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lunes, 25 de julio de 2016

Comentario: Looking - The Movie

I can guarantee that he will do nothing but break your heart again.

Pensémoslo de esta manera: en lugar de Looking: The Movie, podríamos haber tenido el final de temporada más decepcionante del universo, o una temporada 3 donde se hubiese contado esta misma historia en 10 episodios en lugar de 85 minutos.
Y creo que justamente esa es la característica redimible de la película: se hace cargo de por lo menos UNA de las fallas estructurales de la serie, que es la morosidad narrativa de cine indie. Claro que no se hace cargo de otros problemas, o de lo que llamaría, he llamado y seguiré llamando, Patrick como protagonista único de la serie/película.
A ver, entiendo que Groff era inicialmente el único con cartel propio (su paso por Hamilton no hace más que reforzar eso) y nuestro personaje ancla, pero también su historia siempre fue la más aburrida, la más irritante, y la más polarizante (lean el archivo completo aquí bajo el tag ‘Looking’ para más detalle). Pero aun así, el motor de la narrativa o por lo menos el McGuffin es el casamiento de Agustín y Eddie, que apenas revisten relevancia, y su conflicto propio se limita a un trilladísimo plot de “cold feet” antes de la boda más propio de una comedia de Katherine Heigl, que de hecho amerita un shout out durante el episodio. 
El “gran conflicto” del regresado Patrick (se fue de SF poco tiempo después de la última vez que lo vimos, 2 años en tiempo de la serie) es el reencuentro con sus exes: el que lo trató como el traste (Kevin, interpretado por Russel Tovey, quien parece estar actuando en otra película, una seguramente más divertida a juzgar por su color de pelo) y al que él trató como el traste (Richie, interpretado por EL PEOR ACTOR DEL UNIVERSO, Raúl Castillo. En serio, no sé cómo no reparé antes en lo mal que actúa este chico, un motivo más para que la supuesta química que tiene con Patrick no nos sea nunca evidente, sino siempre contada por otros). Si locura es intentar dos veces lo mismo y obtener otro resultado, claramente podríamos decir que Patrick está loco en sus acercamientos a ambos (porque claro que nuestro Kaso Dora se acerca a ambos), dado que lo único que parece haber cambiado en estos dos años es que le perdió un poco de miedo al sexo y coge y chupa culos sin luego ir al dispensario a hacerse buches con Espadol. Porque a los guionistas se les ocurre, medio que terminan juntos con Richie. El único motivador, aparte del supuesto “amor” que los une desde el piloto de la serie, es que Brady, el novio actual de Richie es insufrible, una caricatura de trazo tan grueso para que lo odiemos que parece de una novela de Andrea del Boca en los noventa. 
En el medio de este caos de aburrimiento, lo tenemos a Dom, cuyo arco de personaje se limita a “se dedica a su negocio y ya no coge, salvo al final de la película because guionistas”, desperdiciando al encanto (aunque no habilidad como actor) de Murray Bartlett, y a Doris, quien había cerrado su historia con un moño y ahora le fuerzan una conversación de embarazos totalmente inútil. 
Si, San Francisco es bellísima y el recorte que hace el director es magnífico por su economía de recursos. Si, necesitamos más y más diversos personajes LGTB en pantalla. Sí, hay algo del ‘aquí y ahora’ de Looking que la hacía refrescante. Pero no alcanzaba antes, y claro que no alcanza ahora. 
Hablando de dirección así como lo banco a Andrew Haigh, o por lo menos a sus largometrajes, hay algunas decisiones puramente de dirección que no puedo respaldar, tal como sus efectos de “micrófono abierto al aire” que dificultan captar algunos diálogos, que siendo que es una película casi completa de Walking and Talking, son indispensables. Aunque la misma técnica para hacer “efecto boliche” donde no se escucha nada es brillante.
En conclusión, le súper agradecemos a HBO haber aprobado la serie en primer lugar y haber aprobado esta película como premio consuelo ahora, mas… gracias, pero no gracias. 

Gay Pedigree:


  • Fue un guiño simpático hacer aparece a Frank en la trama de algún modo. En una realidad alternativa, era el “Cuarto Looking”.  
  • Una vez más, le debemos a la serie a Daniel Franseze como Eddie y su excelente gusto en remeras, tanto la de “Yes fats, yes fems”, que ya la quiero, como la de “Michael & Diana & Elizabeth…” que me muero de curiosidad por saber cómo sigue hacia abajo. 
  • El plot flojo de papeles de Agustín es injusto aparte del Paddycentrismo porque es el único personaje que creció o por lo menos cambió en el transcurrir de la serie. 
  • Hablando de fats & fems es una de las pocas cosas tópicamente políticas del episodio, salvo las conversaciones sobre matrimonio, que ahora parecen estar todas en “Sí, quiero”, salvo por la refrescante jueza interpretada por ese icono gaylésbico que es Tyne Daly.
  • Kevin está de vuelta con Jon. Sadomasoquismo por otros medios. 
  • Lesbian watch: se reduce a un chiste sobre la compañera de oficina ambigua de Kevin y Patrick y unos besos comunitarios por parte de “Kyah” a quien conocemos por primera vez pero ya es la mejor amiga del mundo mundial de Agustin. 
  • Sex watch: hay una linda cogida de Patrick con su levante en la fiesta. Cumple con la función de demostrarnos que, efectivamente, Patrick ha mejorado en la cama.  
  • Music watch: mucha música, mucha de artistas nuevos, pero que incluyen un Himno-Diva de Ultra Nate, un temazo del clásico de la serie (y todos los productos de Haigh) John Grant y el sorpresivo final con “I’ll be your shelter” de los Housemartins, que delata el inglesismo de los creadores de la serie.


miércoles, 25 de febrero de 2015

La cruzada anti-manija


Definir al estado de “manija” es casi imposible (aunque hicimos un intento aquí), es algo inasible, un fenómeno que podríamos definir como psicológico y que se potencia desde lo colectivo, y que mientras acá como giles lo vivimos, combatimos o simplemente observamos, alguna mente siniestra en algún laboratorio ya lo aisló y lo está usando en nuestra contra.
Es ese sentimiento de ansiedad, anticipación y hasta angustia (no es casual que estas tres cosas tengan raíces etimológicas comunes y en clínica en inglés se agrupen genéricamente bajo la figura de “anxiety”) generada por cosas, curiosamente, buenas y esperables, no negativas. El sentimiento nace en un individuo, o varios aislados, y luego se propaga como contagio, potenciándose en el proceso, y amplificándose por medio de las redes sociales. Es esa sensación de “no puedo esperar y lo quiero ya”, sin importar si es una película (o los anticipos de la misma, más sobre esto más abajo), una serie, un partido de futbol, un evento de cualquier tipo. Mi postulado detrás de este manifiesto es que nada va a estar jamás a la altura de esta manija y en el mediano plazo arruina la experiencia de lo esperado en sí. Pero primero un poco de historia y teoría.
Como tantas otras cosas malas que nos suceden, tiene su origen en el mundo del comic, y se potenció hasta el paroxismo durante los años 90. Luego llegó internet, y lo hizo aun peor.
Verán, para satisfacer las necesidades de las comiquerías y que sus dueños supieran que revistas iban a salir y por qué motivo debían comprarlas, los distribuidores de comics comenzaron a preparar un catálogo de novedades con lo que se iba a publicar (solicitations) que se publica con 3 meses de anticipación, para dar tiempo, en eras pre-internet, de que las órdenes se hicieran y se cumplieran. Este catálogo, que algunos pueden conocer como la revista/libro Previews, en algún momento de los 90 dejo de ser una herramienta de las editoriales y los dueños de comiquerías para pasar a ser algo abierto al gran público, y ahí empezó el problema: en lugar de enterarme que pasaba en la semana que salía y quedarme colgando con el cliffhanger hasta el mes que viene, ya sabía que pasaba en tres meses… entonces que me importa si Superman se murió o Wolverine se va de los X-Men si en 90 días tengo una historia que se llama El retorno de Superman, Wolverine y sus hijitos. Toda esta manija además tuvo su propio medio, el pasquín Wizard, cuyo único objetivo era ampliar la manija y es el antecedente directo de la mayoría de los sitios de “noticias” de comics y películas actuales.
Claro que en el cine siempre existieron los avances, trailers o colas (según la generación a la que pertenezcan), pero el albor de la internet hizo que los mismos salieran del ámbito natural del cine o en algunos casos la televisión para transformarse en algo disponible a cualquiera en cualquier momento. Sumada a la mala costumbre del tráiler que cuenta toda la película, se sumó el anuncio de que en fecha XX saldría el tráiler, y luego el tráiler del tráiler, y luego el teaser del tráiler del tráiler del tráiler, formando un circulo enfermo de anticipación, que tiene a la gente demandando avances de películas que se van a estrenar en más de un año (para un ejemplo práctico, ver los indignados el mes pasado porque durante el Superbowl no hubo un avance de Batman vs Superman, película que se estrena en marzo del 2016).
Los generadores de contenido, lejos de preocuparse por toda esta demanda de anticipos, crearon toda una industria a su alrededor, desde sitios especializados, a canales como E!, cuentas de redes sociales truchas, etc. Y lo hacen porque crear ‘buzz’, es básicamente publicidad gratuita. Cuanta más manija, más gente hablando de cosas que quieren promocionar.
Pero mi problema no es “los grandes negocios nos manejan como quieren”, no necesitan de nuestra manija para hacerlo. No, mi problema es que tanta manija genera varios efectos secundarios indeseables. Algunos de ellos:
  • Nunca nada está de acuerdo a la anticipación que se generó a su alrededor. Entonces empieza el backlash, que es la manija inversa.
  • Estamos tan pendientes de que va a pasar en tres meses, un año, que no le damos bola a lo que está pasando ahora. No me importa el poster de Avengers: Age of Ultron: quiero saber quiénes van a estar en la Avengers del 2019.
  • No puedo reparar en los méritos reales de nada, porque lo estoy midiendo contra el hype generado sobre méritos aún no conocidos o del producto/productor en base al cual se me vendió la nueva iteración. Entonces Better Call Saul es medida a favor y en contra comparada con Breaking Bad (ahí hay otro tema en cuanto a querer replicar éxitos, pero es tema para otro post).
  • Se anuncia un festival de música que va a ser TAN importante, que no aviso del line up, pero ya pongo las entradas en venta. Obviamente no va a haber line up que satisfaga a nadie.
  • Se genera la expectativa de “lo que hay que ver”: hay que estar al día con la serie porque si no te la spoilean, hay que ver la peli porque se vienen los premios, hay que ver la serie o la película porque es parte de “la conversación cultural”, aun cuando no queremos o tenemos tiempo para hacerlo.
  • Y la inversa, el “para qué lo voy a ver”: ya sé que un universo de comics o película se rebootea por completo en un par de meses, para qué voy a disfrutar de lo actual si tiene fecha de vencimiento.

