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viernes, 25 de enero de 2019

Triste pero cierto: Trevor Horn Reimagines The Eighties


Tengo que empezar con un descargo: amo a Trevor Horn. Le he dedicado un podcast. Y una parte importante de otro. Sus colaboraciones con Grace Jones, Seal y los Pet Shop Boys son algunos de mis discos favoritos. Por eso me duele tener que escribir esta reseña, pero por otro lado, por eso mismo siento una cierta obligación de escribirla.

Trevor Horn, quien porque quiere, puede y tiene resto, decidió sacar un disco de covers de canciones de los ochenta y llamarlo Trevor Horn Reimagines The Eighties, junto con músicos populares tales como Robbie Williams, Seal o All Saints

Lo que caracteriza a lo que hoy conocemos como “el sonido de los ochenta” es una mezcla de cosas, que incluye desde estilos de composición, ritmos y a el uso de ciertos instrumentos y tecnicas de grabacion que forman un ADN difícil de aislar pero totalmente identificable a simple escuchada. Trevor Horn lo sabe, porque bueno, él INVENTÓ ESE SONIDO. Y una característica clave es que en la mayoría de los casos, las canciones clásicas de la época son prácticamente indivisibles de sus arreglos y grabaciones originales. La mayoría de los artistas fallan cuanto las tratan de reimaginar en sus presentaciones 10, 20, 30 años después y es prácticamente imposible que existan buenos covers de las mismas. No es que sean malas canciones, solo que la mayoría no resisten un reversionado como el que el catálogo de los Beatles tuvo en manos de gente tan dispar como Frank Sinatra, Ella Fitzgerald o Siouxsie and the Banshees. 

Y Trevor por ser Trevor no es menos dado a fallar en lo mismo. Sobre todo porque pasados los ochenta estrictos, él mismo dejó de lado su sonido característico basado en sintetizadores y samplers (recuerden: es el hombre que armó una banda y grabó un disco porque quería probar los límites del Computer Musical Instrument que se había comprado) combinados con arreglos de orquesta y corales para apoyarse más en un sonido de gran estudio tradicional, más cerca de George Martin que de Stuart Price. 

Nos guste o no reconocerlo, Everybody wants to rule the World es un clásico tanto por la canción como por los arpegios de guitarra sampleados y sincronizados con el bajo y la batería en el disco original de Tears for Fears. Saquemos eso, y no hay Robbie Williams ni orquesta que lo resistan. 

Una y otra vez el disco falla cuando trata de descontextualizar y tomar como “grandes canciones” a lo que en realidad fueron “grandes discos”.

Esto queda bien claro en Blue Monday, una canción que es claramente inseparable de su instrumentación (algo que Horn mismo sabe, ya que es el único track que tiene una batería programada y secuenciadores). No importa que podamos “cantar” Blue Monday: el TUT TUT TUT TURUTUTURU TUT  es tan parte de la canción como la letra y la melodía, y no, reemplazarlo con la percusión de una orquesta sinfónica no lo equipara. 

Las excepciones no casualmente son las canciones de artistas que si bien  las grabaron en los ochenta, pertenecen a otras tradiciones: David Bowie, Joe Jackson. Ashes to Ashes es responsable por el sonido de la mitad de los ochenta, pero no es una canción en la tradición de los ochenta, y soporta arreglos y voces diferentes, lo mismo que It’s different for girls (nota al margen: que las canciones resistan covers no significa que estos covers sean especialmente buenos tampoco, solo mejores que otros en el mismo disco).

Horn además hace una especie de efecto homogenizador que les saca toda gracias a las canciones originales y a los artistas invitados, por que lo que Brothers in arms no suena ni al tétrico minimalismo de la versión original de Dire Straits ni a Simple Minds, el featured artist. Es una canción más con una buena orquestación impersonal. Y la elección de los invitados tampoco es la mejor: Slave to the Rhythm ha sido reversionada por Alison Moyet o Shirley Bassey sin problemas. Rumer, por talentosa que sea, no es la cantante para esta canción, que termina siendo más Bossa Ochentas que el “La BBC interpreta los ochenta” que podría ser. 

Tampoco es que el disco haga todo mal: hay dos momentos en los que Horn deconstruye y reconstruye los originales y logra algo casi mágico. En Girls on Film, podemos imaginarlo pensando “que quiso hacer Nick Rhodes con su Crummar String Synthesizer”, “que quería hacer John Taylor con el bajo” y reconstruyendo los arreglos originales con una orquesta (y reconociendo que el efecto de sonido de la cámara de fotos al comienzo de la canción es tan importante como la partitura). Lo hace nuevamente con Owner of a lonely heart, con la facilidad que no tuvo que reconocer la intención original ya que el arreglo original era suyo y solo tuvo que reemplazar “Fairlight orchestral hit” por “real orchestral hit”. (En un callback a una época más oscura cuando fue brevemente el cantante de Yes, Horn mismo canta esta versión).

Y así como hay malas elecciones de artistas para cada canción, All Saints ponen en vigencia Girls on film con la inversión de género, al igual que Tony Hadley cantando What’s love got to do with it, que además permite apreciar la entonación Luis Miguel Style del ex Spandau Ballet en una canción que ostensiblemente es para que cante una mujer.

El disco cierra con una triste versión de Take on me que le quita toda la vida al original, y que irónicamente sale a la venta el mismo dia que Weezer saca su propio disco de covers con su propia, superior, versión. En conclusión, el mismo mercado le está diciendo a Horn lo irrelevante e innecesario de su disco. Un lástima. Saben que me duele mas que a nadie tener que decirlo. 

viernes, 28 de marzo de 2014

Nene, largá la guitarra: sobre el synthpop que dio el mal paso.


Cuando se hacen calendarios de efemérides musicales, se suele observar “el día que Dylan agarró la eléctrica” como un punto de quiebre en la historia de la música popular. Conocen la historia: Bob Dylan, el artista folk de mayor popularidad y relevancia, en 1965 shockeó al público al salir acompañado por una banda eléctrica de rock. La audiencia se levantó indignada, la crítica lo destruyó, y una nueva página en la historia de la música fue escrita.
La disonante guitarra eléctrica no solo creó controversia en ese caso, ya que ha sido objeto de discusión, transgresión y cambio de rumbo musical en varios otros casos, y coherente con el gusto sintético y ochentero de este blog, me voy a referir a los artistas synth pop o como quieran llamarlos que un buen día deciden incorporar las guitarras, o hacerse los guitarreros, con diversos resultados y consecuencias, para ellos mismos y para el público.
Como todo lo que tiene que ver con el género, comenzó con The Human League. La liga, aun antes del mega éxito pop del álbum Dare y simples como Don’t you want me, era sinónimo con “uso hardcore de la tecnología”: nada de guitarras, nada de baterías. Si la tecnología del momento no estaba a la altura de las necesidades, se ponía un conspicuo grabador a cinta en el escenario y en lugar de un músico de refuerzo, se ponía alguien proyectando diapositivas. Era un CONCEPTO. Y ese concepto era “somos diferentes del rock”, dado que guitarra eléctrica=rock, entonces, no guitarras.
Lo que nadie esperaba era la crisis personal y creativa que el éxito de Dare le traería a la banda: con las infinitas sesiones de grabación de su sucesor, Hysteria, sin avanzar, el productor Martin Rushent se fue y la banda contrato a Hugh Padgham, más famoso por haber trabajado con gente como Genesis y The Police. Entre otras innovaciones que trajo al sonido de la banda, estaba la incorporación de guitarras, y no sutilmente: el primer simple del nuevo disco fue The Lebanon, una movida que tenía “polémica” escrita en todos lados: desde el tema de su letra (el conflicto bélico-político en El Líbano), el pobre nivel de esa misma letra (la línea “where there used to be some shops is where the snipers sometimes hide” está considerada en el Top 10 de las peores letras de todos los tiempos), a el look general de los músicos (dejando el glam new romantic por mullets, jeans gastados y barbas a medio crecer), a lo que realmente nos importa: era un disco de guitarras. Solo guitarras. Distorsionadas. Llevando los acordes y la melodía. Hoy diríamos que “suena a U2” (que casualmente en ese momento estaban trabajando con Eno e incorporando los sintetizadores a su sonido) aunque en el momento el comentario era que sonaban a Big Country, que tuvieron fugaz suceso con sus guitarras que sonaban como gaitas en esa época.
El daño que le hizo a la banda es indescriptible (el momento fue salvado por una oportuna colaboración con Giorgio Moroder, el abuelo synth), y al género synthpop todo, que no tendría un referente hasta la aparición de los Pet Shop Boys… que también se mandaron de las suyas, como veremos unos párrafos más adelante.

