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lunes, 25 de julio de 2016

Comentario: Looking - The Movie

I can guarantee that he will do nothing but break your heart again.

Pensémoslo de esta manera: en lugar de Looking: The Movie, podríamos haber tenido el final de temporada más decepcionante del universo, o una temporada 3 donde se hubiese contado esta misma historia en 10 episodios en lugar de 85 minutos.
Y creo que justamente esa es la característica redimible de la película: se hace cargo de por lo menos UNA de las fallas estructurales de la serie, que es la morosidad narrativa de cine indie. Claro que no se hace cargo de otros problemas, o de lo que llamaría, he llamado y seguiré llamando, Patrick como protagonista único de la serie/película.
A ver, entiendo que Groff era inicialmente el único con cartel propio (su paso por Hamilton no hace más que reforzar eso) y nuestro personaje ancla, pero también su historia siempre fue la más aburrida, la más irritante, y la más polarizante (lean el archivo completo aquí bajo el tag ‘Looking’ para más detalle). Pero aun así, el motor de la narrativa o por lo menos el McGuffin es el casamiento de Agustín y Eddie, que apenas revisten relevancia, y su conflicto propio se limita a un trilladísimo plot de “cold feet” antes de la boda más propio de una comedia de Katherine Heigl, que de hecho amerita un shout out durante el episodio. 
El “gran conflicto” del regresado Patrick (se fue de SF poco tiempo después de la última vez que lo vimos, 2 años en tiempo de la serie) es el reencuentro con sus exes: el que lo trató como el traste (Kevin, interpretado por Russel Tovey, quien parece estar actuando en otra película, una seguramente más divertida a juzgar por su color de pelo) y al que él trató como el traste (Richie, interpretado por EL PEOR ACTOR DEL UNIVERSO, Raúl Castillo. En serio, no sé cómo no reparé antes en lo mal que actúa este chico, un motivo más para que la supuesta química que tiene con Patrick no nos sea nunca evidente, sino siempre contada por otros). Si locura es intentar dos veces lo mismo y obtener otro resultado, claramente podríamos decir que Patrick está loco en sus acercamientos a ambos (porque claro que nuestro Kaso Dora se acerca a ambos), dado que lo único que parece haber cambiado en estos dos años es que le perdió un poco de miedo al sexo y coge y chupa culos sin luego ir al dispensario a hacerse buches con Espadol. Porque a los guionistas se les ocurre, medio que terminan juntos con Richie. El único motivador, aparte del supuesto “amor” que los une desde el piloto de la serie, es que Brady, el novio actual de Richie es insufrible, una caricatura de trazo tan grueso para que lo odiemos que parece de una novela de Andrea del Boca en los noventa. 
En el medio de este caos de aburrimiento, lo tenemos a Dom, cuyo arco de personaje se limita a “se dedica a su negocio y ya no coge, salvo al final de la película because guionistas”, desperdiciando al encanto (aunque no habilidad como actor) de Murray Bartlett, y a Doris, quien había cerrado su historia con un moño y ahora le fuerzan una conversación de embarazos totalmente inútil. 
Si, San Francisco es bellísima y el recorte que hace el director es magnífico por su economía de recursos. Si, necesitamos más y más diversos personajes LGTB en pantalla. Sí, hay algo del ‘aquí y ahora’ de Looking que la hacía refrescante. Pero no alcanzaba antes, y claro que no alcanza ahora. 
Hablando de dirección así como lo banco a Andrew Haigh, o por lo menos a sus largometrajes, hay algunas decisiones puramente de dirección que no puedo respaldar, tal como sus efectos de “micrófono abierto al aire” que dificultan captar algunos diálogos, que siendo que es una película casi completa de Walking and Talking, son indispensables. Aunque la misma técnica para hacer “efecto boliche” donde no se escucha nada es brillante.
En conclusión, le súper agradecemos a HBO haber aprobado la serie en primer lugar y haber aprobado esta película como premio consuelo ahora, mas… gracias, pero no gracias. 

Gay Pedigree:


  • Fue un guiño simpático hacer aparece a Frank en la trama de algún modo. En una realidad alternativa, era el “Cuarto Looking”.  
  • Una vez más, le debemos a la serie a Daniel Franseze como Eddie y su excelente gusto en remeras, tanto la de “Yes fats, yes fems”, que ya la quiero, como la de “Michael & Diana & Elizabeth…” que me muero de curiosidad por saber cómo sigue hacia abajo. 
  • El plot flojo de papeles de Agustín es injusto aparte del Paddycentrismo porque es el único personaje que creció o por lo menos cambió en el transcurrir de la serie. 
  • Hablando de fats & fems es una de las pocas cosas tópicamente políticas del episodio, salvo las conversaciones sobre matrimonio, que ahora parecen estar todas en “Sí, quiero”, salvo por la refrescante jueza interpretada por ese icono gaylésbico que es Tyne Daly.
  • Kevin está de vuelta con Jon. Sadomasoquismo por otros medios. 
  • Lesbian watch: se reduce a un chiste sobre la compañera de oficina ambigua de Kevin y Patrick y unos besos comunitarios por parte de “Kyah” a quien conocemos por primera vez pero ya es la mejor amiga del mundo mundial de Agustin. 
  • Sex watch: hay una linda cogida de Patrick con su levante en la fiesta. Cumple con la función de demostrarnos que, efectivamente, Patrick ha mejorado en la cama.  
  • Music watch: mucha música, mucha de artistas nuevos, pero que incluyen un Himno-Diva de Ultra Nate, un temazo del clásico de la serie (y todos los productos de Haigh) John Grant y el sorpresivo final con “I’ll be your shelter” de los Housemartins, que delata el inglesismo de los creadores de la serie.


lunes, 18 de mayo de 2015

Comentario: Mad Men 7x14 - Person to Person

“I thought about this more than you have” 

Don Draper hace dos llamadas de “Persona a persona” en el transcurso del episodio (probablemente tres si contamos la de Sally, pero perdonen la licencia, dos que son anunciadas como tales). En una el mensaje que recibe de Betty es categórico: no vuelvas, la vida sigue sin vos, como siempre. En la otra el mensaje de Peggy es más vago y menos convincente: volvé, la vida sigue y va a ser como si no te hubieses ido.
¿Se quedó Don/Dick/Quiensea en su burbuja new age, con una nueva personalidad Iluminada? ¿O volvió y escribió, o al menos colaboró con, la campaña publicitaria más famosa de todos los tiempos?
Esa es la pregunta que nos deja Mad Men (aunque de anoche a cuando estoy escribiendo esto, ahora todos son convencidos que Don efectivamente volvió y es por lo menos parcialmente responsable por la idea. En lo personal, no estoy tan seguro, parte de mi razonamiento más abajo), una pregunta con pedigree Sopranos, y que si bien transforma a este episodio en un conversation starter automático para el futuro inmediato, era totalmente innecesaria. La delicadeza del plotting de esta serie de episodios fue tal que la serie podría haber terminado en cualquier momento de los últimos 3 o 4 episodios (o aun en los dos últimos de la primera mitad que se emitió el año pasado), o en varios momentos separados de este mismo. En ese sentido, preguntas al margen, este fue un final más que satisfactorio.
La semana pasada me hacía una pregunta sobre las motivaciones de Don, pregunta que sigue sin responderse, y como he visto comentado por ahí va a depender más que de la palabra de San Weiner del punto de vista de quien lo interprete: el cínico o el optimista. El que cree en el cambio o el que cree que todo sigue igual. O me animo a decir, ninguno de ambos, porque ninguno de los “finales” para estos personajes (salvo el de Betty supongo, que conocemos pero no vimos aun) son los finales para siempre. Don puede haberse quedado con los hippies y haber vuelto tiempo después, o haber vuelto con su idea de comprarle una Coca Cola a todo el mundo y luego haberse perdido con los hippies, en Studio 54 o donde sea. Lo mismo para Peggy, Joan o Roger. La vida no es prolija con principios y finales, y la suerte de cualquiera puede cambiar de un momento a otro.
Lo cierto es que Don toca fondo (otra vez, y en este sentido me gana el cinismo) y accidentalmente parece encontrar cierta paz. O por lo menos una sonrisa pacifica, que puede interpretarse como un momento “aha!” a la vista de los segundos finales del episodio. Hay algo hipócrita en la empatía que Don siente por ese desconocido que no se siente amado, porque salvo de niño (y a través de flashbacks muy del estilo “mis histéricas me mienten” que tenemos que tomar con pinzas), el problema de Don jamás fue ser ignorado o pasar desapercibido. Pero lo cierto es que ese momento detiene su caída, por lo menos hasta donde llegamos a ver.

