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miércoles, 25 de febrero de 2015

La cruzada anti-manija


Definir al estado de “manija” es casi imposible (aunque hicimos un intento aquí), es algo inasible, un fenómeno que podríamos definir como psicológico y que se potencia desde lo colectivo, y que mientras acá como giles lo vivimos, combatimos o simplemente observamos, alguna mente siniestra en algún laboratorio ya lo aisló y lo está usando en nuestra contra.
Es ese sentimiento de ansiedad, anticipación y hasta angustia (no es casual que estas tres cosas tengan raíces etimológicas comunes y en clínica en inglés se agrupen genéricamente bajo la figura de “anxiety”) generada por cosas, curiosamente, buenas y esperables, no negativas. El sentimiento nace en un individuo, o varios aislados, y luego se propaga como contagio, potenciándose en el proceso, y amplificándose por medio de las redes sociales. Es esa sensación de “no puedo esperar y lo quiero ya”, sin importar si es una película (o los anticipos de la misma, más sobre esto más abajo), una serie, un partido de futbol, un evento de cualquier tipo. Mi postulado detrás de este manifiesto es que nada va a estar jamás a la altura de esta manija y en el mediano plazo arruina la experiencia de lo esperado en sí. Pero primero un poco de historia y teoría.
Como tantas otras cosas malas que nos suceden, tiene su origen en el mundo del comic, y se potenció hasta el paroxismo durante los años 90. Luego llegó internet, y lo hizo aun peor.
Verán, para satisfacer las necesidades de las comiquerías y que sus dueños supieran que revistas iban a salir y por qué motivo debían comprarlas, los distribuidores de comics comenzaron a preparar un catálogo de novedades con lo que se iba a publicar (solicitations) que se publica con 3 meses de anticipación, para dar tiempo, en eras pre-internet, de que las órdenes se hicieran y se cumplieran. Este catálogo, que algunos pueden conocer como la revista/libro Previews, en algún momento de los 90 dejo de ser una herramienta de las editoriales y los dueños de comiquerías para pasar a ser algo abierto al gran público, y ahí empezó el problema: en lugar de enterarme que pasaba en la semana que salía y quedarme colgando con el cliffhanger hasta el mes que viene, ya sabía que pasaba en tres meses… entonces que me importa si Superman se murió o Wolverine se va de los X-Men si en 90 días tengo una historia que se llama El retorno de Superman, Wolverine y sus hijitos. Toda esta manija además tuvo su propio medio, el pasquín Wizard, cuyo único objetivo era ampliar la manija y es el antecedente directo de la mayoría de los sitios de “noticias” de comics y películas actuales.
Claro que en el cine siempre existieron los avances, trailers o colas (según la generación a la que pertenezcan), pero el albor de la internet hizo que los mismos salieran del ámbito natural del cine o en algunos casos la televisión para transformarse en algo disponible a cualquiera en cualquier momento. Sumada a la mala costumbre del tráiler que cuenta toda la película, se sumó el anuncio de que en fecha XX saldría el tráiler, y luego el tráiler del tráiler, y luego el teaser del tráiler del tráiler del tráiler, formando un circulo enfermo de anticipación, que tiene a la gente demandando avances de películas que se van a estrenar en más de un año (para un ejemplo práctico, ver los indignados el mes pasado porque durante el Superbowl no hubo un avance de Batman vs Superman, película que se estrena en marzo del 2016).
Los generadores de contenido, lejos de preocuparse por toda esta demanda de anticipos, crearon toda una industria a su alrededor, desde sitios especializados, a canales como E!, cuentas de redes sociales truchas, etc. Y lo hacen porque crear ‘buzz’, es básicamente publicidad gratuita. Cuanta más manija, más gente hablando de cosas que quieren promocionar.
Pero mi problema no es “los grandes negocios nos manejan como quieren”, no necesitan de nuestra manija para hacerlo. No, mi problema es que tanta manija genera varios efectos secundarios indeseables. Algunos de ellos:
  • Nunca nada está de acuerdo a la anticipación que se generó a su alrededor. Entonces empieza el backlash, que es la manija inversa.
  • Estamos tan pendientes de que va a pasar en tres meses, un año, que no le damos bola a lo que está pasando ahora. No me importa el poster de Avengers: Age of Ultron: quiero saber quiénes van a estar en la Avengers del 2019.
  • No puedo reparar en los méritos reales de nada, porque lo estoy midiendo contra el hype generado sobre méritos aún no conocidos o del producto/productor en base al cual se me vendió la nueva iteración. Entonces Better Call Saul es medida a favor y en contra comparada con Breaking Bad (ahí hay otro tema en cuanto a querer replicar éxitos, pero es tema para otro post).
  • Se anuncia un festival de música que va a ser TAN importante, que no aviso del line up, pero ya pongo las entradas en venta. Obviamente no va a haber line up que satisfaga a nadie.
  • Se genera la expectativa de “lo que hay que ver”: hay que estar al día con la serie porque si no te la spoilean, hay que ver la peli porque se vienen los premios, hay que ver la serie o la película porque es parte de “la conversación cultural”, aun cuando no queremos o tenemos tiempo para hacerlo.
  • Y la inversa, el “para qué lo voy a ver”: ya sé que un universo de comics o película se rebootea por completo en un par de meses, para qué voy a disfrutar de lo actual si tiene fecha de vencimiento.

La ansiedad es el mal a la orden del día, hay gente medicada, en terapia o inhabilitada para operar a los niveles más básicos por no poder lidiar con la vida contemporánea. Y sin embargo, apoyamos, reproducimos y amplificamos la misma ansiedad en los campos en los que supuestamente tendríamos que estar disfrutando. Obviamente no le voy a decir a nadie que le va a gustar o no, o que tiene que anticipar o no, no soy de los tirapostas que dicen “vivir lentamente”, “aquí y ahora” o lo que venga. Pero voy a intentar no reproducir la locura. Y me reservo el derecho a mantenerme al margen de la locura ajena.


