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lunes, 18 de mayo de 2015

Comentario: Mad Men 7x14 - Person to Person

“I thought about this more than you have” 

Don Draper hace dos llamadas de “Persona a persona” en el transcurso del episodio (probablemente tres si contamos la de Sally, pero perdonen la licencia, dos que son anunciadas como tales). En una el mensaje que recibe de Betty es categórico: no vuelvas, la vida sigue sin vos, como siempre. En la otra el mensaje de Peggy es más vago y menos convincente: volvé, la vida sigue y va a ser como si no te hubieses ido.
¿Se quedó Don/Dick/Quiensea en su burbuja new age, con una nueva personalidad Iluminada? ¿O volvió y escribió, o al menos colaboró con, la campaña publicitaria más famosa de todos los tiempos?
Esa es la pregunta que nos deja Mad Men (aunque de anoche a cuando estoy escribiendo esto, ahora todos son convencidos que Don efectivamente volvió y es por lo menos parcialmente responsable por la idea. En lo personal, no estoy tan seguro, parte de mi razonamiento más abajo), una pregunta con pedigree Sopranos, y que si bien transforma a este episodio en un conversation starter automático para el futuro inmediato, era totalmente innecesaria. La delicadeza del plotting de esta serie de episodios fue tal que la serie podría haber terminado en cualquier momento de los últimos 3 o 4 episodios (o aun en los dos últimos de la primera mitad que se emitió el año pasado), o en varios momentos separados de este mismo. En ese sentido, preguntas al margen, este fue un final más que satisfactorio.
La semana pasada me hacía una pregunta sobre las motivaciones de Don, pregunta que sigue sin responderse, y como he visto comentado por ahí va a depender más que de la palabra de San Weiner del punto de vista de quien lo interprete: el cínico o el optimista. El que cree en el cambio o el que cree que todo sigue igual. O me animo a decir, ninguno de ambos, porque ninguno de los “finales” para estos personajes (salvo el de Betty supongo, que conocemos pero no vimos aun) son los finales para siempre. Don puede haberse quedado con los hippies y haber vuelto tiempo después, o haber vuelto con su idea de comprarle una Coca Cola a todo el mundo y luego haberse perdido con los hippies, en Studio 54 o donde sea. Lo mismo para Peggy, Joan o Roger. La vida no es prolija con principios y finales, y la suerte de cualquiera puede cambiar de un momento a otro.
Lo cierto es que Don toca fondo (otra vez, y en este sentido me gana el cinismo) y accidentalmente parece encontrar cierta paz. O por lo menos una sonrisa pacifica, que puede interpretarse como un momento “aha!” a la vista de los segundos finales del episodio. Hay algo hipócrita en la empatía que Don siente por ese desconocido que no se siente amado, porque salvo de niño (y a través de flashbacks muy del estilo “mis histéricas me mienten” que tenemos que tomar con pinzas), el problema de Don jamás fue ser ignorado o pasar desapercibido. Pero lo cierto es que ese momento detiene su caída, por lo menos hasta donde llegamos a ver.

Ante tanta ambigüedad, Weiner de todas maneras nos tenía que tirar un hueso. O varios, en realidad, en la que realmente es la parte más discutible del episodio. ¿Qué tan fuera de registro fueron los pseudo “finales felices” y el montaje final previo al momento Es Sentir de Verdad?
Agregando mi propia cuota de ambigüedad, diría que fueron ligeramente fuera de registro. Definitivamente el momento de Peggy y Stan fue un guiño a los fans, no solo a los que hinchaban por esa relación, sino todos los que pedían algún tipo de alegría para Peggy. En ese sentido, me parece que hay otras señales más claras de alegrías para el personaje, desde el reconocimiento que le da Pete (en otro momento “tirar un hueso”), a cómo pone en su lugar a la mina de McCann protegiendo a sus cuentas. Y claro, su decisión de quedarse haciendo lo que sabe hacer tan bien y con un objetivo tan determinado (pero antes de 1980, por favor) antes que sucumbir al canto de la(s) sirena(s).
Porque nuestra curvilínea sirena no es otra que Joan, que gracias a las interacciones con tres hombres (un inesperado Ken, y Roger y Richard, por supuesto) decide tomar el toro por las astas en SU negocio, y en un guiño lindo pero no del todo consistente con lo que sabemos de los personajes, tal vez el negocio de Peggy (un hueso más). No vemos el momento en que Peggy le informa a Joan de su decisión, pero la productora Holloway-Harris no parece sufrir por su ausencia. Vamos por un “afortunada en los negocios, desafortunada en el amor” para Joanie.
Y si bien una reconciliación sentimental con Roger hubiese sido escandalosa, la reconciliación amistosa/paternal/de negocios que tienen es más que satisfactoria, y en este caso si completamente coherente con lo que sabemos de ellos. Y Roger tiene un “final feliz” que ameritaría un spinoff propio, porque ¿Qué tan tranquilo va a estar con lo brava que es Marie?
Lo cierto es que el montaje final con los momentos de ‘alegría’ de estos personajes (y el de absoluta tristeza de Betty y Sally, a quien entiendo y aplaudo lo que está haciendo pero me hace dudar sobre su futuro) se sintió un poco… forzado, especialmente porque en todos los casos ya sabíamos que iban a hacer lo que nos muestran, no necesitamos verlo salvo para que se sienta “final”. Pero esto es un detalle: 30 segundos en 92 horas de serie, una nada. Aun si tomamos estos 60 minutos finales, un detallecito que de ninguna manera empaña la inmensidad de la obra y de este cierre.

Algunas observaciones al paso:

  • No tengo lugar para comentar todo lo que pasa, pero la llamada que refiero más arriba entre Sally y Don y la devastadora que sigue entre Don y Betty son el mejor ejemplo de mujeres Draper poniéndolo en su lugar.
  • Parte del motivo del que no estoy tan seguro de la relación Don-Coca Cola es porque a menos que haya un cambio radical de management, y a pesar de lo que dice Peggy, Jim Hobart JAMAS lo dejaría volver a la agencia.
  • Los argumentos de Don de “no vas a creer cuanto esto no sucedió” no parecen tener el mismo efecto en Stephanie que en Peggy.
  • Otro de los huesos que Weiner le tiró a los fans fue que, en un episodio lleno de reapariciones y alusiones, no hubo ni un minuto de Megan en pantalla. 
    • Probablemente el personaje más detestado de la serie no amerita más que risas de los protagonistas a la mención de su nombre.
  • Las tres mujeres de Don presentes aunque sea con surrogados: Anna a través de Stephanie y su casa; Betty, por supuesto; y Megan a través de Marie.
  • Otro guiño a los espectadores es como Joan define pragmáticamente a su ex.
  • Un saludo a la MVP de esta temporada, Meredith.
  • Quienes fueron los protagonistas de estos episodios (fíjense el rol de Ken desde Severance en adelante), los invitados (Stephanie en la primer mitad de latemporada), todo estuvo cuidadosamente plantado para estas resoluciones. Sólo queda abierta la idea fallida de Diana, no que la extrañemos en lo más mínimo.
  • Hasta aquí llegamos con Mad Men, gracias a todos los que leyeron, comentaron, me tiraron sus ideas y me pelearon. No sé si tengo energía para hacer esto mismo con otra serie, pero quien me quita lo bailado…



lunes, 4 de mayo de 2015

Comentario: Mad Men 7x12 - Lost Horizon

“Advertising is not a very comfortable place for everyone”