Ante tanta ambigüedad, Weiner de todas maneras nos tenía que tirar un hueso. O varios, en realidad, en la que realmente es la parte más discutible del episodio. ¿Qué tan fuera de registro fueron los pseudo “finales felices” y el montaje final previo al momento Es Sentir de Verdad?
Agregando mi propia cuota de ambigüedad, diría que fueron ligeramente fuera de registro. Definitivamente el momento de Peggy y Stan fue un guiño a los fans, no solo a los que hinchaban por esa relación, sino todos los que pedían algún tipo de alegría para Peggy. En ese sentido, me parece que hay otras señales más claras de alegrías para el personaje, desde el reconocimiento que le da Pete (en otro momento “tirar un hueso”), a cómo pone en su lugar a la mina de McCann protegiendo a sus cuentas. Y claro, su decisión de quedarse haciendo lo que sabe hacer tan bien y con un objetivo tan determinado (pero antes de 1980, por favor) antes que sucumbir al canto de la(s) sirena(s).
Porque nuestra curvilínea sirena no es otra que Joan, que gracias a las interacciones con tres hombres (un inesperado Ken, y Roger y Richard, por supuesto) decide tomar el toro por las astas en SU negocio, y en un guiño lindo pero no del todo consistente con lo que sabemos de los personajes, tal vez el negocio de Peggy (un hueso más). No vemos el momento en que Peggy le informa a Joan de su decisión, pero la productora Holloway-Harris no parece sufrir por su ausencia. Vamos por un “afortunada en los negocios, desafortunada en el amor” para Joanie.
Y si bien una reconciliación sentimental con Roger hubiese sido escandalosa, la reconciliación amistosa/paternal/de negocios que tienen es más que satisfactoria, y en este caso si completamente coherente con lo que sabemos de ellos. Y Roger tiene un “final feliz” que ameritaría un spinoff propio, porque ¿Qué tan tranquilo va a estar con lo brava que es Marie?
Lo cierto es que el montaje final con los momentos de ‘alegría’ de estos personajes (y el de absoluta tristeza de Betty y Sally, a quien entiendo y aplaudo lo que está haciendo pero me hace dudar sobre su futuro) se sintió un poco… forzado, especialmente porque en todos los casos ya sabíamos que iban a hacer lo que nos muestran, no necesitamos verlo salvo para que se sienta “final”. Pero esto es un detalle: 30 segundos en 92 horas de serie, una nada. Aun si tomamos estos 60 minutos finales, un detallecito que de ninguna manera empaña la inmensidad de la obra y de este cierre.

Algunas observaciones al paso:

  • No tengo lugar para comentar todo lo que pasa, pero la llamada que refiero más arriba entre Sally y Don y la devastadora que sigue entre Don y Betty son el mejor ejemplo de mujeres Draper poniéndolo en su lugar.
  • Parte del motivo del que no estoy tan seguro de la relación Don-Coca Cola es porque a menos que haya un cambio radical de management, y a pesar de lo que dice Peggy, Jim Hobart JAMAS lo dejaría volver a la agencia.
  • Los argumentos de Don de “no vas a creer cuanto esto no sucedió” no parecen tener el mismo efecto en Stephanie que en Peggy.
  • Otro de los huesos que Weiner le tiró a los fans fue que, en un episodio lleno de reapariciones y alusiones, no hubo ni un minuto de Megan en pantalla. 
    • Probablemente el personaje más detestado de la serie no amerita más que risas de los protagonistas a la mención de su nombre.
  • Las tres mujeres de Don presentes aunque sea con surrogados: Anna a través de Stephanie y su casa; Betty, por supuesto; y Megan a través de Marie.
  • Otro guiño a los espectadores es como Joan define pragmáticamente a su ex.
  • Un saludo a la MVP de esta temporada, Meredith.
  • Quienes fueron los protagonistas de estos episodios (fíjense el rol de Ken desde Severance en adelante), los invitados (Stephanie en la primer mitad de latemporada), todo estuvo cuidadosamente plantado para estas resoluciones. Sólo queda abierta la idea fallida de Diana, no que la extrañemos en lo más mínimo.
  • Hasta aquí llegamos con Mad Men, gracias a todos los que leyeron, comentaron, me tiraron sus ideas y me pelearon. No sé si tengo energía para hacer esto mismo con otra serie, pero quien me quita lo bailado…



lunes, 11 de mayo de 2015

Comentario: Mad Men 7x13 - The milk and honey route

“I’ve learnt to believe when people say it’s over”

Yo no sé ustedes, pero en mi caso, mas allá de considerarme abiertamente un fanboy de Mad Men, mi acercamiento a la serie siempre ha sido… cerebral, digamos. Sí, claro, se me ha caído algún grito celebratorio ante un triunfo de Peggy, se me rompió el corazón con algunos de los reveses de Joan, y obviamente Don me hubiese vendido con su pitch de The Carrousel. Pero en sí, tiendo a ser analítico, hay algo en los que Weiner hace que me despierta admiración, curiosidad, y esto como lo vengo diciendo, hizo que me estuviese acercando al final de la serie con el mismo espíritu, queriendo saber qué iba a pasar y cómo más que sufriendo porque ya no iba a ver a los personajes.
Bueno, eso era hasta ayer a la tarde. Hubo dos momentos en este episodio, ambos relacionados a las terribles novedades de Betty, donde no pude más que desmoronarme con el desmoronamiento de los personajes. Empatía, pérdida, amor, incomprensión, resignación… cada sentimiento de Betty, Sally y Henry saltó de la pantalla y me tomó como propio.  
La serie viene con premoniciones de muerte desde hace rato, desde la presentación con su hombrecito cayendo, a los problemas de salud eternos de Roger. Y muerte tuvimos, emblemáticamente las de Lane y Bert, y la seguidilla de mujeres Draper que sucumben al cáncer: Anna. Rachel. Y ahora Betty. Betty era la que tenía un final feliz, ¿se acuerdan? La que finalmente encontró lo que buscaba y se lanzó a tomarlo. ¿Roger muriendo?, ¿Don, aún? Esperable. Betty no. Y acá, mientras me seco las lágrimas, retomo el análisis: el fin de Betty es completamente coherente con la serie, con el personaje, con las mujeres de Don que cayeron pero también con la historia de todos los personajes con el tabaco, desde Smoke gets in your eyes en adelante.  Betty, que perdió su madre al cáncer, que sigue siendo menospreciada por médicos, pero que decide mantener un mínimo de dignidad ante el inevitable final, y hasta, en su retorcida manera, logra hacer algún tipo de paces con su hija. Betty finalmente puede decirle que la quiere y que la admira, pero también reconoce eso que la hace confiable para tomar las decisiones post-mortem que requieren que no tiemble el pulso (como le tembló a ella cuando Gene Sr intentó hacer lo mismo con ella). Esta es la historia de Betty, pero también la de Henry, superado por el dolor, en una muestra más de su complicado amor por su esposa. Y es la historia de Sally, la que no quiere, o no puede escuchar; la que ignora por un segundo el drama de su madre para tirarle un palo final, y la que se entera o confirma por carta, finalmente, lo que siempre supo pero no podía ver a simple vista. Betty, siempre amamos odiarte, u odiamos amarte. Ahora caigo en cómo te voy a extrañar.
Hablando de premoniciones y de Betty, otra premonición que venía dando vuelta desde que Don y Betty tuvieron su affaire extra-retro-matrimonial, era la de reconciliación. Podía ser la del ex-matrimonio Draper, como lo vimos la semana pasada nomas en ese momento de acercamiento. O hasta de Peggy y Pete en la mente de algunos ‘shippers. Pero la reconciliación que tuvimos es la que tiene más sentido en el contexto de los personajes, la de Pete y Trudy, la sociedad matrimonial perfecta desde la primera vez que los vimos. Pete, a quien vimos, y quien se veía, perfectamente cómodo en el nuevo arreglo con McCann, recibe una oferta que no puede rechazar, de parte de una insólita serpiente, Duck Phillips, que como Janice en Friends, siempre está volviendo. Pete siempre tuvo todo tan en bandeja, y siempre tuvo decisiones que lo tenían de objeto, desde ser socio de una nueva agencia a comprar una casa o ver o no a su hija. Bueno, Pete, como Betty, deciden ser agentes. Y una vez que se abre la compuerta, sale todo: nuevo trabajo, en nueva ciudad… y con la misma esposa e hija. Como Betty también, este no era el final que esperaba para él personalmente, sin embargo, es tan perfectamente coherente con lo que sabemos de él que me es imposible criticar las decisiones.
Y hablando de personajes con agencia propia, ahí lo tenemos a Don. Este episodio nos hace que nos preguntemos, una vez más, sobre cuáles son sus motivaciones: ¿Don busca la libertad, el rehacerse constantemente, y por eso huye y se desprende de su pasado? ¿O Don se está escapando, con la ansiedad de ser descubierto en sus mentiras y traiciones? La respuesta es probablemente, un poco de ambas. El secreto Dick hace rato que es sabido y en esa difusión Don alcanzó cierto grado de libertad. Pero el secreto sobre como Dick pasó a ser Don es otro tema. Uno con el que Don aun sueña. O que lo lleva a ocultar la cara cuando un veterano podría exponerlo.
Sin embargo, un poco de alcohol y el compartir con otros veteranos las medidas desesperadas que se toman en una situación bélica, hacen que aflore este secreto… sin ninguna consecuencia.
Al contrario: las consecuencias no son por las acciones de Dick, son por las sospechas que despierta Don, con su Cadillac y su dinero. Pero el secreto del estafador es no parecerlo, contrariamente a lo que la población de ese pueblito en el medio de la nada cree. Y es la lección que Don le da a ese proto-Don, que como las series que intentaron copiar este formato, nunca va a ser más que una versión inferior.
Al final del episodio, Don se deshace de lo poco que le queda y lo vemos sonreír por primera vez en mucho tiempo. ¿Es esto lo que Dick/Don buscaba, libertad total de las cosas que lo atan? Veremos. Por ahora lo único que puedo pensar es que el “espíritu libre” es el padre biológico de tres niños a punto de quedar huérfanos de madre…