El segundo caso es un poco más complejo: Eurythmics, como ellos mismos se empeñaban en asegurar, nunca fueron un “duo synth”, pero ese es el sonido con el que se hicieron famosos, y que siempre incluyó guitarras en alguna capacidad (Dave Stewart, después de todo, es guitarrista, y probablemente pase a la historia más como productor y guitar hero que como la mitad de Eurythmics, que se asocia a Annie nada mas). Dicho esto, el impacto de la salida de Would I lie to you?, con su sonido R&B de Stax de los 60, guitarras al palo al frente, y cambio de imagen a camperas de cuero y Annie rubia y con un vestidito, dejó helados a más de uno, yo incluido. La intención de Eurythmics era otra, hacer un disco de soul clásico (ver lo invitados en Be Yourself Tonight: Aretha, Stevie) y patear el tablero para empezar con otra etapa de su carrera, que sería hasta más exitosa: la encarnación “de estadios” del álbum Revenge y su gira sería la más taquillera, aunque no la más creativa, de la banda.
Tomemos un pequeño desvío por la carrera de Depeche Mode. Podríamos argumentar que el “Depeche Wilder” ya no era una banda de synth pop, y que las guitarras, al igual que en Eurythmics, ya estaban incorporadas como otra fuente tímbrica desde antes. Pero también tenemos que decir que, siguiendo el modelo Annie&Dave, cuando se transformaron en una banda de estadios algo cambió, y si bien hoy lo tenemos naturalizado, el riff de Personal Jesus fue la separación más notable de una banda de su sonido original de la que tenga memoria, que solo se profundizó con I feel you (ya incorporando la batería en vivo también, pero ni me estoy metiendo en ese terreno). Al igual que Eurythmics, las guitarras los hicieron más viables para el público norteamericano, siendo una de las ideas más rentables que hayan tenido.

Y esto nos trae a los Pet Shop Boys. Como ya lo he dicho en varios lugares, parte de la experiencia de disfrutar a la banda es meterse en su universo de opiniones, amores y odios. Una de las más lúcidas declaraciones de Tennant, en la época que comenzaron a salir de gira en un formato que recordaba más a una compañía de teatro musical que una banda de rock, era acerca de cómo salir de gira y tener una banda en vivo cambiaba el espíritu y el sonido de los artistas: “un día sos un dúo techno ligeramente perverso, al otro día sos una banda con un guitarrista que hace solos distorsionados, batería,  tres coristas y una sección de vientos”. El palo, nada disimulado, era para Euryhmics, pero como ya vimos podría haber sido para Depeche, Tears for Fears o muchos otros de sus predecesores inmediatos y/o contemporáneos. Pero… hay que tener cuidado con lo que se dice y nadie resiste un archivo: para comienzo de los 2000 hicieron su fallido experimento brit pop Release, un disco efectivamente con banda en vivo que cambiaba radicalmente el sonido de toda su carrera, y que para colmo, saldrían a presentar con una banda con 2 (DOS!) guitarristas y percusión en vivo. El disco en si no es tan atroz como uno lo pensaría o recuerda, pero si es uno de los momentos peor recibidos de su carrera.
¿Hay una moraleja en todo esto? Yo creo que no, cambiar y evolucionar es parte de lo que garantiza la longevidad de un artista, y muchas veces es, como decía un crítico comentando Be yourself tonight de Eurythmics, una muestra de auto confianza (en la misma oración mencionaba a los Talking Heads, otros que tuvieron un quiebre similar para esa época con Little Creatures). Pero también es importante entender cuál es la esencia de un artista: Dylan sabía que la suya eran las canciones, y que funcionarían en el formato que las presentaran. Para la Human League, la esencia era la presentación de las canciones, y cambiar esa presentación se desviaba demasiado del curso esperable.
¿Se les ocurren otros casos similares, no de evolución de sonido, sino de rupturas abruptas?


jueves, 20 de marzo de 2014

No kiss for you: sobre el espantoso Kiss me Once de Kylie


Como a tantas otras cosas, lo inventaron los Rolling Stones. Y Madonna lo convirtió en una forma de arte.
Me refiero al “disco para la gira”, ese álbum sin ganas que a lo sumo contiene un potencial hit y que artistas con abultados catálogos y billeteras sacan como un trámite para tener una excusa para salir de gira y llamarla The Opportunistic Tour, donde tocaran todos sus clásicos, que son los que el público realmente quiere escuchar, y el eventual hit del último disco, que quedará olvidado en pocos meses. 
Sumándose a la tendencia la tenemos a la Señora Minogue, que ya cuenta con suficientes hits para tocar dos horas sin repetir y sin soplar, que desde hace por lo menos una década ha concentrado todos sus poderes en las giras mundiales. Adicionalmente a sacar el consabido “álbum sin ganas”, Minogue tiene nuevo management, norteamericano y hip, que pretende hacerla “contemporánea”, lo que debe leerse como “metiendo un par de hits en EE.UU.”. Claro que esto es la tercera vez que se intenta hacer en sendas décadas, primero con el album sub-Madonna Rhythm of love, luego con el abismal Body Language (que dio como fruto El Peor Single De Minogue, Red Blooded Woman), y ahora ESTO. 
Los mandatos del nuevo management se pueden resumir en 4 principios:
  1. Sonar lo más impersonal y genérico que se pueda
  2. Sonar “urban radio”
  3. Tener crossover appeal, recurriendo a productores, escritores de canciones y colaboradores que puedan traer otros públicos
  4. Destilar la esencia Minogue en el la máxima “KYLIE ES SEXY!


Todo juega en contra.
el 1) porque primero lo hace indistinguible de los cientos de otros discos de pseudo Kathy Perrys que suenan en la radio, y que es homogeinizado de tal manera con un sobre procesamiento de las voces con autotunes , vocoders y sobregrabaciones que podría cantar Kylie, Selena Gomez o uno de los manequies de Kraftwerk, sin poderse decir cual de ellos es (el nadir de esto es el inescuchable Mr President, con sus efectos dubstep de jardín de infantes y sampleos que hacen que el “I,I,I,I” de I should be so lucky parezca John Cage). El 2) es porque intenta que Kylie suene negra y norteamericana, cosas que claramente no es ni será jamás. En línea con el Red blooded woman que mencionaba antes, está Sexercize, del cual lo único bueno que se puede decir es que dura menos de tres minutos. El 3), aparte de traer productores que poco tienen que ver con Minogue, nos trae a ... Enrique Iglesias, para un duo en Beautiful que se inscribe en la lista de baladas inexplicables de Minogue, tales como If you were with me now
Y 4).... 4) es la peor. Si, Kylie ES sexy, muchas veces inintencionalmente, o con un cierto sentido del humor. Pero cuando tres de las canciones del disco tienen que incluir alguna variación de la palabra “sex” en el título claramente la sutileza se nos fue por la ventana. Se trata de Sexy Love, Les Sex y la ya mencionada Sexersize: la primera es bastante triste para que la cante una mujer de 45 años, la segunda es tan estúpida y pegadiza que hasta la podríamos disculpar, y la tercera será recordada como uno de esos momentos donde todo descarriló. Ya elegido como el segundo corte y el pilar de la campaña de promoción norteamericana, solamente se apoya en su video soft porn, donde comprobamos que sí, Kylie está bárbara, pero no hacía falta demostrarlo de esta manera. 
Que este sea el corte elegido para promover con todo (luego de la pobre recepción de Into the blue, el verdadero primer corte), cuando el disco cuenta con momentos como I was gonna cancel, una pieza de pop puro que escribió el Pharrel 2014, ese que está Happy y que se inscribe en lo mejor de la tradición Minogue, es prácticamente inexplicable.

Pero bueno, no hay que hacerse mala sangre por lo que no tiene arreglo: en 6 meses Kylie sale de gira, nos va a hacer cantar, bailar y sonreír con su catálogo de fierro y su simpatía escénica, cantará todas sus Sexcanciones con unos chongos en bolas, y para la próxima, con un poco de suerte, nos habremos olvidado de este mal trago. 