martes, 27 de agosto de 2013

Comics de superheroes: el estado de adolescencia continua

El fin de semana, Warner Bros. confirmó que para la próxima película de Superman y Batman el papel de este último va a ser interpretado por Ben Affleck. Acto seguido, la internet se rompió en dos. 
No voy a utilizar esta nota para discutir ese casting en particular (no me gusta, del mismo modo que no me gusta nada de la estrategia cinematográfica de DC/Warner) sino algunos de los motivos que generaron este casi unánime rechazo y como se ponen en contexto con la cultura comiquera en general. 
Mucho del problema con este casting de Batman, o cualquier casting de Batman para el caso, es el sentimiento de propiedad que los fans tienen con el personaje, que va más allá de un simple “me gusta”: los fans de Batman defienden al personaje y la mitología que lo rodea basándose en una simplista excusa de “realismo” (que ya me tomé el trabajo de comentar en otro lado) que no es más que una racionalización para un cierto tipo de identificación aspiracional (más sobre identificaciones masculinas con personajes de ficción se pueden leer en esta otra nota). Resumiendo: un pensamiento del tipo “Bats podría ser yo”, que tiene como corolario “Ningún actor es lo suficientemente bueno para serlo”. Este pensamiento algunos lo consideran infantil, pero en realidad es típicamente adolescente, y es sobre eso que quería escribir, sobre el estado de adolescencia continua de los comics y la parafernalia que los rodea. Va una perlita más: si nos tuviésemos que atener al supuesto realismo, una pelea Superman versus Batman tendría que durar milisegundos, con Bats en coma profundo por choque contra la fuerza inamovible. Fin de la historia. Pero no, al igual que en ya incontables historietas, la expectativa es que Batman de pelea y hasta probablemente la gane o termine en un digno empate. Ehhh… no. ¿Por qué esto? Porque en la realización del deseo adolescente masculino, el “normal” (si, el archimillonario entrenado por ninjas es el normal en este escenario) puede vencer al superior (el alienígena invulnerable y súper fuerte, no nos olvidemos) solamente porque...así lo desean.
Si pensamos en un escenario de conflicto adolescente como aquel de los nerds (estudiosos, poco populares, interesados en, entre otras cosas, los comics) y los jocks (deportivos, pero antes que nada, físicamente superiores), es de esperar que el nerd desee vencer al jock, por lo menos en el terreno de su imaginación. Estos son lectores, pero también son la mayoría de los creadores de los comics y películas acerca de ellos, que a partir de aproximadamente los 70, son los locos que tomaron el manicomio. 
Y no es casual que pensemos en los 70, porque si me preguntan si los comics alguna vez fueron infantiles como para pasar a adolescentes, y si alguna vez van a llegar a la edad adulta, tendríamos que ver por donde andarían los comics de los años 70. Esto me da pie para mi TEORIA COMPLETAMENTE ARBITRARIA SOBRE LAS ERAS DE LOS COMICS (por lo menos los comics norteamericanos de superhéroes, que son los que aquí nos ocupan).
Si consideramos que el medio/género nacieron en algún momento a fines de los años 30, tendríamos que decir que esa fue la infancia, pero no: varios factores (la guerra, la edad de los autores de la época, la categoría de ‘adolescente’ aun no completamente implementada, la influencia de la ciencia ficción), digamos que durante los 30/40 y primeros 50, la llamada “Edad de Oro” de los comics, a fines de mi teoría del desarrollo, aún estaban en una etapa embrionaria, una especie de prehistoria. La verdadera infancia es la Edad de Plata, la que empezó en 1956. Piensen en esos comics, de líneas puras, colores saturados, conflicto maniqueista del bien y el mal, súper mascotas, versiones infantiles de los personajes… el mundo visto desde los ojos de los niños. Esta infancia no se desarrolló del mismo modo en DC y Marvel: mientras que DC era el grandulón que todavía mojaba la cama cuando ya tendría que tener más control, Marvel era la chica que tenía tetitas a los 11 años, entrando de lleno en una especie de pre adolescencia, donde se coqueteaba de igual modo con los elementos infantiles como los de la adolescencia propiamente dicha.
La adolescencia llego como les decía antes con la nueva generación de escritores y dibujantes, que ya habían crecido con una dieta de comics y que venían a jugar con los chiches de su niñez, pero como adultos. El Batman de O’Neill y Adams es adolescente, y el que aun hoy todos “quieren ser”: serio, nocturno, sin sentido del humor, preparado hasta lo imposible, y por sobre todas las cosas, infalible. Todo lo que el adolescente no es pero quiere ser. Del lado de Marvel, no tan casualmente es cuando renacen los X-Men, con su angst de adolescencia y el ‘aspiracional masculino’ propio en la forma de Wolverine.
¿Cuándo se sale de la adolescencia?, les escucho preguntar. Bueno, justo ahí está el problema, porque tal como los peloduros de 30 años que siguen viviendo con sus padres, los comics NUNCA salieron de la adolescencia, ahí se quedaron.
¿Cómo, me van a decir? ¿Y los 80? ¿Y el Dark Knight, Watchmen, Gaiman y Moore? Bueno, vamos por partes.
Gaiman y Moore, los escucho… ya no son adolescentes. O sí. Son post-adolescentes que van a la universidad. ¿Vieron al pibe que cursa dos materias del CBC y nos tiene que demostrar TODO lo que sabe? Y ojo, no dudamos que lo sabe, pero es la necesidad constante de demostrar que lo sabe, que es más inteligente que nosotros. Moore y Gaiman, especialmente en esa época, nos tiraban TODO encima, siempre con un guiño de “vieron la que les tiré, no?” y con una actitud de “... y si no la agarraste…”. De hecho, el día que se graduó de la universidad, el bueno de Neil se puso a escribir libros de en serio, y vuelve a los comics cuando tiene ganas de tocarla un poco a la piba que nunca salió del secundario. 
¿Y Miller? Miller es la raíz del problema. NADIE es más adolescente que Miller. Él nos dio al “Bats cachetea a Supes” en primer lugar. Él es que considera “adulto” dibujar una mina en tetas. Él es el que mide madurez en cadáveres e hiperviolencia. No, nada en Miller es adulto, es la peor clase de perpetuación adolescente. 
Con 25 años de atraso, las pelis de superhéroes están hoy donde los comics estaban en 1986, y mantienen la audiencia de los que se niegan a salir de su adolescencia y la de los adolescentes cronológicos, que como dice Mirtha, siempre se renuevan.
Mientras tanto, en el 2015, nos vamos a tener que bancar que Ben Affleck lo cachetee a Henry Cavill. Porque esa va a ser una película “realista”.  



viernes, 23 de agosto de 2013

Clásicos para mi: Sandman 12 (1990)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Se podría argumentar, correctamente, que toda la serie Sandman es un clásico, para mi o para cualquiera con un mínimo de criterio. De todos modos, si bien hay consenso sobre ciertos momentos específicos, dado que la mayoría del público conoce la serie a través de sus reimpresiones en forma de libro, hablar de números aislados es un poco complicado. Igual “clásico” es el número 8, The sound of her wings, la primera aparición de Death, y que marca el comienzo de Sandman tal como lo concebimos hoy en dia.
Hasta ese momento, anterior a la formación del sello Vertigo, Sandman intentaba, un poco forzadamente, “jugar” con el universo DC, hasta que alguien se dio cuenta que lo mejor que se podía hacer era dejarlo a Gaiman que se cortara solo. De todas maneras, prolijo y obsesivo como es, insistió en atar cabos sueltos, tales cómo que había otro Sandman dando vueltas por ahí, y una mujer embarazada del mismo.  

Sandman 12 (1990):
Luego de la última vez que hablamos de Lyta Trevor y Hector Hall (en el Clásico para mi - Infinity, inc ) pasaron un montón de cosas: Hector murió, y se reveló que Lyta estaba embarazada de él, revivió, y se transformó en una nueva iteración del personaje Sandman. 
Gaiman lo que hace es desarmar todo lo absurdo de esta trama de telenovela, revelando al mismo tiempo lo siniestro subyacente, y tejiéndolo en la historia que está contando (conocida como The Doll’s house) y en la historia mayor de Sandman (la advertencia de “voy a volver por ese niño” es de hecho la que precipita los hechos que cierran la serie toda). Y lo hace siendo respetuoso al punto del puntillismo con lo que Roy Thomas y Jack Kirby habían escrito años antes. En el camino, Brute y Glob, dos personajes supuestamente de horror pero que no son más que comic relief se muestran como astutos (aunque cobardes) conspiradores, Hector como el bufón de músculos llenos de aire que todos los que leímos Infinity siempre supimos que era, y Lyta como un personaje trágico cuya vida está a punto de tornarse aún más trágica. Y Morpheus da la primera señal de su sarcástico sentido del humor (de familia, parece) que luego le conoceríamos mejor, largando la mejor carcajada detrás de una máscara que vayan a poder disfrutar en comics o cualquier otro medio. 
La capacidad de Gaiman de tejer mitologías a partir de elementos en teoría completamente aislados (la serie de Sandman de Kirby, Infinity, Inc, House of Mistery, House of secrets) y hacerla integral ha sido varias veces imitada (estoy mirando a Robinson y su “Sandman light”, Starman) pero nunca nadie ha llegado más allá de la categoria de "derivativo".
Es imposible leer The Doll’s house sin leer este número  pero también es posible leerlo solo, especialmente si uno ya viene de leer Infinity, inc. Este fue, de hecho, mi primer acercamiento a Sandman, allá lejos y hace tiempo. 


Contexto posterior:
The Doll’s house le dio a Sandman es status que hoy le conocemos, y fue lo que convenció a DC de lanzar Vertigo. Sandman toda está considerada una de las mejores series de todos los tiempos, y Gaiman uno de los mejores escritores de ficción fantástica en cualquier medio. El ‘artista invitado’ en este número era un jovencito Chris Bachalo, irreconocible aun, que volvería a la serie para el tramo final de The Kindly Ones (donde las consecuencias de este numero toman todo su peso) y poco tiempo después seria una super estrella dibujando a los X-Men.  

viernes, 26 de julio de 2013

Clásicos para mi: Green Lantern:Mosaic (1992)

Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Como en todo, las tendencias en los comics son cíclicas: mientras que se cree que el el “boom Green Lantern” empezó con Geoff Johns hace unos pocos años, hace 20 estábamos en el medio de otro boom del (los) personaje(s). Un poco producto de la serie Emerald Dawn que revitalizó a Hal Jordan, y otro por la popularidad del Green Lantern Guy Gardner en JLI. Se decidió lanzar un título donde los tres GLs alternarían protagonismo, que no fue más que un “piloto” para tres series individuales: Green Lantern (con Hal), Guy Gardner y Green Lantern: Mosaic con John Stewart como protagonista. El personaje de John venía seriamente dañado a causa de la mini serie Cosmic Odissey que básicamente lo había transformado en un genocida por negligencia. 

