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viernes, 25 de enero de 2019

Triste pero cierto: Trevor Horn Reimagines The Eighties


Tengo que empezar con un descargo: amo a Trevor Horn. Le he dedicado un podcast. Y una parte importante de otro. Sus colaboraciones con Grace Jones, Seal y los Pet Shop Boys son algunos de mis discos favoritos. Por eso me duele tener que escribir esta reseña, pero por otro lado, por eso mismo siento una cierta obligación de escribirla.

Trevor Horn, quien porque quiere, puede y tiene resto, decidió sacar un disco de covers de canciones de los ochenta y llamarlo Trevor Horn Reimagines The Eighties, junto con músicos populares tales como Robbie Williams, Seal o All Saints

Lo que caracteriza a lo que hoy conocemos como “el sonido de los ochenta” es una mezcla de cosas, que incluye desde estilos de composición, ritmos y a el uso de ciertos instrumentos y tecnicas de grabacion que forman un ADN difícil de aislar pero totalmente identificable a simple escuchada. Trevor Horn lo sabe, porque bueno, él INVENTÓ ESE SONIDO. Y una característica clave es que en la mayoría de los casos, las canciones clásicas de la época son prácticamente indivisibles de sus arreglos y grabaciones originales. La mayoría de los artistas fallan cuanto las tratan de reimaginar en sus presentaciones 10, 20, 30 años después y es prácticamente imposible que existan buenos covers de las mismas. No es que sean malas canciones, solo que la mayoría no resisten un reversionado como el que el catálogo de los Beatles tuvo en manos de gente tan dispar como Frank Sinatra, Ella Fitzgerald o Siouxsie and the Banshees. 

Y Trevor por ser Trevor no es menos dado a fallar en lo mismo. Sobre todo porque pasados los ochenta estrictos, él mismo dejó de lado su sonido característico basado en sintetizadores y samplers (recuerden: es el hombre que armó una banda y grabó un disco porque quería probar los límites del Computer Musical Instrument que se había comprado) combinados con arreglos de orquesta y corales para apoyarse más en un sonido de gran estudio tradicional, más cerca de George Martin que de Stuart Price. 

Nos guste o no reconocerlo, Everybody wants to rule the World es un clásico tanto por la canción como por los arpegios de guitarra sampleados y sincronizados con el bajo y la batería en el disco original de Tears for Fears. Saquemos eso, y no hay Robbie Williams ni orquesta que lo resistan. 

Una y otra vez el disco falla cuando trata de descontextualizar y tomar como “grandes canciones” a lo que en realidad fueron “grandes discos”.

Esto queda bien claro en Blue Monday, una canción que es claramente inseparable de su instrumentación (algo que Horn mismo sabe, ya que es el único track que tiene una batería programada y secuenciadores). No importa que podamos “cantar” Blue Monday: el TUT TUT TUT TURUTUTURU TUT  es tan parte de la canción como la letra y la melodía, y no, reemplazarlo con la percusión de una orquesta sinfónica no lo equipara. 

Las excepciones no casualmente son las canciones de artistas que si bien  las grabaron en los ochenta, pertenecen a otras tradiciones: David Bowie, Joe Jackson. Ashes to Ashes es responsable por el sonido de la mitad de los ochenta, pero no es una canción en la tradición de los ochenta, y soporta arreglos y voces diferentes, lo mismo que It’s different for girls (nota al margen: que las canciones resistan covers no significa que estos covers sean especialmente buenos tampoco, solo mejores que otros en el mismo disco).

Horn además hace una especie de efecto homogenizador que les saca toda gracias a las canciones originales y a los artistas invitados, por que lo que Brothers in arms no suena ni al tétrico minimalismo de la versión original de Dire Straits ni a Simple Minds, el featured artist. Es una canción más con una buena orquestación impersonal. Y la elección de los invitados tampoco es la mejor: Slave to the Rhythm ha sido reversionada por Alison Moyet o Shirley Bassey sin problemas. Rumer, por talentosa que sea, no es la cantante para esta canción, que termina siendo más Bossa Ochentas que el “La BBC interpreta los ochenta” que podría ser. 