Hay un género de ficción, generalmente más asociado a la comedia que al drama que es “workplace”, de lugar de trabajo. Mad Men siempre lo fue, pero en general no es la primera asociación que nos viene a la mente, con todos los temas existenciales que incluye en el medio. Justamente por eso nos sorprende un poco el foco puesto en los temas de las vidas laborales elegido para esta última serie de episodios, pero no debería: no solo es como las interrelaciones entre todos comenzaron (piensen más allá del “core” de nuestros protagonistas, de donde salieron las ultimas señoras Sterling y Draper), sino que además el personaje de Peggy en particular, discutiblemente “la” protagonista femenina de la serie, está marcado por los devenires de su vida profesional.
Sumemos a esto que los mayores estresores luego de la muerte de un ser querido son cambiar de trabajo y mudarse, así que ni hablemos de hacer ambas cosas. Y vaya si nuestros personajes están estresados…
No hay más que ver la cara de Jim Hobart para saber que no le podemos creer absolutamente nada, y no es que los ex – Sterling Cooper se lo hayan creído, pero creo que tampoco se imaginaban este nivel de… ¿Malicia? ¿Desinterés? ¿Maquiavelismo? Puede ser tácito, como tratar a Don como una estrella pero luego sentarlo en una sala con 20 otras personas con su mismo perfil y cargo; indirecto, como negarle un espacio a Peggy o tratarla como una secretaria; o explícito, como el menosprecio seguido de acoso, seguido de virtual despido de Joan.
Empezando por este último, el arco de Joan es solo comparable con el de Peggy en el nivel de planeamiento y consecuencia lógica del personaje y las cosas que le han sucedido. La admiración estructural no aminora el dolor de verla en esa situación. Joan tuvo que enfrentar desafíos personales y profesionales únicos para llegar a donde llegó en la agencia, solo para verlos derribados de un plumazo. Los varones la disminuyen intencionalmente (Dennis, Ferg, Hobart) o con sus buenas intenciones de caballeros de lustrosa armadura (Don, Roger), pero lo cierto es que su salida es la más temprana de lo que seguramente serán varias salidas en los próximos episodios. De todas  maneras, Joanie tiene una oportunidad más de brillar, inesperadamente, peleando por sus derechos y los de las otras mujeres de McCann, y surge la cuestión de los múltiples feminismos: pueden ser por convicción o pueden ser por necesidad.
Y hablando de feminismos por convicción, la tenemos a Peggy, atrincherada en su pasado antes de saltar a un futuro que se niega a abrirle la puerta, ya sea negándole una oficina y enviándole flores ‘como al resto de las chicas’. Peggy conoce su camino, pero a veces necesita que le den un empujoncito o un momento de reflexión, y es interesante que haya venido de Roger. Las interacciones entre estos dos siempre fueron pocas pero únicas, y si bien los une el quedarse en el pasado, es por motivos diferentes: Peggy necesita un envión para saltar, Roger no quiere saltar. Por el motivo que sea, un poco de Cinzano, un órgano y unos patines redundan en la entrada triunfal de la “new attitude” Peggy a McCann. Esperemos que su actitud y su cuadro erótico heredado de Bert Cooper tengan mejor suerte que Joanie.
Roger intenta recuperar recuerdos positivos de Sterling Cooper, y Peggy lo frena, pero en realidad tanto Peggy como Joan sabrán ahora apreciar hasta qué punto era una agencia de vanguardia, donde el talento y el caradurismo siempre valieron más que un nombre. Tal vez sea Shirley la que ve esto más claro, escudada en la frase que abre este comentario, pero sabiendo que el destino de una mujer negra en McCann todavía tendría que esperar varios años para realizarse…
Y Finalmente lo tenemos a Don, en una historia donde lo simpático de las referencias y simbolismos, desde el chiflete por la ventana de su nueva oficina hasta el parecido de la casa de Diana con su anterior morada en Ossining, no alcanza para justificar su irracionalidad. Si, Don se tiene que ir de ahí y si, el ver a Betty y sus hijos mejor que cuando estaban con él no debe ser un impacto menor, pero esa solución queda como una media tinta, tanto como su “ir al oeste” fue hacia el medio oeste en lugar de California, como solía ser. Aunque no apruebe de la aparición fantasmagórica en esta ocasión, Don tendría que escuchar lo que tiene para decir.
¿Qué sucede las próximas dos semanas? Ni idea. Si es cierto que la imagen promocional de la temporada es Don en su auto, tal como lo vemos en los últimos minutos del episodio. Major Tom se quedó vagando por el espacio y hay que ver si llama a ground control…

Algunas observaciones al margen:
  • La sensación de deja vu con The Other Woman fue fuerte, tanto por la situación de Joan como la de Peggy. Episodio clave de la serie como pocos. “I’m not negotiating”… ya escuchamos eso antes.
  • Jim Hobart alude a Joan heredando su parte en la sociedad... puede que sepa sobre las escapadas de Don, pero claramente se perdió ese episodio clave. 
  • Hablando de Joan… ¿el ofrecimiento de Richard es porque está “conectado”? De Mad Men a los Sopranos sin escalas…
  • Hace rato que vengo diciendo que el personaje más del “futuro”, para bien o mal, es Harry. Insisto, Harry se saltea los 70 y termina directo en los 80…
  • Ninguna salida de las últimas que vimos es definitiva, no descarto volver a ver a todos los personajes, aun los muertos: Ken sigue presente via Dow y Bert se le aparece a Don o vive en su cuadro en la oficina de Peggy.
  • Mi primera conexión fuerte con Mad Men fue a través de la histeria de Betty, tan de libro. Cerrar el círculo con Betty leyendo a Dora no me da más que satisfacciones. Gracias Matthew, es como si supieras.
  • En McCann, los chicos toman Coca Cola y las chicas Tab. La cervecería Miller es la única que conoce el futuro…
  • Los que tuvieron la suerte de ver la expo de Mad Men en el Museum of the Moving Image estarán familiarizados con los “Mood Boards” de Janye Bryant y el equipo de diseño para dar con el tono de los personajes y los ambientes. Lo que le presenta Meredith a Don es exactamente uno de esos boards.




lunes, 13 de abril de 2015

Comentario: Mad Men 7x09 - New Business

“Don’t be a bitch, Marie-France”