lunes, 17 de marzo de 2014

El "tapado" del año: The Blank Project de Neneh Cherry


Neneh Cherry acaba de sacar su primer disco en casi 20 años, un disco que ya se perla como uno de los mejores del año. Y es un disco de trip-hop.
Ay, que original la Cherry” los imagino pensando, “llegó un toque tarde a la tendencia”. Pero me voy a tomar el atrevimiento de decirles que no es así porque Neneh Cherry, junto con su marido y co equiper musical desde hace casi 30 años Cameron McVey INVENTARON EL TRIP HOP.
¿Ehh?¿KE?
Si, como lo escuchan, bajo el nombre The Wild Bunch fueron los mentores, organizadores y arregladores de un buen cacho de Blue Lines, el debut de Massive Attack que se considera el puntapié inicial a toda la movida Bristol/Trip-Hop, y uno de sus tempranos descubrimientos (en el increíble Somedays de Homebrew, el segundo disco de la Cherry) fue Geoff Barrow, que luego formaría Portishead.
Pero bueno, estos son datos para poner este disco en contexto, ya que es en muchos modos, inclasicable. Ultra personal, despojado, “crudo”, es una colección de música que denota madurez, tanto musical como lírica, y sobre todo, emocional: Cherry y McVey hacen una sociedad formidable, sobre la que Neneh se siente libre de rescatar tanto lo bueno como lo malo, ya sea en la canción que le da nombre al disco, The Blank Project,  donde describe esa relación de tres décadas de una manera, como el resto del disco, directa sin desestimar lo poético; hasta Dossier, que narra sus primeros tentativos encuentros hasta la solidicación de la relación (Cherry famosamente fue la que le pidió matrimonio), hasta el presente que los encuentra lavándose juntos los dientes antes de irse a la cama. ¡Y que cama! Como una secuela a su canción más sexual (Kootchy, de su álbum Man), en Out of the Black nos cuenta como mantener una vida sexual viva después de tantos años: no tener miedo de ser un poco kinky.
Musicalmente el disco empieza completamente despojado con Across the water, todo voz en vivo y percusión mínima, y termina en Everything, una orgía salvaje de samples low-que remiten directamente a Kate Bush, era The Dreaming (particularmente a Sat in your lap). Los que me conocen saben que no es una referencia que me tomo levemente. Y si bien le tiro ese “low-fi” al álbum, creo que en realidad el efecto buscado es una mezcla entre “retro” y “casero”. Todo suena improvisado, como unos demos grabados al pasar con tecnología no vintage, si no vieja (escuchar los efectos percusivos en Naked a manera de ejemplo), con interesantes consecuencias, como las síncopas casi jungle de Weightless que suenan grabadas por un baterista demente con unos parches desafinados. Y hablando de desafinado, todas las voces suenan grabadas de primera toma, con la Cherry sin miedo a desafinar o que se le quiebre la voz en varios momentos. Y esto no es porque no pueda cantar bien, como lo demuestra en mucho del resto del disco, sino una elección creativa: en esta era donde todo está sobregrabado y autotuneado hasta el punto de parecer un vocoder de Kraftwerk (estoy pensando en las voces que supuestamente puso Minogue en su último álbum, que suenan a cualquier cosa menos a ser viviente), hay algo humano, fresco en esas voces, que además pegan perfecto con lo personal e intimista del material expuesto. Y aun cuando aparece una invitada externa (Robyn, que es sueca como Neneh, aunque esta última no lo parezca), queda completamente integrada al efecto (y agregando una cuota más de perversión a Out of the Black, como una tercera vouyerista).
Releo lo que escribí, y me doy cuenta que tendría ganas de mencionar más canciones, porque en otra muestra de fortaleza inusitada en esta era de fragmentaciones y canciones sueltas, todo The Blank Project suena como una obra completa y a las que mencioné antes tendría que agregar Cynical, una perfecta fotografía de la era twitter, o mi favorita (hoy) Spit three times.
Por lo personal, por lo vigente, por ser producto de una mujer y artista que a los cincuenta está en la plenitud de la vida en lugar de en la cuesta abajo, mucho de The Blank Project me recuerda a the minutes de Alison Moyet, que entiendo como el mejor disco del 2013. De nuevo, como en la comparación con Kate, no es una analogía que me atreva a tirar así nomas: estoy equiparando a Neneh Cherry con dos de las artistas que considero sin lugar a dudas de las más grandes de todos los tiempos.
Nada mal para una artista que cuando la escuche por primera vez hace 27 años con Buffalo Stance, la detesté.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Hija 'e tigre: Sobre el fenómeno Roar de Katy Perry


Descargo: en el debate Gaga vs Katy al igual que en su momento el de Britney vs Christina, yo estoy del lado de la vida. Básicamente todas las involucradas me interesan TAN POCO que no tomo posición por ninguna.
Dicho esto, siempre me interesó y disfruté de la música pop, y me gusta estar aunque sea medianamente sintonizado con que está pasando, y en este momento lo que pasa es que Perry y Germanotta están sacando sendos discos altamente anticipados, siguiendo una compulsa de simples: Roar y Applause.
Como el año pasado estando de viaje, tuve la oportunidad de tomar la temperatura del debate de primera mano, y de la misma manera que entonces We found love fue claramente mi banda musical y necesité explayarme al respecto, esta vez mi viaje fue uniformemente musicalizado por Roar y necesito tratar de deconstruir un poco que estuvo pasando con esta chica.
Primero tuve una reacción casi clínica, muy de estudio de mercado: era indudable el grado de popularidad de Roar, pero a niveles donde su omnipresencia era tal que si su declarado rival que se suponía que era Applause... bueno, no había tal carrera, Roar ganó por afano, y a otra cosa (que quede registrado que si hay una rival que le puede poner el cuerpo a este momento de la Perry, es Miley).
Claro que cuando para el segundo día me encontré a mi mismo gritando al tope de mis pulmones “I’VE GOT THE EYE OF THE TIGER, THE FIRE!” claramente, al igual que We found love, esta canción tiene ... algo. 
Leia un comentario en Rolling Stone sobre Prism, el álbum que contiene Roar, donde astutamente señalaban que la Perry tiene una, llamémosla “inteligencia pop”, como para entender por donde ir para ser parte de un cuerpo mas grande de música pop, y al mismo tiempo destacar. En este caso, en lugar de ir por el “sonido del momento” tal como lo hizo con Fireworks y el resto de su disco anterior, fue a otro lado por inspiración, y en lugar de clavarse una obviedad (Born this way, *ehem*) fue al pop rock 80/90, mucho más americano que europeo, y le pegó una vuelta de tuerca contemporánea. No hace falta tener un PhD para encontrar las referencias, pero lo refrescante es su falta de obviedad. Insisto, Perry no cita a Madonna, ni Stock Aitken y Waterman, ni siquiera a Michael y Janet: fue directo por Survivor (de donde salió el ojo del tigre si no), a Heart, a ciertos momentos de Pat Benatar, y de ahí hace el salto a Mariah sin escalas en algunas baladas (con las limitaciones vocales del caso, por supuesto) y hasta un pastiche Animotion/Queen en This Moment que hay que ser de piedra para no sonreir. 
Yo agregaría que acá no solo hay comprensión de la música pop, también del público. Esta locura de “sonido europeo” que empezó hace unos años y que tuvo su pináculo con su propio Teenage Dream y We found love se va a acabar y pronto, y va a haber un backlash peor que con el “disco sucks” del año 80. Astutamente, Perry ya se reinsertó en la tradición del pop norteamericano, salvando las diferencias como lo hicieron los discos “rock” de Donna Summer en la era disco, que le dieron 20 años de sobrevida que una, Gloria Gaynor, digamos, nunca tuvo.

Y otra cosa, por todo lo malo que el sistema tradicional de la industria discográfica de “single adelanto/álbum/balada/tema impacto/álbum con material extra”, lo cierto es que funciona. La campaña Artpop, con sus cortes múltiples, sus idas y venidas, y su “esto no es un producto, es un regalo para mis pequeños monstruos” esta repitiendo todo lo que hizo fallar a Born this way. Llámenme tradicionalista, pero prefiero el approach Perry de honestidad pop a la pretensión innecesaria de Gaga. Estoy seguro que Interscope/Universal se sienten igual que yo. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Una mujer natural: algunas notas sobre las memorias de Carole King


Hay gente de la que conocemos mucho sin saber nada. En el caso de Carole King, salvo la gente de “cierta edad” que tenía conciencia en los momentos en los que tuvo mucho éxito con su nombre y apellido en el título (digamos hace… 40 años), muchos no sabrían quien es. Y sin embargo, todos, en algún momento, hemos escuchado y probablemente cantado alguna de sus canciones. Algunas de sus cientos de canciones, que fueron interpretadas por TODOS, desde los Beatles a Kylie, desde Aretha a Marcela Morelo, y si, claro, por ella misma, en sus discos o en los títulos de Gilmore Girls.
King es una figura mítica por un sinnúmero de razones: por tener una carrera que esta en su septima decada (!) a pesar de que no es tan grande (sus primeros éxitos como compositora a fines de los cincuenta fueron cuando tenía 17 años o menos), por haber trabajado con todos, por ser una temprana defensora de las causas ecologistas a nivel de activismo político y no de palabra, y por una colorida vida sentimental. Pero esto solo no arma un mito. El mito se arma porque a falta de una “historia” oficial, aparecen las historias apócrifas, los rumores, los “alguien que conoce lo contó”, y si el personaje es lo suficientemente relevante, hasta se arman narraciones que se suponen “oficiales” cuando no lo son (en el caso de King, la película Grace of my heart, un racconto levemente ficcionalizado de su vida y la de algunos de sus contemporáneos, con una banda de sonido fantástica que incluye, como para embarrar mas la cancha, canciones escritas por su hija y su ex marido. Super recomendable como peli por mérito propio, y el disco de OST como disco sin película también).
Después de que mucho le insistieran, la buena de Carole finalmente se decidió por sacar un libro de memorias y narrar algunas de estas cosas en primera persona, no tomarse el trabajo en desmentir otras, y contar un par de chismes en el camino. Si bien, como en todo momento nos aclara en el libro, King es la que escribe la música y no las letras, su fuerte siempre fue el de contar historias, ya sea de un artista o el “personaje” de ese artista, o en sus discos propios, armar una mini novela. No debe sorprender entonces lo interesante que resulta como narradora en esta colección de viñetas, que como un crítico hizo notar, es como escuchar a una tía abuela piola contar sus aventuras de juventud. Ayuda, claro, que sus historias de juventud son un quién es quién de la música pop y rock desde los 50 hasta la actualidad, con que fue testigo presencial de la era pre-rock, el rock, la invasión británica, el crossover del R&B al público blanco, el hippismo, el soft rock, la industria de la costa Este Y la costa Oeste, los plásticos ochenta… absolutamente todo.  Intercalando su historia de amor de la juventud con Gerry Goffin, con quien escribió todos los tempranos hits y con quien engendró a sus dos hijas mayores, con la historia de su gato Telémaco, inmortalizado en la tapa de su clásico álbum Tapestry, con su amistad (¿y algo más? nunca termina de quedar claro) con James Taylor y sus eventuales mujeres (un par de pibas llamadas Joni Mitchell y Carly Simon), su fallido encuentro con John Lennon en 1965 y feliz reencuentro con él y Yoko en el 76, a sus años de “caída del mapa” producto de un par de relaciones complicadas, de las que habla con candidez y mucho cariño (en esto me hizo acordar a los mejores momentos de las memorias de Diane Keaton que comenté en otro lado), todo matizado con sus puntos de vista sobre tocar en vivo y colaborar con otros músicos, el proceso de escribir canciones, la inspiración de algunas de las clásicas canciones, sus opiniones sobre otros artistas de la época y sus detalles de “insider” sobre los mismos, y hasta algunos puntos de vista sobre ecología y espiritualidad que en manos de alguien menos interesante hubieran caído en el terreno de la autoayuda.
Parte de la gracia de leer este libro es además musicalizarlo: es imposible no leerlo al lado de una computadora y buscar las canciones, artistas, performances referidas, ya sea un clásico soul de los tempranos 60, un disco “soft” completo de los 70, alguna cosita superproducida de los 80 o los incontables homenajes y contrahomenajes de los que es sujeto en los últimos años, como corresponde a la persona que nos legó You’ve got a friend, The loco-motion, Crying in the rain, A Natural Woman, I feel the earth move y tantísimas más.
Más que recomendable, para fans y no fans de la artista, para los que les interesa la historia de la música y la cultura popular o sencillamente las historias en primera persona bien narradas. 