Tampoco es que el disco haga todo mal: hay dos momentos en los que Horn deconstruye y reconstruye los originales y logra algo casi mágico. En Girls on Film, podemos imaginarlo pensando “que quiso hacer Nick Rhodes con su Crummar String Synthesizer”, “que quería hacer John Taylor con el bajo” y reconstruyendo los arreglos originales con una orquesta (y reconociendo que el efecto de sonido de la cámara de fotos al comienzo de la canción es tan importante como la partitura). Lo hace nuevamente con Owner of a lonely heart, con la facilidad que no tuvo que reconocer la intención original ya que el arreglo original era suyo y solo tuvo que reemplazar “Fairlight orchestral hit” por “real orchestral hit”. (En un callback a una época más oscura cuando fue brevemente el cantante de Yes, Horn mismo canta esta versión).

Y así como hay malas elecciones de artistas para cada canción, All Saints ponen en vigencia Girls on film con la inversión de género, al igual que Tony Hadley cantando What’s love got to do with it, que además permite apreciar la entonación Luis Miguel Style del ex Spandau Ballet en una canción que ostensiblemente es para que cante una mujer.

El disco cierra con una triste versión de Take on me que le quita toda la vida al original, y que irónicamente sale a la venta el mismo dia que Weezer saca su propio disco de covers con su propia, superior, versión. En conclusión, el mismo mercado le está diciendo a Horn lo irrelevante e innecesario de su disco. Un lástima. Saben que me duele mas que a nadie tener que decirlo. 

lunes, 9 de marzo de 2015

Comentario: Looking 2x08 - Looking for glory

"The devil wears a dog shirt"

El episodio de Looking de esta semana cierra con Only You, de Yazoo. En circunstancias normales, eso sería suficiente para ponerle un diez al episodio y seguir con mi vida, pero tanto por razones musicales que discuto en Music Watch más abajo como por razones argumentales del episodio, no se la van a llevar tan barata.
Si bien la estructura de Looking, especialmente esta temporada, es claramente de telenovela, con nuestra heroína siendo Patrick con sus dos candidatos de cada lado del camino, hasta ahora los elementos bien culebrón estaban equilibrados con comedia, historias de otro tipo que no sean lo estrictamente “me-quedo-con-uno-o-me-quedo-con-el-otro”, pero al acercarse el final de temporada, parece que los guionistas se largaron con todo a enfocarse en eso, y lamentablemente, no es el punto más fuerte del programa.
Si es interesante, independientemente de las miradas perdidas entre Patrick y Richie, el análisis de la relación Patrick/Kevin, que más allá de su belleza física (el chiste recurrente de sus White People Problems sobre ser casi hermanos da justo en el clavo), todos sabemos que tarde o temprano va a terminar mal. El desastre del “desayuno en la cama” es un simbolismo, intencional o inintencional, de lo que el futuro depara a esa relación. No dejemos que el encanto de Russel Tovey nos engañe: a Kevin no se le cree nada, y tarde o temprano se le va a pasar la calentura y adiós Patrick. Claro que con Richie en stand by (este episodio tuvo por fin también mostrarnos que Brady no es para Richie), Patrick no se va a quedar solo. Brady y Richie se reirán a las espaldas de Patrick, la “nena de 13 años con miedo a su vagina”, pero Richie es el par perfecto, el reprimido que juzga a todos no desde la superioridad moral, sino desde el pánico a todo lo que salga de su zona de confort. 
Hay telenovela de otros tipos con los otros personajes, infinitamente más interesante: finalmente vemos que la química entre Agustín y Eddie es real, pero un accidente que no es tal enfrenta a Agustín a sus propios miedos y prejuicios sobre la seropositividad de Eddie, de paso dándole la oportunidad a Daniel Franzese de mostrar más rango que la comedia a la que nos tiene acostumbrados (y mostrar… más, como comento más abajo). Es bueno ver que la reivindicación de Agustín sigue en pie, mostrando verdadero interés por seguir adelante con esa relación.
Y Dom… es raro lo que está pasando con Dom. Espero que la moraleja no sea que el puto cuarentón (aun uno que esta tan bueno como Dom) está destinado a quedarse solo. O es cierto que el manejo dudoso de su relación con Lynn lo dejó ahí, pero tener “celos” por Doris espero que sea mejor analizado como el síntoma que es y no la enfermedad o causa de la enfermedad.
Básicamente un episodio de poner las fichas en el tablero para los dos finales, no está mal, pero no estuvo a la altura del resto de la temporada.