Cuando se usa irónicamente la expresión “white people problems”, estamos aludiendo a los problemas de la clase media blanca, esos problemas que parecen nimios a la vista de cualquier persona que tenga problemas de verdad. Por mucho tiempo, Don Draper tuvo lo que los yanquis llamarían “white trash people problems”, problemas de persona blanca pobre, y muchas de sus decisiones que hemos visto en el programa están coloreadas por este punto de vista.
Lo que cambió a partir del final de la temporada 6 es que esos fantasmas (sino sus consecuencias de larga duración) fueron finalmente mas menos exorcizados, y Don es finalmente “libre”. O por lo menos libre como para tener verdaderos White People Problems, de los del tipo que se solucionan con un cheque por un millón de dólares. 
También es interesante que, al margen de toda la conversación online sobre “Don nunca cambia” como verdad absoluta, Don finalmente está -dentro de sus patrones de repetición-, tratando de hacer un balance de las cosas que pasaron antes. Si esto lo produjo solamente la noticia de la muerte de Rachel o es parte de algo que empezó a partir de que la verdad sobre sus orígenes salió a la luz, es tema de debate. Pero lo cierto es que este desfile de “mujeres Draper” sin lugar a dudas apunta a eso, y por primera vez vemos mas las diferencias que las similitudes: Betty finalmente encontró con Henry lo que era su destino, y a partir de ahí, hasta puede armar un nuevo destino (más sobre las encantadoras decisiones de la Señora Francis más abajo). Hasta Don puede ver eso, cuando ve a Henry en lo que en teoría tendría que ser su lugar (mejor no analizar si es el lugar que quería, pero Don lo percibe como suyo por derecho). Megan sigue poniéndose en evidencia como lo que es, otra histérica en posición de “pobrecita yo”, y odio tener que darle la razón al discurso ultra machista y clasista de Roger, pero efectivamente, la chica tomó sus decisiones, que aprenda a vivir con las consecuencias de las mismas. Claro que la hija de Marie y hermana de Marie-France Calvet, probablemente no esté en condiciones de hacer tal evaluación, y es la aparición de estas mujeres que nos hace entender de donde vienen sus verdaderas aspiraciones, que no son tan hollywodenses como nos hicieron (le hicieron) creer. Por lo menos todo este drama la deja seis ceros mas rica y le sirve de catalizador a su madre para tomar decisiones largamente demoradas. Para ser episodios de cierre de historias (bien podría ser la ultima aparición de Megan), la de Marie y tal vez Roger, es una que se abre mas que cerrarse.
Pero volviendo a Don, con una cierta nostalgia de sus White Trash People Problems, se aferra a Diana, que claramente es y será White Trash toda su vida y no parece importarle: ella tiene problemas de persona real, de los que Don supo tener y ahora cree poder solucionar como un salvador. Oportuno cameo de Sylvia Rosen como para ver que tan bien puede funcionar eso… La sabiduría de la clase trabajadora, que a Hollywood tanto le gusta para poner en perspectiva los problemas existenciales de pacotillas de sus héroes clase medieros, hace que sea ella la que no compre los humos y espejos Draper y lo mande de paseo.
Algo que está quedando claro es que mas que nunca estos últimos episodios serán una exploración de Don y que al resto del elenco se le va a dar apenas participación. Tiene sentido sobre todo si podemos entender a través de la oh-tan-setentas Pima que Peggy ya está donde va a estar el resto de su vida: en otros momentos (pensar en Faye) hubiese estado impresionada por la solidez de Pima. Ahora, le ve claramente los hilos, y hasta se da el gusto de abrirle los ojos a Stan al respecto. Es tan verdad de perogrullo que Don no cambia como que la que verdaderamente es otra persona al final de su recorrido, es Peggy. 

Algunas observaciones al margen:

  • Para los que no la reconocieron (a mi me tomo unos minutos) Pima es Mimi Rogers, canalizando una rara mezcla de pre-Annie Hall y Susan Sontag.
  • Y hablando de iconos de los 70, alguien hace explicita la referencia a Ali McGraw sobre Megan que mencione en el ultimo episodio de La Podcast.
  • Claro que el que hace la referencia es el personaje después de Peggy que mas cambió en la serie: Harry, transformado ahora si en 100% cerdo.
  • Betty tiene intenciones de conseguir un master en psicología. Tómense un momento para pensar en eso. Revean las primeras dos temporadas de la serie de ser necesario. Te queremos Betty. A la gente le gusta hablar con vos. 
  • No se si era necesaria la aparición de Marie Calvet, pero es uno de mis personajes favoritos de la segunda mitad de la serie.
  • Marie usa un argentinísimo “a llorar a la iglesia” LOL. 
  • Memoriosos recordaran que esta es la segunda vez que Peggy es blanco de seducciones lésbicas, la primera siendo la de Zozia Mamet algunas temporadas atrás. 
  • El secretismo de Weiner y su equipo hace que tengamos verdaderas sorpresas con las apariciones de gente como Rachel la semana pasada o Sylvia esta.
  • Toda la historia de Pima, así como la de Roger con sus secretarias o el juego de golf quedaron un toque descolgadas. Me pregunto si están abriendo puertas para episodios futuros. No quedan tantos, no desperdicien metraje en chimangos…
  • Hablando de Pima y Stan, finalmente conocemos a su novia, quien intencionalmente es poco glamorosa. Contraste con Peggy? Crisis de Stan venidera?


lunes, 6 de abril de 2015

Comentario: Mad Men 7x08 - Severance

“Should we lunch” ”I want to burn this place down” 

Este episodio de Mad Men está dedicado a la memoria de Mike Nichols.
Este comentario de este episodio de Mad Men está dedicado a la memoria de Rachel Menken-Katz, uno de mis personajes favoritos de la serie.