martes, 20 de agosto de 2013

Mi discos favoritos: Sade - Diamond Life


Mis discos favoritos

¿Qué hacen dos chicos de 15 años escuchando discos que hoy no podrían ser clasificados de ningún otro modo que "discos para adultos"? Como en tantas otras cosas, la respuesta es "eran los ochenta", pero para tratar de entender mejor como Diamond Life se transformó en un Disco Favorito tanto para mi como para el columnista invitado, Pablo Costa Wegsman, sigan leyendo. 

Diamond Life – Sade Por Pablo
Sade, que no se pronuncia “sade, “seid”, ni “sadi”, sino shar-day, es, seguramente, una banda que tampoco necesita presentación, y mucho menos el disco que nos ocupa. El éxito de “Diamond Life”, primer trabajo discográfico del grupo, es casi icónico: llegó al puesto 2 del ranking de discos del Reino Unido, permaneciendo en este por 6 meses, al puesto 5 del mismo ranking de los EEUU, número 1 en varios países europeos, con ventas de millones de copias, y recibiendo el Brit Award  al mejor disco británico del año en 1985… Y los éxitos de la banda continuaron, con Promise, su segundo trabajo, llegando a número 1 en el Reino Unido y los EEUU; y trabajos posteriores en puestos 2 y 3 a ambos lados del océano, en los 80´s y 90´s. Las ventas del grupo están certificadas por la  Recording Industry Association of America en 23,5 millones de copias en ese país, y se calcula que sus ventas mundiales ascienden a  más de 50 millones. Poca cosa, ¿no?... y ni hablar de sus giras, sus conciertos, (que mis compatriotas tuvieron la oportunidad de disfrutar no hace mucho tiempo)…
Recuerdo perfectamente cuando Sade apareció en la escena musical: mediados de los 80´s, 1984 para ser preciso, una época en la que artistas aparecían cada día como hongos después de la lluvia, y muchos desaparecían casi tan rápido. No Sade, NO. Clasificados como R&B (británico, claro), en esa época nosotros los calificábamos como jazzy, junto a Bryan Ferry y otros. Aunque esta “calificación” era bastante arbitral, y estaba más basada en su glamour, su buen gusto, su coolness y smoothness, si se quiere. Lo recuerdo muy bien porque nos rompió la cabeza a muchos… y lo más curioso del caso es que no tenía nada que ver con nuestra música favorita del momento, el techno.
El disco comienza con la que es, probablemente, la canción más conocida de Sade, “Smooth Operator” ¡Y qué temazo! Sólo el comienzo con el recitado es una maravilla en sí misma: “He's laughing with another girl and playing with another heart. Placing high stakes, making hearts ache. He´s loved in seven languages. Diamond nights and ruby lights, high in the sky. Heaven help him, when he falls”. Lamentablemente, en algunos cortes para la radio esta introducción fue “amputada”, perdiendo el tema  gran parte de su magia. En realidad, toda la letra es brillante, tan obvia y sutil a la vez. El ritmo es sensual y pegadizo, el saxo, ostentoso y perfecto al mismo tiempo… la voz, impecable, y la interpretación, adorable. El video, dirigido por Julien Temple, termina de definir la atmósfera de sofisticación que rodea a la canción.
Your love is King”, primer corte del grupo, editado antes de la salida del disco, es otra canción maravillosa, y el simple más exitoso de la banda en el Reino Unido. Y aquí pasamos de lleno a una canción de amor, después de una, si se quiere, de desamor. Y cuando Sade escribe y canta una canción de amor, nunca se queda en chiquitas; ya con el título podemos darnos cuenta de ello. Una canción absolutamente sensual, y con algunos guiños sexuales también (“touching the very part of me”, “I´m coming up, I´m coming”). Volvemos a esos perfectos saxos melosos, que se repiten en todas las canciones del disco y que, sorprendentemente, no llegan a aburrir (no, no es “Careless whisper”). 
Hang on to your love”, también cortada cómo simple, sigue en la dinámica de “Your love”; otra canción de amor, aunque un poco menos melosa, con un ritmo más movedizo, y donde destaca la guitarra, con un sonido casi “nilerogeano”. 
El disco continúa con una seguidilla de hermosas canciones, entre las que destacan "When Am I Going to Make a Living", segundo simple del disco y un desmerecido fracaso comercial;   “Cherry pie”, melosa como su título, con un maravilloso bajo, y un arreglo atenuadamente disco; y “I will be your friend”, por la belleza de su letra, y una sublime interpretación.
En realidad, es difícil destacar canciones de este disco, majestuosamente producido por Robin Millar, ya que el mismo es una obra de arte completa; uno de los pocos discos que siempre puedo escuchar de comienzo a fin. Un tributo a la música, y al amor. 
Diamond Life – Sade Por Gus
Algunas de las cosas que me preocupaban en 1984: los sintetizadores, los cantantes andróginos, las bandas con sintetizadores y cantantes andróginos, la revista Smash Hits. De todo esto, es difícil ver cómo Sade podría haber entrado en mi radar salvo por aparecer en la Smash. Pero no solo en la Smash… Sade también estaba en la Newsweek sobre Girl Power (la clásica con Cyndi Lauper en la tapa) mencionada en la misma oración que Alison Moyet. Eso para mi ya era suficiente para pegarle una escuchada.
Claro que salvo alguna raíz común en el R&B, nada une a Sade y Alison, una tan contenida y la otra tan desbordada. Pero en esa contención estaba el secreto. Había algo en Sade, banda y cantante, que pedía ser descifrado, un algo más. Había inmediatez, por supuesto, Smooth Operator era un hit porque la radio lo amaba, pero pasados los hits, para estos inmaduro oídos, todo era nuevo, misterioso, climático.
Otro adjetivo que solíamos usar para describirla, junto con Pablo, era “gélido”. habíamos comprado el paquete de prensa completo, y junto con esa clásica foto con sus guantes de cuero de dominatrix, estábamos convencidos de que era distante, clínica, fría. 
Claro que Diamond Life aun no se había transformado en el más claro ejemplo de “disco para coger”, justamente por su inmensa intimidad y calidez, y mientras nuestras mentes de 15 años hacían chistes sobre lo aburrido que podía ser ver a Sade en vivo, ni podían imaginarse que se transformarían en uno de los más consistentes y buscados artistas en vivo. 
Todo en Diamond Life es una invitación a prestar atención, a ir más allá de lo obvio: ir más allá de los super hits que abren el disco, ir más allá de las percibidas “limitaciones” de la cantante, clásico ejemplo de confundir falta de efectismo con poca destreza técnica, ir más allá de la influencia de Bryan Ferry Avalon/Boys &Girls (que está, pero las décadas de distancia nos hacen relativizar) y hasta descubrir cual es la manera correcta de pronunciar ese maldito nombre...
Claro que no fuimos los únicos en malinterpretar la “formula” y cuando el jazzy se hizo popular lo único que quedó fueron un montón de artistas de FM con saxo de fondo y nada para decir, mientras que Sade y los chicos siguieron experimentando, creciendo, explotando el minimalismo de Frankie´s first affair en obras de arte posteriores como Is it a crime?, o los hits casi tirando a bailables como When am I going to make a living en futuros crossovers como Paradise
Diamond Life y Sade son productos de una época en que todavía se podía experimentar y transformarse en una estrella pop, algo inconcebible 30 años después. Hoy serían en el mejor de los casos un artista de un sello menor de jazz, saldrían en caras revistas de estilo en lugar de las de teeny boppers, y ningún quinceañero tendría la oportunidad de empezar un romance de tres décadas con los artistas. No pasa un solo día que no agradezca haber crecido en ese momento.