Gay Pedigree:
  • La toma que establece la ubicación del centro de conferencias es, efectivamente, el centro de conferencias de San Francisco, donde normalmente se hacen los eventos de Apple. Los interiores deben haber sido filmados en estudio.
  • El némesis de Patrick en la convención, además de aportar la cuota diversidad, supongo que está ahí para ser la definición pura de “bitch on wheels
    • Todas sus intervenciones son una mezcla de hilarantes/tajantes con revelación de la verdad:
      • El chiste de la “pareja de hermanos”
      • Hacer notar que el juego que están presentando es una muestra de lo peor de lo estereotipos, algo que solamente dos chicos blancos, lindos y atléticos en pareja el uno con el otro podrían diseñar.
      • ¿“Fierceness”? ¿En serio?
  • Igual, el programa reconoce y se regodea en los estereotipos y las consecuencias del ghetto, desde la línea de Eddie sobre ser una ‘big poz queen’, al potencial aviso de Dom que se definiría como un ‘clone’.
  • Dicho esto, Bitch on Wheels está presentando una app para encontrar los glory holes más cercanos (lo que da el nombre al episodio). Espero que los productores hayan registrado la idea, alguien se las va a robar…
  • Lesbian watch: seguimos creyéndole a Meredith que no es torta, pero su escandalización a la salida del closet de la pareja Patrick/Kevin es más de torta que de mujer hétero.
  • Sex Watch: Escena muy caliente y realista entre Agustín y Eddie, desde lo sensual a lo accidental. 
    • También, ante tanta pacatería por contrato de Tovey solo saliendo en calzones, es refrescante la naturalidad de Franzese con su desnudez.
    • Primer full frontal en el programa, y es del chico gordo. In your face, Lena Dunham. 
  • Music Watch: Como comentaba más arriba, cierra el episodio el clásico de 1982 de Yazoo, Only You. Continúa con la asociación del personaje de Kevin con bandas y artistas ingleses.
    • Dicho esto, la canción se usó hace dos semanas en The Americans, y de manera mucho más apropiada, especialmente porque The Americans transcurre en 1982, y creo que con suerte Kevin y/o Patrick NACIERON en 1982 (verificando, Tovey es del 81 y Groff del 85). 
    • Apruebo, en este caso, más del uso de Say you love me de Jessie Ware en la escena de “los lentos”: “I don’t wanna fall in love with you, I don’t wanna try
    • Y hubiese aprobado mucho más si nos hubiesen mostrado algo de la Kylie Night en Toad Hall


lunes, 2 de marzo de 2015

Comentario: Looking 2x07 - Looking for a plot

"He kind of looks like a drag queen"