Algunas observaciones al margen:

  • Si leen los comentarios de este episodio de la prensa internacional, van a encontrar múltiples menciones a la cultura de los “hobos” implícitas en el título y la trama del episodio. Aquí no tenemos una referencia tan clara de esta mezcla de vagabundos y buscavidas, tan de la época de la depresión, por lo que ni me metí en el tema.
    • Dicho esto, podemos encontrar dentro de la serie antecedentes del tema, desde el flashback del hobo que estuvo un tiempo con los Whitman hasta el nombre del episodio The gipsy and the hobo.
    • Podemos pensar en un análogo de otra época en nuestra literatura gauchesca, ya sea el Martin Fierro o Don Segundo Sombra.
  • Aparición de Duck siendo Duck. Hubiese sido divertido un cameo de Peggy cruzándoselo en los pasillos.
  • Pero claro, no hubo ni Peggy, ni Joan, Roger, Ken, Harry… siguen las firmas.
  • Para pensar: con la salida de Pete y la confirmación de que están buscando el reemplazo de Don, solo quedan en McCann Peggy, Roger y Harry. Creemos.
  • No que Betty se fuera a sorprender con su historial, pero tenemos toda una seguidilla de médicos que se niegan a hablarle hasta que su marido esté presente, o hablan de ella como si no estuviese en la habitación.
  • Con los antecedentes de su madre y su abuela, espero que Sally en algún momento de su vida futura se haga un Angelina para prevenir…
  • Entre tanta tristeza, se filtra el chiste sobre Mrs Robinson con respecto a Betty. Si supieran la verdad los compañeritos de facultad…
  • Tuve un momento “final de Lost” creyendo que Don estaba en alguna metáfora del purgatorio. Por suerte, no.
  • Pitch para Mad Men, s08: Don y Henry luchan por la tenencia de Bobby y Gene. Shonda se haría una panzada…

lunes, 4 de mayo de 2015

Comentario: Mad Men 7x12 - Lost Horizon

“Advertising is not a very comfortable place for everyone”


Hay un género de ficción, generalmente más asociado a la comedia que al drama que es “workplace”, de lugar de trabajo. Mad Men siempre lo fue, pero en general no es la primera asociación que nos viene a la mente, con todos los temas existenciales que incluye en el medio. Justamente por eso nos sorprende un poco el foco puesto en los temas de las vidas laborales elegido para esta última serie de episodios, pero no debería: no solo es como las interrelaciones entre todos comenzaron (piensen más allá del “core” de nuestros protagonistas, de donde salieron las ultimas señoras Sterling y Draper), sino que además el personaje de Peggy en particular, discutiblemente “la” protagonista femenina de la serie, está marcado por los devenires de su vida profesional.
Sumemos a esto que los mayores estresores luego de la muerte de un ser querido son cambiar de trabajo y mudarse, así que ni hablemos de hacer ambas cosas. Y vaya si nuestros personajes están estresados…
No hay más que ver la cara de Jim Hobart para saber que no le podemos creer absolutamente nada, y no es que los ex – Sterling Cooper se lo hayan creído, pero creo que tampoco se imaginaban este nivel de… ¿Malicia? ¿Desinterés? ¿Maquiavelismo? Puede ser tácito, como tratar a Don como una estrella pero luego sentarlo en una sala con 20 otras personas con su mismo perfil y cargo; indirecto, como negarle un espacio a Peggy o tratarla como una secretaria; o explícito, como el menosprecio seguido de acoso, seguido de virtual despido de Joan.
Empezando por este último, el arco de Joan es solo comparable con el de Peggy en el nivel de planeamiento y consecuencia lógica del personaje y las cosas que le han sucedido. La admiración estructural no aminora el dolor de verla en esa situación. Joan tuvo que enfrentar desafíos personales y profesionales únicos para llegar a donde llegó en la agencia, solo para verlos derribados de un plumazo. Los varones la disminuyen intencionalmente (Dennis, Ferg, Hobart) o con sus buenas intenciones de caballeros de lustrosa armadura (Don, Roger), pero lo cierto es que su salida es la más temprana de lo que seguramente serán varias salidas en los próximos episodios. De todas  maneras, Joanie tiene una oportunidad más de brillar, inesperadamente, peleando por sus derechos y los de las otras mujeres de McCann, y surge la cuestión de los múltiples feminismos: pueden ser por convicción o pueden ser por necesidad.
Y hablando de feminismos por convicción, la tenemos a Peggy, atrincherada en su pasado antes de saltar a un futuro que se niega a abrirle la puerta, ya sea negándole una oficina y enviándole flores ‘como al resto de las chicas’. Peggy conoce su camino, pero a veces necesita que le den un empujoncito o un momento de reflexión, y es interesante que haya venido de Roger. Las interacciones entre estos dos siempre fueron pocas pero únicas, y si bien los une el quedarse en el pasado, es por motivos diferentes: Peggy necesita un envión para saltar, Roger no quiere saltar. Por el motivo que sea, un poco de Cinzano, un órgano y unos patines redundan en la entrada triunfal de la “new attitude” Peggy a McCann. Esperemos que su actitud y su cuadro erótico heredado de Bert Cooper tengan mejor suerte que Joanie.
Roger intenta recuperar recuerdos positivos de Sterling Cooper, y Peggy lo frena, pero en realidad tanto Peggy como Joan sabrán ahora apreciar hasta qué punto era una agencia de vanguardia, donde el talento y el caradurismo siempre valieron más que un nombre. Tal vez sea Shirley la que ve esto más claro, escudada en la frase que abre este comentario, pero sabiendo que el destino de una mujer negra en McCann todavía tendría que esperar varios años para realizarse…
Y Finalmente lo tenemos a Don, en una historia donde lo simpático de las referencias y simbolismos, desde el chiflete por la ventana de su nueva oficina hasta el parecido de la casa de Diana con su anterior morada en Ossining, no alcanza para justificar su irracionalidad. Si, Don se tiene que ir de ahí y si, el ver a Betty y sus hijos mejor que cuando estaban con él no debe ser un impacto menor, pero esa solución queda como una media tinta, tanto como su “ir al oeste” fue hacia el medio oeste en lugar de California, como solía ser. Aunque no apruebe de la aparición fantasmagórica en esta ocasión, Don tendría que escuchar lo que tiene para decir.
¿Qué sucede las próximas dos semanas? Ni idea. Si es cierto que la imagen promocional de la temporada es Don en su auto, tal como lo vemos en los últimos minutos del episodio. Major Tom se quedó vagando por el espacio y hay que ver si llama a ground control…

Algunas observaciones al margen:
  • La sensación de deja vu con The Other Woman fue fuerte, tanto por la situación de Joan como la de Peggy. Episodio clave de la serie como pocos. “I’m not negotiating”… ya escuchamos eso antes.
  • Jim Hobart alude a Joan heredando su parte en la sociedad... puede que sepa sobre las escapadas de Don, pero claramente se perdió ese episodio clave. 
  • Hablando de Joan… ¿el ofrecimiento de Richard es porque está “conectado”? De Mad Men a los Sopranos sin escalas…
  • Hace rato que vengo diciendo que el personaje más del “futuro”, para bien o mal, es Harry. Insisto, Harry se saltea los 70 y termina directo en los 80…
  • Ninguna salida de las últimas que vimos es definitiva, no descarto volver a ver a todos los personajes, aun los muertos: Ken sigue presente via Dow y Bert se le aparece a Don o vive en su cuadro en la oficina de Peggy.
  • Mi primera conexión fuerte con Mad Men fue a través de la histeria de Betty, tan de libro. Cerrar el círculo con Betty leyendo a Dora no me da más que satisfacciones. Gracias Matthew, es como si supieras.
  • En McCann, los chicos toman Coca Cola y las chicas Tab. La cervecería Miller es la única que conoce el futuro…
  • Los que tuvieron la suerte de ver la expo de Mad Men en el Museum of the Moving Image estarán familiarizados con los “Mood Boards” de Janye Bryant y el equipo de diseño para dar con el tono de los personajes y los ambientes. Lo que le presenta Meredith a Don es exactamente uno de esos boards.