Green Lantern: Mosaic (1992):
Existen los clásicos, existen los “Clásicos para mi” y existen las series de culto. Pongámonos de acuerdo que Mosaic probablemente caiga en esta tercera categoría. 
Gerard Jones, el guionista inicial de estas series sobre los GLs, sabía muy bien que era insostenible tener 3 series con Linternas como protagonistas que fueran títulos de superhéroes standard. Decidió que Green Lantern fuera ese título, Guy Gardner sería mas accion/comedia y Mosaic... Mosaic sería un experimento.
La premisa era que en Oa, el planeta de los Guardianes del Universo, conviven ciudades de diferentes planetas, con los conflictos que esto podía traer. Como “castigo” por su imprudencia en Cosmic Odissey, se le asigna a John ser el guardián de ese planeta. Pero Jones, en lugar de ir al obvio conflicto y rol de pacificador de su protagonista, usó cada ciudad como la manera de contar una historia particular, en la cual John era más un testigo que un protagonista. Esas historias además, sólo compartían un tono onírico, tratando de alejarse del antropocentrismo clásico de la ciencia ficción, y explorando conceptos tales como seres vivientes hechos de música. Además, John al darse cuenta que no es posible vigilar el solo un planeta, ‘deputiza’ a un grupo de chicos con unos anillos que se alimentan de su poder.
El tono de la serie solo puede definirse como ‘surrealista’, apoyado en el arte nada tradicional de Cully Hamner, que luego se transformaría en una superestrella por su línea libre y sus cualidades más ilustrativas que de acción, y la sensación en los primeros números es que los creativos tenían libertad total para hacer lo que quisieran (el número 3 es famoso por tomar a un personaje absurdo, el Linterna Verde ardilla Ch’p y poco ceremoniosamente matarlo aplastado por un camión en una historia nada sutilmente titulada “Roadkill”). Claro que tanta libertad en una revista que no dejaba de llamarse Green Lantern puso nervioso a más de uno, y solo duró el escaso año y medio que logró durar por la buena posición de Jones en DC en ese momento y porque las ventas eran más que saludables. Igual moderaron un poco el tono general, mientras que el publico pedia que movieran la revista a la colección Vertigo en lugar de sacrificar la extrañeza que la caracterizaba. 


Contexto posterior:
El experimento Mosaic término en el número 18, casi inmediatamente vino la polémica Emerald Twilight que nos dio a Kyle Rayner como Linterna Verde, y se retiró al personaje de John Stewart de las primeras líneas. Fue 10 años después que se decidió usarlo en la serie animada Justice League Unlimited, algunos dicen que inspirados tanto por la necesidad de diversidad racial como por la popularidad geek que Mosaic le había ganado. Esta exposición transformó a John por algunos años en el Linterna Verde más popular y conocido por fuera del mundo del comic.
Jones finalmente se cansó de la interferencia editorial en el mundo de los comics, y se transformó en un celebrado autor e historiador del medio de cuatro colores. Hamner capitalizó su popularidad creando el titulo independiente Body Bags, que hace una década intenta transformar en una película.  
Mosaic es una serie maldita que nunca fue coleccionada o reeditada por DC. 

viernes, 19 de julio de 2013

Clásicos para mi: Justice League Europe #9 (1989)

Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Si hay una serie clásica, reconocida en su momento y revalorada más aún con el paso de los años es la Justice League International de Giffen y DeMatteis. Lo que  los autores hicieron fue tan radical (básicamente, transformar al título “premier” de la DC en una sitcom poblada de segundones) que el mundo no tuvo más que detenerse y mirar. Tan popular era, que hasta le hicieron un spinoff escrito por los mismos autores, situado en Europa y con un tono un poco más “serio”. La serie nunca levantó como la original, y una de las maneras de alinearlas fue haciendo un crossover entre ambas series, llamado The Teasdale Imperative.
Como suele pasar en estos grandes eventos, hay consecuencias, y en este caso fue un ataque casi mortal sobre la persona de Power Girl. 

Justice League Europe (1989):
La narrativa de comics moderna, especialmente en lo que es manejo de revistas de grupos con grandes elencos, fue inventada tal como es, por Chris Claremont en sus largos años escribiendo a los X-Men, y modificada mínimamente desde entonces. Lo que Claremont incorporó fue la vida personal de los personajes, el teleteatro, y era su costumbre, luego de cada mega evento, dedicar por lo menos un número a analizar las consecuencias personales del mismo, y a alivianar un poco el ambiente (los X-Men jugando al softball son uno de los top 5 tropos comiqueros). Traigo esto a colación, porque este número es un poco así, un ver que pasa con la JLE luego de la Teasdale Imperative.  
La acción gira alrededor de la gravedad de las heridas de Power Girl y un dilema que es raro que no surja más seguido en los comics de super heroes: cómo se hace para operar a un personaje invulnerable. En este caso, mientras todos parecen congelados sin saber que hacer, Sue Dibny, esposa del Elongated Man y casi miembro del grupo por matrimonio, decide que la única manera de tratar a alguien invulnerable, es con otro invulnerable. Agarra el teléfono y lo llama a Superman. Lo que Sue hace es completamente lógico, aunque media liga se le tire encima, y el encanto del personaje, aparte de su proactividad, es su convicción para defender sus acciones, no importa si su interlocutor es el Captain Atom o el mismísimo Batman.
Hablando de Bats, tiene un cameo confrontando a otro miembro de la JLE, Metamorpho, con quien tiene una larga historia, y nuevamente, para hacer algo lógico: si Metamorpho estaba muerto y revivió...cómo pueden confiar en él como si nada hubiese pasado.
La tercera historia es una larga charla de aclaración de tantos entre Elongated Man y Wally West, el ya no tan nuevo Flash. Verán, Ralph (Elongated Man) era el mejor amigo de Barry Allen (el Flash anterior), y no puede dejar de ver a su compañero de equipo como un impostor o arrivista. Ese diálogo, entre lo que más allá de las chicanas son viejos amigos o casi un tío y un sobrino (Ralph lo conoce a Wally desde que tenía 10 años, después de todo), no sólo enfoca sobre un tema pendiente en la serie, sino que además está magistralmente escrito por el nuevo guionista de los diálogos de la JLE, William Messner Loebs, que como ya vimos, escribía la serie de Wally en esos años.
Loebs no era la única novedad en este número, sino también los lápices de Art Nichols, que normalmente era el entintador, sobre los lápices de Bart Sears. Sears en ese caso entinta a su compañero, y esto funciona especialmente, dado que Sears era más “extremo” y Nichols más tradicional, prestándose más al tono intimista de estas páginas.
Y de todas ellas, rescato la última página de diálogo interior de PG, recuperada gracias a su “primo”, y con sus poderes altamente reducidos, pero alegrándose de ser simplemente estar viva. 

Contexto posterior:
JLE pasó algunos años más buscando su “voz”, con DeMatteis siendo reemplazado por Loebs y luego, de manera un poco más permanente, por Gerard Jones, siempre con los plots de Giffen y el arte de Sears como constante. Este fue el comienzo de los años “poderes reducidos” de Power Girl y sus discutidísmo traje blanco y amarillo (del que soy fan), otro producto tardío de la Crisis, del que más tarde nadie se acordaría, como pasa con casi toda esta interesante, si no del todo innovadora, serie. 
Años más tarde, Sue Dibny fue innecesaria y poco dignamente asesinada, y su personaje retroactivamente ultrajado, en lo que se puede considerar el comienzo del fin del Universo DC tal como lo conocimos: Identity Crisis.  
El traje en cuestión

viernes, 12 de julio de 2013

Clásicos para mi: Infinity Inc. #26 (1986)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.


