viernes, 12 de julio de 2013

Clásicos para mi: Infinity Inc. #26 (1986)


Clásicos para mi es una sección que busca rescatar aquellos comics que pueden no tener el consenso universal, pero que para uno merecen ser destacados.


Contexto:
Uno de los encantos de DC siempre fue su larga historia. Poca gente la supo apreciar tanto como Roy Thomas. Thomas, fanático de los personajes de la “era de oro” de los comics y apoyado por el éxito de las franquicias de adolescentes como los Teen Titans o los X-Men, llevó a los personajes clásicos de DC a su consecuencia lógica: si esta gente estaba activa desde hacía tanto años, era natural que tuvieran descendencia. Así nació Infinity Inc. el grupo de “los hijos, las hijas, los protegidos de la legendaria Sociedad de la Justicia” la nueva generación de super heroes... de la “Tierra 2”. La serie, moderadamente exitosa, tendría un shock de popularidad cortesía de un nuevo y joven artista que se haría cargo de los lápices. Un tal Todd McFarlane, que tendría algo de futuro en la industria...


Infinity Inc. (1986):
La rica historia de la DC  que mencionaba más arriba fue siempre también su principal problema, y con la Crisis en Tierras Infinitas de 1985, DC pretendía hacer un borrón y cuenta nueva, deshacerse de las múltiples Tierras y de los personajes duplicados o redundantes. Las consecuencias para Infinity Inc, fueron devastadoras: al sacar de la ecuación a las versiones clásicas de personajes como la Mujer Maravilla o el Hombre Halcón, estaban dejando de existir los padres de los personajes principales. Thomas haría lo mejor que podría con esta situación, pero primero se dio un último gusto, contar una última historia con los orígenes clásicos de los personajes, situada en su infancia, unos 10 años antes de la acción de Infinity.
Así tenemos la historia de una amazona de 11 años, Lyta, hija de Diana Prince y Steve Trevor, con su incipiente romance con Hector Hall, el hijo del Hombre y la Mujer Halcón. Conocen también al petisito Albert Rothstein, que luego se transformaría en el gigante Nuklon y al rebelde Rick Tyler, hijo de Hourman. Juntos hacen las cosas que harían chicos de 11 años con superpoderes y acceso a un avión invisible, generando una penitencia de parte de sus sueperpoderosos padres y cimentando una amistad de por vida.
La historia es increíblemente tierna, como una especie de Penauts con superpoderes (es fácil ver a Al como Charlie y Lyta como Lucy), y el delirante diseño gráfico de McFarlane no hace más que apoyar el sentimiento general de diversión. Su estilo caricaturesco hace que además los personajes auténticamente parezcan tener 11 años.
El final de la historia es un contraste en amargura, con un personaje telépata “borrando” la memoria de Lyta sobre sus padres que ya no lo son ni lo serían y de esta aventura, de la misma manera que se esperaba que los lectores nos “olvidáramos” del viejo universo DC y adoptáramos al nuevo.


Contexto posterior:
Si bien la serie siguió un par de años más, la Crisis definitivamente arruinó el concepto de Infinity Inc. para siempre, aunque sus queridos personajes reaparecieran con gran regularidad durante otros 20 años, hasta que DC hizo otro borrón y cuenta nueva. Thomas nunca se recuperó tampoco del daño hecho a este universo que con tanto cuidado había construido durante años.
McFarlane, por supuesto, pasaría de DC a Marvel, redefiniendo al Hombre Araña y saltaría de allí al mega estrellato, su propia compañía, juguetes, películas y polémicas.

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