La ansiedad es el mal a la orden del día, hay gente medicada, en terapia o inhabilitada para operar a los niveles más básicos por no poder lidiar con la vida contemporánea. Y sin embargo, apoyamos, reproducimos y amplificamos la misma ansiedad en los campos en los que supuestamente tendríamos que estar disfrutando. Obviamente no le voy a decir a nadie que le va a gustar o no, o que tiene que anticipar o no, no soy de los tirapostas que dicen “vivir lentamente”, “aquí y ahora” o lo que venga. Pero voy a intentar no reproducir la locura. Y me reservo el derecho a mantenerme al margen de la locura ajena.


lunes, 17 de febrero de 2014

Comentario: Looking 1x05 - Looking for the future


¿Y si el episodio 2 de Looking hubiese sido este, eh? O el 3 en todo caso: Patrick conoce a Richie, salen, vuelven a la casa de él, tienen la oportunidad de conocerse.
Estaríamos viendo una serie muy diferente, una serie mucho mejor. No es ninguna declaración descabellada que este episodio es el mejor de toda la serie que vimos hasta ahora, y uno de los mejores episodios autocontenidos de cualquier serie que puedan ver en estos días. Pero claro, con los antecedentes de las cuatro semanas anteriores, poca gente le va a dar la oportunidad que se merece, y con razón.
Looking for the future” es como un corto, no un episodio de una serie, altamente influenciado por el cine de Linklater y su trilogía Sunrise y por Weekend, la obra maestra del guionista y director de este episodio, Andrew Haigh. Dos chicos se conocen, tienen sexo, pasan el día siguiente conversando sobre todo: sobre el sexo que tuvieron, sobre el futuro, sobre el pasado. De películas y familia, de comida y trabajo. No pasa nada que sacuda la tierra, y no tiene que pasar, no es lo que esperamos. Y tampoco nada se resuelve: al final del episodio Patrick y Richie no deciden casarse ni deciden separarse. Solamente se conocen un poco mejor, y tal se animen a un poco más (seguramente en la cama, donde Patrick, consistente con lo que conocemos del personaje, es bastante mojigato).
La idea claramente era mostrar intimidad, y eso es lo que muestra, en todos los sentidos: el despertarse juntos después de una noche de sexo (y seguramente alcohol), el no querer despertar al otro, el encontrarse en una casa desconocida, el querer lavarse los dientes sin cepillo, el lavarse las partes después de la noche anterior, el querer irse a trabajar y al mismo tiempo quedarse. Luego, intimidad sexual, sorprendentemente gráfica (la oralidad de Richie es ampliamente implicada, aunque no se muestre). Y cerrando, intimidad reflexiva sobre ese acto, casi tabú y las consecuencias que podría tener (y de paso, LA CHARLA sobre seropositividad, miedo, antecedentes). El limite a la intimidad es ir a hacerse leer el futuro por una vidente, y tener que usar al otro de traductor por no hablar el idioma. De todas maneras, ni falta hace, Patrick y Richie ya compartieron lo que tenían que compartir.
En media hora conocemos más sobre Richie, Patrick, San Francisco y cultura popular para los veinte/treintañeros que en todo lo que vimos anterior de la serie, y se pasa como si nada, como se les debe haber pasado ese domingo que no lo es pero se siente como tal a estos chicos. Por un episodio, ni a Patrick ni a nosotros nos interesan ni Kevin y el trabajo, ni Dom, ni Agustin.
Que lastima que recién haya llegado en la semana 5, me gustaría hacérselo ver a todos los que fueron abandonando la serie las cuatro semanas anteriores.

Pedigree gay:
  • Sex watch: Este episodio amerita que empecemos por acá, porque realmente muestra o da a entender mucho más de lo que recuerde haber visto jamás en televisión entre dos hombres. Cuando queda claro que Richie va a tragar, a pesar de las protestas de Patrick, tuve una reacción visceral casi tan fuerte como la infame acabada de Adam con su novia-no-Hanna en la temporada 2 de Girls.  Como si fuera poco, sigue de la escena de rimming (beso negro, no googleen en el trabajo que pueden quedar mal) menos pacata de la que tenga memoria. Y como si esto fuera poco, después se habla de esto, de lo que significa desde un punto de vista de salud, afectivo, de intimidad. Fuerte y sutil al mismo tiempo, excelentemente escrito, filmado y ejecutado. De nuevo… si esto hubiese pasado antes…
  • Interesante también como el “post gay” de Patrick lo lleva a cierta fobia al sexo anal. Mucho mas realista de lo que mis lectores heterosexuales puedan imaginarse. Interesante también como “el latino”, supuestamente machista, es el que menos rollo tiene con este tema. Felicitaciones por ir en contra del estereotipo.
  • Simpática referencia a la pop culture la cita en el planetario que remite directamente a la primera cita de Ross y Rachel en Friends. La gracia está en la conciencia de los personajes sobre este hecho, y como luego se lleva  a la discusión sobre activo/pasivo. Hay acuerdo que Rachel siempre fue el “top” de esa relación, no lo voy a discutir.
  • Cuando refería al domingo que no lo es, el Everyday is like Sunday de Morrissey se caía de maduro. Tan bello, tan bien usado, empezando en el momento justo y fade to black. Seguramente el viejo puto tiene problemas con todo: con la televisión, la serie, la sexualidad de los personajes. Por una vez, agradezcamos que la compañía discográfica tenga el control de los derechos y no el autor de la canción.
  • Soy un poco grande para que los Goonies tengan el impacto que tienen sobre los que son unos 5 o 10 años más jóvenes, pero la referencia de Patrick da justo en el blanco. Y están los que se enamoraron de Sean Astin jovencito, y los que prefieren a la versión más chubby actual. Multitarget, para todos los gustos.
  • Los chistes y referencias al status bilingüe de Richie son interesantes. ¿El mejor? Que le diga “Pato” a Patrick. ¿El peor? Maná. ¿En serio Richie? Media pila…