Contexto:
Uno de los encantos de DC siempre fue su larga historia. Poca gente la supo apreciar tanto como Roy Thomas. Thomas, fanático de los personajes de la “era de oro” de los comics y apoyado por el éxito de las franquicias de adolescentes como los Teen Titans o los X-Men, llevó a los personajes clásicos de DC a su consecuencia lógica: si esta gente estaba activa desde hacía tanto años, era natural que tuvieran descendencia. Así nació Infinity Inc. el grupo de “los hijos, las hijas, los protegidos de la legendaria Sociedad de la Justicia” la nueva generación de super heroes... de la “Tierra 2”. La serie, moderadamente exitosa, tendría un shock de popularidad cortesía de un nuevo y joven artista que se haría cargo de los lápices. Un tal Todd McFarlane, que tendría algo de futuro en la industria...


Infinity Inc. (1986):
La rica historia de la DC  que mencionaba más arriba fue siempre también su principal problema, y con la Crisis en Tierras Infinitas de 1985, DC pretendía hacer un borrón y cuenta nueva, deshacerse de las múltiples Tierras y de los personajes duplicados o redundantes. Las consecuencias para Infinity Inc, fueron devastadoras: al sacar de la ecuación a las versiones clásicas de personajes como la Mujer Maravilla o el Hombre Halcón, estaban dejando de existir los padres de los personajes principales. Thomas haría lo mejor que podría con esta situación, pero primero se dio un último gusto, contar una última historia con los orígenes clásicos de los personajes, situada en su infancia, unos 10 años antes de la acción de Infinity.
Así tenemos la historia de una amazona de 11 años, Lyta, hija de Diana Prince y Steve Trevor, con su incipiente romance con Hector Hall, el hijo del Hombre y la Mujer Halcón. Conocen también al petisito Albert Rothstein, que luego se transformaría en el gigante Nuklon y al rebelde Rick Tyler, hijo de Hourman. Juntos hacen las cosas que harían chicos de 11 años con superpoderes y acceso a un avión invisible, generando una penitencia de parte de sus sueperpoderosos padres y cimentando una amistad de por vida.
La historia es increíblemente tierna, como una especie de Penauts con superpoderes (es fácil ver a Al como Charlie y Lyta como Lucy), y el delirante diseño gráfico de McFarlane no hace más que apoyar el sentimiento general de diversión. Su estilo caricaturesco hace que además los personajes auténticamente parezcan tener 11 años.
El final de la historia es un contraste en amargura, con un personaje telépata “borrando” la memoria de Lyta sobre sus padres que ya no lo son ni lo serían y de esta aventura, de la misma manera que se esperaba que los lectores nos “olvidáramos” del viejo universo DC y adoptáramos al nuevo.



Contexto posterior:
Si bien la serie siguió un par de años más, la Crisis definitivamente arruinó el concepto de Infinity Inc. para siempre, aunque sus queridos personajes reaparecieran con gran regularidad durante otros 20 años, hasta que DC hizo otro borrón y cuenta nueva. Thomas nunca se recuperó tampoco del daño hecho a este universo que con tanto cuidado había construido durante años.
McFarlane, por supuesto, pasaría de DC a Marvel, redefiniendo al Hombre Araña y saltaría de allí al mega estrellato, su propia compañía, juguetes, películas y polémicas.

jueves, 4 de julio de 2013

Clásicos para mi: X-Factor 87 (1993)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.

Contexto:
Los X-Men ya eran la franquicia más popular de Marvel desde hacía una década y media, pero nunca fueron tanto un boom como en los tempranos 90. Una serie de artistas super estrella revitalizaron todos los títulos, solamente para luego con su fama y dinero fundar su propia editorial. X-Factor era un título secundario de la franquicia, y el fuerte no era el artista, sino el escritor: Peter David, que ya venía haciendo magia con su revigorización de Hulk. Tomando una página de lo que Giffen y DeMatteis habían hecho con la JLI en DC, David trajo el humor a los mutantes, con un fuerte acento en la caracterización.
Inicialmente acompañado por una de las super estrellas más fugaces, Larry Stroman, este número era el debut de un pibe que prometía, Joe Quesada. 

X-Factor 87 (1993):
De todos los números que vengo comentando en Clásicos para mi, este sea probablemente el que más se acerque a la definición universal de "clásico". No sólo por marcar la carrera de Quesada a fuego, sino además por ser la más profunda y en cierto modo definitiva, exploración de estos personajes, cuatro de los cuales, Alex, Lorna, Pietro y Maddrox, son integrales a la mitología de los X-Men de los últimos 50 años. La técnica usada por David parece sencilla: cada uno de los personajes está pasando por lo que parece una evaluación psicológica de algún tipo, sin mostrarnos quién es su interlocutor. En viñetas que duran dos o tres páginas, presenciamos el despertar de la sexualidad de Rhane, con un muy de la época, y aún así comprensible hoy, chiste sobre Ren & Stimpy. Nos metemos en la cabeza de unos de los personajes más complejos y con más historia del universo Marvel, Pietro Maximoff, Quicksilver, y de paso entendemos como nunca no solamente su psicología sino la de cualquier personaje con supervelocidad en cualquier compañía. Vemos por primera vez las secuelas que puede dejar el abuso frecuente al que se somete a algunos personajes en la persona de  Lorna. Presenciamos la definición del único personaje del que no sabíamos nada, Guido, con un "payaso que llora" que por primera vez no suena como un cliché. David además empieza una elaboración del personaje de Jaime Maddrox que continuaría por los próximos 20 años, como ningún otro autor con un sólo personaje "de compañía" por tanto tiempo. Y finalmente, en un grupo de "segundones" le hace justicia al segundón más prominente del universo X-Men, Alex Summers, Havok, cuya única seña hasta ese momento era ser "el hermano de Cyclops". Bueno, ¿qué significa para alguien ser el hermano de un ícono? David lo define en dos sencillas páginas. En la última página nos enteramos que el psicólogo era Doc Samson, con quién David ya venía trabajando en Hulk.
Un número suelto, en el momento en que leer a los X-men significaba tener que leer 6 meses de 8 revistas diferentes para entender algo, y un número suelto que no es descartable, donde se sientan precedentes que guiarían a los personajes por años. Todo además con el hermoso dibujo de Quesada, que muestra maestría para las caras y el lenguaje corporal, algo esencial en lo que es basicamente un número sin acción. 


Contexto posterior:
David seguiría poco tiempo más en X-Factor, cansado de la interferencia editorial y los crossovers innecesarios. Nadie podría continuar con su estilo (ni siquiera el mismísimo DeMatteis que escribió unos números). Quesada sería una más de las super estrellas que se irían de Marvel, sólo para regresar, esta vez como editor en jefe y supervisar una de las eras más fructíferas de la compañía desde hace más de una década. David retomaría X-Factor y a estos personajes 15 años después, para una serie mucho más larga e igualmente apreciada. 

jueves, 20 de junio de 2013

Inflexibles, inoxidables, frios: Cineastas de Acero - Sobre Man of Steel


Descargo: Este comentario contiene, por supuesto, spoilers. Empezando con el primer párrafo. Si le molesta, no lo lea.
Descargo II: Soy un lector consuetudinario de comics de DC desde hace aproximadamente 35 años. Crecí con la Mujer Maravilla en TV, vi las películas de Christopher Reeve en estreno, al igual que las Batman de Burton.
Descargo III: Así como hay “gente perro” y “gente gato” hay “gente Batman” y “gente Superman”. Se me puede contar en el segundo grupo.
Descargo IV: Divertida como me resulta The Dark Knight, como ya lo he expresado en otro lado, no me gustan las películas de Batman de Nolan porque básicamente me parece que el autor tiene un importante desprecio por el género de origen (y no me refiero a fidelidad con el material de origen, me refiero a quererse apartar de todo lo que hace que dicho género sea lo que es).