jueves, 1 de agosto de 2013

Retrospective: una recorrida por la carrera de los Pet Shop Boys


Cuando hace unas semanas publiqué mi comentario sobre Electric, el último álbum de los PSB, me cayeron comentarios, más en persona que en el blog, y se armaron amistosas polémicas no tanto sobre cuáles eran los discos buenos o malos de la banda (en eso estábamos todos bastante de acuerdo) sino más sobre los que califique como “fallidos”.
Esto me dejó pensando, de buena manera, y acompañado por dos sucesos aislados (mi entusiasmo por Electric y haber recomendado a alguien la escucha de Please), y me puse a hacer un ejercicio de re escucha de la discografía completa (en álbumes) de los PSB, en orden cronológico y de los discos completos (este material está en rotación constante en mis playlist, pero en canciones aisladas, y con el gatillo rápido en el “forward” cada vez que cae uno de los momentos que me parecen menos felices) para ver si reafirmo o cambio algunos de los preceptos.
El objetivo de esta escucha era ver que tan en sintonía estaba mi memoria emotiva sobre los mismos (en la cual se han basado todos mis comentarios que los mencionan en este blog, que son muchos lo que me llevó a crear una categoría propia de clasificación que se llama PSB) más que escribir una nota para el blog, pero el haberme sorprendido con algunos de mis propias contradicciones y re evaluaciones me llevó a escribir esto. Esta nota promete ser larguísima, ténganme paciencia.
Además, por motivos completamente arbitrarios, voy a comentar en 3 categorías: Álbumes, Disco y Recopilaciones (y voy a argumentar como la serie Disco ya tendría que andar por el número 6 en lugar del 4)


Álbumes



Please (1985)
Hay una distorsión clásica al evaluar Please que tiene que ver con lo inusualmente fuerte de lo que es lo que era su “Cara A”, que incluye sus 4 impactantes singles de apertura en secuencia, 3 de los cuales son, discutiblemente, las canciones que inmediatamente se asocian con el nombre Pet Shop Boys: West End Girls, Opportunities y Suburbia. El cuarto es Love comes quickly, esa maravilla que da cuenta mejor que ninguna otra de este “momento PSB”. Hablar de estas 3 o cuatro canciones en contexto del álbum es complicado, por lo escuchadas y repetidas que se encuentran (sin ir más lejos, su primer compilado Discography abre directamente con las cuatro en el mismo orden). Por eso es que para evaluar Please hay que empezar por el final, o la segunda parte, esa cara B pensada como tal (probablemente la última o anteúltima vez que un álbum de los PSB se pensaría de ese modo) y que abre con ese “reprise” a Opportunities, que es y no es Opportunities: es, claro, porque tiene la misma intro y la misma melodía, pero el arreglo ya nos invita a que nos sentemos a escuchar... otra cosa.
La calidad de las canciones de esta segunda parte es uno de los mejores catálogos de Tennant y Lowe como cancionistas, y no es casual que hayan sido revisitadas a lo largo de los años o que sean las favoritas de los “fans famosos” de la banda: Tonight is forever en la dramática voz de Liza Minelli o Johnny Marr haciendo suya y re arreglando Violence en una perdida cara B. Cada canción, desde la indiscutible Later tonight (un tipo de experimento despojado que nunca más sería parte del catálogo “mayor” de los PSB), hasta las que en primera impresión son pasatiempos descartables y que en segunda, décima, centésima escuchada muestran todas sus capas de sentido y sutileza: I want a lover y Why don’t we live together, himnos mezcla de electro con ítalo y con el contenido lírico sobre relaciones que sería “descubierto” recién unos cinco años después por los críticos, pero que ya estaba ahí. Este conjunto de canciones perfectas, sumada a esos cuatro singles hace de este uno de los discos más coherentes y escuchables de punta a punta de cualquier artista en cualquier época. En el gran esquema de las cosas, si hay que ranquear toda una obra, no podremos ubicarlo más abajo que el segundo puesto... si no el primero, directamente. 



Actually (1987)
El comienzo de la Etapa Imperial, y merecidamente así. Actually es la madurez del concepto Please y la definitiva profesionalización de los Pet Shop Boys. Con un grupo de cortes igualmente icónicos y efectivos (It’s a sin, What have I done to deserve this?, Heart y como perfecta contrapartida de Love comes quickly, la obra maestra que es Rent), y mucho mejor distribuidos pero sin nada tan coherente como la cara B de Please. Escuchar Actually hoy en realidad nos lleva a pensar que suena un poco “clínico”, frío, si se quiere. Hay una famosa (o infame) declaración de Neil Tennant poniendo a su banda en serie con los Beatles, partiendo de que la premisa que ambas hacían canciones de formato clásico adaptadas al ritmo propio de la época. Beatles al margen, esto lo vamos a comprobar en la discografía de los PSB una y otra vez (house, trance, electro-revival y hasta brit pop), pero en ningún caso es tan “escuchable” como en Actually, con su grabación digital de última generación y sus samplers que imitan tal vez demasiado bien una instrumentación estándar de la época (por ejemplo el “bajo” y la “batería” de Hit Music), dejando de lado alguno de los elementos más kitsch de la fórmula, pero que son parte integral de su sonido.
Estéril o no, todo es compensado con las canciones, nuevamente tan de pop perfecto que resultan irresistibles para otros artistas (Rent y Kings Cross, ambas en este disco, son las dos canciones más versionadas de todo el versionadisimo catálogo de los PSB). Se suma a esto una relevancia política intermitente en su carrera, pero siempre ácida, ya sea contra las políticas privatistas de Tatcher en Shopping o una de las tempranas reflexiones sobre los estragos de la epidemia del SIDA en It couldn’t happen here y la ya mencionada Hit Music (éste es seguramente el tema más recurrente y logrado de todo el cancionero PSB, como primera persona, observadores, viudos, o simplemente sobrevivientes). Difícil decir algo malo de un disco tan bueno, aunque probablemente, en escucha 2013, no tan bueno como lo idealizamos en la memoria.



Introspective (1988)
No hay más que ver la tapa de Instrospective, esas sólidas barras de color, estridentemente dialogando con los espacios blancos de las tapas de Please y Actually, para darse cuenta que en algún lado hubo un corte. Uno interno, con la banda siendo ahora parte del panteón pop por mérito propio, y otro externo, causado por la explosión del house, el acid house y la cultura rave.
Si leemos más abajo mi razonamiento sobre que hace de un volumen de “Disco” ser tal, tendríamos lo que podría haber sido, tranquilamente, Disco 2, y que probablemente escapó de ese nombre porque tendría que haberse llamado House (tempranos nombres barajados incluyeron House y At home). Introspective es un disco de house, pero de house a la manera Pet Shop Boys, con Trevor Horn y una orquesta de 100 músicos o un cover de Elvis metido en el medio, matizados con un muy discutido primer acercamiento “latino” que junto con su homoerótico video dio por concluida la carrera norteamericana de la banda. 
Estas 6 canciones podrían ser tranquilamente un rejunte (nuevamente la lógica Disco) y sin embargo, es mucho, mucho más que la suma de sus partes: una remezcla de un hit, una cara B repensada, una apropiación de una canción escrita para otro artista, un cover y solamente una canción propiamente escrita para el proyecto. Claro que esa canción es Left to my own devices, que es la declaración de principios más categórica que se pueda imaginar para los PSB. Introspective no es un disco de medias tintas, es el “tiremos toda la carne al asador” de cada uno de sus elementos, sea ser más house que el house mismo, llevar las orquestaciones a 111, ser Miami sin pedir disculpas o nunca durar menos de 7 minutos por canción. La definición original de Etapa Imperial de Tennant incluye la expresión ‘self confidence’, auto confianza. No hay disco que tenga más confianza en sí mismo que Introspective



Behaviour (1990) 
Pocos momentos de la carrera de los Pet Shop Boys o de ningún otro artista generan tanto consenso como Behaviour, un disco que nos deja usar los términos “bello” y “maduro” y significar todo lo contrario que cuando se los aplica peyorativamente a Elysium (más sobre esto más abajo).
Behaviour abre, y se lo suele ejemplificar a partir de Being Boring, esa canción que se transformó, probablemente sin planearlo, en la que dice “esto son los Pet Shop Boys” y que da el tono a por lo menos la mitad de este álbum, desde las abiertamente pensadas como baladas To face the truth y Only the wind, a los experimentos teñidos de melancolía como My October Symphony o Nervously.
Fácil como es alabarlo, también es importante encontrar las imperfecciones de Behaviour, un disco que empezó queriendo ser algo (un disco de techno vintage grabado como en los 70) y que terminó siendo algo muy distinto. Y estas imperfecciones dejan lugar a ciertas esquizofrenias, como So Hard, probablemente lo único que quedó de la idea original, o el humor más craso de How can you expect to be taken seriously, que definitivamente no tendría que tener lugar en esta colección. Aun así, la mayor parte del álbum es tan bella y esta tan bien hecha, que todo lo demás son detalles menores, como que estas disonancias nos hacen apreciar aún más al resto (y vale agregar que disonancia al margen, So hard es merecidamente uno de los mejores singles de la extensa discografía PSB).
Behaviour cierra con Jealousy, una muy temprana canción que termina con una gloriosa orquestación que, como dijo algún crítico en su momento, parece decir “usted estuvo escuchando a los Pet Shop Boys”. También puede leerse, en retrospectiva, como el  final de etapa: los PSB estaban a punto de dejar la “belleza” y la melancolía de lado y entrar en su segunda Etapa Imperial. 