lunes, 20 de abril de 2015

Comentario: Mad Men 7x10 - The Forecast

“This conversation is a little too late… and so am I”
Casi toda serie “de prestigio” intenta en algún momento hacer episodios temáticos, donde todas las historias convergen de algún modo en un tema, o un grupo de temas centrales, mas o menos explícitos. Mad Men en su mejor momento lo hace de manera mas elíptica, dejando afuera la citación clara de dicho tema, y en momentos de mayor debilidad (estoy pensando en la temporada 5) por momentos tirándonoslos por la cabeza.
Este episodio podríamos decir que cae en la segunda categoría, con dos temas dando vueltas en las historias de todos los personajes: los planes y deseos para el futuro (con sus consecuentes posibilidades de realización reales) y las relaciones inapropiadas, en parte tematizadas por las referencias a Peter Pan, que oportunamente es el cliente a satisfacer en la historia. En otro momento histórico de la serie, tal vez me hubiese molestado esta obviedad, pero también repasemos que es lo que se espera de los episodios finales de una serie: se espera que cierren las historias de nuestros personajes, en los que hemos invertido tanto tiempo, y podamos tener un atisbo de su futuro, y esperamos suficientes recursos de narración circular que nos lleven al principio, y nos permitan rever, o al menos poner en contexto, situaciones y personajes del pasado. Eso es lo que el primer episodio de este ultimo grupo hizo tan bien con Rachel, y el motivo por el que mucha gente se decepciono con el de la semana pasada, donde Diana parecía abrir en lugar de cerrar, y realmente no esta en la lista de deseos de nadie saber que es de la vida de Sylvia Rosen.
Entonces, en base a un McGuffin argumental que tiene que ver con una convención de McCann y la necesidad de Roger de expresar “el futuro de la compañía” , Don se tiene que poner de cara al futuro, y del mismo modo que le viene sucediendo en los últimos pasados, solo encuentra vacío. El vacío al que cae el hombrecito de la presentación del programa probablemente no sea la obvia muerte por caída que muchos quieren ver desde la s01, sino el terrible vacío existencial de esta gente que “no hizo nada”. Don tiene tal laguna que no duda en intentar, infructuosamente, sacarle ideas a Peggy (que si tiene un plan: ser Don, para horror de Mr Draper, pero que como siempre, la falla de comunicación entre ambos termina en malentendido. Don, no mires mas allá: Peggy ES el futuro) Ted, o hasta al mismo Mathis (que claramente no entiende nada, y sea cual sea su plan, nunca nos enteraremos. Si lo volvemos a ver será por ser concuñado de Peggy…). Es que ridículos o forzados (Sally Draper tiene un mission statement a prueba de balas: escaparse de sus padres, aunque como bien le dice Don en uno de los pocos momentos de claridad del episodio, ella ya “los lleva adentro”), todos tienen planes o por lo menos deseos: ser felices en el amor, un destino profesional, o vender una idea a Hanna-Barbera (hola Lou!). Todos menos Don, claro, que de todas maneras tiene tanta suerte que su único cortoplacista plan, vender el departamento, se cumple a pesar de lo negativo del pronostico del titulo.
Otra cosa que le sigue saliendo bien a pesar suyo a Don es resultar atractivo a las mujeres, aun cuando estas tengan la edad de Sally… y Sally este presente, teniendo que en un par de amargos días ver a ambos de sus padres ser el blanco de avances muy poco apropiados de gente mucho menor. Para Betty claro, se trata de Glenn Bishop, y a esto me refería con el llamado al pasado. Glenn, por nepotismo o no (el actor es el hijo de Matthew Weiner, después de todo), ha sido una presencia continua en la serie que se remonta al principio y que se ve reflejado en ese momento poco apropiado y malentendido (?) con Betty. Pero Betty ya no es una mujer-niña como lo fue en su momento (por lo menos no tanto como lo era en la s01) y sorprendiendo a todos, Glenn incluido, se le niega a su avance. El triángulo Sally/Betty/Glenn es tan rico, y tan complicado, y por supuesto no puede tener un final feliz, pero revisitarlo es lo menos que se podía esperar estos episodios. Al menos Betty tiene un segundo momento de lucidez (el primero fue rechazar a Glenn desde un lugar de cariño en lugar de uno de nena petulante), reconsiderando los “juegos de guerra” en todos sus sentidos.
Claro que la temática Peter Pan no se queda en la marca y los encuentros de Don y Betty nada mas: la que busca el amor es Joan, y casi por casualidad parece encontrarlo, pero con una larga lista de “peros”. Para empezar la diferencia de edad (algo que esta establecido como característica del personaje, de todos modos), pero también Richard, su nuevo candidato, tiene hijos grandes y no quiere volver sobre sus pasos (al tiempo que su “disfrutar la vida” es medio peterpanesco, y su plan, no tener planes), y Joan, dentro de su horror,  no puede dejar de ver como Kevin le resulta un obstáculo. La aparente rápida resolución de este conflicto espero que sea el primero de varios segmentos al respecto, porque si no me quedaría como algo forzado solo para tirarle un hueso a Joan. Pongo unos porotos a alguna posibilidad de conflicto Joan/Roger/Marie/Richard. 
Aun con algunos pasos que no cierran al 100%, y volviendo a las expectativas de “futuro/pasado”, creo que el episodio mas que las cumple, mientras tenemos un ojo en lo poco que nos queda por delante.

Algunas observaciones al margen:

  • El comentario de Mathis sobre Lee Garner Jr nos hace reconsiderar (llamada al pasado!) la triste circunstancia del despido de Sal. Me pregunto si Don (que tenia motivos para estar pensando en otra cosa) pensó en lo mismo o solo fue una perlita para los televidentes. 
  • Las referencias literarias del episodio son, como ya dijimos, a Peter Pan, pero hay mas.
  • En la forma de referencias televisivas!
    • El look de Glenn y de la baby sitter de Joan remiten directamente a The Brady Bunch, en su apogeo en 1970, y el programa que Bobby quiere ver antes de irse a la cama.
    • El look de Betty es completamente el de Samantha Stevens, nuestra brua favorita de Hechizada, y la escena en la cocina con Sally (una de las mejores de ambas, me encanta cuando en su relación amor/odio encuentran cierto humor) tuvo definitivas vibraciones Samantha/Tabitha.
    • Recordemos también que Darrin en Hechizada era un ejecutivo de agencia de publicidad en los 60. Nos  faltaría Endora en este escenario nada mas.
  • Así que eso es lo que hicieron con “aun con contrato” Lou. Me pregunto si Jim Cutler esta también por ahí.
  • El mini conflicto entre Peggy y Pete pide a los gritos una resolución mas profunda de la relación de esos dos. 
  • Hacer análisis de vestuario es mejor dejárselo a los profesionales, pero es digno de mencionar que nuestras leading ladies (Peggy, Joan y Betty) nunca se vieron mejor, mientras que los leading men (Don y su pelo largo, los bigotes, la pelada de Pete, el “leisure suit” de Richard) no la están pasando tan bien. 
  • La canción de cierre es “The first time ever I saw your face” de Roberta Flack, mega éxito de principio de los setenta. No me decido del todo como se relaciona temáticamente con el episodio mas que en lo cronológico. 
  • El intercambio entre Betty y Sally que abre este comentario es mi favorito, pero el “por que no escribís tus sueños en un papel así me cago en ellos” de Peggy a Don es una de las mejores interacciones que han tenido… y probablemente sus interacciones sean las mejores de toda la serie.


lunes, 6 de abril de 2015

Comentario: Mad Men 7x08 - Severance

“Should we lunch” ”I want to burn this place down” 

Este episodio de Mad Men está dedicado a la memoria de Mike Nichols.
Este comentario de este episodio de Mad Men está dedicado a la memoria de Rachel Menken-Katz, uno de mis personajes favoritos de la serie.