Dicho esto, les propongo un ejercicio de imaginación: en la confrontación final con el Joker, Batman saca una .45, y cual Harry el Sucio le pega un tiro en la frente. ¿Problema solucionado? Sin lugar a dudas. ¿Modus operandi de Batman? Definitivamente no.  Hasta Nolan en su desprecio hay una línea que no cruzó, porque sería hacer definitivamente OTRA película, sobre OTRO personaje.
El jueves pasado se estrenó una película bastante interesante, sobre una criatura alienígena que llega  a la tierra y pone a nuestro planeta en conflicto con algunos sobrevivientes de su planeta natal. Se desata una batalla feroz, que destruye gran parte de nuestro planeta, con víctimas que se pueden contar en los cientos de miles, que a ninguno de los alienígenas involucrados parecen importarles (salvo por una extrañamente inteligente y atractiva terrícola que tiene prioridades especiales). Finalmente, el primer alienígena debe sacrificar a su co-planetario en pos del bien común. Todo filmado en colores muy oscuros, con mucha cámara en mano, actores de carácter que por contrato tienen prohibido sonreír y diálogos donde cada frase es un refrán digno de Narosky. Igual, una película interesante y bien filmada, que muestra de manera ingeniosa y, me animo a usar la palabra maldita, realista, cuáles serían las consecuencias de criaturas con esos poderes sueltas en el mundo real. ¿Es esa una película de Superman? Definitivamente no.
Y mucho peor, ¿es esa la película que fije el “tono” para lo que va a ser la franquicia de los héroes de DC en el cine de aquí en más, a la manera que Iron Man lo hizo para el universo Marvel? Muchísimo menos.
No puedo decir que Man of Steel no me gustó. Me resultó entretenida, en líneas generales bien actuada, con algunas ideas ingeniosas, una de las mejores representaciones de superpoderes en pantalla (es la primera vez que vemos las consecuencias del poder más devastador que tienen los kryptonianos: la supervelocidad), una Lois Lane que finalmente le hace justicia a su carácter de “la mejor periodista del mundo” (pista: le toma menos de 24 horas hacer la conexión criatura alienígena-familia Kent-Superman), y una Martha Kent que logra mostrar que es lo que humanizó al bicho extraterrestre.
También es una película con diálogos improbables e increíbles, con un padre que es un fantasma que nos hace preguntarnos para que explotamos el planeta de origen si este señor es perfectamente consciente y funcional; y otro padre que más allá de proteger a su hijo toma una de las decisiones más idiotas de la historia, costándole la vida.
Es también una historia que con toda su moralina, no se toma el trabajo de mostrar las consecuencias reales de todos los desastres que de manera tan detallada nos insiste en mostrar, y que les puedo asegurar, no van a ser retomadas en la ya autorizada segunda parte. Ni las consecuencias psicológicas de la decisión moral mayor (y no me vengan con qué y cuándo pasó en el comic, ya les tiré mis credenciales de entrada, ya sé que pasó en el año 88. También conozco el AÑO ENTERO de historias que siguieron mostrando las consecuencias, incluyendo un exilio y comportamiento esquizofrénico).
Esta película carece de corazón y humor, intentándolos reemplazar con supuesta “inteligencia” y “realismo” tomados con unas pinzas como para agarrar isótopos de kryptonita radioactiva. Y cuando digo “humor” no digo “chistes”, digo “no tomarse todo tan en serio”. No quiero a Lex con peluca y una bimbo acerebrada al lado, ni a Clark Kent comportándose como Tony Stark. Me refiero a alguien en algún momento sonriendo y que no sea con lágrimas en los ojos; alguien que, ya que se sobre abusa de las imágenes religiosas, tenga un momento de revelación, de iluminación, de goce, de alegría que no sea por “uff, menos mal que sobrevivimos a esto”.
Puedo bancar mucho de esta película, mucho más de lo que creía cuando leí por primera vez que Snyder, Nolan y el ladrón de gallinas Goyer iban a ser los responsables de hacerla. Pero no puedo aceptar el último cuarto de la película y sus implicaciones, para la película misma, para la serie de Superman que aquí se abre, y para lo que es el futuro del universo cinematográfico de DC. Y lamentablemente, no me tendría que sorprender, no es más que una extensión de todo lo que DC viene haciendo los últimos diez años, pareciera que intentando alienar a toda una generación (¿generaciones?) de fans.

Algunos comentarios al paso:
  • Excelente casting a todos los niveles. Cavill nació para hacer este personaje (si solamente lo dejaran sonreír un poco), muy bien los dos padres aunque el guion les haga hacer y decir pavadas, brillante Diane Lane como Martha Kent, el único personaje en 3 dimensiones de la película. Tengo algunos problemas con Amy Adams, nomás porque me parece que no tiene la coloratura que esperaba, pero el personaje de Lois está tan bien escrito que es perdonable.
  • Excelente idea poner como rivales iniciales a gente con el mismo nivel de poder imposible de Superman, así no hay que recurrir a recursos tontos (igual algunos hay)
  • …lo que nos hace anticipar a Lex para la peli que viene de la misma manera que anticipamos al Joker en la segunda de Nolan.
  • En algunos años nos vamos a dar cuenta de la influencia real que ha tenido Smallville en los mitos de Superman, en muchos casos, sorprendentemente, para bien.
  • Emil Hamilton, Steve Lombard, Dev-Em… leer los créditos del cast fue más divertido que mucho de la película propiamente dicha para este viejo fan.
  • Faora kicks ass. Voy a dejar para algún otro autor el comentario de género, pero suficiente con decir que es una villana, claramente mujer, con las mismas motivaciones que cualquier villano varón. No sexualizada, no kinky, no traicionando todo porque se calentó con un tipo. Bien ahí.



viernes, 14 de junio de 2013

Clásicos para mi: Hawk and Dove (1988)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados. 

Contexto:
Hawk and Dove siempre fue uno de esos conceptos que si bien suenan bien en papel, son difíciles de realizar: dos personajes en los polos opuestos del espectro "guerrero/pacifista", tal vez tenían sentido a fines de los 60 cuando los crearon. Para los 80, la solución fue matar a Dove y dejar a Hawk suelto como un hiperviolento de ultra derecha, justo lo que los años Reagan necesitaban. Pero el concepto se llamaba Hawk AND Dove, y la misión que le dieron al matrimonio de Karl y Barbara Kesel fue "creen un nuevo Dove". O en este caso, una nueva Dove. Adicionalmente: Rob Liefeld aún no era sinónimo de todo lo que está mal en el mundo del comic.

Hawk and Dove (1988) Miniseries:
Los Kesel deben ser de la gente menos apreciada en su trabajo como guionistas. Karl era uno de los entintadores líderes del comic norteamericano, y Barbara una astuta editora en compañías independientes y para DC. Con la misión antes mencionada, decidieron no solamente crear una nueva Dove, sino también un universo completo para los personajes, que incluía un refinamiento de su origen, una justificación sobre la muerte de Don Hall, el primer Dove y un variado elenco de personajes secundarios.
Esto también requería recuperar a Hawk-Hank Hall como un personaje funcional y no solo un psicótico ultra violento. Y ese es el punto de partida: el ya peligroso Hawk se cruza con alguien vestido como su hermano Don cuando era Dove... pero se trata de una chica. Su primera reacción es de furia, pero casi sin quererlo, terminan trabajando juntos, con la dinámica complementaria que alguna vez había tenido con su hermano. Los primeros números son un seguir a Hank y su razonamiento de torpe detective para decidir quién de los tres nuevos personajes femeninos son su "nueva compañera": su potencial interés amoroso Ren, la engreída Donna o la brillante Dawn (los nombres no son casuales: Donna y Dawn son versiones femeninas de Don; Ren, aparte de sonar a nombre de pájaro -Wren- es la que se comporta más sospechosamente). Finalmente el misterio se resuelve (spoiler: la nueva Dove es Dawn) y el nuevo dúo tiene que enfrentarse a una criatura MUY parecida a Hawk, Kestrel, que intenta ser el nuevo compañero basado no en las diferencias que complementan, sino en los parecidos que suman.
En el medio, todo el nuevo elenco y nuevo escenario (una ficticia universidad en Washington DC, lugar donde tradicionalmente operaron los Hall, hijos de políticos que también son parte del elenco secundario), y una serie de enredos, algunos humorísticos, y otros sentimentales (¿se supone que Dawn y Hank tienen que ser pareja? ¿O más como hermanos? ¿Y qué tiene Ren para decir de todo esto? Ah, además, en un momento de clásica torpeza Hank le hace saber a Ren que es Hawk), hacen de esta serie un gran entretenimiento, que se lee siempre con una sonrisa.
Ayuda también el encantador arte de Rob Liefeld. ¿QUE??? ¿Liefeld haciendo dibujitos lindos? Efectivamente, antes de transformarse en el destructor de anatomías y buen gusto que asociamos ahora con su nombre, Liefeld era un artista competente, ayudado además por las hábiles tintas de Kesel, que pulen los bordes más ásperos de su dibujo. Guion y arte completan una historieta muy de la época, pero no por eso menos disfrutable.

