería a ser igual, y todo empieza acá.


Contexto posterior:
El especial fue seguido por otros similares y una mini serie, hasta que le dieron una serie propia que duró diez años, primero escrita por Dixon y luego hecha propia por Gail Simone. También hubo un extraño y ligeramente espantoso programa de televisión basado MUY libremente en el concepto, que lo único que aportaría sería el agregado de The Huntress al equipo de la historieta. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Clásicos para mi: Flash #24 (1989)


Cuando se habla de comics 'clásicos' siempre se termina hablando de los mismos 5 o 6 títulos, indiscutibles, pero tan vaca sagrada que le saca cualquier diversión a la crítica o a tomarlos a nivel superficial: piensen en decir "que divertido" de Watchen en lugar de comenzar una disertación de media hora sobre deconstrucción...
Pero todos tenemos nuestros propios clásicos, ese número, esa serie, esa saga que nos hace sonreír, que nos parece infinitamente entretenida, que nos emociona, que nos parece que tiene un arte encantador, o que define un personaje. Nadie va a hacer una película al respecto, pero si nos ponen a elegir, son esos comics que nos llevaríamos a una isla desierta.
Asi que esta nueva sección "Clásicos para mi" viene a intentar llenar ese espacio, y en la medida que tenga tiempo voy a ir rescatando cosas de aquí y de allá.
Elegí para empezar Flash (segunda serie) 24, publicado en 1989. En cada caso voy a tratar de dar un poco de contexto y y por que califica como "Clásico para mi".

Contexto
Los mediados de los 80 fueron un momento de esplendor para DC Comics. Sumado al éxito crítico y comercial de Watchmen y The Dark Knight Returns, luego de la mega saga Crisis on infinite Earths, todos los títulos estaban revitalizados. Parte del secreto era traer creadores no asociados normalmente con lo superheroes, con los personajes en los que trabajaban o con DC.
Luego de la muerte de Barry Allen en Crisis, Wally West era el nuevo Flash y habia estado apareciendo en varias series hasta que le dieron la suya propia, a cargo de Mike Baron, que venía de escribir comics independientes con cierto filo, como Nexus y Badger. Baron le dio una caracterización polémica a Wally: mujeriego, materialista, impulsivo, oprimido por la sombra de su tío, predecesor, mentor, amigo y casi única familia, Barry Allen. También, como se hizo con otros personajes, se recortaron en gran medida los superpoderes de "casi Dios" a " bastante poderoso". En un giro extraño, Wally en el primer número de la serie ganaba 6 millones de dolares en la lotería, así que era basicamente un boludo insoportable con plata y superpoderes.
Baron se fue luego del primer año y el heredero de la serie fue William Messner-Loebs. Messner Loebs tomó lo que plantó Baron, pero humanizó un poco a Wally a traves de un nutrido elenco secundario, sacarle el dinero, y en una movida que ya venia planteando con intermitencias, luego de la serie Invasion! directamente le sacó los poderes.

Flash #24:
El número 24 de cualquier serie mensual es el segundo aniversario y se lo suele ignorar, prefiriendo al 25, porque suena más a aniversario de plata, supongo. El detalle no se le pasó por alto a Messner-Loebs, y lo que hace es tranquilamente revisar, al tiempo que deshace, lo que pasó los dos años anteriores, y abriendo el juego para los que siguen (seguiría escribiendo el título tres años más). El foco no es en Wally: es en Tina y Jerry McGee, ex novia y ex archienemigo de Wally, ambos científicos y ahora amigos trabajando para devolverle sus poderes. Aparte de intentar recrear el experimento que se los dio originalmente, Tina hace un trabajo de detective sobre esos poderes, yendo a los contactos de gente con algún tipo de super velocidad, hablando primero con Lois Lane (Greg LaRoque, el dibujante de este número, es famoso por dibujar mujeres bellísimas, y tanto Lois como la un poco más madura Tina pocas veces estuvieron tan favorecidas). Lois aporta un poco de sentido común que a Tina le está faltando por "tratar con tipos que tienen los poderes de dioses". Luego habla con Joan Garrick, la viuda del primer Flash, Jay Garrick, en su primera aparición post Crisis (muchas puertas se abrirían después a causa de esto, no es casual la importancia de Flash en las historias-puente con la edad de oro). Tanto Lois como Joan ponen en palabras lo evidente: no hay principio de lógica ni de física que explique razonablemente estos poderes, ni por qué Wally tiene siempre tanto hambre (la teoría de la caldera quema calorías se despacha en dos viñetas), ni como Barry podía hacer para vibrar cada molécula de su cuerpo por separado. "Barry era más que humano" piensa Tina, plantando una semilla que Mark Waid retomaría muchos años después. 
Barry era más que un hombre común para Wally también, que sigue viviendo a su sombra y un poco de psicología barata interpreta como complejo de inferioridad ante alguien que era, en apariencia, perfecto.
Toda esta explicación nos habla de Barry, de Wally, de la super velocidad, sin nunca ser expositiva: todo es integral; los diálogos son realistas y cálidos.
Antes del experimento, Wally ve a su amigo Chunk, a su nuevo "mentor" Mason y su madre, Mary West, que se estaba transformando en uno de los personajes clave de la serie. En todos los casos, a pesar de mantener la buena cara, está claro que se está despidiendo en caso que salga todo mal.
Y luego viene el experimento, en apariencia, exitoso. "Hacé algo rápido" le pide Jerry, y Wally se pone su icónico traje rojo antes de que puedan pestañar. Todos festejan. Ahora, la verdadera prueba, correr de Nueva York a California. Wally habla de horas, minutos... cuando hasta hace unos años hubiese hablado de segundos. Preparados, listos... y desastre. La carrera de Wally destrozó medio NY y no hay ni rastros de que pudo pasar con él. Continuará.
Pero...¿entonces estás comentando toda la saga? No. Flash 24 funciona solo. Si se quieren leer los números que siguen (y el gancho está) se puede hacerlo, pero se entiende así, claro, en 22 páginas. Concisas, sin pretensiones, cálidas, con sentido del humor, construyendo una historia más grande desde la sencillez.

Contexto posterior:
Es una historia muy criticada, Wally no vuelve a aparece por varios números, y el foco es en Tina, Jerry y Mason. Finalmente, Wally, con sus poderes al 100%, está de vuelta. A los pocos números, Messner-Loebs presenta a quien sería un personaje clave por los próximos 20 años: Linda Park, la futura señora West. Mucho de lo bueno que hizo Waid en este título, con mucha más repercusión, tiene sus bases aquí.
Esta es una serie poco popular, nadie la busca, así que se consigue barata, denle una chance.