lunes, 6 de enero de 2014

El Jazmin de Wall Street: Algunos cruces entre Woody y Marty


En 1989 se estrenó una película llamada New York Stories (Historias de Nueva York en Argentina, aunque nunca hubiese sido más adecuado traducir como corresponde Cuentos de Nueva York) que tenía como gancho estar dirigida por Woody Allen, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola. Pésimamente recibida, no se la suele tener en cuenta en el canon de ninguno de los tres directores, básicamente por tratarse de tres cortos sin conexión uno con otro salvo la ciudad que los alberga: el de Woody es como una autoparodia de delirio edípico que de vez en cuando es referenciado; el de Coppola uno de esos pastiches donde trabaja toda su familia y el de Scorsese una pieza casi intimista que se caracteriza por no tener ninguna de las cosas características de la filmografía de Marty, una especie de ejercicio en hacer algo lo más diferente posible a su obra.
De lo que nos quedamos la mayoría con las ganas era de si no una colaboración posta entre los tres (asumámoslo, casi imposible), por lo menos tres cortos que funcionaran en el mismo universo, tres puntos de vista sobre un mismo tema, o por lo menos una continuidad de personajes.
Si miramos a la obra ampliada de los tres directores, hay muy pocas referencias de universo compartido, salvo tal vez esa mirada a “la familia” que nos permitiría hacer una secuencia Padrino II-Disparos sobre Broadway-Padrino I-Buenos Muchachos, pero temas similares rara vez califican como continuidad.
Sí entre las películas de Woody de los últimos 10 años y las de Marty de siempre hay una observación sobre la sociedad norteamericana, donde las desigualdades han llevado a la única posible realización de “el sueño” es por fines espurios, y que en todos los casos terminan mal para los protagonistas o aquellos que los rodean. Nunca estuvo esto más claro que en las dos últimas obras 2013 de ambos: Blue Jasmine y El Lobo de Wall Street. Tanto es así, que salí del cine de ver esta última pensando en cómo Jordan Belfort podría bien ser Hal, el inescrupuloso ex marido de Jasmine que a través de sus maniobras dejó a Jasmine en el pobre estado económico y mental que la encontramos al comienzo de la peli de Woody. Hilando aún más fino, en su operística y casi fársica sobreactuación, Di Caprio bien podría estar canalizando a Baldwin haciendo del seductor aceitoso que le sale tan bien por defecto (el parecido físico, especialmente en el look post-carmela de ambos, es asombroso). Y ya sabemos que Jasmine no es más que una reinvención del personaje en una larga serie, bien podría ser Naomi bajo un nuevo nombre, escapando a la costa opuesta (si, ya sé lo del tema de los hijos, jueguen conmigo) (y ya sé también que bella como es, la Blanchett no es Margot Robbie, pero bueno, ¿qué mujer lo es?).
Una de las críticas que se le hace a El Lobo es no mostrar o referir directamente a las consecuencias de las acciones de Belfort, quien aun en las malas queda siempre como el winner de la situación, y eso es justamente lo que Jasmine hace tan bien: esos excesos tienen consecuencias en esos micro inversionistas que cayeron por la poderosa labia de Jordan/Hal, ejemplificados en la hermana de Jasmine y su ex marido; y esos excesos tienen consecuencias sobre las personas directamente involucradas en la “fiesta”: Jasmine probablemente no era el personaje más equilibrado para cuando conoció a su marido, pero su precario estado mental para cuando la encontramos es consecuencia directa de su historia reciente. ¿O vamos a creer que Naomi salió impoluta del último cuarto de película?
Más allá de esta fantasía de universo compartido, ambas películas tienen otros puntos de contacto, en lo argumental en la ácida observación critica de los excesos de los nuevos ricos o que este descontrol no es invisible para los diferentes entes reguladores, que actúan con mayor o menor efectividad según el caso; o en lo formal, ambas poniendo a una serie de jugadores no habituales en papeles clave, que vienen de la televisión, la comedia o de industrias no-norteamericanas (Robbie es australiana, como lo es la mucho más establecida en Hollywood Blanchett; Sally Hawkins es inglesa, etc, etc.), o en la narración quebrada que nos muestra diversos momentos en forma no secuencial, con el flashback revelando las piezas que faltan para entender “cómo llegamos hasta acá”.
Finalmente, ambas son películas que muestran a sus creadores en un momento creativo clave, cuando muchos estarían dispuestos a sacarles el crédito (especialmente a Allen), demostrando, en sus 70s, una vitalidad que varios creadores mucho más jóvenes tendrían que mirar con detenimiento.
Se perfectamente que no hubo una reunión entre Woody y Marty poniéndose de acuerdo en hacer dos películas en el mismo universo, pero no quita que recomiende pasar unas cinco horas de una tarde aburrida viendo a ambas back-to-back y dejarse llevar no solo por el buen cine, sino también por la imaginación.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Una mujer natural: algunas notas sobre las memorias de Carole King


Hay gente de la que conocemos mucho sin saber nada. En el caso de Carole King, salvo la gente de “cierta edad” que tenía conciencia en los momentos en los que tuvo mucho éxito con su nombre y apellido en el título (digamos hace… 40 años), muchos no sabrían quien es. Y sin embargo, todos, en algún momento, hemos escuchado y probablemente cantado alguna de sus canciones. Algunas de sus cientos de canciones, que fueron interpretadas por TODOS, desde los Beatles a Kylie, desde Aretha a Marcela Morelo, y si, claro, por ella misma, en sus discos o en los títulos de Gilmore Girls.
King es una figura mítica por un sinnúmero de razones: por tener una carrera que esta en su septima decada (!) a pesar de que no es tan grande (sus primeros éxitos como compositora a fines de los cincuenta fueron cuando tenía 17 años o menos), por haber trabajado con todos, por ser una temprana defensora de las causas ecologistas a nivel de activismo político y no de palabra, y por una colorida vida sentimental. Pero esto solo no arma un mito. El mito se arma porque a falta de una “historia” oficial, aparecen las historias apócrifas, los rumores, los “alguien que conoce lo contó”, y si el personaje es lo suficientemente relevante, hasta se arman narraciones que se suponen “oficiales” cuando no lo son (en el caso de King, la película Grace of my heart, un racconto levemente ficcionalizado de su vida y la de algunos de sus contemporáneos, con una banda de sonido fantástica que incluye, como para embarrar mas la cancha, canciones escritas por su hija y su ex marido. Super recomendable como peli por mérito propio, y el disco de OST como disco sin película también).
Después de que mucho le insistieran, la buena de Carole finalmente se decidió por sacar un libro de memorias y narrar algunas de estas cosas en primera persona, no tomarse el trabajo en desmentir otras, y contar un par de chismes en el camino. Si bien, como en todo momento nos aclara en el libro, King es la que escribe la música y no las letras, su fuerte siempre fue el de contar historias, ya sea de un artista o el “personaje” de ese artista, o en sus discos propios, armar una mini novela. No debe sorprender entonces lo interesante que resulta como narradora en esta colección de viñetas, que como un crítico hizo notar, es como escuchar a una tía abuela piola contar sus aventuras de juventud. Ayuda, claro, que sus historias de juventud son un quién es quién de la música pop y rock desde los 50 hasta la actualidad, con que fue testigo presencial de la era pre-rock, el rock, la invasión británica, el crossover del R&B al público blanco, el hippismo, el soft rock, la industria de la costa Este Y la costa Oeste, los plásticos ochenta… absolutamente todo.  Intercalando su historia de amor de la juventud con Gerry Goffin, con quien escribió todos los tempranos hits y con quien engendró a sus dos hijas mayores, con la historia de su gato Telémaco, inmortalizado en la tapa de su clásico álbum Tapestry, con su amistad (¿y algo más? nunca termina de quedar claro) con James Taylor y sus eventuales mujeres (un par de pibas llamadas Joni Mitchell y Carly Simon), su fallido encuentro con John Lennon en 1965 y feliz reencuentro con él y Yoko en el 76, a sus años de “caída del mapa” producto de un par de relaciones complicadas, de las que habla con candidez y mucho cariño (en esto me hizo acordar a los mejores momentos de las memorias de Diane Keaton que comenté en otro lado), todo matizado con sus puntos de vista sobre tocar en vivo y colaborar con otros músicos, el proceso de escribir canciones, la inspiración de algunas de las clásicas canciones, sus opiniones sobre otros artistas de la época y sus detalles de “insider” sobre los mismos, y hasta algunos puntos de vista sobre ecología y espiritualidad que en manos de alguien menos interesante hubieran caído en el terreno de la autoayuda.
Parte de la gracia de leer este libro es además musicalizarlo: es imposible no leerlo al lado de una computadora y buscar las canciones, artistas, performances referidas, ya sea un clásico soul de los tempranos 60, un disco “soft” completo de los 70, alguna cosita superproducida de los 80 o los incontables homenajes y contrahomenajes de los que es sujeto en los últimos años, como corresponde a la persona que nos legó You’ve got a friend, The loco-motion, Crying in the rain, A Natural Woman, I feel the earth move y tantísimas más.
Más que recomendable, para fans y no fans de la artista, para los que les interesa la historia de la música y la cultura popular o sencillamente las historias en primera persona bien narradas. 