Contexto posterior:
El éxito de la mini hizo que les dieran una serie regular a los Kesel para los personajes, ya sin Liefeld. Las historias competentes pero sin demasiado brillo, y una serie de artistas genéricos, hicieron que solo durara dos años, finalizando en una de las historias más traídas de los pelos de la época, enganchada con el evento Armaggedon 2001. Tomaría 20 años arreglar ese desastre y para cuando lo hicieron, con Hawk and Dove como  miembros de los Birds of Prey, todo el universo DC fue relanzado.
Liefeld, por supuesto, se transformó en uno de los creadores más populares de los años 90, fundó Image comics, y bajó el estandar de lo que se necesitaba para ser considerado una súper estrella. 
Debido a la popularidad de Liefeld, la serie se editó varias veces en tomo de tapa blanda y se consigue facilmente. No se confundan con la espantosa version 2012, también del amigo Rob, ya sin ningún encanto. 

viernes, 7 de junio de 2013

Clásicos para mi: Legion of Super Heroes v4 #12 (1990)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados. 

Contexto:
Pocas cosas son más polarizantes que esta serie de la Legion, también conocida como la "Legion Giffen" o la "Legion 5 años después". Sencillamente se la ama por su complejidad y guiños para el fan, o se la odia por destruir el concepto de la Legion como "futuro brillante" reemplazándolo con una distopía que destruyó la integridad de los personajes.
Transcuyendo "5 años después" de la última historia publicada, muestra a un planeta Tierra colonizado por la raza alienígena de los Dominators, la Legion desbandada, personajes clave muertos o mutilados, otros que traicionaron a sus ideales y otros que simplemente se rindieron. Algunos de ellos no se olvidaron de que se trataba, y estos primeros doce números son un recorrido (con algunas DISCUTIDISIMAS interrupciones debido a mandato editorial) sobre este proceso de reformación.

Legion of Super Heroes v4 #12 (1990 ):
Una de las complejidades de esta serie es como leerla: se puede considerar una larga historia de 39 números, como un montón de historias aisladas,algunas de las cuales apenas guardan relación unas con otras, o como una serie de sagas más cortas que finalmente arman un mosaico mayor.
De un modo u otro, el número 12 completa la idea iniciada en el número 1, pasando de "no hay más Legion", a "tenemos Legion nuevamente". Como en tantas otras locuras narrativas que Giffen y compañía estaban probando (esta serie es definitivamente prueba y error, con especial acento en el error), luego de un breve diálogo entre personajes donde se dan cuenta que, efectivamente, la Legion está de vuelta, sigue esta página, como diciendo, casi un año después de publicarse el número 1 de una serie llamada "Legion of Super Heroes", "aquí es donde comienza la legión nuevamente".

Página a página se van inventariando los statuses de los diversos personajes, desde los heridos a los desplazados en el tiempo, los presumidos muertos y los que están listos para volver a salir a pelear. El foco es en los veteranos, pero también en personajes que parecen aparecer de la nada como Kono, Devlin, Kent o Celeste (que es casi la protagonista de la historia, adquiriendo lo que parece un nuevo poder... que no se aclararía en por lo menos 4 años). También está la confirmación sobre la relación entre Furball y Brin Londo (pista: son la misma persona), la cacería del clásico villano Roxxas y un ataque en el planeta Quarantine, donde aparecen más personajes de los cuales hasta ese momento no sabíamos nada.
Como con toda la serie, el secreto está en relajarse y gozar, no pretender entender todo en la primer sentada, ir saboreando de a poco lo que pasa. En segunda, tercera, DECIMA leída, van apareciendo cosas. Leer una historia clásica del año 69 nos hace entender quien es otra persona, ver una película de ciencia ficción otro día nos hace entender una línea narrativa, poner Watchmen lado a lado nos hace ver dónde Giffen homenajea y donde va en otra dirección. Una vez que se empieza, desde el número 1 o desde este número 12, se los garantizo, no lo van a poder soltar. Y si se quedan con la sensación de que esto no es una historia orgánica, completa... déjenme decirles que 23 años después sigo tratando de entender hacia dónde va todo, y que no está en mis planes abandonar la tarea en el futuro cercano.


Contexto posterior:
La legión siempre tuvo lectores fieles, pero el ruido de fondo con la serie era intenso y alguien se debe haber puesto nervioso, por lo que un par de números después intentaron contar una historia más tradicional, con otro dibujante. Nadie quedó satisfecho y se le permitió a Giffen terminar de contar su polémica historia del modo que quería. Unos años más tarde hubo un intento de tomar los cimientos de esta historia y transformar a la nueva realidad en un título de super heroes típico de los tempranos noventa, pero no dejaba satisfechos ni a los fans de la serie tal como estaba ni a los que pretendían un cambio total. Esto llevó al primero de varios (muchos) relanzamientos de la serie, que nunca volvería a ser la misma, salvo por aislados momentos de brillantez. 

Un dato personal:
Aparte de ser mi etapa favorita de mi serie favorita a cargo de mi creador favorito (Giffen), este número lo compré directamente de la estantería de una comiquería de paseo por New York en 1990, por lo que le tengo un cariño especial. 

viernes, 31 de mayo de 2013

Clásicos para mi: Black Canary - Oracle: Birds of prey (1996)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados. 

Contexto:
Hoy en dia hablar de Birds of prey automáticamente significa pensar en un grupo de superheroes, mayormente integrado por mujeres,  algunas de ellas fácilmente asociables con la bati-familia de personajes. Pero en 1996 era impensable y Chuck Dixon se atrevió a uno de los tabúes de los comics de super héroes: protagonistas mujeres. Luego de ser paralizada por el Joker en The Killing Joke, Barbara Gordon fue reinventada por John Ostrander y Kim Yale como Oracle en las páginas de Suicide Squad y los títulos de Batman, haciéndola más popular de lo que nunca había sido como Batgirl. Canario Negro fue un personaje que siempre sufrió por ser un accesorio de Green Arrow, y fue este especial el que la devolvió al top 5 de los personajes femeninos de DC.

Black Canary - Oracle: Birds of prey (1996)
La popularidad del personaje de Oracle debe haber tomado a toda DC por sorpresa: un personaje femenino, no sexualizado, de imposible acción dado a su parálisis. Sin embargo, Ostrander, Yale y Dixon la hicieron irresistible y, nunca dispuestos a dejar pasar una oportunidad, los cráneos de DC querían darle un título propio. Lo natural era que liderara algún tipo de equipo, pero el Suicide Squad ya era historia y nadie iba a aceptar que mandoneara a Robin o Nightwing (para eso está Bats, después de todo). Barbara debe haber pensado lo mismo, y entonces al necesitar un "agente de campo" recurre a una colega que estaba en las malas: Black Canary. Alguna vez fundadora de la Justice League, ahora estaba en bancarrota y había cortado amarras con todos sus novios/amigos/colegas. Oracle, que todo lo sabe, le ofrece un dinero, una misión, un objetivo, y sin nada que perder, Dinah acepta.
Lo primero que hace es tirar por la borda las dos complicaciones más absurdas de su personaje: las medias de red y la peluca rubia, optando por la solución obvia de una buena tintura. Aprovechando sus más visibles características (Dinah es un minón, después de todo), Babs la manda a seducir a un dudoso inversionista/traficante de armas y el resto es una historia más de espías que de super héroes, donde las artes marciales y el trabajo de detectives son más importantes que los super poderes. Agreguemos un poco de Lady Shiva, encantador arte de Gary Frank, en su estilo dinámico de la época de Hulk, no creepy de su época de Superman, y una sólida caracterización tanto para Dinah como para Barbara (Dinah es arriesgada, lanzada hasta el punto de la imprudencia, curiosa, con mucha calle. Barbara es organizada, prudente y siente gran culpa por poner a otra gente en peligro por cosas que considera que tendría que estar haciendo ella misma), cada una de un lado de un auricular, y sin embargo, con una intimidad pocas veces vista en las historietas mainstream. La fórmula es super entretenida, y deja con ganas de más, mucho más. Ninguno de los dos personajes volvería a ser igual, y todo empieza acá.