No es novedad que en la medida que nos vamos transformando más y más en una sociedad de información y servicios, irán apareciendo más crisis de “mitad de la vida” de gente que no ha logrado nada, o que por lo menos lo van a vivir de esa manera. Si éxitos, muchos de ellos que se miden en dinero, pero con poco para mostrar a cambio. Si a esto le sumamos fracasos familiares de distinta índole, es esperable que la crisis se ahonde aún más.
Nuestro protagonista, Don Draper, hace siete temporadas que está teniendo una crisis existencial delante de nuestros ojos, por una variedad de motivos (en la sociedad de servicios trabajamos todos, pero no todos usurpamos la identidad de otra persona, como para comenzar), pero este es uno de los principales de ellos. Don lo ha expresado en hechos y en palabras a lo largo de los años y ha sido un subtexto de la serie desde los primeros episodios, generalmente, por fuera de Don, en la persona de Ken Cosgrove.
Ahora que se acerca el final, Mad Men está, sin ninguna culpa, mirando hacia atrás, y el subtexto se hace texto, y esta crisis, carne en Don, evidenciada además por lo que lo rodea, no casualmente el mismísimo Ken y una de las primeras personas ante las que sinceró este vacío: Rachel Menken.
Todos en la agencia están pasando un momento de bonhomía económica luego de la venta a McCann, pero desde los White People Problems de Pete a los Busty Woman Problems de Joan, se hace evidente que la ilusión de felicidad económica no alcanza, por difícil que les resulte de creer a Ken y Peggy, quienes son los receptores o testigos de estos problemas. Ken suma un problema adicional, que es el ser despedido de Sterling Cooper sin demasiado ceremonial (el “severance” del título alude tanto al arranque o separación que sufre Don como al “severance pay”, indemnización, de Ken). Pero la ventaja de Ken es ser un pragmático: mientras que Don podemos estar seguros que se seguirá regodeando en la crisis por lo menos hasta el último minuto que lo veamos, Ken, el menos neurótico de todos los personajes de Mad Men, tiene dos salidas posibles, ambas con sus gratificaciones: o dedicarse a su escritura y seguir el camino creativo, o vengarse en forma de una posición de poder en Dow que sometería a la agencia. Gana esta segunda, pero algo me dice que lejos de presenciar los dolores de cabeza que va a traer, como Ginsberg, Bob Benson o Bert Cooper en los episodios anteriores, esta historia fue una despedida del personaje.
A Don, a quien post-segundo divorcio la vida en apariencia le sonríe, un tema laboral lo lleva a un raro momento onírico y a uno de sus “fantasmas” (en el sentido psicoanalítico de la palabra): Rachel. En lugar de dejarlo ahí, intenta contactarla y se entera que acaba de fallecer. No siempre es fácil empatizar con personajes de ficción, menos aun con uno con quien tenemos tanta distancia como Don, pero tanto la actuación de Hamm como el recuerdo que tenemos de Rachel hacen que nos quede clarísimo el duro golpe que esto significa. Mal que le pese a Don además, lejos de quedarse esperándolo, Rachel, vivió la vida que quería. Rachel “hizo algo”, como Ken considera por un momento hacer antes de tomar otro camino. La fachada de modelos y “cuatro chicas en espera” se cae a pedazos. Y Don, como muchos otros personajes de Mad Men, lo canaliza en un pequeño acting, esta vez con la camarera Di, a quien en su estado de estupor no puede separar de lo onírico. Supongo que esta historia recién se está armando, nos queda especular si esta nueva-vieja crisis lo lleva a Don a caer del proverbial edificio al vacío o a finalmente “hacer algo”. Nos quedan unas pocas semanas para enterarnos.

Algunas observaciones al paso:

  • Elegí hablar de Don y Ken, pero no porque las demás historias no merezcan atención. Sobre Joan, Peggy y el conflicto que las une (separa), escuchen el s02e06 de La Podcast.
  • Peggy aceptando la cita a ciegas y casi terminando en Paris es otro de los “aprovechar el día” explícitos en el episodio. Peggy se merece una alegría a este nivel, veamos si esta vez le toca.
  • Otros llamados al pasado en el episodio: Medias Topaz, el breve paso de Ken por McCann luego de la creación de SCDP, la carrera de escritor de Ken, Barbara Menken, Don vendiendo pieles, el paso de Joan como vendedora de department store.
  • No tenemos aparición de ninguna señora Draper en este episodio. Hace ya temporadas que es costumbre que Betty aparece en el segundo episodio de la temporada, parece que ahora que es “ex” Megan sufrirá la misma suerte.
  • Ausentes también Jim Cutler y muy obviamente, Lou Avery (Don está de vuelta en su oficina). Me pregunto si tendremos alguna referencia explícita a que sucedió con ellos.
  • El “raro momento onírico” que menciono más arriba es raro por extraño, no porque no sucedan a menudo, ya que son un clásico de la serie.
  • Di la camarera nunca apareció antes en la serie, pero es otra de las morochas con las que Don se suele enganchar. El jueguito es que Di (“Dai”) suena a “die”, morir. Que empiece la especulación nuevamente.
  • Agregando a la especulación: el vino sobre la alfombra remite tanto a la escena de “sexo dominante” con Megan como a una obvia mancha de sangre.
  • Montones de “lógica del sueño” en la secuencia con Rachel, desde las –supuestas- incoherencias del dialogo a Ted transformándose en Pete.
  • La canción de Peggy Lee que sirve de lei motiv, el libro de John Dos Pasos que está leyendo Di y el discurso de Nixon ponen la acción aproximadamente en abril de 1970. Si vamos a seguir secuencialmente o a los saltos, está por verse.
  • Por si había alguna duda que entramos a los 70s, no hay más que ver las caras de Roger y Ted *risas*.

miércoles, 25 de febrero de 2015

La cruzada anti-manija


Definir al estado de “manija” es casi imposible (aunque hicimos un intento aquí), es algo inasible, un fenómeno que podríamos definir como psicológico y que se potencia desde lo colectivo, y que mientras acá como giles lo vivimos, combatimos o simplemente observamos, alguna mente siniestra en algún laboratorio ya lo aisló y lo está usando en nuestra contra.
Es ese sentimiento de ansiedad, anticipación y hasta angustia (no es casual que estas tres cosas tengan raíces etimológicas comunes y en clínica en inglés se agrupen genéricamente bajo la figura de “anxiety”) generada por cosas, curiosamente, buenas y esperables, no negativas. El sentimiento nace en un individuo, o varios aislados, y luego se propaga como contagio, potenciándose en el proceso, y amplificándose por medio de las redes sociales. Es esa sensación de “no puedo esperar y lo quiero ya”, sin importar si es una película (o los anticipos de la misma, más sobre esto más abajo), una serie, un partido de futbol, un evento de cualquier tipo. Mi postulado detrás de este manifiesto es que nada va a estar jamás a la altura de esta manija y en el mediano plazo arruina la experiencia de lo esperado en sí. Pero primero un poco de historia y teoría.
Como tantas otras cosas malas que nos suceden, tiene su origen en el mundo del comic, y se potenció hasta el paroxismo durante los años 90. Luego llegó internet, y lo hizo aun peor.
Verán, para satisfacer las necesidades de las comiquerías y que sus dueños supieran que revistas iban a salir y por qué motivo debían comprarlas, los distribuidores de comics comenzaron a preparar un catálogo de novedades con lo que se iba a publicar (solicitations) que se publica con 3 meses de anticipación, para dar tiempo, en eras pre-internet, de que las órdenes se hicieran y se cumplieran. Este catálogo, que algunos pueden conocer como la revista/libro Previews, en algún momento de los 90 dejo de ser una herramienta de las editoriales y los dueños de comiquerías para pasar a ser algo abierto al gran público, y ahí empezó el problema: en lugar de enterarme que pasaba en la semana que salía y quedarme colgando con el cliffhanger hasta el mes que viene, ya sabía que pasaba en tres meses… entonces que me importa si Superman se murió o Wolverine se va de los X-Men si en 90 días tengo una historia que se llama El retorno de Superman, Wolverine y sus hijitos. Toda esta manija además tuvo su propio medio, el pasquín Wizard, cuyo único objetivo era ampliar la manija y es el antecedente directo de la mayoría de los sitios de “noticias” de comics y películas actuales.
Claro que en el cine siempre existieron los avances, trailers o colas (según la generación a la que pertenezcan), pero el albor de la internet hizo que los mismos salieran del ámbito natural del cine o en algunos casos la televisión para transformarse en algo disponible a cualquiera en cualquier momento. Sumada a la mala costumbre del tráiler que cuenta toda la película, se sumó el anuncio de que en fecha XX saldría el tráiler, y luego el tráiler del tráiler, y luego el teaser del tráiler del tráiler del tráiler, formando un circulo enfermo de anticipación, que tiene a la gente demandando avances de películas que se van a estrenar en más de un año (para un ejemplo práctico, ver los indignados el mes pasado porque durante el Superbowl no hubo un avance de Batman vs Superman, película que se estrena en marzo del 2016).
Los generadores de contenido, lejos de preocuparse por toda esta demanda de anticipos, crearon toda una industria a su alrededor, desde sitios especializados, a canales como E!, cuentas de redes sociales truchas, etc. Y lo hacen porque crear ‘buzz’, es básicamente publicidad gratuita. Cuanta más manija, más gente hablando de cosas que quieren promocionar.
Pero mi problema no es “los grandes negocios nos manejan como quieren”, no necesitan de nuestra manija para hacerlo. No, mi problema es que tanta manija genera varios efectos secundarios indeseables. Algunos de ellos:
  • Nunca nada está de acuerdo a la anticipación que se generó a su alrededor. Entonces empieza el backlash, que es la manija inversa.
  • Estamos tan pendientes de que va a pasar en tres meses, un año, que no le damos bola a lo que está pasando ahora. No me importa el poster de Avengers: Age of Ultron: quiero saber quiénes van a estar en la Avengers del 2019.
  • No puedo reparar en los méritos reales de nada, porque lo estoy midiendo contra el hype generado sobre méritos aún no conocidos o del producto/productor en base al cual se me vendió la nueva iteración. Entonces Better Call Saul es medida a favor y en contra comparada con Breaking Bad (ahí hay otro tema en cuanto a querer replicar éxitos, pero es tema para otro post).
  • Se anuncia un festival de música que va a ser TAN importante, que no aviso del line up, pero ya pongo las entradas en venta. Obviamente no va a haber line up que satisfaga a nadie.
  • Se genera la expectativa de “lo que hay que ver”: hay que estar al día con la serie porque si no te la spoilean, hay que ver la peli porque se vienen los premios, hay que ver la serie o la película porque es parte de “la conversación cultural”, aun cuando no queremos o tenemos tiempo para hacerlo.
  • Y la inversa, el “para qué lo voy a ver”: ya sé que un universo de comics o película se rebootea por completo en un par de meses, para qué voy a disfrutar de lo actual si tiene fecha de vencimiento.