martes, 27 de agosto de 2013

Comics de superheroes: el estado de adolescencia continua

El fin de semana, Warner Bros. confirmó que para la próxima película de Superman y Batman el papel de este último va a ser interpretado por Ben Affleck. Acto seguido, la internet se rompió en dos. 
No voy a utilizar esta nota para discutir ese casting en particular (no me gusta, del mismo modo que no me gusta nada de la estrategia cinematográfica de DC/Warner) sino algunos de los motivos que generaron este casi unánime rechazo y como se ponen en contexto con la cultura comiquera en general. 
Mucho del problema con este casting de Batman, o cualquier casting de Batman para el caso, es el sentimiento de propiedad que los fans tienen con el personaje, que va más allá de un simple “me gusta”: los fans de Batman defienden al personaje y la mitología que lo rodea basándose en una simplista excusa de “realismo” (que ya me tomé el trabajo de comentar en otro lado) que no es más que una racionalización para un cierto tipo de identificación aspiracional (más sobre identificaciones masculinas con personajes de ficción se pueden leer en esta otra nota). Resumiendo: un pensamiento del tipo “Bats podría ser yo”, que tiene como corolario “Ningún actor es lo suficientemente bueno para serlo”. Este pensamiento algunos lo consideran infantil, pero en realidad es típicamente adolescente, y es sobre eso que quería escribir, sobre el estado de adolescencia continua de los comics y la parafernalia que los rodea. Va una perlita más: si nos tuviésemos que atener al supuesto realismo, una pelea Superman versus Batman tendría que durar milisegundos, con Bats en coma profundo por choque contra la fuerza inamovible. Fin de la historia. Pero no, al igual que en ya incontables historietas, la expectativa es que Batman de pelea y hasta probablemente la gane o termine en un digno empate. Ehhh… no. ¿Por qué esto? Porque en la realización del deseo adolescente masculino, el “normal” (si, el archimillonario entrenado por ninjas es el normal en este escenario) puede vencer al superior (el alienígena invulnerable y súper fuerte, no nos olvidemos) solamente porque...así lo desean.
Si pensamos en un escenario de conflicto adolescente como aquel de los nerds (estudiosos, poco populares, interesados en, entre otras cosas, los comics) y los jocks (deportivos, pero antes que nada, físicamente superiores), es de esperar que el nerd desee vencer al jock, por lo menos en el terreno de su imaginación. Estos son lectores, pero también son la mayoría de los creadores de los comics y películas acerca de ellos, que a partir de aproximadamente los 70, son los locos que tomaron el manicomio. 
Y no es casual que pensemos en los 70, porque si me preguntan si los comics alguna vez fueron infantiles como para pasar a adolescentes, y si alguna vez van a llegar a la edad adulta, tendríamos que ver por donde andarían los comics de los años 70. Esto me da pie para mi TEORIA COMPLETAMENTE ARBITRARIA SOBRE LAS ERAS DE LOS COMICS (por lo menos los comics norteamericanos de superhéroes, que son los que aquí nos ocupan).
Si consideramos que el medio/género nacieron en algún momento a fines de los años 30, tendríamos que decir que esa fue la infancia, pero no: varios factores (la guerra, la edad de los autores de la época, la categoría de ‘adolescente’ aun no completamente implementada, la influencia de la ciencia ficción), digamos que durante los 30/40 y primeros 50, la llamada “Edad de Oro” de los comics, a fines de mi teoría del desarrollo, aún estaban en una etapa embrionaria, una especie de prehistoria. La verdadera infancia es la Edad de Plata, la que empezó en 1956. Piensen en esos comics, de líneas puras, colores saturados, conflicto maniqueista del bien y el mal, súper mascotas, versiones infantiles de los personajes… el mundo visto desde los ojos de los niños. Esta infancia no se desarrolló del mismo modo en DC y Marvel: mientras que DC era el grandulón que todavía mojaba la cama cuando ya tendría que tener más control, Marvel era la chica que tenía tetitas a los 11 años, entrando de lleno en una especie de pre adolescencia, donde se coqueteaba de igual modo con los elementos infantiles como los de la adolescencia propiamente dicha.
La adolescencia llego como les decía antes con la nueva generación de escritores y dibujantes, que ya habían crecido con una dieta de comics y que venían a jugar con los chiches de su niñez, pero como adultos. El Batman de O’Neill y Adams es adolescente, y el que aun hoy todos “quieren ser”: serio, nocturno, sin sentido del humor, preparado hasta lo imposible, y por sobre todas las cosas, infalible. Todo lo que el adolescente no es pero quiere ser. Del lado de Marvel, no tan casualmente es cuando renacen los X-Men, con su angst de adolescencia y el ‘aspiracional masculino’ propio en la forma de Wolverine.
¿Cuándo se sale de la adolescencia?, les escucho preguntar. Bueno, justo ahí está el problema, porque tal como los peloduros de 30 años que siguen viviendo con sus padres, los comics NUNCA salieron de la adolescencia, ahí se quedaron.
¿Cómo, me van a decir? ¿Y los 80? ¿Y el Dark Knight, Watchmen, Gaiman y Moore? Bueno, vamos por partes.
Gaiman y Moore, los escucho… ya no son adolescentes. O sí. Son post-adolescentes que van a la universidad. ¿Vieron al pibe que cursa dos materias del CBC y nos tiene que demostrar TODO lo que sabe? Y ojo, no dudamos que lo sabe, pero es la necesidad constante de demostrar que lo sabe, que es más inteligente que nosotros. Moore y Gaiman, especialmente en esa época, nos tiraban TODO encima, siempre con un guiño de “vieron la que les tiré, no?” y con una actitud de “... y si no la agarraste…”. De hecho, el día que se graduó de la universidad, el bueno de Neil se puso a escribir libros de en serio, y vuelve a los comics cuando tiene ganas de tocarla un poco a la piba que nunca salió del secundario. 
¿Y Miller? Miller es la raíz del problema. NADIE es más adolescente que Miller. Él nos dio al “Bats cachetea a Supes” en primer lugar. Él es que considera “adulto” dibujar una mina en tetas. Él es el que mide madurez en cadáveres e hiperviolencia. No, nada en Miller es adulto, es la peor clase de perpetuación adolescente. 
Con 25 años de atraso, las pelis de superhéroes están hoy donde los comics estaban en 1986, y mantienen la audiencia de los que se niegan a salir de su adolescencia y la de los adolescentes cronológicos, que como dice Mirtha, siempre se renuevan.
Mientras tanto, en el 2015, nos vamos a tener que bancar que Ben Affleck lo cachetee a Henry Cavill. Porque esa va a ser una película “realista”.  



lunes, 15 de julio de 2013

Cuadros en una exposición: algunos pensamientos originados por The Pacific Rim


Tengo un grupo de amigos con el que vamos al cine un par de veces al mes, y el placer de la salida actualmente supera a las ganas específicas de ir a ver una determinada película o no. Es decir, estoy viendo películas que no siempre hubieran sido mi primera opción. Generalmente cuando veo una de estas películas que no estaba anticipando, más allá de estar abierto a la sorpresa, mientras la estoy viendo mi pensamiento es “vale la pena escribir un comentario de esto en el blog, o no”. En vista de los pocos comentarios de películas que hago, podrán ver que la respuesta suele ir más por el lado del “no” que del “si”.
Ante la pregunta con respecto a The Pacific Rim, que vi el fin de semana, la respuesta fue un rotundo “no”, y si tuviera que escribir un comentario será breve: “Si no hay un jaiku o un jaeger en pantalla, la película es inmirable y no resiste el más mínimo análisis. Fin”.
Ojo, no quiere decir que no sea entretenida, o que esté mal hecha (sí que está mal escrita y mal actuada, pero supongo que es error mío por buscar buena escritura y actuación en un “tanque” del verano boreal), sino que no resiste ser pensada en profundidad.
Pero esta nota viene porque hay algo que Pacific Rim hace muy bien, especialmente en comparación con varias otras películas que podemos alinear en la misma serie. Verán, en The Pacific Rim, luego de 1 minuto de introducción, BAM!, empieza con la acción. Y hasta esa misma introducción (contando cómo y cuándo aparecieron los jaiku y que se hizo para combatirlos) contiene suficiente acción como para que uno se entretenga. Lo que PR hace es mantener al mínimo la EXPOSICIÓN.
La exposición es ese momento donde es necesario transmitir información que se supone es necesaria para la comprensión de la historia, los personajes o sus motivaciones. El tema es que la exposición, si bien necesaria, en general es una señal de mala escritura, y especialmente en los medios visuales (películas, series, pero también comics y otras formas gráficas), ya que  rompe con el precepto que tiene que regirlas: mostrar, no contar.
Si un narrador, de cualquier tipo, me tiene que tirar unos párrafos explicándome que está pasando, no está cumpliendo su función de narrar una historia integral. Si además, lo tiene que poner en voz de un personaje que me “cuenta” la motivación, pensamiento o historia detrás de la acción, estamos en problemas.
Si en estas películas de acción que duran dos horas y media, necesitás un monólogo para contarme cómo llegamos hasta ahí, o leer un párrafo de 500 palabras, estás haciendo algo mal. Se me viene ahora a la mente, por lo reciente, toda la secuencia en Krypton de Man of Steel, pero hay montones de otros casos. Nolan es especialmente afecto a sobre exponer, y por cada escena de “el Joker hace un golpe maestro en el banco” tenemos un monologo de 5 minutos, generalmente en la voz de Michael Caine, contándome un cuentito que le dio fiaca mostrarme. El “monólogo del villano que me explica su plan y motivaciones” es un tropo clásico, que tiene origen en las películas de James Bond, que justamente brillan por comenzar in media res en la acción... pero con un precio.
¿Por qué se recurre a la exposición, o mejor dicho, dejando a la exposición como recurso válido y necesario, a la sobreexposición? Se me ocurren tres grandes grupos de motivos:
  • No se entendió lo que mostré o conté por otros medios: en este caso, si el escritor se dio cuenta que no se entendió o no se va a entender, lo que tiene que hacer es volver, reescribir para que se entienda, no agregar un párrafo explicativo.
  • No había tiempo o presupuesto para mostrarlo y entonces lo tengo que contar: esta es un poquito más justificable. Hay casos donde agregar una secuencia explicando cómo llegamos a cierto punto agregaría al metraje innecesariamente, o significaría irse completamente de presupuesto (“y entonces sucedió el big bang, y los planetas se enfriaron, y …”). Claro que si estamos hablando de una película que costó 150 millones de dólares y que de por sí dura dos horas y media, tu problema no es falta de tiempo o plata, sino de talento. Una buena manera de sobreponerse a esto es por el lado de la comedia, con un efecto de romper la cuarta pared para explicar lo de otra manera inexplicable. En los años 80, mientras los episodios se iban de presupuesto y de plazo para emitirlos, Moonlighting escribió el manual de cómo hacer esto y que quede simpático en lugar de molesto, con Bruce Willis diciendo que dedujo quien era el asesino “durante el corte comercial” o Cybill Sheppard explicando las motivaciones de un personaje porque “el guion lo dice”.
  • Menospreciar al público: esta es una de las peores, y es un clásico Hollywoodense, donde los ejecutivos de los estudios creen que si no explican absolutamente cada detalle, el público se va a “perder”. Una sub especie especialmente nefasta de esto es el narrador omniscente que me cuenta lo mismo que ya estoy viendo en pantalla. Si una película empieza con “Yo tenía 15 años aquel verano en Milwakee que conocí a Ellen...” levántense del cine y váyanse. Nada bueno puede seguir a continuación.