Contexto posterior:
El especial fue seguido por otros similares y una mini serie, hasta que le dieron una serie propia que duró diez años, primero escrita por Dixon y luego hecha propia por Gail Simone. También hubo un extraño y ligeramente espantoso programa de televisión basado MUY libremente en el concepto, que lo único que aportaría sería el agregado de The Huntress al equipo de la historieta. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Clásicos para mi: Flash #24 (1989)


Cuando se habla de comics 'clásicos' siempre se termina hablando de los mismos 5 o 6 títulos, indiscutibles, pero tan vaca sagrada que le saca cualquier diversión a la crítica o a tomarlos a nivel superficial: piensen en decir "que divertido" de Watchen en lugar de comenzar una disertación de media hora sobre deconstrucción...
Pero todos tenemos nuestros propios clásicos, ese número, esa serie, esa saga que nos hace sonreír, que nos parece infinitamente entretenida, que nos emociona, que nos parece que tiene un arte encantador, o que define un personaje. Nadie va a hacer una película al respecto, pero si nos ponen a elegir, son esos comics que nos llevaríamos a una isla desierta.
Asi que esta nueva sección "Clásicos para mi" viene a intentar llenar ese espacio, y en la medida que tenga tiempo voy a ir rescatando cosas de aquí y de allá.
Elegí para empezar Flash (segunda serie) 24, publicado en 1989. En cada caso voy a tratar de dar un poco de contexto y y por que califica como "Clásico para mi".

Contexto
Los mediados de los 80 fueron un momento de esplendor para DC Comics. Sumado al éxito crítico y comercial de Watchmen y The Dark Knight Returns, luego de la mega saga Crisis on infinite Earths, todos los títulos estaban revitalizados. Parte del secreto era traer creadores no asociados normalmente con lo superheroes, con los personajes en los que trabajaban o con DC.
Luego de la muerte de Barry Allen en Crisis, Wally West era el nuevo Flash y habia estado apareciendo en varias series hasta que le dieron la suya propia, a cargo de Mike Baron, que venía de escribir comics independientes con cierto filo, como Nexus y Badger. Baron le dio una caracterización polémica a Wally: mujeriego, materialista, impulsivo, oprimido por la sombra de su tío, predecesor, mentor, amigo y casi única familia, Barry Allen. También, como se hizo con otros personajes, se recortaron en gran medida los superpoderes de "casi Dios" a " bastante poderoso". En un giro extraño, Wally en el primer número de la serie ganaba 6 millones de dolares en la lotería, así que era basicamente un boludo insoportable con plata y superpoderes.
Baron se fue luego del primer año y el heredero de la serie fue William Messner-Loebs. Messner Loebs tomó lo que plantó Baron, pero humanizó un poco a Wally a traves de un nutrido elenco secundario, sacarle el dinero, y en una movida que ya venia planteando con intermitencias, luego de la serie Invasion! directamente le sacó los poderes.

Flash #24:
El número 24 de cualquier serie mensual es el segundo aniversario y se lo suele ignorar, prefiriendo al 25, porque suena más a aniversario de plata, supongo. El detalle no se le pasó por alto a Messner-Loebs, y lo que hace es tranquilamente revisar, al tiempo que deshace, lo que pasó los dos años anteriores, y abriendo el juego para los que siguen (seguiría escribiendo el título tres años más). El foco no es en Wally: es en Tina y Jerry McGee, ex novia y ex archienemigo de Wally, ambos científicos y ahora amigos trabajando para devolverle sus poderes. Aparte de intentar recrear el experimento que se los dio originalmente, Tina hace un trabajo de detective sobre esos poderes, yendo a los contactos de gente con algún tipo de super velocidad, hablando primero con Lois Lane (Greg LaRoque, el dibujante de este número, es famoso por dibujar mujeres bellísimas, y tanto Lois como la un poco más madura Tina pocas veces estuvieron tan favorecidas). Lois aporta un poco de sentido común que a Tina le está faltando por "tratar con tipos que tienen los poderes de dioses". Luego habla con Joan Garrick, la viuda del primer Flash, Jay Garrick, en su primera aparición post Crisis (muchas puertas se abrirían después a causa de esto, no es casual la importancia de Flash en las historias-puente con la edad de oro). Tanto Lois como Joan ponen en palabras lo evidente: no hay principio de lógica ni de física que explique razonablemente estos poderes, ni por qué Wally tiene siempre tanto hambre (la teoría de la caldera quema calorías se despacha en dos viñetas), ni como Barry podía hacer para vibrar cada molécula de su cuerpo por separado. "Barry era más que humano" piensa Tina, plantando una semilla que Mark Waid retomaría muchos años después. 
Barry era más que un hombre común para Wally también, que sigue viviendo a su sombra y un poco de psicología barata interpreta como complejo de inferioridad ante alguien que era, en apariencia, perfecto.
Toda esta explicación nos habla de Barry, de Wally, de la super velocidad, sin nunca ser expositiva: todo es integral; los diálogos son realistas y cálidos.
Antes del experimento, Wally ve a su amigo Chunk, a su nuevo "mentor" Mason y su madre, Mary West, que se estaba transformando en uno de los personajes clave de la serie. En todos los casos, a pesar de mantener la buena cara, está claro que se está despidiendo en caso que salga todo mal.
Y luego viene el experimento, en apariencia, exitoso. "Hacé algo rápido" le pide Jerry, y Wally se pone su icónico traje rojo antes de que puedan pestañar. Todos festejan. Ahora, la verdadera prueba, correr de Nueva York a California. Wally habla de horas, minutos... cuando hasta hace unos años hubiese hablado de segundos. Preparados, listos... y desastre. La carrera de Wally destrozó medio NY y no hay ni rastros de que pudo pasar con él. Continuará.
Pero...¿entonces estás comentando toda la saga? No. Flash 24 funciona solo. Si se quieren leer los números que siguen (y el gancho está) se puede hacerlo, pero se entiende así, claro, en 22 páginas. Concisas, sin pretensiones, cálidas, con sentido del humor, construyendo una historia más grande desde la sencillez.

Contexto posterior:
Es una historia muy criticada, Wally no vuelve a aparece por varios números, y el foco es en Tina, Jerry y Mason. Finalmente, Wally, con sus poderes al 100%, está de vuelta. A los pocos números, Messner-Loebs presenta a quien sería un personaje clave por los próximos 20 años: Linda Park, la futura señora West. Mucho de lo bueno que hizo Waid en este título, con mucha más repercusión, tiene sus bases aquí.
Esta es una serie poco popular, nadie la busca, así que se consigue barata, denle una chance. 


martes, 7 de mayo de 2013

Mis problemas con Iron Man 3


No iba a hacer el comentario de esta película, no por cómo ironicé por ahí “si no tienes nada bueno que decir, no digas nada”, si no porque en general me abstengo de hacer comentarios de películas que no me interesan 100%. En general, o me interesaban y me decepcionaron o no me interesaban y me sorprendieron. Pero bueno, mis fans lo pidieron,  aquí está.
Van entonces algunos descargos primero:
  1. nunca fui seguidor de Marvel en general, y de todos los personajes de Marvel, pocos me ha interesado tan poco a lo largo de los años como Iron Man
  2. tampoco me han interesado demasiado las películas de Iron Man. La primera la vi a los premios en una copia trucha en casa, la segunda fui al cine cuando pintó, ésta, un poco  llevado por The Avengers y otro poco para hacer una salida con amigos, la vi casi en el estreno
  3. uno de los motivos porque estas películas no me interesan demasiado es porque soy inmune a los encantos de Robert Downey Jr, y es más, me parece que el hacer más de esa caricatura amplificada de si mismo cada película que pasa me hace que me caiga MENOS bien cada vez. No tengo espacio en mi vida para cheroncas. 
  4. me gustó mucho The Avengers por motivos que son externos a Iron Man y RDJ.