La ansiedad es el mal a la orden del día, hay gente medicada, en terapia o inhabilitada para operar a los niveles más básicos por no poder lidiar con la vida contemporánea. Y sin embargo, apoyamos, reproducimos y amplificamos la misma ansiedad en los campos en los que supuestamente tendríamos que estar disfrutando. Obviamente no le voy a decir a nadie que le va a gustar o no, o que tiene que anticipar o no, no soy de los tirapostas que dicen “vivir lentamente”, “aquí y ahora” o lo que venga. Pero voy a intentar no reproducir la locura. Y me reservo el derecho a mantenerme al margen de la locura ajena.


martes, 2 de septiembre de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x08 - Mirror, mirror

“If you can get this guy to believe it, you can get that guy to believe it too” 

Hay un fenómeno que se da entre los comentaristas de Game of Thrones que es el de, en caso de los lectores, hasta que punto ahondar en aquellas cosas que eran predecibles o que tienen implicancias seguras para el futuro. Eso, claro, dio nacimiento a los comentarios para lectores/no lectores y varios tipos de debates accesorios. Viendo el Masters of Sex de esta semana, un poco me sentí en el rol “del lector”, en este caso de la biografía que es el material de origen de la serie, mucho menos popular, por cierto, que los libros de Martin.
De la misma manera que el episodio pasado tenía que movernos adelante en el tiempo y ponernos en autos sobre lo que pasó, este genera un nuevo status quo y sienta las bases no sólo para el resto de la temporada, sino probablemente también para los próximos años de la serie.
Ya había mencionado la semana pasada como es que la clínica Masters & Johnson finalmente se hizo rentable, y  lo que se podía leer entre líneas ahora es bien explícito: tratando la disfunción sexual. Como de costumbre, es el impulso de Virginia el que está detrás de esto, con el escepticismo de Bill, aunque afortunadamente se decidieron a resolver todo en el episodio en lugar de estirarlo innecesariamente un par de semanas más. Esta historia sirve además para unir la problemática de Barbara, de (inesperadamente) Lester, de recurrir a la siempre bienvenida sabiduría de la calle de Betty, con esto establecer de manera firme la necesidad de incorporar el tema psi y de esta manera instalar el tema de las credenciales profesionales de Virginia, su necesidad, la reticencia de Bill a que las consiga y como superar este escollo. Este último punto es clave en la relación Bill-Virginia, y es todo lo que voy a decir (por ahora) al respecto.
También “arrancado de la vida real” es la necesidad de la clínica de tener un “board of directors”, que interesantemente va a ser clave para la historia varios años más adelante. Una serie con alta confianza en su futuro es la que planta semillas de historias que no se van a tocar probablemente en años.
Esta semana también se instalan otras dos historias (tres si consideramos la de Langham que voy a comentar en las Observaciones) que marcan el futuro de la serie y sus personajes: por un lado la de Libby y la reaparición de Robert, dándole finalmente algo de sentido a los abundantes minutos sin ninguna dirección que le dedicaron en la primera mitad de la temporada. No puedo evitar ver un poco de costado toda esta historia en base a los antecedentes, espero sorprenderme.
Y la historia final es la de Frank, quien es revelado como el hermano de Bill hacia el final del episodio. Voy a ser sincero, hasta esa última escena, creí que se hacía referencia a otro amigo de la infancia de Bill, alguien que fue como un hermano para él, y que su familia jugó un papel vital cuando los Masters lo “abandonaron” y que será el catalizador, en décadas por venir, del final de la relación M&J. Ni como lector ni no lector tengo la más mínima idea de la dirección que puede tomar esta historia, salvo, en el contexto del episodio, de ser una relación “en espejo” más a las que alude el título, tales como la de Barbara/Lester y Libby/Ginny.
Este no fue un gran episodio de MoS como lo fue el de la semana pasada o Fight, pero fue un muy sólido episodio, que además cumple la necesaria función de sentar las bases para el final de la temporada. Seguimos mirando.