Un buen ejemplo para contrastar el producto con/sin exposición son las varias versiones que se vieron a través de los años de Blade Runner, con o sin la narración de Deckard (también con o sin el unicornio, pero me voy de tema). De hecho, Ridley Scott es un buen ejemplo de mostrar más que narrar, y por esto mismo a veces se lo critica o quedan muy en evidencia algunos agujeros argumentales. Me viene a la cabeza la criticadísima Prometheus, que como dije en otro lado, me gusto muchísimo, y realmente, ¿acallaría las críticas una explicación sobre qué pasa durante y después de la auto operación de Shaw?
Claro que los peores ejemplos de exposición se suelen sufrir en el cine argentino, donde se mezclan todos los factores que ya mencionamos: mala escritura, falta de presupuesto, menosprecio de la audiencia.
Ya me extendí demasiado, así que no me queda lugar para mis opiniones sobre los comics que requieren una página de texto sin dibujos para explicar dónde estoy parado (y no, no me refiero a los recursos novelísticos de Watchmen o la Legion Giffen), así que probablemente ya tengo material para otra columna en el futuro cercano.



jueves, 20 de junio de 2013

Inflexibles, inoxidables, frios: Cineastas de Acero - Sobre Man of Steel


Descargo: Este comentario contiene, por supuesto, spoilers. Empezando con el primer párrafo. Si le molesta, no lo lea.
Descargo II: Soy un lector consuetudinario de comics de DC desde hace aproximadamente 35 años. Crecí con la Mujer Maravilla en TV, vi las películas de Christopher Reeve en estreno, al igual que las Batman de Burton.
Descargo III: Así como hay “gente perro” y “gente gato” hay “gente Batman” y “gente Superman”. Se me puede contar en el segundo grupo.
Descargo IV: Divertida como me resulta The Dark Knight, como ya lo he expresado en otro lado, no me gustan las películas de Batman de Nolan porque básicamente me parece que el autor tiene un importante desprecio por el género de origen (y no me refiero a fidelidad con el material de origen, me refiero a quererse apartar de todo lo que hace que dicho género sea lo que es).

Dicho esto, les propongo un ejercicio de imaginación: en la confrontación final con el Joker, Batman saca una .45, y cual Harry el Sucio le pega un tiro en la frente. ¿Problema solucionado? Sin lugar a dudas. ¿Modus operandi de Batman? Definitivamente no.  Hasta Nolan en su desprecio hay una línea que no cruzó, porque sería hacer definitivamente OTRA película, sobre OTRO personaje.
El jueves pasado se estrenó una película bastante interesante, sobre una criatura alienígena que llega  a la tierra y pone a nuestro planeta en conflicto con algunos sobrevivientes de su planeta natal. Se desata una batalla feroz, que destruye gran parte de nuestro planeta, con víctimas que se pueden contar en los cientos de miles, que a ninguno de los alienígenas involucrados parecen importarles (salvo por una extrañamente inteligente y atractiva terrícola que tiene prioridades especiales). Finalmente, el primer alienígena debe sacrificar a su co-planetario en pos del bien común. Todo filmado en colores muy oscuros, con mucha cámara en mano, actores de carácter que por contrato tienen prohibido sonreír y diálogos donde cada frase es un refrán digno de Narosky. Igual, una película interesante y bien filmada, que muestra de manera ingeniosa y, me animo a usar la palabra maldita, realista, cuáles serían las consecuencias de criaturas con esos poderes sueltas en el mundo real. ¿Es esa una película de Superman? Definitivamente no.
Y mucho peor, ¿es esa la película que fije el “tono” para lo que va a ser la franquicia de los héroes de DC en el cine de aquí en más, a la manera que Iron Man lo hizo para el universo Marvel? Muchísimo menos.
No puedo decir que Man of Steel no me gustó. Me resultó entretenida, en líneas generales bien actuada, con algunas ideas ingeniosas, una de las mejores representaciones de superpoderes en pantalla (es la primera vez que vemos las consecuencias del poder más devastador que tienen los kryptonianos: la supervelocidad), una Lois Lane que finalmente le hace justicia a su carácter de “la mejor periodista del mundo” (pista: le toma menos de 24 horas hacer la conexión criatura alienígena-familia Kent-Superman), y una Martha Kent que logra mostrar que es lo que humanizó al bicho extraterrestre.
También es una película con diálogos improbables e increíbles, con un padre que es un fantasma que nos hace preguntarnos para que explotamos el planeta de origen si este señor es perfectamente consciente y funcional; y otro padre que más allá de proteger a su hijo toma una de las decisiones más idiotas de la historia, costándole la vida.
Es también una historia que con toda su moralina, no se toma el trabajo de mostrar las consecuencias reales de todos los desastres que de manera tan detallada nos insiste en mostrar, y que les puedo asegurar, no van a ser retomadas en la ya autorizada segunda parte. Ni las consecuencias psicológicas de la decisión moral mayor (y no me vengan con qué y cuándo pasó en el comic, ya les tiré mis credenciales de entrada, ya sé que pasó en el año 88. También conozco el AÑO ENTERO de historias que siguieron mostrando las consecuencias, incluyendo un exilio y comportamiento esquizofrénico).
Esta película carece de corazón y humor, intentándolos reemplazar con supuesta “inteligencia” y “realismo” tomados con unas pinzas como para agarrar isótopos de kryptonita radioactiva. Y cuando digo “humor” no digo “chistes”, digo “no tomarse todo tan en serio”. No quiero a Lex con peluca y una bimbo acerebrada al lado, ni a Clark Kent comportándose como Tony Stark. Me refiero a alguien en algún momento sonriendo y que no sea con lágrimas en los ojos; alguien que, ya que se sobre abusa de las imágenes religiosas, tenga un momento de revelación, de iluminación, de goce, de alegría que no sea por “uff, menos mal que sobrevivimos a esto”.
Puedo bancar mucho de esta película, mucho más de lo que creía cuando leí por primera vez que Snyder, Nolan y el ladrón de gallinas Goyer iban a ser los responsables de hacerla. Pero no puedo aceptar el último cuarto de la película y sus implicaciones, para la película misma, para la serie de Superman que aquí se abre, y para lo que es el futuro del universo cinematográfico de DC. Y lamentablemente, no me tendría que sorprender, no es más que una extensión de todo lo que DC viene haciendo los últimos diez años, pareciera que intentando alienar a toda una generación (¿generaciones?) de fans.