Very (1993)
Descargo: al contrario del 90% de la población, no soy fan de Very.
Very es, éxito comercial al margen, el disco más inmediato de toda la carrera de los PSB, un disco sin culpas de ser “arriba” y comercial, un disco, dicen los rumores, producto de la felicidad del enamoramiento. Al igual que mencione con la tapa de Introspective, hay algo en el packaging de Very qué nos dice ‘ESTO es ASÍ!’. Y el packaging del disco se refleja en el packaging de los músicos, que como reacción extrema a la melancólica ultra normalidad de Behaviour decidieron transformarse en personajes de caricatura, algo larger than life. 
Very no tiene miedo de ser gay, en Can you forgive her? o To speak is a sin; no tiene miedo de ser feliz en I wouldn’t normally do this kind of thing o Liberation; y sobre todo no tiene miedo de ser camp al punto de la grasada, en Go West. Todo con unos arreglos bien europeos (continentales) y ‘noventas’, que parecen decirle al público que ya los había abandonado “miren lo poco que nos importa”.
Igual, del mismo modo que decíamos lo fácil que es perder la perspectiva de lo bueno que es Please en base a sus impactantes singles, es fácil olvidarse cuanto relleno bueno “hasta ahí” tiene Very: Young offender, One and one make five, One in a million y siguen las firmas, canciones que no están a la altura y que no se destacan más negativamente solamente por compartir el sonido homogéneo del resto del álbum.
Pero aun no siendo fan, es imposible no encontrar lo bueno de este disco, desde la perfección musical y lírica de Can you forgive her? a la acidez más filosa que nunca de la letra de Yesterday, when I was mad. Famosamente, la primera vez que se encontró con Brandon Flowers, Neil Tennant le preguntó cuál era su disco favorito de la banda, y sin dudarlo contestó Very. “ah”, retrucó Tennant, “sos uno de ESOS”. Bueno, hay gente de ESOS, y estamos los OTROS, hay que saber ubicarse en la escala para la apreciación de Very.
De todos modos, es la última vez que hubo consenso positivo con algo de toda la carrera de los PSB, a partir de acá nos metemos en terreno más espinoso. 



Bilingual (1996)
Hay discos que idealizamos y cuando los volvemos a escuchar, intentando poner algo de objetividad, nos damos cuenta de lo flojos que son, y hay discos que demonizamos y luego descubrimos que eran mejores que lo que creíamos. Pongamos a Bilingual en esa segunda categoría.
El ‘mal sabor’ de Bilingual viene por su abismal segundo single, Se a vida e’, ese pastiche pseudo brasileño que no tiene lugar en ningún punto de la carrera de los PSB. Pero nótese que el pastiche es solo esta canción, y si bien el tono brasileño permea el resto del álbum (fascinación de Tennant y Lowe que nació en la gira DiscoVery, que los trajo por primera vez a Sudamérica), siempre es con muchísimo mas gusto, desde esa canción con dos caras que es Discoteca y Single (donde los tambores “murga” son un sampleo más, como podría ser un funky drummer o un grito de Loleatta Halloway) hasta la finísima bossa nova de It always comes as a surprise, una manera mucho más sutil de expresar la misma felicidad que caracterizaba a Very
El problema de Bilingual entonces no es su brasileñismo (aunque los anglófilos y brazófobos fans de la banda, especialmente en Argentina, digan lo contrario), si no su inconsistencia, capaz de alternar la emotiva The Survivors (otra de las grandes canciones con el trasfondo SIDA) con cosas a medio terminar como Electricity. No hay más que ver la desastrosa elección de cortes (Before, el más intrascendente single de apertura de toda su carrera, A red letter day) para darse cuenta que había una completa pérdida de rumbo, y una necesidad imperiosa de un productor externo que orientara el producto final. Claro que tal vez no cualquier productor...



Nightlife (1999)
Nightlife, o que pasa cuando la atención de los músicos esta puesta en otra cosa. La “otra cosa” en esta caso es el musical Closer to Heaven, para el cual fueron compuestas la mayoría de estas canciones. Pensado como un entretiempo hasta su estreno, se recurrió a tres productores externos... y ninguno de ellos dio el resultado esperado (o si, si vas a contratar a David Morales no podes esperar otra cosa que una grasada como New York City Boy). Los otros dos son dos Armstrong: Craig y Rollo. Craig Armstrong es un pianista y arreglador, que colaboró varias veces con los PSB haciendo arreglos de cuerdas, y de hecho, cuando es esto lo que se pide de él, como en You only tell me you love me when you’re drunk, brilla, pero cuando tiene que hacer algo un poco menos distintivo, como en The only one o Vampires, achata todo el resultado. Rollo Armstrong es más conocido como Faithless, que es ese momento era EL productor dance, y no hace más que repetir lo que era su fórmula de casi-trance sobre un puñado de canciones PSB (la excepción es el extraño experimento de psicodelia de Boy Strange, que funciona justamente por lo extraterrestre que suena). Lo que en papel entusiasmó a más de uno (“Rollo produce a los Pet!”) terminó en fallido, nuevamente. 
A esta altura, después de Bilingual, un disco desparejo no tendría que haber asustado a nadie, pero el tema acá es son las canciones, que funcionan en el contexto del musical, pero no tienen suficiente peso como álbum tracks, y no hay cantidad de Kylies que puedan rescatarlas (aunque es interesante, para culpar nuevamente a los productores, contrastar los arreglos de Closer to Heaven -el musical, no la canción- con los del disco, o los de los varios demos que fueron filtrándose a lo largo de los años que nos muestran un disco mejor que no fue). Por una cosa o por otra, se cierra un lustro de pifies, ahora si borrón y cuenta nueva. 



Release (2002)
Hay cosas que no cierran. Uno no esperaría un disco acústico de Madonna, un álbum de rock de Barbra Streisand... o un disco indie-brit-pop de los Pet Shop Boys. 
Todo en Release grita “en contra de las expectativas” desde las guitarras y baterías, hasta el extraño vídeo minimalista del primer corte Home & dry o el arte de tapa no hecho por Farrow (algo que sería la primera y la última vez que sucedería). Tenemos que pensar a Release como un experimento, y nada más, un experimento contradictorio (la banda se había pasado 15 años despotricando contra los artistas que incorporaban el “sonido en vivo” a sus discos) y un poco anacrónico (para el 2002 tanto el brit pop como el gobierno de Blair para el que había servido de banda sonora eran historia).
Dicho todo esto, Release es mejor disco del que se le da crédito, con algunas inteligentes canciones, y siendo menos “guitarrero” de lo que nuestra memoria emotiva nos recuerda (solamente I get along es, en retrospectiva,  el único “homenaje a Oasis” propiamente dicho).
Claro que lo que se puede rescatar no forma un todo, sea el encanto y la inocencia de E-mail, la satírica letra de The night I fell in love (donde básicamente se mandan un cuentito para ponerlo en papel de gay-en-el-closet-pedófilo a Eminem) o el comentario un poco xenófobo de London
No es ser apologistas decir que era un disco que fue hecho para ser rechazado, un experimento caprichoso que nadie seriamente puede creer que se haya hecho en serio, especialmente cuando ya era el momento del revival del electro vía el electroclash, que tanto mejor les hubiese caído a los PSB modelo 2002. Un vistazo a lo que podría haber sido se puede entrever en Here y The samurai in autumn, dos canciones que por ser “clásicamente Pet Shop Boys” desentonan del todo y nos dejan con la duda (y las ganas) de cómo podría haber sido otro Release. La reacción a todo esto es Disco 3, que comento en otra sección más abajo. 