No es novedad que en la medida que nos vamos transformando más y más en una sociedad de información y servicios, irán apareciendo más crisis de “mitad de la vida” de gente que no ha logrado nada, o que por lo menos lo van a vivir de esa manera. Si éxitos, muchos de ellos que se miden en dinero, pero con poco para mostrar a cambio. Si a esto le sumamos fracasos familiares de distinta índole, es esperable que la crisis se ahonde aún más.
Nuestro protagonista, Don Draper, hace siete temporadas que está teniendo una crisis existencial delante de nuestros ojos, por una variedad de motivos (en la sociedad de servicios trabajamos todos, pero no todos usurpamos la identidad de otra persona, como para comenzar), pero este es uno de los principales de ellos. Don lo ha expresado en hechos y en palabras a lo largo de los años y ha sido un subtexto de la serie desde los primeros episodios, generalmente, por fuera de Don, en la persona de Ken Cosgrove.
Ahora que se acerca el final, Mad Men está, sin ninguna culpa, mirando hacia atrás, y el subtexto se hace texto, y esta crisis, carne en Don, evidenciada además por lo que lo rodea, no casualmente el mismísimo Ken y una de las primeras personas ante las que sinceró este vacío: Rachel Menken.
Todos en la agencia están pasando un momento de bonhomía económica luego de la venta a McCann, pero desde los White People Problems de Pete a los Busty Woman Problems de Joan, se hace evidente que la ilusión de felicidad económica no alcanza, por difícil que les resulte de creer a Ken y Peggy, quienes son los receptores o testigos de estos problemas. Ken suma un problema adicional, que es el ser despedido de Sterling Cooper sin demasiado ceremonial (el “severance” del título alude tanto al arranque o separación que sufre Don como al “severance pay”, indemnización, de Ken). Pero la ventaja de Ken es ser un pragmático: mientras que Don podemos estar seguros que se seguirá regodeando en la crisis por lo menos hasta el último minuto que lo veamos, Ken, el menos neurótico de todos los personajes de Mad Men, tiene dos salidas posibles, ambas con sus gratificaciones: o dedicarse a su escritura y seguir el camino creativo, o vengarse en forma de una posición de poder en Dow que sometería a la agencia. Gana esta segunda, pero algo me dice que lejos de presenciar los dolores de cabeza que va a traer, como Ginsberg, Bob Benson o Bert Cooper en los episodios anteriores, esta historia fue una despedida del personaje.
A Don, a quien post-segundo divorcio la vida en apariencia le sonríe, un tema laboral lo lleva a un raro momento onírico y a uno de sus “fantasmas” (en el sentido psicoanalítico de la palabra): Rachel. En lugar de dejarlo ahí, intenta contactarla y se entera que acaba de fallecer. No siempre es fácil empatizar con personajes de ficción, menos aun con uno con quien tenemos tanta distancia como Don, pero tanto la actuación de Hamm como el recuerdo que tenemos de Rachel hacen que nos quede clarísimo el duro golpe que esto significa. Mal que le pese a Don además, lejos de quedarse esperándolo, Rachel, vivió la vida que quería. Rachel “hizo algo”, como Ken considera por un momento hacer antes de tomar otro camino. La fachada de modelos y “cuatro chicas en espera” se cae a pedazos. Y Don, como muchos otros personajes de Mad Men, lo canaliza en un pequeño acting, esta vez con la camarera Di, a quien en su estado de estupor no puede separar de lo onírico. Supongo que esta historia recién se está armando, nos queda especular si esta nueva-vieja crisis lo lleva a Don a caer del proverbial edificio al vacío o a finalmente “hacer algo”. Nos quedan unas pocas semanas para enterarnos.

Algunas observaciones al paso:

  • Elegí hablar de Don y Ken, pero no porque las demás historias no merezcan atención. Sobre Joan, Peggy y el conflicto que las une (separa), escuchen el s02e06 de La Podcast.
  • Peggy aceptando la cita a ciegas y casi terminando en Paris es otro de los “aprovechar el día” explícitos en el episodio. Peggy se merece una alegría a este nivel, veamos si esta vez le toca.
  • Otros llamados al pasado en el episodio: Medias Topaz, el breve paso de Ken por McCann luego de la creación de SCDP, la carrera de escritor de Ken, Barbara Menken, Don vendiendo pieles, el paso de Joan como vendedora de department store.
  • No tenemos aparición de ninguna señora Draper en este episodio. Hace ya temporadas que es costumbre que Betty aparece en el segundo episodio de la temporada, parece que ahora que es “ex” Megan sufrirá la misma suerte.
  • Ausentes también Jim Cutler y muy obviamente, Lou Avery (Don está de vuelta en su oficina). Me pregunto si tendremos alguna referencia explícita a que sucedió con ellos.
  • El “raro momento onírico” que menciono más arriba es raro por extraño, no porque no sucedan a menudo, ya que son un clásico de la serie.
  • Di la camarera nunca apareció antes en la serie, pero es otra de las morochas con las que Don se suele enganchar. El jueguito es que Di (“Dai”) suena a “die”, morir. Que empiece la especulación nuevamente.
  • Agregando a la especulación: el vino sobre la alfombra remite tanto a la escena de “sexo dominante” con Megan como a una obvia mancha de sangre.
  • Montones de “lógica del sueño” en la secuencia con Rachel, desde las –supuestas- incoherencias del dialogo a Ted transformándose en Pete.
  • La canción de Peggy Lee que sirve de lei motiv, el libro de John Dos Pasos que está leyendo Di y el discurso de Nixon ponen la acción aproximadamente en abril de 1970. Si vamos a seguir secuencialmente o a los saltos, está por verse.
  • Por si había alguna duda que entramos a los 70s, no hay más que ver las caras de Roger y Ted *risas*.

lunes, 23 de marzo de 2015

Comentario: Looking 2x10 - Looking for Home

"I thought I was moving in with just one Kevin"

Este episodio comienza con Patrick, infructuosamente, tratando de entrar a su nuevo “hogar”. Su torpeza para hacerlo, el hecho de que el edificio mismo se lo esté negando y que los que finalmente abran la puerta sean los insoportables nuevos vecinos Milo y Jake más que un simbolismo, son un yunque en la cabeza: tal como lo vimos venir desde el momento en que Kevin “se decidió” por Patrick, esa relación está condenada al fracaso.
Lo interesante es la combinación de factores que llevan a eso: uno, claro, es lo que ya sabemos de Patrick y su conservadurismo casi decimonónico (en un momento especialmente hiriente, Kevin lo equipara con su hermana Megan, a quien oportunamente conocimos el episodio pasado). El otro es Kevin mismo. Más allá del punto de vista omnisciente que tenemos como audiencia del programa, habla de la ingenuidad de Patrick el creer que Kevin cometió una y solo una indiscreción, que esa indiscreción fue con él y que nunca va a volver suceder. 
Como comentaba hace unas semanas, Looking es un producto de y para la comunidad gay, y es interesante como no se han privado de meterse en los debates actuales propios de la misma, desde el uso del Truvada como “prevención” para el HIV a la realidad de las parejas abiertas, el estado de levante constante amplificado por las redes dedicadas en nuestros teléfonos o como vemos también en este episodio, el racismo y “bellecismo” del puterío como grupo humano. El error de Kevin y Patrick no es ni la intención del primero de no “atarse a un solo compañero” ni el “monogamia para toda la vida” del segundo: no, el error es no haber tenido esta conversación ANTES, el dar por asumido que el otro quería lo que cada uno de ellos quiere. 
De ahí en más, es todo barranca abajo. Cualquier arreglo que hagan a partir de ese momento (y Patrick por un momento hasta estaba decidido a transar, en parte producto de las revelaciones de su madre la semana pasada) va a dejar a uno de los dos disconformes, y ambos lo saben. Esto se agrava, además, por el hecho de que Patrick tiene una caja entera de temas no resueltos con Richie, y como espejo del comienzo de la serie y del final de temporada pasada, ahí es donde termina.
Esto puede ser el final de temporada, o muy probablemente, el final de la serie, y para cada caso requeriría una lectura diferente: o es un cliffhanger para mantener el triángulo una temporada más, o el “estoy listo” de Patrick es la oposición al “no estoy listo” del final de la temporada anterior. 
Si este fue el final de la serie, eso sí, bastante mal se ha portado con el resto de los protagonistas: Agustín amerita poco menos que un cameo, y si bien el arco del personaje se completó de alguna manera el episodio anterior, es injusto para los televidentes y para el personaje y actor que finalmente figura segundo en el orden del elenco.
Dom y Doris tienen una resolución más redonda y satisfactoria para ambos: es hora de cortar lo enfermo del vínculo que los une, sin cortar el vínculo, con la posibilidad de Doris de tener una relación y de Dom de crecer un poco solo (la salida fuera de cámara de Lynn también apuntaba en esa dirección). Igual nos deja con gusto a poco. 

Looking tuvo un salto cualitativo importante en este segunda temporada. No fue una gran temporada como un todo, pero tuvo momentos muy altos, desarrolló a los personajes y agregó detalles nuevos, y se animó a ser tópica y política cuando hizo falta. El problema es que esto la hizo tan de nicho que no la miró prácticamente nadie, y la audiencia nicho está tan atomizada que difícilmente se una para reclamar continuidad. Si HBO decide que le interesa seguir mercadeando al nicho, aquí estaremos esperando.