Algunos comentarios al paso:
  • Excelente casting a todos los niveles. Cavill nació para hacer este personaje (si solamente lo dejaran sonreír un poco), muy bien los dos padres aunque el guion les haga hacer y decir pavadas, brillante Diane Lane como Martha Kent, el único personaje en 3 dimensiones de la película. Tengo algunos problemas con Amy Adams, nomás porque me parece que no tiene la coloratura que esperaba, pero el personaje de Lois está tan bien escrito que es perdonable.
  • Excelente idea poner como rivales iniciales a gente con el mismo nivel de poder imposible de Superman, así no hay que recurrir a recursos tontos (igual algunos hay)
  • …lo que nos hace anticipar a Lex para la peli que viene de la misma manera que anticipamos al Joker en la segunda de Nolan.
  • En algunos años nos vamos a dar cuenta de la influencia real que ha tenido Smallville en los mitos de Superman, en muchos casos, sorprendentemente, para bien.
  • Emil Hamilton, Steve Lombard, Dev-Em… leer los créditos del cast fue más divertido que mucho de la película propiamente dicha para este viejo fan.
  • Faora kicks ass. Voy a dejar para algún otro autor el comentario de género, pero suficiente con decir que es una villana, claramente mujer, con las mismas motivaciones que cualquier villano varón. No sexualizada, no kinky, no traicionando todo porque se calentó con un tipo. Bien ahí.



martes, 7 de mayo de 2013

Mis problemas con Iron Man 3


No iba a hacer el comentario de esta película, no por cómo ironicé por ahí “si no tienes nada bueno que decir, no digas nada”, si no porque en general me abstengo de hacer comentarios de películas que no me interesan 100%. En general, o me interesaban y me decepcionaron o no me interesaban y me sorprendieron. Pero bueno, mis fans lo pidieron,  aquí está.
Van entonces algunos descargos primero:
  1. nunca fui seguidor de Marvel en general, y de todos los personajes de Marvel, pocos me ha interesado tan poco a lo largo de los años como Iron Man
  2. tampoco me han interesado demasiado las películas de Iron Man. La primera la vi a los premios en una copia trucha en casa, la segunda fui al cine cuando pintó, ésta, un poco  llevado por The Avengers y otro poco para hacer una salida con amigos, la vi casi en el estreno
  3. uno de los motivos porque estas películas no me interesan demasiado es porque soy inmune a los encantos de Robert Downey Jr, y es más, me parece que el hacer más de esa caricatura amplificada de si mismo cada película que pasa me hace que me caiga MENOS bien cada vez. No tengo espacio en mi vida para cheroncas. 
  4. me gustó mucho The Avengers por motivos que son externos a Iron Man y RDJ.

Mis problemas con la película, dicho todo esto, poco tienen que ver con el nivel de espectáculo, con la consistencia dentro de la saga, con la mejora o no con respecto a lo que todos consideran que fue una floja parte 2, con si el 3D está bien o mal utilizado o si Gwyneth es o no la mujer más bella del mundo (?). Mis problemas con Iron Man 3 son uno de guión/realización y otro conceptual.
No tengo gran aprecio por las películas de acción, de ninguna época. He visto muchas, algunas me caen mejor que otras, pero hay algo en lo que soy consistente: NO PONGAN NIÑOS EN LAS PELICULAS DE ACCION. No cumplen ninguna función más que “ser encantadores”, “ser rehenes” o sencillamente infantilizar una premisa para hacerla lo más multitarget posible. Así que, empezamos mal desde el momento que Tony se hace de un “encantador amiguito”. Shane Black, navidad, niños, blahblahblah... NO ME IMPORTA. NO. NIÑOS.
Ahora, ya está, clavaron pendejo... que por favor no sea un “niño mágico”. Un “ser de luz”, “mejor que nosotros”, “que le muestra el camino al héroe”. Esta mierda del niño interior Spielberg hace 35 años que la quiere hacer digerir y me parece insoportable. Ahora, si encima el “niño mágico” mágicamente “cura” un desorden psicopatológico (no inventado, ya que estamos, ya que desde la sintomatología al desencadenante está comprobado que alguien agarró un DSM cuando escribió el guión). No, un stress post traumático con episodios de pánico no se cura con un “construye algo”. Ya bastante trivializaron a la enfermedad mental en Silver Linings Playbook, ¿ahora esto también?. Pero bueh, para el final de la película es sólo una cosa más que “curaron”. Como me decía un amigo, menos mal que los X-men están en otro estudio de cine, porque se distraen y Tony los cura a todos de sus mutaciones...
Mi segundo problema es un poco más nerd, si se quiere, y como oportunamente comenté sobre El Hombre Araña, tiene que ver con realizadores a los que no les interesa en lo más mínimo el material con el que están trabajando. Digamos, el punto de Iron Man es Tony Stark en una armadura. El problema de salud de Tony es la excusa para que sea Tony, en su armadura. Claro que hay libertades del tipo War Machine/Iron Patrior/Iron Monger, pero la idea es: un hombre, una armadura, un motivo por el cual ESE hombre en ESA armadura. Si no... ¿qué impide un ejercito de Iron Men? Digamos que un tema ético de Tony y Pepper. Pero si sacamos a Tony de la armadura, y la armadura...LAS ARMADURAS pueden funcionar solas, lo que tenemos es un montón de robots, y eso no es Iron Man, en es en todo caso Transformers. Es diluir innecesariamente el concepto original. Me extraña del cuidadoso Kevin Fiegue, y si me vas a tirar robots, por lo menos presentá a The Vision y dejame con ganas de Avengers 2...
Y cómo verán, ni me metí con el tema del Mandarín. Si no fuera por el a) estaría furioso, supongo. En esta ocasión, no estaba tan comprometido con el material original como para que me importe. 

viernes, 4 de enero de 2013

Varios extraños amantes: sobre la autobiografía de Diane Keaton



La autobiografía como género suele dejar bastante que desear. Salvo contadas excepciones (por ejemplo, las autobiografías de escritores de cualquier rubro), suelen ser proyectos de autopromoción de celebridades o políticos, con un “ghost writer” haciéndose cargo del trabajo real de escritura. Se los vende generalmente con un golpe bajo marketinero que será revelado durante la lectura, entre los que se cuentan desórdenes alimentarios (un plus para la platea femenina), abuso infantil (claramente se ha leído muy poco sobre fantasías infantiles en el gran país del norte. No digo que no haya abuso, pero o esta gente miente o está malinterpretando alguna idea), hijos secretos, romances prohibidos, etc.
También, en los últimos años, en Estados Unidos, se puso de moda el “celebrity book”, que no necesariamente es una biografía, sino que puede ser una serie de observaciones o anécdotas (muchos comediantes han ido por esta ruta, recientemente Ellen DeGeneres, que ya tiene escritos varios, o el muy recomendable Bossypants de Tina Fey), consejos sobre algún rubro en particular (sub grupo mencionable, el libro de cocina de las celebrities), o consejos “de vida” en general, que rozan con lo peor de la autoayuda (Teri Hatcher es una de las principales ofensoras en este rubro).  
En un caso o en otro, a menos que se tenga alguna simpatía en particular por la persona en cuestión o se trate de un “descubrimiento”, suele ser mejor evitarlos.
Dicho esto, hace cosa de un año salió a la venta Then Again, mezcla de autobiografía y celebrity book de Diane Keaton, que más allá de ser un personaje que me cae más o menos bien, prometía como condimento adicional al rubro “revelaciones”, documentar con algunas cartas y fotos de su archivo personal, que incluye una muy publica y comentada relación con Woody Allen, un personaje que me intriga aún más que ella.
El libro, interesante como es, probablemente no es lo que esperaba: la parte “proyecto personal” de Keaton es una memoria de su madre, fallecida recientemente, y que era una compulsiva diarista por lo que estaba muy bien documentada. Sin lugar a dudas la vida de su madre es interesantísima para Diane, no tanto para el lector casual, que preferiría que la autora se detuviera más en sus aventuras en la New York de los setenta o el trasfondo de la filmación de la trilogía del Padrino (ambas cosas están cubiertas, pero nos dejan con ganas de un poco más).