Fundamental (2006)
Pasa con los mejores planes: buenos en papel, decepcionan a la hora de la ejecución. Pocas cosas suenan más atractivas que “Pet Shop Boys producidos por Trevor Horn”, y sin embargo, con todos los méritos que tiene, Fundamental está muy por debajo de las expectativas. Es difícil identificar el por qué exactamente, hay un sentimiento de...aburrimiento general, pero pocas cosas son más subjetivas que acusar a algo de aburrido. A la distancia, el problema de Fundamental parece un problema de obesidad. Fundamental es DEMASIADO. Claro que la producción de Trevor siempre es exagerada, pero en este caso parece ahogar a las canciones, no dejarles lugar a respirar, a ser algo más que muchos arreglos apilados uno encima del otro: introducciones larguísimas con efectos de sonido, orquestaciones grandilocuentes (si, más que de costumbre, tanto para artista como productor), un instrumental innecesario... Una lástima además, porque Fundamental, luego de unas largas vacaciones de escribir canciones, encuentra a Tennant especialmente afilado en las letras, ya sea con la fuerte carga política (Fundamental es, por lejos, el disco más politizado de los PSB) de Integral, I’m with stupid o Twentieth Century, o romántico amorosa de Indefinite leave to remain o I made my excuses and left, o con esas pequeñas fábulas que tan bien suele hacer en Casanova in hell. Este nivel de “cancionismo” hace también hace más irrelevante grabar un Diane Warren (déjenlos para Celine Dion, chicos), que solo agrega a la obesidad antes mencionada (que con tanta melaza, ya corre el riesgo de diabetes).
No es casual que se haya elegido cortar como simple al astutamente titulado Minimal, donde dejar de lado todos los excesos deja que se escuche la canción, sin sacrificar sutileza, al igual que Psychological. “Fundamental a dieta” sería un gran disco complementario, con todas las canciones simplificadas como estas dos. 
Como ya varias veces, no podemos juzgar este como un mal disco, sino como uno que no funciona, o por lo menos no funciona como se esperaría. 



Yes (2006)
Si hay un aspecto de los Pet Shop Boys que parece haber sido descuidado desde Very es el del pop por el pop mismo. Más allá del “ritmo del momento”, los PSB siempre fueron una excelente banda de música pop, ni más ni menos. Entra Brian Higgins y Xenomania. Poco conocido desde nuestro lado del mundo, Higgins es el responsable por el 90% de la música pop de los ‘00 en los charts ingleses, y justamente su “pop sin complejos” parece la combinación perfecta para una recuperación pop de los Pet Shop Boys. Y es bastante exitosa, devolviendo una vitalidad y coherencia que les estaba faltando desde hacía un poco más de una década. Love etc., Pandemonium, Building a wall son todos atisbos a unos Pet Shop Boys cercanos a alguna de sus dos Etapas Imperiales, de canciones sin vueltas raras, arreglos inmediatos y un cierto joie de vivre que parecía estar casi completamente ausente u olvidado. No todas son rosas, de todas maneras: la máquina PSB funciona con un delicado equilibrio de Tennant y Lowe, y la incorporación de otros elementos no siempre es exitosa. En este caso, un grupo de canciones escritas “por comité” son perfectamente funcionales pero impersonales, borrando todo rastro que las haga distinguibles (esto es correlativo también a The Loving Kind, la canción PSB/Xenomania compuesta para Girls Aloud, y una de las canciones menos PSB de todas las que regalaron a otros artistas). Esto, sumado a ciertos arreglos “homogeneizadores” hacen que canciones como More than a dream sean identificables como Pet Shop Boys solamente por la voz de Tennant.
Pero criticas al margen, el brief para Yes era “hacé un disco que vuelva a los PSB a sus raíces” y sería injusto decir que no fue una misión cumplida. 




Elysium (2012)
Casi todo lo que tenía para decir sobre Elysium ya fue dicho en otro lado. Lo que se puede agregar, en la retrospectiva, es que la intención aparente era hacer un disco “bello” y con “sonido Los Angeles”. Según lo entiendo, fallaron en ambas. Si “bello” es un disco de baladas, bueh, sí, pero Behaviour es un disco “bello”. Elysium es un disco chato y aburrido.
Y si el “sonido Los Angeles” es “usamos los coristas de Thriller”, creo que nada en Thriller es tan espantoso como Hold on: el problema no son los músicos de sesión o el concepto de producción que atrasa varias décadas, el problema es sobre que material los pusieron a trabajar. 
Elysium no es el peor disco de los PSB (ese mérito lo tiene Disco 2, sigan leyendo), pero aun cuando hay mucho para criticar en Nightlife, Bilingual o Release, ninguno genera, en conjunto, la mala impresión que este genera.
Y no me importan las racionalizaciones: si menos de 9 meses después sacaron otro disco, es porque claramente saben que no estaba a la altura. 



Electric (2013)
Al igual que Elysium, Electric tiene su propio comentario en este blog. Solamente voy a agregar al mismo, luego de esta revisión integral, que estamos en condiciones de afirmar que Electric es el disco más redondeado de los PSB (todavía no me animo a usar “mejor”) desde Very, hace 20 años. En el medio hubo buenos momentos (sigo defendiendo Bilingual, ya vamos a ver que opino de Disco 3, y Yes, desdiciéndome, merece estar en entre los “buenos”), pero ninguno con el impacto, la calidad y la coherencia de Electric. Bien hecho Pet Shop Boys, y mejor hecho aún Stuart Price. 



Disco

¿Que es un “Disco”? Disco es un álbum “entre álbumes”, de pocas canciones, no todas ellas originales, generalmente remezcladas o reversionadas con un ojo puesto en la discoteca. Fue un concepto “por única vez” que se transformó en una de las más regulares apariciones en una carrera de por sí regular. Como ya mencioné en otro lado, también cumplen una de dos funciones específicas: o extender la vida útil de un álbum previo especialmente exitoso, o de manera rápida e higiénica deshacer un desastre previo. Veremos cuales caen en qué categoría y con qué éxito lo logran. 
El formato fue mutando con los años, y algunos de esos discos tal vez hubieran merecido ser discos con nombre propio por sus méritos o duración, mientras que otros hubiesen sido mejor servidos de ser parte de esta serie (ver lo que escribí más arriba sobre Introspective).



Disco (1986)
Hay un chiste recurrente de los primeros años de los PSB, que ante la pregunta sobre donde su ubicarían a nivel género musical, contestaban, sin dudarlo, “Disco”. Era un chiste que pegó, y que durante años sus fans seguirían al pie de la letra, aun cuando la utilidad o precisión de la definición estaba largamente dejada atrás. 
Disco es el modelo en el cual se basaron los Disco que siguieron, y evaluándolo estrictamente de acuerdo a la fórmula, es probablemente el mejor. Solo seis canciones, cuatro de ellas los perfectos singles de Please remezclados y dos caras B que tomaron vida propia, en sus versiones definitivas.
De los singles, West End Girls vale la pena por la recuperación de la “estrofa perdida” que de otra manera mucha gente no conocería, Love comes quickly es un simpático ejercicio de un temprano Shep Pettibone y Opportunities esta innecesariamente rota por los Latin Rascals. Son las otras tres bandas las que destacan: Suburbia fue tan radicalmente reconstruida cuando fue cortada como single que podría ser una canción nueva y eso amerita su inclusión. Paninaro es un clásico inesperado, una de esas cosas casi descartables que los fans toman como propias y que excedería siempre sus límites, ya sea cortado como un “doble cara A” en ciertos territorios, transformándose en un highlight en vivo en años posteriores y hasta siendo vuelto a remezclar y cortado como simple aun después.
El último momento es In the night, que aparte de ser un interesante experimento electro, fue adoptado por el programa de televisión británica The Fashion Show (en esta versión) como cortina... desde hace 25 años.
Ante la pregunta por qué comprar Disco, entonces la respuesta de: por la estrofa que falta de WEG, la versión definitiva de Suburbia, el Paninaro original y la versión “as seen on TV” de In the night mas que justifican la larga vida que tiene este nunca descatalogado álbum.



Disco 2 (1994)
Very fue el álbum más exitoso de los PSB desde Please, y en algunos territorios, sencillamente el MAS exitoso. Se cortaron del mismo unos sin precedente cinco singles, todos rankeables, y fue seguido de una festejada gira mundial. Si un momento merecía ser “estirado”, ese era el momento Very. Claro que lo que no merecía era ser seguido de esta manera. Elysium? un juego de niños: el momento más abismal de toda esta carrera es Disco 2.
Con un horrible formato de “enganchado para sus fiestas” hecho por el DJ Danny Rampling (que le tendríamos que haber mandado a Pappo para que lo dirija a “un trabajo decente” después de hacer esto), tomando mezclas que ya habían sido publicadas en otros formatos, y para eso, ni siquiera las mejores mezclas de cada canción, incluyendo más de una versión de varias canciones, mutilándolas de una manera, que, esto es objetivo, parece de DJ amateur jugando con un amplificador sin mezclador.
Se suma a esto la falta de material original (Absolutely Fabulous no califica como “solo disponible en este disco” especialmente porque ni siquiera debe ser considerado un single PSB propiamente dicho. Coherente con el resto de la selección, es además la peor versión disponible del tema).
Durante años fue normal encontrar Disco 2 en las bateas de ofertas, y aun así, no vale ni el precio del plástico en el que está editado. Un feo momento. 



Disco 3 (2003)
La serie Disco parecía descontinuada, hasta que hubo que remontar la pobre recepción de Release. Obviamente el mejor antídoto era un disco altamente bailable, con las fortalezas que parecían perdidas en el momento (sonido electro, canciones inmediatas, arte de Farrow). Claro que podemos discutir si Disco 3  merece ser llamado Disco. Según lo veo, a pesar de tener un poco del espíritu de rejunte, tiene suficiente material nuevo y duración como para calificar como un álbum hecho y derecho, o según lo ven algunos, como el disco que tendría que haber sido Release en lugar de Release. Digamos que lo que hace de Disco 3 una continuación de Release son las mezclas de Here, Home & Dry y London (en dos versiones distintas, una de ellas superando con creces al original), pero el álbum contiene otras 6 canciones, 5 de ellas de una fortaleza no esperable para ese momento de la carrera PSB. Se destacan Somebody else’s business, un inusual relato sobre los trastornos bipolares y el cover de Try it (I’m in love with a married man), que remite a el momento de enamoramiento con Bobby O. de Neil y Chris, y que es divertidísimo por escucharlo cantar ese estribillo. Se completa esto con la reutilización de Positive role model, el más ‘arriba’ de todos los momentos de Closer to Heaven aún no utilizados. Para ser un Disco, Disco 3 es especialmente orgánico, se escucha y se disfruta como un todo.