Algunas observaciones al paso:
  • Suelo tener muchos problemas con la lectura de escuela secundaria que hacen algunas series de Freud, es refrescante ver que por lo menos MoS en boca de Virginia, resultan más astutos.
  • Lo que sí, digamos que la aproximación “no tradicional” al saber freudiano de Ginny es discutible, como mínimo.
  • Todo lo que tenga que ver con Cal-o-metric me parece medio inútil, que Kent Underley se muera durante el “turno” de Bill en el hotel, innecesario, y como excusa para traerlo a Langham más cerca, forzado. Que M&J lo contraten de una vez en la clínica y a otra cosa.
  • Al igual que Betsy Brandt, a quien finalmente le están dando algo para hacer, es siempre un placer ver a Peri Gilpin en una serie. 
  • La referencia a la necesidad de tratar “parejas casadas” que se deja caer puede ser importante en el futuro cercano. Buena manera indirecta de introducir el tema.
  • Nuevamente tengo que alegrarme por el uso del estudio como trasfondo, ya sea en el montaje inicial, o como telón a la elegía de Lester para su padre (nuevamente, Ginny y su preferencia por los medios audiovisuales salvan el día )

lunes, 28 de julio de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x03 - Fight

“Two acts of intercourse, mutually satisfying. One masturbatory act. Role-playing throughout. Am I forgetting anything?”

Normalmente les toma tiempo a los programas de televisión, tanto buenos como malos, encontrar su “voz”. Muchos empiezan siendo un concepto, tal vez aislado, y luego se desarrollan, o una necesidad de mercado de una cadena que luego termina tomando vida propia.
Mucho se ha hablado de cuanto toma Masters of Sex de Mad Men, y más se va a hablar esta semana de cuanto toma Fight de The Suitcase, el emblemático episodio que a) es una pieza entre dos protagonistas con apenas algunos adornos, b) transcurre en una sola noche y c) tiene como trasfondo un clásico combate de boxeo. Según dice Sepinwall, la productora ejecutiva de MoS ni siquiera sabía de la existencia de The Suitcase (tiendo a dudarlo), pero eso no es lo importante: lo importante es que en esta temporada, en estos tres episodios, Masters of Sex encontró su voz, que sí, es muy parecida a la de Mad Men, pero que es indudablemente suya.
Hay varios factores que contribuyen a esto: MoS es mucho menos elíptico que Mad Men, tiene la necesidad de contarnos y mostrarnos más, no sólo en el sexo (la explicación de esto es parcialmente la naturaleza de las cadenas que emiten a cada uno, una de paquete básico, la otra premium, con más libertades), que es integral a Masters of Sex en un modo que no es necesario para Mad Men. MoS tiene que “explicarnos” cosas, en parte porque los personajes no son lienzos en blanco que vamos armando con la imaginación: son personas reales, que tienen un final que está escrito hace décadas, y la serie solamente intenta llevarnos a ese punto. Hasta ahora, el programa había evitado contarnos los detalles sobre la complicada relación de Bill con su padre, algo que los lectores de las primeras pocas páginas del libro ya saben, al igual que ese primer desengaño amoroso de Ginny, puesto aquí como el de “la señora Holden”. Estas dos piezas de información marcaron a estas personas y a estos personajes, aunque tanto serie como biografía tiendan a darle un perfil extremadamente psicologista lineal de “si sucedió A, entonces B”. De todos modos, más allá de esta catarata de sobrexposición, lo importante es que más que en el sexo, mediante este role play y juego de metáforas cruzadas (algunas admitidamente más efectiva que otras), Bill y Ginny se desnudan uno en frente del otro, aun más que para el televidente. Dentro de su atracción casi animal y el respeto profesional mutuo que se tienen, por primera vez se conocen realmente, se comienzan a entender. 
Toda la secuencia está enmarcada por una idea muy Simone de Beauvoiriana de que mujer o varón no se nace, se hace. Claro que los prejuicios biologicistas de Bill o conductistas del padre del bebé intersex que dispara la historia están a décadas de poder siquiera comenzar el debate, pero Ginny entiende algo tanto de como el viejo Masters hizo varón a su hijo a los golpes, y su propia hija necesita escaparse de los juegos de princesas para sobrevivir en el mundo. Como varias cosas del episodio, no siempre funciona con la linealidad que a los guionistas y a varios críticos les gustaría, pero es un bravo intento, ambicioso, bien intencionado.
¿Está Masters of Sex a la altura de Mad Men y Fight a la altura de The Suitcase? Probablemente no, pero vale más que la pena el intento que se hace, y la televisión en general es mejor por eso.

Algunas observaciones al paso:
  • Esta fue, sin lugar a dudas, la pelea más larga en la historia del boxeo. O Ginny y Bill cogen MUY rápido (dos polvos y una paja, más una cena completa, clase de boxeo y corte de pelo). ¿No será mucho?
  • El episodio está lleno de grandes detalles. Mi favorito es Ginny como la señora Holden ordenando la carne tal como la prefiere su marido. “Como si el chef hubiese paseado a la vaca por una habitación cálida”
  • Durísimo que en la complicada historia de los Holden, Bill nunca pensó un nombre para su mujer. Para el fin del episodio fue bautizada Lydia.
  • La historia de la lapicera radioactiva me hizo pensar en The Americans. 
  • Este es el “Emmy reel” de Sheen y Caplan, merecidísimo en ambos casos.
  • Estamos acostumbrados a ver a Virginia en distintos grados de desvestido, es una novedad verle el culo a Bill. Igualdad de derechos y obligaciones, che. 
  • Finalmente, al episodio le sobran un par de metáforas. O se quedan con la pelea, o con el bebé intersex, o con la pulsera de Ginny, o con la alianza de Bill. Todo no, es como alumno del CBC exagerando la bibliografía. 
  • Y una nota personal: me encantó el episodio, pero la conversación viene tan ES EL MEJOR DE TODOS LOS TIEMPOS! que intento ponerle un poco de sobriedad al asunto. 

martes, 15 de julio de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x01 - Parallax

"We have the work"