Eso sí, cuando el libro cubre los tópicos más caros a alguien interesado en el cine y la pop culture, ahí es donde se pone interesante. A nadie sorprende saber que Annie Hall era una apenas disimulada historia sobre Diane misma, pero no se tiene idea de hasta qué punto hasta el momento de ver como la familia Hall de la película es idéntica a la verdadera familia Hall (dato de color: el apellido de Diane es en realidad Hall, Keaton es el apellido de soltera de su madre), Keaton sigue sin saber porque Coppola la eligio para hacer de Kay Corleone, y es brutalmente sincera sobre qué pasos de su carrera funcionaron (no es casual que aparte de los 70, las únicas películas sobre las que se detiene son Baby Boom, First Wives Club y Something’s Gotta Give, sus éxitos reales) y cuales no (su output como directora es apenas mencionado, aunque me hizo sonreír que se nombren con todas las letras los videos que dirigió para Belinda Carlisle a fines de los ochenta).
Obviamente, lo que todos queríamos leer eran los sórdidos detalles sobre Woody, Warren, Al y a ver si había algún otro. Bueno, resulta entretenido, aunque no como uno esperaría: Diane claramente adoró a Woody y lo sigue queriendo muchísimo, así como toda su familia (hay una cándida foto de ambos tomada por la madre de Diane que no tiene desperdicio), y lo sabe instrumental para su carrera (“le debo todo a las palabras de Woody”). Menciona al pasar que reemplazó a Mia en Manhattan Muder Mistery, y del mismo modo que comenta que Woody no habla de su vida cuando filma, se abstiene de entrar en ese debate. Cartas personales que intercambiaron y diversas declaraciones de ambos a través de los años no hacen más que comprobar este afecto que comparten.
Con Warren, es más complicado: enamorada desde que lo vio por primera vez en la pantalla en Splendor in the grass, cuando la empezó a cortejar fue como el sueño del pibe (de la piba…), y claramente siempre sintió que Warren era “demasiado” para ella, aunque le agradece la gente que le presentó, como le dio ánimo para dedicarse a proyectos personales y básicamente, mal no la pasaron… hasta que filmaron Reds, donde la puntillosa dirección del Señor Beatty terminó por volverla loca y ese fue el fin de la relación.
La revelación más interesante del libro, sin embargo, es la del apasionamiento que tuvo (y sigue teniendo, por lo que se lee) con Al Pacino, que empezó en los tempranos 70 cuando ella aún estaba con Woody y no se concretó hasta finales de los 80, terminando definitivamente después de muchas idas y venidas en la filmación de Godfather III.
Y hay una perlita final sobre la filmación de Something’s Gotta Give, que Keaton dice es su película favorita por los buenos momentos que le significó, donde se puede leer entre líneas que aun viejo y hecho pedazos, Jack Nicholson sigue siendo un Don Juan hecho y derecho. Y que además, hábil negociador, siempre se queda con un porcentaje de las ganancias brutas de las películas, y sin ella saberlo, le regaló unos puntitos de su parte, lo que redundó en un sorpresivo cheque “con muchos ceros” como regalo de despedida. Classy, Jack, very classy.
El tono general es de candidez y cierta inseguridad (de nuevo, pensar Annie Hall), incluyendo varios arrepentimientos, tal como no haber “sentado cabeza” en una relación;  falta total de arrepentimientos, especialmente en su decisión de adoptar pasados los 50 años; y por qué no,  algún rencor (en un “donde están ahora” al final del libro, los nombres de Annette Benning, la real señora Beatty y el hijo que Pacino tuvo con Beverly D’angelo dejan caer una cierta cuota de ácido).  Ah, y para no fallar a la regla, en los 70 Diane tuvo un problema de bulimia… por lo menos no la abusaron.
El libro es recomendable solo de ser muy fans de Keaton o alguno de los otros involucrados o del cine de los setenta, y estando listos para saltear algunas de las partes más pesadas.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Conozco la canción: sobre el poder de las canciones en las series y peliculas



No es secreto que una de mis películas favoritas ( si no LA favorita) es Cuando Harry conoció a Sally. Además de todas las fortalezas con la que cuenta tales como su maravilloso guión, está también su banda de sonido: esa serie de “songbook standards” que Harry Connick eligió y reinterpretó. Muchas de esas canciones para cuando se estrenó la película ya tenían más de 50 años, pero a mis juveniles 20 muchas eran para mi novedosas y las conocí y asocié a esa película para siempre.
Todo este rodeo es para hablar del poder de las películas y las series de televisión para acercarnos por intermedio de sus bandas de sonido a música no compuesta especialmente para ellas pero que cobra una nueva vigencia a partir de tener esa exposición.
Imagínense mi sorpresa cuando hoy a la mañana abro alguna de las redes sociales y me encuentro por todos lados con gente discutiendo  sobre una de mis bandas favoritas, separada hace casi 30 años: Yazoo. ¿eh? ¿qué me perdí? Lo que me perdí fue el episodio de Fringe de ayer a la noche, donde el clásico de la banda Only you fue expuesto. Momento seguido, una movilización de gente, desde los que no conocían la canción a los que podían indentificarla, a los que dirigían a los diversos servicios de vídeos o streaming para escucharla, al diálogo de sordos entre el nombre norteamericano y el del resto del mundo para la conjunción Alison/Vince (Yaz/Yazoo).

Más allá de la alegría que me da que mis chicos reciban el cheque correspondiente, más me lo da que mucha gente descubra una maravillosa canción y a sus magníficos interpretes (bonus: que también sepan que no es original de Enrique Iglesias, que la masacró hace unos años. No quiero hablar del eso, es demasiado doloroso). 
Las películas han tenido ese poder desde que tienen sonido, pero por varios motivos, principalmente pago de derechos y la posibilidad de una nominación más a los premios de la academia, solían ir por originales, salvo que hubiese que hacer alguna ambientación de época. Esto empezó a cambiar en los posmodernos ochentas, y se puede identificar el momento de quiebre a partir de la genial película de Lawrence Kasdan The Big Chill. Además de ser un peliculón con un elenco de lujo (en serio, véanla, no se van a arrepentir), la trama de baby boomers reencontrándose años después de sus años en la universidad estaba musicalizada por una serie de algunos de los mejores clásicos del soul de fines de los sesenta. En 1983, generó una revolución. La gente salía del cine directo a la disquería, la banda de sonido vendió millones y hasta hubo que hacer una segunda parte, no de la película, si no del disco. 
Otros ejemplos seguro que abundan, y cada uno debe tener el suyo, y pueden ir desde en serio (Unchained Melody en Ghost) a en broma (Bohemian Rapsody en Wayne´s World, la soundtrack de The wedding singer), el resultado es siempre el mismo: una segunda vida para las canciones, un nuevo público expuesto.
El trailer de The Big Chill, noten el acento en la música.

Como en muchas otras cosas, la preeminencia del cine está dando lugar a la de las series de TV, y con resultados similares. Y no hablo de la obviedad de Glee, que es un fenómeno en si mismo pero no para los originales si no para las reinterpretaciones de su elenco, si no a cosas como la cuidada musicalización de The Sopranos, por ejemplo, que se manejó desde lo esperable (los crooners ítalo-americanos, alguna canzonetta, el soul de los 60 y el rock de los 70 de las juventudes de los personajes), a lo sorprendente (David Chase es claramente un fan de Annie Lennox, musicalizando escenas clave con material solista y de Eurythmics que me hicieron querer aun más a una serie que ya era mi favorita). La sucesora lógica de Sopranos es Mad Men, claro, donde la ambientación de época implica el uso de música para reforzar ciertos eventos o momentos, y que va desde instancias o menciones menores, a momentos clásicos con toda la artillería como el uso de Satisfaction de los Stones en The Summer Man para decir “acá hay un nuevo hombre y una nueva época” o el discutidísimo uso de Tomorrow never Knows de los Beatles esta temporada, una movida que llamó la atención porque ese minuto de música fue más caro que el resto del presupuesto del episodio.
Don no aprecia Tomorrow never knows (ojo, super spoilery!)

Porque ese es el otro tema con usar canciones conocidas: se maneja muchísimo dinero, dinero que no siempre los productores tienen (por eso a veces se recurren a canciones menores o covers) y dinero que significa ingresos alternativos para los músicos en estas épocas de vacas flacas de venta de discos.
Quiero hacer una mención aparte, y volviendo al ataque ochentoso de Fringe anoche, para hablar de dos series inglesas que hicieron de la música un componente integral: Life on Mars y Ashes to Ashes. Compañeras en un mismo universo, la primera ambientada en los setentas, la segunda en los tempranos ochentas, usan y abusan de la música (y las referencias a la música) para situar en tiempo y lugar y caracterizar a los personajes. El efecto es fantástico. Especialmente para esta criatura de los ochenta que soy, donde cada canción de Ashes to Ashes me saca una sonrisa. Y donde algunos de mis artistas favoritos son descubiertos por las oportunas bandas de sonido y el genial sitio interactivo de la BBC donde luego de cada episodio se puede ir a identificar que sonó en cada episodio. Mirenlas. Ya otra vez dije que iba a escribir algo al respecto, tal vez sea hora de que cumpla con mi palabra.
Y ustedes, ¿qué música, canciones, bandas, conocieron por las películas o series de TV?