Disco 4 (2007)
A lo largo de los años, los PSB han colaborado con un sinnúmero de artistas, ya sea como escritores de canciones, productores, artistas invitados, o simplemente, remezcladores.
La idea de recopilar varias de estas remezclas en un solo álbum era tan sencilla que es raro que a nadie se le ocurriera antes. El momento post-Fundamental parecía el ideal, sumado a la excelente repercusión de la mezcla que habían hecho para Madonna, Sorry (que La Señora misma hasta estaba usando en su mega gira Confessions Tour). Claro que esta no es una selección integral (las diversas compañías discográficas involucradas dificultaron algunas inclusiones), pero una selección tan estelar que es imposible criticarla. Sirve además para encontrar algunos tropos clásicos de estas mezclas, como la habilidad de Neil para insertarse cantando en el medio de las mismas, permitiéndole terminar haciendo dúo con Madonna o Bowie. Sueño del pibe. La ya mencionada versión de Sorry comparte nombre y varios elementos más con la su propia I’m with stupid, acertadamente incluida también. Luego, los big boys: Bowie. No es necesario decir que las versiones PSB de Hello Spaceboy es la versiones definitivas, como Bowie (y los PSB) lo han hecho notar a través de los años (esto aplica también a Read my mind de los Killers, también incluida). Hay luego dos experimentos “por izquierda”, con artistas realmente inesperados, Rammstein y Yoko Ono, que comprueban nuevamente la versatilidad de los PSB para adaptarse a cualquier cosa (la versión de Walking on thin ice de Ono fue merecidamente un hit en las pistas de todo el mundo, mérito tanto de artista como remezcladores). Para ser un disco que contiene canciones de 7 artistas diferentes, es especialmente homogéneo, hablando no tanto de un “sonido PSB” (que existe) sino de artistas buscando apropiarse de algo de ese sonido. 


Recopilaciones
No parece sensato tener que comentar las recopilaciones de ningún artista, pero la inclusión de nuevas canciones o ser recopilaciones de caras B  o discos “en vivo” con un plus hace que se justifiquen. Tampoco voy a comentar todos estos experimentos, sólo los que traigan algún valor agregado inesperado.



Discography (1991)
Hay una “maldición de la recopilación de singles” de muchos artistas ochentosos, que indica que una vez que salen a la venta, nunca más vuelven a tener un hit que amerite ser incluido en un “grandes éxitos”. Los PSB se escaparon de esa maldición luego de Discography más que nada por el éxito de Very, pero es cierto que si a alguien le interesa la banda y uno los quiere dirigir a “lo mejor de” los Pet Shop Boys, no tiene más que mirar a esta recopilación. 16 canciones que ya eran hits indiscutibles, más dos que al final del recorrido también lo serían, en el perfecto orden cronológico que corresponde y con las versiones 7” que el público reclamaba (Suburbia, Heart, Left to my own devices y It’s alright, pare el que sólo contara con los álbumes oficiales, podrían ser otras canciones por lo que se puede escuchar). Las dos canciones nuevas, DJ culture y Was it worth it no son material de primer nivel, pero especialmente en el caso de la segunda, tendrían una vida útil mucho más prolongada de lo que se esperaría de unas canciones extras. 



Alternative (1995)
Agárrenme un día distraído y pregúntenme de la nada que les diga cuál es el mejor álbum de los Pet Shop Boys, y es probable que les conteste “Alternative”.
Claro, la pregunta debe tener el descargo “sin incluir recopilaciones” y ahí se me va todo al demonio. Lo que pasa es que Alternative no es una recopilación común, es una recopilación de caras B, que cualquiera que siga la carrera de los PSB más allá de los singles en la radio y los álbumes sabe que es donde se desarrolla la verdadera carrera de los Pet. Sin las ataduras de tener que ser comerciales, todo sale a la luz: esas canciones sobre historia mundial que tanto le gustan a Neil (Don Juan), esos experimentos descartados por ser “demasiado” (demasiado ítalo That’s my impression, demasiado acid house The sound of the atom splitting, demasiado electro A man could get arrested), esas canciones más sinceras y emotivas, ya sean de amor descubierto como It must be obvious o de elegía a un amigo muerto cómo Your funny uncle. El nivel de canciones de este disco doble titánico es parejamente impecable, al punto que varias de ellas fueron luego hechas covers por otros artistas (Do I have to?) o adoptadas por radios de todo el mundo, incluyendo Argentina, como los verdaderos cortes (A new life, una canción clásica del repertorio de Horizonte), más algunos covers realmente diversos (Sondheim, Bretch), sirve además de campo de entrenamiento de producción para Tennant y Lowe, que tan bien aplicaran en discos de una variedad de artistas (sino en los propios). Escuchen Alternative, descubran la esencia de los Pet Shop Boys al desnudo. 



PopArt (2003)
Inmaculado como es Discography, ya vimos que dejaba una gran (y exitosa) parte de la carrera de los PSB sin cubrir, y por eso PopArt se justifica: es el compilado de hits para terminar todos los compilados. Y en eso está muy bien, al igual que la gráfica (tour de force de Farrow) como el increíble DVD que sirve de compañero (y su impagable track de comentarios con los músicos). Pero hay una serie de decisiones creativas involucradas que son, como menos, discutibles. Para empezar, el disco, doble, se divide en Pop y Art. El criterio para esta división es incomprensible para nadie que no sea un miembro de los PSB. Luego, hay una serie de decisiones o errores con respecto a las versiones elegidas de canciones como Heart o I wouldn’t normally do this kind of thing que no se justifican de parte de gente tan cuidadosa con los detalles.
Las dos canciones nuevas son parejamente perfectas, y mucho mejores que algunas de las piezas incluidas en los álbumes de la época: la bella (en el buen sentido, no en el sentido Eliseo) Miracles, y la maniática y divertida Flamboyant



Concrete (2006)
No está muy claro si Concrete fue grabado con la idea de que saliera a la venta, fue más bien un capricho conjunto de los PSB y Trevor Horn de grabar versiones orquestales de algunos de sus temas, más retomar algunos clásicos arreglos hechos para otros artistas y juntarse con un par de invitados. El resultado es un poco "sólo para entendidos", pero tanto la musicalidad del proyecto como los pequeños comentarios entre canciones lo hacen indispensables para fans. Destacan especialmente las recuperaciones de Rent y Nothing has been proved tal como se las habían dado a Liza y Dusty en su momento, y la renovación de West End Girls, mientras que las intervenciones de Robbie Williams (Jealousy) y Rufus Wainwright (Casanova in Hell) son más una excusa para trabajar con amigotes. Puede pensarse a Concrete como una continuación de la obesidad de Fundamental, pero en este caso, funciona. 


Format (2012)
La idea era sencilla: revisitar el concepto de Alternative casi 20 años después. Material no faltaba. Pero claro, algo cambió en el medio. Para empezar, con los PSB luchando para poner buenos discos “oficiales” en las bateas, no era momento de pensar en caras B. Por otro, la evolución de los formatos (de ahí el nombre) de vinilos 7” y 12” a CDs a digital significaron multiplicación, dilusión, y hasta cierto punto, oscuridad.
Format es otro monstruo de 38 canciones, pero podría ser de muchas menos si en lugar de completistas fuéramos control de calidad. Buenas como son, hay una serie de cosas que ya estaban en otros lados, a veces en formatos mejores (Friendly fire, No time for tears, In private), y no es casual que todas ellas estén en el segundo disco: Desde The truck driver and his friend hasta Sexy Northerner, los años Bilingual-Nightlife, todavía la chispa estaba (menciono estas dos no sólo porque abren y cierran Format disco 1, sino porque además tienen todo eso que esperamos de estas caras B: humor, experimentación, algo de eso “not ready for prime time”). Igual, como me pasa con Alternative, no puedo evitar tener mucho cariño por algunas cosas aquí, como el demo de Confidential, el retro-vocoder de Transparent, o la super apropiada We’re the Pet Shop Boys, que en un enfermo juego de espejos se transformó en un cover de un cover de un cover de un homenaje cuando lo volvieron a grabar con Robbie Williams. Pero si Alternative es la mejor manera de presentar a alguien a los “verdaderos” PSB, Format es muy estrictamente para fans solamente. 


Espero que alguien haya seguido leyendo hasta acá, esto me tomo días de escuchada, días de escritura y revisión, 6100 palabras (!?) y aun así por diversos motivos deje cosas afuera (eps, Closer to heaven, Battleship Potemkin, The most incredible thing). Esto es, aunque mi tono no siempre lo aparente, un acto de amor por la banda.