Una vieja y clásica publicidad del canal Venus preguntaba ¿Qué precio estás pagando para conseguir sexo? Y mientras miraba el debut de la segunda temporada de Masters of Sex, inicialmente me daba vueltas esta pregunta en la cabeza, y después me di cuenta que la pregunta más adecuada con respecto a este episodio sería ¿Que precio estás pagando por haber conseguido sexo?
Todos los personajes de la serie se enfrentan con la misma pregunta, ya sea por el metafórico (bueno, ustedes me entienden...) sexo del “estudio” de Masters y Johnson  o por el sexo posta, que supera cualquier prudencia o “cuidarse”, como lo expresan en su diálogo de complicidad Ginny y la doctora DePaul (¿le puedo decir Lily a la doc DePaul? Después de todo así la llama Ginny. Increíble como hicieron crecer a este personaje de la amarga presentación la temporada pasada a la actualidad). Puede ser acaso un ojo negro de amante celoso, como le pasó a Lily, o un escándalo público, como le pasa al incansable Austin Langham. O pueden ser cosas mucho más complicadas.
Pueden ser electroshocks, intentos de suicidio y una vida de infelicidad para Barton y Margaret Scully. Barton siente tanta culpa por su homosexualidad que es capaz de hacer cualquier cosa para eliminarla, para pretender que no existe, o para simplemente borrarla al borrarse, sin reparar en la comprensiva mujer que tiene al lado, que parece haber hecho las pases con lo inevitable o su amigo de fierro, capaz de acompañarlo a las sesiones de casi tortura a las que se está sometiendo y que en lo primero que piensa cuando finalmente puede retomar su carrera profesional es en compartirlo con él. 
Puede ser el ostracismo , el acoso, la vergüenza pública que sufren tanto Virginia por haber participado del estudio, o Libby, por simplemente estar casada con Bill Masters.
Claro que Virginia tiene otros precios a su cargo: el de rechazar una propuesta que de todos modos tanto no le interesaba, o ser oficializada en el rol de “la otra”, con habitación de hotel, nombres falsos y aclaraciones de “soy un hombre casado” que trae aparejadas. Irónicamente, el precio por el sexo suelen ser bebés, pero en el caso de Bill Masters, los bebés vinieron sin sexo, pero el peso se siente del mismo modo, esa consecuencia de por vida a la que tendrá que acostumbrarse, o cumplir el destino de transformarse en SU padre. En su lugar, Bill es una olla a presión tan comprimida que termina actuando su conflicto inconsciente con su madre, confesando lo que nadie le preguntó e intentando una separación “por otros medios” que no puede más que leerse como un Edipo intentando arrancar los ojos de su madre en lugar de los suyos propios.
Lo único que parece moverse de manera positiva en este episodio es el destino de “el estudio”, de la mano de una reaparecida Betty y el Rey de los Pretzels y sus generosas contribuciones, un episodio que al mismo tiempo tiene que poner en marcha las historias que quedaron pendientes de la temporada pasada o las que no van a continuar (más sobre esto en las observaciones al paso), y que elige una narración deconstruida en el tiempo y en el punto de vista para que vayamos armando las piezas de este complicado rompecabezas por nuestros propios medios, y dándonos cuenta que a veces saltar a ciertas conclusiones apresuradas, puede ser un error.

Algunas observaciones al paso:

  • Bienvenidos a los comentarios semanales de Masters of Sex. Espero que los disfruten y que todos podamos ir un poco más en profundidad en esta serie que creo que lo merece.
  • El “previously” del episodio dura casi 3 minutos. Para una versión comentada, pueden leer  la reseña de la temporada 1
  • Hay varias historias que se están cerrando, si no en este episodio, en los próximos, tales como la de Ethan, la de Jane (final feliz con Lester!) y la de Phoebe Scully, personajes que ni aparecen o que ya no figuran en el elenco principal.
  • Hablando de los Scully, creí que ya no volveríamos a ver a Margaret y Barton, básicamente porque tanto Beau Bridges como Allison Janney tienen sus propias series. Me alegra que se tomen el tiempo de cerrar estas historias.
  • Todavía me estaba recuperando de la sonrisa que me generaron las falsas Physique Pictorial de Barton que nos encontramos con Margaret leyendo Lolita. Bien jugado, Masters of Sex, muy bien jugado. 
  • Por si no les quedaba claro viendo Mad Men o la temporada anterior de MoS, ser mujer en los 50/60 es una mierda. Ser mujer gorda, tan mierda como lo sigue siendo ahora. 

lunes, 16 de junio de 2014

Comentario: Nurse Jackie 6x10 - Sidecars and spermicide

"In the meantime, go shopping"

Ok amigos, eso fue todo. 
Porque soy un persona que cumple con sus compromisos, voy a mirar y comentar los próximos dos episodios de Nurse Jackie, pero la decisión está tomada de no continuar más allá.
Verán, mi introducción a la ficción serializada fue a través de los comics, y en una época más inocente, donde los héroes eran héroes y los villanos eran villanos. Claro que aprendí con el tiempo que en temas de moral las cosas no son tan claramente definidas, sin embargo algo de esa idea permanece conmigo, y en general, no tengo paciencia para los anti héroes ni para los villanos en papeles protagónicos. No soporto una historia más que sea sobre el Joker en lugar de Batman.
En cuestiones televisivas, mi debut y despedida con este tipo de personaje fue Tony Soprano, y partiendo de la premisa además que Tony no fue “revelado” como villano, si no que es parte de la descripción inicial del personaje. Con esto dicho, ni siquiera intenté con Dexter, y muchos de los problemas que he tenido en su momento con Breaking Bad u hoy en día con House of Cards vienen por ese lado.
Jackie nunca fue una villana. Una persona de moral dudosa (o código moral propio), definitivamente. Una adicta capaz de llegar a consecuencias impensables con tal de que su hábito no se vea afectado, claramente. Bueno, se veía venir en general que eso estaba cambiando, pero hasta ahora, la principal afectada era ella misma, u otros en posiciones tan dudosas como la suya (Gabe) o tan mal posicionados ante el televidente, que no nos importaba (Roman). Pero lo que Jackie hizo en este episodio con Antoinette, el “empujarla al precipicio”, realmente, de eso no se vuelve. O se vuelve con la justicia poética de una muerte, cosa que no va a pasar porque hay una temporada entera más de una serie que lleva su nombre aun pendiente.
Lo peor es que muchas cosas de este episodio me venían gustando, salvo tal vez la pobre excusa para deshacerse de Frank, pero ya perdí el interés en comentarlo. Vean los comentarios al paso para un par de observaciones más.

Algunos comentarios al paso:

  • Lo dije una y mil veces, Zoe es el único personaje al que se le permite crecer en este programa.
  • Por otro lado, “Los enredos de Gloria” es probablemente la peor idea para un spinoff EVER.
  • Muy lindo detalle el reforzar la idea de la amistad de Coop y Thor, que seguramente sucedió mas fuera de cámara que en frente, pero aunque tácita, creíble.
  • Una ultima idea seria: la verdadera patología de Jackie es creer que tiene el control absoluto, una negación completa de su propia castración, que se manifiesta de diversas maneras, desde sacarse el obstáculo Antoinette del medio, a el casi magistral manejo de la situación Grace en este episodio. Pero Jackie no es mi paciente, es la protagonista de un programa que miro semanalmente para entretenerme, por lo cual, en este sencillo acto, la dejo ir. Gracias por todo. 