Gay Pedigree:

  • A modo de incorporar la vida real a la trama, el corte de pelo de Patrick aparte de simbolizar confianza y entrega con Richie, es a causa de la necesidad del mismo para el papel de Jonathan Groff en American Sniper
  • Sin lugar a dudas lo mejor que nos dejó esta temporada fue la incorporación de Daniel Franseze como Eddie. También tiene menos que un cameo, pero su look Santa Bear con remera de Mariah fue el momento más risible de un episodio bastante denso.
  • La bajada de línea sobre la muestra de la comunidad gay que se expone en el edificio es bastante hipócrita en vista del protagonismo casi absoluto de Patrick y Kevin no solo este episodio sino toda la temporada.
  • Dicho esto, ¿quieren saber sobre quienes son los símbolos sexuales 2014-2015 de la comunidad? Escúchenlos de boca de Kevin: Zack Ephron, Chris Pratt, Mark Ruffallo. 
  • En un episodio donde claramente se nos pide que nos pongamos del lado de Patrick, un detalle que nos hace bajar un cambio: lo llama “sex addict” a Kevin. Ay Paddy, vivís en San Francisco 2015, fuiste a chupar pija a un parque, no seas hipócrita…
  • Hablando de ser tópico y político: “I wanna pussy, so suck my dick
  • Lesbian watch: al remanido (y bastante discriminador, como todo en Patrick) chiste de su pelo de “middle age lesbian”, se agrega una pareja de chicas recién casada en la puerta de City Hall cuando Dom lo va a ver a Malik. 
  • Sex watch: lo más parecido al sexo en este episodio es un coitus interruptus por timbrus de vecinus fiesterus. Muy significativo en contexto. 
  • Music watch: tenemos casi cameos de los favoritos eternos del programa Hercules & love affair, y de los gay-faves Hot Chip, pero el tema principal es Simple Man de Graham Nash, priorizando impacto lírico sobre gaytudez.
  • Nota final: puta que es linda San Francisco, como la toma desde la colina donde están Dom y Doris lo demuestra (lindo barrio Malik, Doris es afortunada en varios sentidos).
  • Gracias a todos los que leyeron y comentaron estas semanas, esperemos tener la oportunidad de reencontrarnos el año que viene. 


lunes, 16 de marzo de 2015

Comentario: Looking 2x09 - Looking for Sanctuary

"I'm fucked. I'm FIST fucked" 

Para ser un programa que es completamente Patrick-céntrico, casi al punto que Girls es Hanna-centrico,  claramente el objetivo de la temporada era hacer algo positivo con los personajes de Agustín y Dom, y este episodio, y calculo que el próximo son la clara muestra de cómo un Looking “equilibrado” entre los tres funcionaria (sale perdiendo, a menos que suceda algo radical en el final de la semana que viene, Richie). Y claro, en un programa equilibrado, versiones aun a medio definir de Dom y Agustin siguen siendo mucho más interesantes que Patrick.
En un episodio donde varias relaciones de pareja están en diversos estados de cambio de estatus, dice mucho que en la que más estamos emocionalmente invertidos es en la que NO es una pareja romántica o sexual: Dom y Doris. Por supuesto que esa relación tiene algo juvenil no acorde con los cuarentones que son, pero la “codependencia fag/hag” a la que Doris refiere es cierta y en algún momento tenía que cortarse. Espero que la crisis de índole financiero que la dispara deje lugar a un dialogo más serio sobre las necesidades de ambos sin dañar la relación de fondo.
Por el lado de Agustín, el tira y afloje con Eddie se pone en ebullición al encontrarse con Frank, y lleva a uno de esos momentos-Eddie que todos aprendimos a esperar, mezcla de humor y ternura. Asi que oficialmente Agustin y Eddie son “novios”, espero que cuando (si) la serie es renovada, Daniel Franzese pase a ser parte del elenco oficial ya que Eddie no solo es lo mejor que le sucedió a Agustin, es también lo mejor que le sucedió a Looking.
Y finalmente tenemos a Patrick y a Kevin, donde a nivel pareja, todo me parecen inconsistencias: un día Kevin está muerto por él, al otro no confiamos en nada. Patrick es un veleta, los cambios minuto a minuto en su caso no nos sorprenden para nada. Claro que conociendo un poco más en detalle a la familia Murray, las cosas quedan en otra perspectiva. Si Patrick se crió en ese ambiente de pasivo-agresión o simple agresión, con razón es mercadería dañada. 
Igual no nos engañemos por la simpatía que podemos tener por los personajes o la situación en general: Looking es una serie pésimamente escrita, y este episodio probablemente la más clara prueba de esto: todas las motivaciones y situaciones son arbitrarias, desde el claro “sin pensar” de todas las acciones de Dom y Doris, pasando por la negativa de Agustín a dedicarse al arte,  hasta el encuentro “casual” con Frank. De todo esto sin embargo, el peor ofensor es la historia “divorcio de los padres", uno de los tropos televisivos más sobre-usados y de más baja utilidad, que solamente sirve para poner en el tapete el infantilismo de los hijos, algo que en este programa (de nuevo, al igual que en Girls) claramente no hace falta. 

Gay Pedigree:

  • La homofobia casual y no casual de Megan es probablemente una de las cosas más chocantes que se vieron en este programa, mucho más que si agarraran a un pibe a palazos en un parque. “No te ofrecí chocolate porque USTEDES siempre están a dieta” una de esas cosas terriblemente homofóbicas que pasan como comentario al pasar. De todas maneras, queda determinar cuánto es una característica general de Megan o una manera de manifestar problemas fraternales que claramente van más allá. 
  • Al margen de esto, todo el tilinguerio de Dana y Megan sirven para entender por qué Patrick salió tan mosquita muerta. Ojala que en la temporada 5 se le dé por rebelarse transformándose en un scat pig, o alguna cosa así.
  • El psiquiatra de Dana Murray es el Dr Sapperstein. ¿Se trata de un crossover encubierto con Parks & Recreation?
  • Lesbian Watch: no hubo lesbianas en este episodio. Para hacer aún más tópica la historia de Dana, podrían haberle inventado un romance lésbico…
  • Sex Watch: No hay sexo en este episodio, aunque si charla sexual que les trae… complicaciones a Patrick y Kevin, tal como podemos ver en la foto que ilustra este artículo.
  • Music Watch: En un programa tan respetuoso de los héroes musicales gay, la ausencia hasta ahora de Jimmy Sommerville era medio inexcusable. 
    • La elección de To love somebody probablemente no hubiese sido la mia, pero entiendo el objetivo de jugar con la letra y como se relaciona con todas tramas de la semana 


lunes, 9 de marzo de 2015

Comentario: Looking 2x08 - Looking for glory

"The devil wears a dog shirt"

El episodio de Looking de esta semana cierra con Only You, de Yazoo. En circunstancias normales, eso sería suficiente para ponerle un diez al episodio y seguir con mi vida, pero tanto por razones musicales que discuto en Music Watch más abajo como por razones argumentales del episodio, no se la van a llevar tan barata.
Si bien la estructura de Looking, especialmente esta temporada, es claramente de telenovela, con nuestra heroína siendo Patrick con sus dos candidatos de cada lado del camino, hasta ahora los elementos bien culebrón estaban equilibrados con comedia, historias de otro tipo que no sean lo estrictamente “me-quedo-con-uno-o-me-quedo-con-el-otro”, pero al acercarse el final de temporada, parece que los guionistas se largaron con todo a enfocarse en eso, y lamentablemente, no es el punto más fuerte del programa.
Si es interesante, independientemente de las miradas perdidas entre Patrick y Richie, el análisis de la relación Patrick/Kevin, que más allá de su belleza física (el chiste recurrente de sus White People Problems sobre ser casi hermanos da justo en el clavo), todos sabemos que tarde o temprano va a terminar mal. El desastre del “desayuno en la cama” es un simbolismo, intencional o inintencional, de lo que el futuro depara a esa relación. No dejemos que el encanto de Russel Tovey nos engañe: a Kevin no se le cree nada, y tarde o temprano se le va a pasar la calentura y adiós Patrick. Claro que con Richie en stand by (este episodio tuvo por fin también mostrarnos que Brady no es para Richie), Patrick no se va a quedar solo. Brady y Richie se reirán a las espaldas de Patrick, la “nena de 13 años con miedo a su vagina”, pero Richie es el par perfecto, el reprimido que juzga a todos no desde la superioridad moral, sino desde el pánico a todo lo que salga de su zona de confort. 
Hay telenovela de otros tipos con los otros personajes, infinitamente más interesante: finalmente vemos que la química entre Agustín y Eddie es real, pero un accidente que no es tal enfrenta a Agustín a sus propios miedos y prejuicios sobre la seropositividad de Eddie, de paso dándole la oportunidad a Daniel Franzese de mostrar más rango que la comedia a la que nos tiene acostumbrados (y mostrar… más, como comento más abajo). Es bueno ver que la reivindicación de Agustín sigue en pie, mostrando verdadero interés por seguir adelante con esa relación.
Y Dom… es raro lo que está pasando con Dom. Espero que la moraleja no sea que el puto cuarentón (aun uno que esta tan bueno como Dom) está destinado a quedarse solo. O es cierto que el manejo dudoso de su relación con Lynn lo dejó ahí, pero tener “celos” por Doris espero que sea mejor analizado como el síntoma que es y no la enfermedad o causa de la enfermedad.
Básicamente un episodio de poner las fichas en el tablero para los dos finales, no está mal, pero no estuvo a la altura del resto de la temporada.