viernes, 27 de julio de 2012

The Dark Knight Rises: El caballero de la noche erra


ESTE COMENTARIO CONTIENE SPOILERS. LOS SPOILERS REALMENTE SERIOS ESTAN AL FINAL DE TODO Y PUEDEN SER IGNORADOS

¿Por dónde empezar, entonces? Estrictamente hablando ya empecé, pero la idea aquí es focalizarnos un poco más en esta película en particular y no toda la “saga Nolan”.
Antes que listar todos los problemas y detallecitos de la película, déjenme hacer una apreciación general: la película me gustó y mucho. A pesar de ser larguísima y considerar que tiene por lo menos media hora obviable, nunca se hace pesada y mantiene el interés, aun a pesar de sí misma por momentos. Esta bellamente filmada, bastante mejor actuada de lo que se puede esperar para el género y logra algunas cosas que no esperaríamos del director, tal como hacer un personaje femenino interesante (Selina Kyle, nunca oficialmente llamada Catwoman en toda la película, mas sobre este y otros prejuicios nolanescos mas adelante y en el pre-comentario del otro día). Cumple con la función de cerrar de algún modo la trilogía, aun si uno no está de acuerdo con el cómo se cierra la trilogía. Y siembra suficientes cositas en caso que otro director decidiera seguir trabajando en este universo en lugar de hacer un reinicio total (cosa que dudo que suceda, de todos modos). Para contestar la pregunta del millón: no, no es mejor ni está a la altura de su antecesora, The Dark Knight. Si es bastante superior a la primera entrega de esta saga, pero también debo admitir que esa película me genera mucho rechazo y sencillamente me aburre. Christian Bale sigue siendo uno de los peores Batman de la historia (tal vez un poco mejor Bruce Wayne) y Gary Oldman levantaría hasta una de la saga crepúsculo protagonizada nada más que por K-Stew.
El problema esencial es, claro, que no es una película de Batman. Al punto que el protagonista mismo queda relegado a un simple papel “de reparto”. Pero, a diferencia de The Dark Knight, que tampoco era una película de Batman, pero por lo menos era una película sobre el Joker, TDKR es una película sobre… tal vez Ciudad Gótica. Y sobre Jim Gordon, Lucius Fox, Alfred Pennyworth y otra gente de la tercera edad. Y sobre un policía que se merecía su propia película llamado John Blake. Y sobre el directorio de Wayne Enterprises, en particular la señorita Miranda Tate. Y sobre el mercenario anarquista más organizado del planeta, Bane. Y sobre los fantasmas de tres personajes que se vieron en las películas anteriores: Ra’s Al Ghul, Rachel  Dawes y Harvey Dent. Como pueden ver, una larga, muy larga lista de personajes, que seguramente se podría simplificar para dejar lugar a Bats (no más Wayne, que se pasa demasiado tiempo moribundo en pantalla para mi gusto) y probablemente a Selina, que ilumina el primer cuarto de película para desaparecer por unos cuantos rollos y reaparecer al final.

Y además, cuando Batman aparece… es un Batman bastante flojo. Un Batman con menos habilidades de detective que El Chapulin Colorado, que se apoya demasiado en sus juguetes, todos diseñados por Fox y con mínima participación de él mismo. Un Batman que, en directa oposición de la caracterización de “Batman omnipotente e invencible” de los últimos 25 años en el comic y casi todas las películas, inexplicablemente le va al choque a Bane, en un mano a mano en su propio territorio en un amateurismo tan poco característico que solo se justifica por una vuelta forzada de guion para pasar de punto A al punto B necesario (concretamente: Batman roto, el motivo por el cual Bane fue creado en primer lugar hace unos 20 años). Y un Batman que tiene que resolver una situación irresoluble, la resuelve de una manera implausible, y encima en unos 30 segundos que parecen filmados a último momento para complacer a un ejecutivo nervioso que debe haber gritado “no! No la podes terminar asi!”, se le quita todo el dramatismo. (Sin spoilear abiertamente los últimos dos minutos de película, tal vez el fernecito que se toma Alfred estaba más fuerte de lo que creíamos y está alucinando).
Hablar de “el argumento” de la película es medio complicado, por lo convulsionado, así que como exprese mis reservas sobre Bats en el párrafo anterior, revisemos que pasa con los otros personajes:

Bane es bastante más interesante de lo que se podía esperar siendo lo bidimensional que ha sido desde su primera aparición. Sus motivaciones y modus operandi son bastante discutibles (recordemos que acá no está la ‘excusa de la locura’ usada con el Joker) y la vuelta de tuerca del final le agrega levemente una textura adicional. Tom Hardy la verdad que hace milagros con una caracterización realmente antipática (el personaje tiene la mitad inferior de la cara cubierta durante toda la película, por lo cual Hardy tiene que actuar con los ojos y en una voz casi en off, claramente regrabada porque en los primeros adelantos no se entendía una palabra de lo que decía).

Selina está brillantemente lograda, mérito de Hataway que mucha gente (yo incluido) no le tenía confianza y lo hace con el grado suficiente de sex appeal, ironía, encanto y ambigüedad moral. Más que ningún personaje, tiene que pelear con la caracterización definitiva del personaje de Michele Pfeiffer, y lo hace más que bien, algo de lo que también se hace cargo Nolan, calcando casi toma por toma la clásica escena del baile de mascaras de Batman Returns entre Pfeiffer y Michael Keaton, al punto que uno espera que empiece Face to Face en cualquier momento.
Bonus points: Holy!

Los policías de Ciudad Gótica están representados por tres personajes: el Gordon de Gary Oldman y dos personajes nuevos: un trepador, Foley, encarnado por Matthew Modine y un novato súper capaz que es inmediatamente apreciado por Gordon y Wayne, John Blake, interpretado por Joseph Gordon-Levitt. El personaje de Modine (uno de los tantos que se podrían cortar de la edición final) tiene como objeto contrastar la nobleza de Gordon y Blake. Gordon, claro, es el centro moral de la trilogía, y su ambivalencia con respecto a lo sucedido al final de The Dark Knight es su motor, y también la justificación de unos de los deus-ex-machina más absurdos de la película (lo que es mucho decir, porque estos abundan). Y Blake es la esperanza, los ojos y las piernas de un Jim Gordon incapacitado y un aliado clave para Batman. Es también la única persona haciendo algo de trabajo de detective, que siendo que la dupla de hombre murciélago-comisionado de policía se supone que son los mejores detectives del planeta, nos muestra otra cosita que Nolan no entiende de estos personajes. (En serio, ¿Jim Gordon necesita que le tiren el yunque en la cabeza para darse cuenta quién es Batman?). También para cualquiera que alguna vez haya leído un comic de Batman en su vida, antes de la media hora de película ya le queda más que claro qué lugar en la mitología ocupa este personaje, y la “revelación” del final es totalmente innecesaria (otra de esas cosas que parecen agregadas a pedido de alguno de esos que menosprecian la inteligencia del publico).

Y hablando de mitología, tenemos también a Miranda Tate, otro personaje en apariencia fuera de continuidad, que es la clásica mujer de dudosas intenciones de las películas de Nolan. Generalmente interpretada por Marion Cotilliard. Chicos, si hacen otra peli juntos, búsquenle otro papel, porque si no queda medio telegrafiado.
Toda esta mezcla de personajes, mas los reiterativos viejos sabios protagonizados por Freeman y Caine hacen que la película pierda por muchos momentos foco, de la misma manera que el ‘comentario político’ general, del que me voy a abstener de comentar por ser demasiado polémico para las intenciones de este blog. Entonces cuando funciona, es fantástica, pero por muchos momentos no funciona si uno va más allá del impacto. Misma película, director y elenco, con un poco de control (otra voz guionista, un editor más severo, alguien que diga “Nolan, mejor no”) hubiese sido excelente, así simplemente se limita a estar muy bien por momentos, y decepcionante por otros.

Comentarios spoilerificos serios de aquí en mas. Váyanse si no los quieren leer:


  • Desde el mismo momento en que se sumaron al elenco dos actores del cartel de Cotilliard y Gordon-Levitt al elenco para hacer de personajes que “no existen” en el mundo comiquero, estaba claro que era pescado podrido para distraer de algo más serio. No nos equivocamos.
  • Cotilliard-Miranda como Talia Al Ghul tiene completo sentido en la mitología tanto del comic como del Nolanverse. También ese encuentro hot con Bruce. Hubiese preferido que no la mataran (además, que escena de muerte berreta…) y que se descubriera que está embarazada. Bienvenido a casa, Damian Wayne.
  • No hacía falta usar la palabra ‘Robin’, no hacía falta. Estaba telegrafiado que Blake terminaría siendo un bati-personaje. Que según el final de la película sería más adecuadamente un Batman II ( con Damian como Robin, no maten a Miranda!) o en todo caso, un Nightwing.
  • El cameo de Liam Neeson era esperado y coherente en el Nolanverso, pero  ¿alguien me puede explicar la erección que tiene Nolan con Cilian Murphy?
  • Todo el argumento de la bomba no resiste el más mínimo análisis. Hacerla explotar ahí nomas, tampoco. Tal vez si el “el rey ha muerto, que viva el rey!” para cerrar la trilogía. Pero entonces no me hagas aparecer al rey muerto en la última escena. Prefiero, una vez más, autoconvencerme que fue una alucinación de Alfred.
  • Y ok, supongamos que sí, es cierto, se las tomaron juntos a Italia a comenzar una nueva vida… ¿se fue con Selina porque en toda Ciudad Gótica hay solo dos mujeres y Miranda está muerta? Porque no hay indicadores de romance de ningún tipo hasta el ‘beso cliche’ a final. Si Selina vuelve no es por sentimientos, es porque es “lo que hay que hacer”. Si, es el destino de Bruce terminar con Selina, pero no en el Nolanverso.