viernes, 13 de junio de 2014

El naranja sigue de moda: Reseñando la temporada 2 de Orange is the New Black


La segunda temporada de cualquier serie, especialmente de aquellas que vienen de una primera temporada fuerte, son las que tienen que confirmar los laureles obtenidos o arriesgarse a caer en el olvido. Esto es especialmente cierto de aquellas series que parten de una idea o concepto “fuerte” pero que no necesariamente  estaba preparado para mantener una serie completa a lo largo de los años. Como muchas veces, vuelvo al ejemplo fallido de Homeland como el de aquella serie que no debía continuar o debía hacerlo con otra historia radicalmente diferente, y puedo citar a la reciente brillante segunda temporada de The Americans como el ejemplo de cómo hacer las cosas bien en cuanto a hacer televisión interesante, al tiempo que se cumple con la idea programática de extenderse en el tiempo.
Toda esta intro es para hablar de Orange is the New Black, serie que sorprendió muy gratamente el año pasado en su temporada debut y que en lo personal me gustó muchísimo, aunque no sin reconocer algunos problemas. El desafío de esta segunda temporada, que Netflix estrenó completa la semana pasada en el medio de una brillante campaña de publicidad (en serio, el marketing de estas series es complicadísimo: hay que lanzar una serie con un blitz similar al de una película, porque pasada la fecha de estreno, puede ser noticia vieja o spoiler según desde donde se la mire), era sostener la buena voluntad ganada con la primera y también llevar a la serie más allá del concepto original para que se sostenga indefinidamente, o casi.
La buena noticia es que el equipo de guionistas al mando de Jenji Kohan (que no se caracteriza por ser consistente en el tiempo, precisamente, no tienen más que ver las últimas temporadas de Weeds para confirmarlo) lo logra y con creces, construyendo una serie que tiene un pie fuerte en la premisa de la primera, pero que encuentra la manera de aprovechar el concepto de manera que, al modo de las series de policías u hospitales, pudiese continuar casi indefinidamente.  
Los creativos partieron de tres de premisas básicas: sacar el foco protagónico exclusivo de Piper para extenderlo al resto del elenco, reivindicar a ciertos personajes presentados como villanos (o al menos como motor adversarial de la trama) pero extremadamente populares como para dejarlos encasillados en eso nada más y expandir en la caracterización del elenco secundario, especialmente el masculino, que como oportunamente señalé, un poco como reacción al maltrato de las mujeres en otras series, la mayor parte del tiempo caía en una burda caricatura.
Misión cumplida, y con creces.
Sin entrar en detalles de trama, podemos decir que efectivamente Piper sigue ganándose el primer lugar en el cartel que tiene Taylor Schilling, pero mucho más integrada a la trama general, y con una interesante complejización del personaje. Y además, en lugar de simplemente ir a la motivación obvia (“la cárcel te hace cosas y endurece el carácter”), hay una razón dentro de la trama, que es el traslado por cuestiones judiciales que se lleva todo el primer, y radicalmente diferente, episodio, del cual Piper no vuelve igual. Hubiese sido muy tentador seguir esa historia y la de sus personajes satélites nada más, pero también ya está establecido que Piper no sólo irrita a todos los habitantes de Litchfield sino también al público, por lo que dosificar su participación es probablemente una muy  buena idea.
El sacar el foco de Piper (y por añadidura, de Alex, que por cuestiones contractuales tiene un papel muy reducido), hace necesario expandir el foco en otras direcciones, y hacer que personajes con fandoms crecientes como Red, Taystee o Crazy Eyes tengan la oportunidad de tener sus propios arcos.
Y no es casual que mencione a estos tres personajes, porque el segundo punto de reivindicación y avance de la trama viene gracias a la introducción de una nueva interna, la perversa Vee. Lo que se hizo casi a la perfección con Vee es, en lugar del facilismo de agregarla al elenco de la nada (algo que sería sencillísimo de hacer en el contexto carcelario), es atar su “origen” tanto a Taystee como a Red, y su presencia sirve para redefinir por completo al personaje de Crazy Eyes…, perdón, Suzanne.
Mediante la incorporación de este personaje que es sencillamente una villana, se humaniza inmediatamente a los personajes de moral ambigua (Red, obviamente, pero también directa o indirectamente, gente como Caputo o Pensatucky), haciéndolos más viables en el largo plazo. Además, si la temporada 1 el arco principal fue el de Piper, sin lugar a dudas el arco principal de la temporada 2 es el de Vee, con claros, clarísimos primer, segundo y tercer actos.
El tercer punto es tramposo, y tal vez no el completamente realizado, y tiene que ver con las caracterizaciones de los personajes masculinos: si es cierto que Larry sigue siendo un boludo importante, pero también queda bien relegado a un tercer, lejano plano, al ya no se Piper tan protagónica, y su arco completo podría permitir, si se quiere, que se borrara al personaje por completo de la serie. Y probablemente Bennet no tiene sus mejores momentos esta temporada. Pero la ampliación del personaje de Caputo es probablemente lo que mejor que hace la serie (en parte también al transformar a Figueroa abiertamente en su adversaria), haciéndolo un personaje tridimensional, con agencia y motivaciones propias, de moral ambigua llena de matices y hasta con posibilidades heroicas. Healy es otro personaje que necesitaba recuperarse luego de cómo quedó posicionado al final de la anterior temporada, y en este caso, es discutible que tanto se logra, especialmente dado que se podría leer el arco del personaje como un calco de su historia s01.
Habría mucho, muchísimo más para decir (y de hecho lo hago en las observaciones al paso), pero ya me extendí demasiado como para ahondar en las incorporaciones, como la genial “cuarta demografía” de la cárcel que son las señoras de la tercera edad o la irritante Soso. Lo importante es que OITNB no sólo mantiene el excelente primer nivel de su temporada, sino que además lo sube en varios aspectos, y nos deja con muchas ganas de ver lo que sigue.

Algunas observaciones al paso:
  • Hay algo de lo que la serie sigue estando “presa” (perdón por la obviedad) y es de las trampas temporales, que parten de que sabemos que la estadía de Piper en la cárcel es limitada. Esto lleva a una descompresión extrema de la trama que por momentos afecta la credibilidad, supongo que aún más para aquellos que elijan no hacer binge watching y verla toda junta.
  • Donde más se nota este problema es en la historia de Dayanara y su embarazo, que parece nunca avanzar. Como ya he expresado en otro lado, no soy fan de la descompresión extrema, mucho menos cuando incluye historias de embarazos (véase también: Skyler White tiene un embarazo de dos temporadas en Breaking Bad)
  • Espero que mucho se escriba sobre Vee, sus motivaciones y modus operandi. Es fácil encasillarla como uno de esos “Personajes Batman” a lo que les sale todo milagrosamente bien, pero el psicólogo en mí lo ve de otra manera: Vee es claramente perversa en el sentido psicoanalítico del término, y al ponerse como objeto de goce de sus subordinadas maneja los hilos a la perfección.
  • Siguiendo con Vee y las cosas psi, escuché comentarios sobre como toda esta historia deja de algún modo mal paradas a las “chicas negras” como conjunto, y no estoy de acuerdo, cosa que se puede fundamentar con una lectura rápida de Psicología de las masas y análisis del yo de Freud.
  • Personajes que no salen ganando con el protagonismo reacomodado de la serie: Pensatucky, que tan central a la segunda parte de la S01 fue, Sophia que no es más que una caja de resonancia para el resto del elenco.
  • Personajes, aparte de los mencionados, que salen ganando: todo el equipo de guardias, Lorna, Nicky, Gloria y Rosa (breakout star de la temporada).
  • Hay algunos comentarios sobre ciertos toques que rozan lo sobrenatural para avanzar la trama o explicar sucesos, especialmente a raíz de (y durante) el flashback a la historia de Gloria. No coincido, creo que en los dos casos donde esto podría ser una obviedad, se trata en realidad de la clásica y no siempre bien utilizada justicia poética.