Gay Pedigree:
  • La toma que establece la ubicación del centro de conferencias es, efectivamente, el centro de conferencias de San Francisco, donde normalmente se hacen los eventos de Apple. Los interiores deben haber sido filmados en estudio.
  • El némesis de Patrick en la convención, además de aportar la cuota diversidad, supongo que está ahí para ser la definición pura de “bitch on wheels
    • Todas sus intervenciones son una mezcla de hilarantes/tajantes con revelación de la verdad:
      • El chiste de la “pareja de hermanos”
      • Hacer notar que el juego que están presentando es una muestra de lo peor de lo estereotipos, algo que solamente dos chicos blancos, lindos y atléticos en pareja el uno con el otro podrían diseñar.
      • ¿“Fierceness”? ¿En serio?
  • Igual, el programa reconoce y se regodea en los estereotipos y las consecuencias del ghetto, desde la línea de Eddie sobre ser una ‘big poz queen’, al potencial aviso de Dom que se definiría como un ‘clone’.
  • Dicho esto, Bitch on Wheels está presentando una app para encontrar los glory holes más cercanos (lo que da el nombre al episodio). Espero que los productores hayan registrado la idea, alguien se las va a robar…
  • Lesbian watch: seguimos creyéndole a Meredith que no es torta, pero su escandalización a la salida del closet de la pareja Patrick/Kevin es más de torta que de mujer hétero.
  • Sex Watch: Escena muy caliente y realista entre Agustín y Eddie, desde lo sensual a lo accidental. 
    • También, ante tanta pacatería por contrato de Tovey solo saliendo en calzones, es refrescante la naturalidad de Franzese con su desnudez.
    • Primer full frontal en el programa, y es del chico gordo. In your face, Lena Dunham. 
  • Music Watch: Como comentaba más arriba, cierra el episodio el clásico de 1982 de Yazoo, Only You. Continúa con la asociación del personaje de Kevin con bandas y artistas ingleses.
    • Dicho esto, la canción se usó hace dos semanas en The Americans, y de manera mucho más apropiada, especialmente porque The Americans transcurre en 1982, y creo que con suerte Kevin y/o Patrick NACIERON en 1982 (verificando, Tovey es del 81 y Groff del 85). 
    • Apruebo, en este caso, más del uso de Say you love me de Jessie Ware en la escena de “los lentos”: “I don’t wanna fall in love with you, I don’t wanna try
    • Y hubiese aprobado mucho más si nos hubiesen mostrado algo de la Kylie Night en Toad Hall


miércoles, 25 de febrero de 2015

La cruzada anti-manija


Definir al estado de “manija” es casi imposible (aunque hicimos un intento aquí), es algo inasible, un fenómeno que podríamos definir como psicológico y que se potencia desde lo colectivo, y que mientras acá como giles lo vivimos, combatimos o simplemente observamos, alguna mente siniestra en algún laboratorio ya lo aisló y lo está usando en nuestra contra.
Es ese sentimiento de ansiedad, anticipación y hasta angustia (no es casual que estas tres cosas tengan raíces etimológicas comunes y en clínica en inglés se agrupen genéricamente bajo la figura de “anxiety”) generada por cosas, curiosamente, buenas y esperables, no negativas. El sentimiento nace en un individuo, o varios aislados, y luego se propaga como contagio, potenciándose en el proceso, y amplificándose por medio de las redes sociales. Es esa sensación de “no puedo esperar y lo quiero ya”, sin importar si es una película (o los anticipos de la misma, más sobre esto más abajo), una serie, un partido de futbol, un evento de cualquier tipo. Mi postulado detrás de este manifiesto es que nada va a estar jamás a la altura de esta manija y en el mediano plazo arruina la experiencia de lo esperado en sí. Pero primero un poco de historia y teoría.
Como tantas otras cosas malas que nos suceden, tiene su origen en el mundo del comic, y se potenció hasta el paroxismo durante los años 90. Luego llegó internet, y lo hizo aun peor.
Verán, para satisfacer las necesidades de las comiquerías y que sus dueños supieran que revistas iban a salir y por qué motivo debían comprarlas, los distribuidores de comics comenzaron a preparar un catálogo de novedades con lo que se iba a publicar (solicitations) que se publica con 3 meses de anticipación, para dar tiempo, en eras pre-internet, de que las órdenes se hicieran y se cumplieran. Este catálogo, que algunos pueden conocer como la revista/libro Previews, en algún momento de los 90 dejo de ser una herramienta de las editoriales y los dueños de comiquerías para pasar a ser algo abierto al gran público, y ahí empezó el problema: en lugar de enterarme que pasaba en la semana que salía y quedarme colgando con el cliffhanger hasta el mes que viene, ya sabía que pasaba en tres meses… entonces que me importa si Superman se murió o Wolverine se va de los X-Men si en 90 días tengo una historia que se llama El retorno de Superman, Wolverine y sus hijitos. Toda esta manija además tuvo su propio medio, el pasquín Wizard, cuyo único objetivo era ampliar la manija y es el antecedente directo de la mayoría de los sitios de “noticias” de comics y películas actuales.
Claro que en el cine siempre existieron los avances, trailers o colas (según la generación a la que pertenezcan), pero el albor de la internet hizo que los mismos salieran del ámbito natural del cine o en algunos casos la televisión para transformarse en algo disponible a cualquiera en cualquier momento. Sumada a la mala costumbre del tráiler que cuenta toda la película, se sumó el anuncio de que en fecha XX saldría el tráiler, y luego el tráiler del tráiler, y luego el teaser del tráiler del tráiler del tráiler, formando un circulo enfermo de anticipación, que tiene a la gente demandando avances de películas que se van a estrenar en más de un año (para un ejemplo práctico, ver los indignados el mes pasado porque durante el Superbowl no hubo un avance de Batman vs Superman, película que se estrena en marzo del 2016).
Los generadores de contenido, lejos de preocuparse por toda esta demanda de anticipos, crearon toda una industria a su alrededor, desde sitios especializados, a canales como E!, cuentas de redes sociales truchas, etc. Y lo hacen porque crear ‘buzz’, es básicamente publicidad gratuita. Cuanta más manija, más gente hablando de cosas que quieren promocionar.
Pero mi problema no es “los grandes negocios nos manejan como quieren”, no necesitan de nuestra manija para hacerlo. No, mi problema es que tanta manija genera varios efectos secundarios indeseables. Algunos de ellos:
  • Nunca nada está de acuerdo a la anticipación que se generó a su alrededor. Entonces empieza el backlash, que es la manija inversa.
  • Estamos tan pendientes de que va a pasar en tres meses, un año, que no le damos bola a lo que está pasando ahora. No me importa el poster de Avengers: Age of Ultron: quiero saber quiénes van a estar en la Avengers del 2019.
  • No puedo reparar en los méritos reales de nada, porque lo estoy midiendo contra el hype generado sobre méritos aún no conocidos o del producto/productor en base al cual se me vendió la nueva iteración. Entonces Better Call Saul es medida a favor y en contra comparada con Breaking Bad (ahí hay otro tema en cuanto a querer replicar éxitos, pero es tema para otro post).
  • Se anuncia un festival de música que va a ser TAN importante, que no aviso del line up, pero ya pongo las entradas en venta. Obviamente no va a haber line up que satisfaga a nadie.
  • Se genera la expectativa de “lo que hay que ver”: hay que estar al día con la serie porque si no te la spoilean, hay que ver la peli porque se vienen los premios, hay que ver la serie o la película porque es parte de “la conversación cultural”, aun cuando no queremos o tenemos tiempo para hacerlo.
  • Y la inversa, el “para qué lo voy a ver”: ya sé que un universo de comics o película se rebootea por completo en un par de meses, para qué voy a disfrutar de lo actual si tiene fecha de vencimiento.

La ansiedad es el mal a la orden del día, hay gente medicada, en terapia o inhabilitada para operar a los niveles más básicos por no poder lidiar con la vida contemporánea. Y sin embargo, apoyamos, reproducimos y amplificamos la misma ansiedad en los campos en los que supuestamente tendríamos que estar disfrutando. Obviamente no le voy a decir a nadie que le va a gustar o no, o que tiene que anticipar o no, no soy de los tirapostas que dicen “vivir lentamente”, “aquí y ahora” o lo que venga. Pero voy a intentar no reproducir la locura. Y me reservo el derecho a mantenerme al margen de la locura ajena.