Mis problemas con la película, dicho todo esto, poco tienen que ver con el nivel de espectáculo, con la consistencia dentro de la saga, con la mejora o no con respecto a lo que todos consideran que fue una floja parte 2, con si el 3D está bien o mal utilizado o si Gwyneth es o no la mujer más bella del mundo (?). Mis problemas con Iron Man 3 son uno de guión/realización y otro conceptual.
No tengo gran aprecio por las películas de acción, de ninguna época. He visto muchas, algunas me caen mejor que otras, pero hay algo en lo que soy consistente: NO PONGAN NIÑOS EN LAS PELICULAS DE ACCION. No cumplen ninguna función más que “ser encantadores”, “ser rehenes” o sencillamente infantilizar una premisa para hacerla lo más multitarget posible. Así que, empezamos mal desde el momento que Tony se hace de un “encantador amiguito”. Shane Black, navidad, niños, blahblahblah... NO ME IMPORTA. NO. NIÑOS.
Ahora, ya está, clavaron pendejo... que por favor no sea un “niño mágico”. Un “ser de luz”, “mejor que nosotros”, “que le muestra el camino al héroe”. Esta mierda del niño interior Spielberg hace 35 años que la quiere hacer digerir y me parece insoportable. Ahora, si encima el “niño mágico” mágicamente “cura” un desorden psicopatológico (no inventado, ya que estamos, ya que desde la sintomatología al desencadenante está comprobado que alguien agarró un DSM cuando escribió el guión). No, un stress post traumático con episodios de pánico no se cura con un “construye algo”. Ya bastante trivializaron a la enfermedad mental en Silver Linings Playbook, ¿ahora esto también?. Pero bueh, para el final de la película es sólo una cosa más que “curaron”. Como me decía un amigo, menos mal que los X-men están en otro estudio de cine, porque se distraen y Tony los cura a todos de sus mutaciones...
Mi segundo problema es un poco más nerd, si se quiere, y como oportunamente comenté sobre El Hombre Araña, tiene que ver con realizadores a los que no les interesa en lo más mínimo el material con el que están trabajando. Digamos, el punto de Iron Man es Tony Stark en una armadura. El problema de salud de Tony es la excusa para que sea Tony, en su armadura. Claro que hay libertades del tipo War Machine/Iron Patrior/Iron Monger, pero la idea es: un hombre, una armadura, un motivo por el cual ESE hombre en ESA armadura. Si no... ¿qué impide un ejercito de Iron Men? Digamos que un tema ético de Tony y Pepper. Pero si sacamos a Tony de la armadura, y la armadura...LAS ARMADURAS pueden funcionar solas, lo que tenemos es un montón de robots, y eso no es Iron Man, en es en todo caso Transformers. Es diluir innecesariamente el concepto original. Me extraña del cuidadoso Kevin Fiegue, y si me vas a tirar robots, por lo menos presentá a The Vision y dejame con ganas de Avengers 2...
Y cómo verán, ni me metí con el tema del Mandarín. Si no fuera por el a) estaría furioso, supongo. En esta ocasión, no estaba tan comprometido con el material original como para que me importe. 

lunes, 4 de febrero de 2013

Sin vergüenza: Escuche sin prejuicios, volumen XXVII



La verdadera prehistoria de este blog no fueron colaboraciones varias que hice en blogs de amigos, ni siquiera mi festejada participación en la ya mítica La Chancleta (no intenten con el link, este maravilloso producto noventero ya no existe, solo en el espíritu de su ideóloga Lady Ryk y el mío). No, el verdadero origen de mi versión opinionada por escrito fue una nota que escribí hace unos… 25 años, en mi tierna adolescencia, a mano alzada en papel cuadriculado de algún cuaderno de la facultad.
La nota se llamaba “Hasta la vista prejuicios” y fue leída por un selecto grupete de amigos, que me alegra decir, siguen siendo en alguna capacidad, parte de mi círculo amistoso.
Historia al margen, lo que me recordó esta nota fue su contenido, una especie de racconto personal de cómo había pasado de detestar ciertos tipos de música a hacerme fan de los mismos. Y pensé en esto porque aún hoy en día me encuentro con gente que tiene gustos “vergonzantes”, que disfruta de cierto tipo de música, películas, programas de TV a escondidas, porque “no queda bien” o “como voy a admitir que me gusta eso”. El tema es, el gusto, si bien se puede educar, tiene también algo similar a lo que nos pasa con la atracción sexual: tenemos poco control sobre lo que nos gusta o nos deja de gustar, siempre sobredeterminado por tantos factores separados que lo máximo que podemos hacer es controlar una de todas esas infinitas variables.
“Hasta la vista prejuicios” jugaba no con la referencia pop culture de Arnold, si no con la de Jody Watley y su clásico Looking for a new love. Hoy en día es fácil admirar esta pieza de pop funk que de hecho la puso a la Watley en el mapa, con sus reminiscencias Prince de pedigree auténtico, vía la producción de André Cymone. Pero en ese momento, en mi círculo, sencillamente, no. Todos anglófilos y para qué negarlo, bastante musicalmente racistas, no nos permitíamos nada de música negra contemporánea, en gran parte cansados de Michael Jackson y la gran “domingodinubileada” a la que habíamos sido sometidos. Así que Prince, no. Hasta teníamos el tupé de reírnos del falsete de Kiss, y manteníamos una informada ignorancia sobre las apropiaciones blancas que de este estilo se estaban haciendo (discos de Madonna y Duran Duran principalmente, en ambos casos con abundante producción de gente como Nile Rogers o Stephen Bray, de quienes como estaban detrás de la cámara, no prestábamos atención a sus orígenes).
Pero hubo algo en Looking for a new love, su int
érprete y su video que sacudió esta barrera,  y una vez que la barrera se cae... Si se disfrutaba de esa canción y el magnífico álbum que la contenía, seguir negando a Prince era solo necedad. Y que suerte, porque estaba justo al salir Sign o’ the times, y haberse perdido uno de los mejores 10 discos de los ochenta por esta boludez, realmente no calificaba.
Y más fuerte aún, admitir a Prince y Cymone significaba no poder negarse a Jam & Lewis, y con ellos llegaba Janet Jackson, cuyo peor pecado solo era la portación de apellido.
El cambio no fue de un día para el otro: podían gustarme ciertas cosas, pero no estaba listo para admitirlo públicamente (cualquier similitud con otros aspectos de mi persona, seguramente no son ninguna coincidencia). Al punto que en aquella era pre youtube, y más aún, pre MTV, cuando grabábamos los video clips de Música Total moviendo la antena para agarrar canal 2, tenía una cinta separada para los videos vergonzantes.
En algún momento, un ataque de madurez me hizo darme cuenta de esta salvaje pavada, y a partir de ahí pase a relajarme. Fue en esta época que salí de otro closet, el de los comics, en épocas cuando que a uno le gustaran las “historietas” era visto como un infantilismo impresentable (esa historia ya la conté en otro lugar).
Admitir gustos, también implicaba admitir disgustos, que también pueden condenar al ostracismo: admitir que a uno no le gusta el rock, o que Morrissey nos cae como el orto; y que con el tiempo, ayudado por la capacidad argumentativa que me es característica y el medir dos metros, pude salir a ponerle el pecho a todos estos gustos desviados.
Hoy en día no hay más que leer este blog para saber que soy capaz de defender las más impopulares opiniones (o para horror de mis lectores hipsters, las MAS populares opiniones, rompiendo algún tipo de tabú de coolness). Mucho de esto tiene que ver con la edad claro, con haber derribado más closets de los que una sola persona puede tener, y haber decidido ser militante de sus contenidos (los del closet, se entiende).
¡Entonces, liberémonos! ¿Esa canción de Sonia te hace mover la patita? Escuchala. ¿Te morís con las telenovelas venezolanas? Bueno, adelante. ¿las películas coreanas te aburren hasta las lágrimas? ¡No las veas! ¿te calienta ese sex symbol popular que tus amigos consideran “un grasa”? Bueno, ellos se lo pierden. Y el dia que tus compañeros de oficina insisten en quemarse el sueldo en sushi, comete una milanga grasosa de la fonda de la vuelta sin ninguna culpa.
Yo por mi lado, 25 años después sigo queriendo a la Watley como el día que la descubrí, y muchas cosas que en esa época consumía porque eran “lo que había que escuchar” (o ver, o disfrutar) han quedado en el lejano olvido.

A los fines de preservación histórica, me he tomado la libertad de postear, sin ninguna edición, al original que refiero más arriba, gracias a las maravillas de la tecnología, como si Blogger hubiese existido en los ochenta. Pueden leerlo aqui, sean buenos conmigo, era joven e inexperto.