lunes, 12 de enero de 2015

Parks & Recreation: Hay vida más allá del cinismo


Hace unos años cometí un error grave al intentar reseñar, semana a semana, la tercera temporada de Modern Family. Venia súper embalado con las dos primeras, y me pareció un experimento interesante.
Falló por completo por dos motivos, uno externo y uno interno a la serie: el motivo externo es que prácticamente ninguna sitcom sostiene el tipo de escrutinio semana a semana que un drama de múltiples capas como Mad Men o Breaking Bad puede reproducir hasta el infinito, por cuestiones argumentales, de construcción de personajes, avance de las tramas, etc. El segundo motivo fue que esa es la temporada donde Modern Family dejó su tono socarrón y un tanto cínico de sus primeras temporadas para focalizarse en el “corazón”, ese temido destructor de comedias. Es bien sabido que uno de los motivos que hicieron grande a Seinfeld en su momento fue su premisa de “nadie se abraza, nadie aprende nada”, y un poco todas las comedias de relevancia de ahí en adelante siguieron más o menos este principio (la única excepción exitosa es Friends, que justamente era un Seinfeld con abrazos y aprendizaje, y algunas de sus seguidoras/imitadoras como How I met your mother). La proliferación posterior de comedias de una sola cámara y foco en los ambientes de trabajo (The Office, 30 Rock) o de familias extremadamente disfuncionales (Arrested Development) no hicieron más que acentuar la tendencia. (Vale notar que todas estas además usan y/o abusan del recurso del “mockumentary” como modo de quebrar la cuarta pared, algo que también se ve en Modern Family).
Toda esta larga introducción es para presentar a la comedia, que casi sin que se registrara de este modo abiertamente, devolvió el corazón a la sitcom, sin sacrificar la ironía, el sarcasmo, el comentario incisivo ni los personajes misantrópicos: Parks & Recreation.
Parks empezó mal por una serie de motivos, al igual que mis comentarios de MF, no solamente intrínsecos a la serie: la expectativa de que fuera “la nueva 30 Rock”, por la relación de Amy Poehler con SNL y Tina Fey en particular, el pésimo momento que estaba pasando la NBC al momento de su lanzamiento, y si, una premisa y guiones de la temporada 1 que si bien tenían buenas intenciones, fallaban más de lo que acertaban. Fue por estos motivos que también se le garantizó una segunda temporada, aun cuando lejos estaba de ser un éxito. Y algo pasó en esa segunda temporada: repentinamente, la serie encontró su “voz’, y no fue por casualidad o cambio de equipo creativo, sino justamente, por darse cuenta de lo que la hace única y poner en eso el acento: claro que P&R es una comedia de “lugar de trabajo” protagonizada por una neurótica con pedigree de SNL, todo igual que 30 Rock, pero la diferencia esencial es que por todo lo urbanos que son Liz Lemon y su equipo, Leslie Knope y los suyos son inherentemente rurales. Pawnee, Indiana, y sus habitantes, son otra clase de gente, con otros tiempos, otras prioridades, otros intereses. Este contraste además quedó evidenciado con la presentación de dos personajes adicionales, Ben y Chris, que justamente vinieron a mostrar por contraste de que se trataban los otros personajes.
A partir de ese momento, todo fue un crescendo, donde lo que podría haber sido una galería de personajes desagradables (todos menos Leslie y Ann) se fueron transformando en personajes con fallas humanas pero redimibles: Andy es una bestia pero la persona más buena del universo, Tom un fenicio pero invariablemente fiel a sus amigos (si, aun a Jean Ralphio), Donna y Jerry son pésimos empleados pero grandes personas. Y lo que podrían haber sido las dos grandes caricaturas de trazo grueso, mostraron tener mucho más que mostrar que lo superficial: Ron y April. Ron, visto prima facie, y guiándose nada más por los memes que lo popularizaron por fuera del programa, no es más que un libertario fanático, misantrópico y reaccionario. Sin embargo, detrás de esa fachada, Ron tiene la debilidad de sus dos ex mujeres, es un jefe justo, tiene una preferencia por Leslie y Andy que es casi paternal… es un rudo, pero no por eso menos humano. Y April, tal vez el personaje que más costó que encontrara su punto más allá del chiste de una sola nota de su odio a la humanidad y su relación con Andy. Justamente en April es donde se pone en evidencia que el “nadie aprende” tiene un límite: April no empezó a sonreír o llevarse bien con la gente, pero si a ser increíblemente eficiente en su trabajo, al punto de ganarse el respeto real de Ron y Ben, y ser una reemplazante creíble de Leslie. Y si ven los primeros episodios, tanto Ron como Leslie siempre creyeron en ese potencial, no es algo que se le agregó al personaje a último minuto, estaba inscripto en la biblia de la serie desde el principio, solo que tomó más tiempo que se hiciera evidente.

Para la temporada 5, los creadores claramente creían que no volvían para una sexta, y se empezaron a dar casi-cierres a todas las historias: Leslie y Ben llevan al fin lógico a su relación, el parque del “sector 48” finalmente es una realidad (no nos olvidemos que este era el McGuffin original de la serie), Ron finalmente conoce a una mujer como corresponde, Tom logra iniciar un negocio, Andy encausar su vocación, April se transforma en la nueva Leslie…Es en esta temporada donde lo que podría ser una catarata de finales felices sin valor de comedia se hace evidente que un programa puede seguir siendo gracioso “ja ja” y a la vez ser humano, tierno, apelar a la emoción, tener “corazón” sin caer en el cliché. Todo lo que Modern Family no hizo o hizo mal. Y, casi milagrosamente, el público acompañó a la serie, garantizando una sexta temporada y una séptima que comienza el próximo martes 13 de enero y que va a dar, ahora sí, fin a la serie, donde ya varios de sus protagonistas son demasiado famosos para una sitcom que se sigue percibiendo como de segunda categoría. Nada más lejos de la verdad. 

martes, 30 de septiembre de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x12 - The revolution will not be televised

“Intercourse is off the table.”

Basta de defender lo indefendible” dice la dulce, inteligente Libby Masters en un momento de auto-percepción en el episodio (uno de los varios que tiene, en realidad), y creo que llegó la hora que hagamos lo mismo como televidentes y a veces críticos del programa. Si, es cierto, Masters of Sex es televisión de calidad, y también es cierto que tuvo una brillante temporada 1. También es innegable que ha tenido momentos de brillantez absoluta esta temporada (miren nada más los comentarios a lo largo de estas 12 semanas), pero en total, al final, nos quedamos con gusto a poco, con una notoria falta de dirección. ¿Cuál fue el objetivo de esta temporada? ¿Mostrar qué? ¿Llegar a dónde? Avanzamos varios años, tenemos la clínica Masters & Johnson, pero ni atisbos de llegar al famoso método (sólo en el minuto final, con Virginia, finalmente, en el guardapolvo que siempre se mereció), ni de su ingreso a la pop culture (por una artimaña de Bill, a quien se insiste en transformar en uno de esos “hombre difíciles” sin pensar si este es ese tipo de programa, o no) y claro, la historia nos indica que aun estamos a CINCO AÑOS de la publicación de Human Sexual Response. Eso es pobre, paupérrima narración, poblada de clichés e historias innecesarias o incompletas como las de Betty, Austin, Flo y claro, la de Libby, que parece diseñada nada más para darle algo que hacer a la pobre Caitlin Fitzgerald. Lo peor es que, Libby demuestra, en una línea de diálogo, ser mucho más inteligente y perceptiva que lo que los guionistas le permitieron en 12 horas de televisión. Y también, las apariciones, casi cameos de Ethan y Barton Scully nos muestran lo que podría haber sido un programa mejor.
Y para peor, en este final de temporada, torpemente narrado alrededor de la asunción de Kennedy a la presidencia (y de nuevo, si no quieren las comparaciones con Mad Men ¡dejen de usar los mismos recursos!), introduce de la nada el conflicto por la tenencia de los hijos de Virginia, lo resuelve demasiado rápido y desinfla cualquier tipo de impacto real que la sucia maniobra de Bill fuera de cámara podría haber tenido.
Y esta decepción acumulada también hace que no apreciemos todo lo que el episodio hace más que bien: toda la secuencia inicial de Bill y Virginia en el hotel a través de las semanas, haciendo un call back, pero no evidente, a uno de los mejores momentos de la serie, Fight; las observaciones sobre la censura y los tabúes sobre el sexo en general; la ilustración de estos mismos en la tierna y real historia de Lester y Bárbara (aunque, con un subtexto casi peligroso: piénsenlo, la única pareja más o menos feliz y equilibrada es la que tiene una relación prácticamente platónica); la charla de amigas de Libby y Ginny y su posterior resignificación cuando nos enteramos que sí, efectivamente, hace años que sabe que pasa a sus espaldas.
Concluyendo, no fue un mal episodio (más sobre lo que me gustó en las observaciones), pero fue un mal final de temporada, a una temporada que en el mejor de los casos, fue altamente despareja. Esperamos más de Masters of Sex, mucho más.

Algunos comentarios al paso:
  • Como el resto de los mejores episodios de la temporada, este está dirigido por Michael Apted, que muestra maestría en la secuencia del hotel mencionada más arriba, y especialmente en el encuadre de Virginia teniendo su quiebre vista a través de la ventana de la sala de examinación.
  • Dicho esto, la secuencia onírica fue HORRIBLE e innecesaria, salvo por verla a Lizzy Caplan en drag de Jackie.
  • Nunca habíamos visto a Libby desnuda, y aplaudo ese momento de honestidad, que no resulta "fan service" sino que demuestra como claramente Libby está EN OTRO LUGAR de su evolución
  • No suelo hablar en general de la maravillosa música original de Michael Penn, utilizada mejor que nunca en la escena del hotel y en el momento de Barbara y Lester.
  • Así como las referencias político-temporales (JFK, MLK) son innecesarias, las cinematográficas funcionan de maravilla, tanto para ilustrar la relación como para caracterizar a Lester. Son el clásico de Doris Day y Rock Hudson Pillow Talk y L'Avventura de Antonioni.