En el primer episodio de Looking hubo una referencia al pasar sobre Dom y Doris habiendo tenido una relación sentimental previa, y no se volvió a hablar del asunto, cosa que me llevo a pensar que había sido una malinterpretación mía. Una lástima, porque me parecía que la existencia de esa relación y la relación actual que ambos tienen, la más pura y sólida de todas las relaciones del programa, sean estas románticas, amistosas o de parentesco, se intersectaban de todo tipo de modos interesantes.
Imaginen mi alegría al finalmente tener un episodio que se centra en estos dos personajes, uno, discutiblemente, el mejor del elenco (Doris) y otro con mucho potencial pero tristemente mal utilizado (Dom) y que claro, confirma y se apoya en este detalle.
La excusa es tan vieja como la televisión: la muerte de un familiar que hace que se tenga que cambiar de escenario, revolver un poco el pasado y tal vez hacer las paces con algo del pasado. Lo interesante del pasado compartido de estos dos es que necesariamente tocamos los detalles de la vida de ambos cuando eran inocentes, con peinados ridículos y fantaseando con George Michael en Modesto, California. 
Todo lo que aprendemos sobre Doris no hace más que reforzar la caracterización del personaje, desde su madre alcohólica a la férrea relación con su padre, el amor incondicional por Dom, la tía piola, su forma práctica y resolutiva de ser, la importancia que le da al buen sexo. De Dom aprendemos algunas cosas nuevas, como que se fue de Modesto con un pie fuera del closet, pero no del todo, incluyendo la asignatura pendiente de hablarlo con su padre, y que como tantos otros se ha acostumbrado a estar tan fuera del closet en la meca gay que hay sentimientos encontrados entre las dos realidades. También indirectamente nos enteramos que la relación con Lynn esta oficialmente terminada, algo que vimos pero no se terminó de confirmar en cámara. 
La cruza de estas dos vidas ya entrecruzadas incluye un accidente de autos, y una inversión incondicional (como todo en su relación) de Doris en el negocio de Dom. Doris y Dom se vuelven a San Francisco con sus “votos renovados”, habiendo enterrado en más de un sentido fantasmas del pasado, y con la mirada hacia adelante.
Claro que nuestros héroes esta semana tuvieron que llevar otra pesada carga, Patrick, como el niño de la relación, sentado en el asiento trasero y tan llevadero como Burro en las películas de Shrek (intertextualidad encubierta?). 
Cuando se lanzó Looking uno de los ángulos de venta era que sería “una Sex and the City” gay, y este episodio es un callback bastante claro al episodio de la muerte de la madre de Miranda. Digo esto porque quedo claramente establecido algo que ya veníamos venir: Patrick ES Carrie Bradshaw, y por todos los malos motivos. Egoísta, dramático, poniéndose como centro de todo lo que se dice y hace, sin reparar en los sentimientos de los demás. Insoportable, bah.
Encima, su versito “de boohoo, estoy solo” es totalmente inoperante dado que a) esta solo hace una semana más o menos en tiempos de la serie y b) esta solo por elección propia (dos veces, por Richie y por Kevin). Y por eso no podría interesarme menos el minuto final del episodio (forzadísimo además, supongo que por la corta duración de la temporada), ya que realmente no tengo nada invertido en la felicidad de Patrick. Es más, espero que Kevin sea abiertamente el villano de la temporada que viene, queriendo nada más casarse para mantener su visa. 
En conclusión, probablemente uno de los dos mejores episodios de toda la serie, y que si no incluyera a Patrick, podría hasta ser EL mejor.

Pedigree gay:

  • Ausentes todo el episodio o con mini apariciones: todo el resto del elenco. No se los extraña, el foco aquí eran Doris y Dom.
  • La actuación de Lauren Weedman es exquisita. Siempre lo fue, pero el rango que muestra aquí es único. Vean nada más las caras y movimientos cuando recibe el mensaje de texto. 
  • La tía Sarah es una de mis favoritas desde que la vi en The Big Chill por primera vez: Mary Kay Place. 
  • Lo único bueno de tener a Patrick fue ver su pelo sin producto cuando salieron de la pileta. No le queda mal. 
  • ¿Me parece a mí o hay un error de continuidad serio con el look de Kevin en la última escena? Parece más gordo y barbudo que en el episodio final (cuando me lo crucé en SF en noviembre estaba afeitado y flaco)
  • Lesbian watch: no lesbians were harmed while filming this episode
  • Sex watch: no hay sexo en este episodio, aunque si Dom y Patrick en trajes de baño reveladores (y Doris también!)
  • Music Watch: aparte de la música flashback que escuchamos (Ultra Naté y Madison Avenue dando la pauta de lo quedado en el tiempo del bar, Katrina and The Waves para el momento nostalgia de Dom y Doris), hay muchas menciones flashback, desde Wham! Musicalizando las exploraciones románticas de nuestros protagonistas, a Patrick siendo un emo que escuchaba Evanescence (nadie se sorprende). 


martes, 17 de febrero de 2015

Comentario: Looking 2x05 - Looking for the truth

"The pinche puto cabron who broke your heart"

Si bien la historia de la s02 de Looking está planteada desde el principio bien en el estilo telenovela de “Chico Bueno tiene que elegir entre chico rico y “malo” y chico pobre y bueno”, los últimos cuatro episodios medio que nos dejaban con la sensación de que preguntarnos para qué seguíamos teniendo ahí a Richie, salvo como un molesto recordatorio para Patrick sobre lo que podría haber sido y un poco de moralina sobre lo que debe ser.
A ver, no me malinterpreten: soy un fan del amor, de las relaciones y de la monogamia elegida por quien la elija, y también creo que no es deber de nadie cuidarle los cuernos a otra persona, por lo que el concepto de “homewrecker” me parece que atrasa unos 50 años, especialmente en la comunidad gay, en San Francisco, en el 2015. Dicho esto, hay algo en el binarismo de Patrick que no le permitía separar lo que pasa entre él y Kevin de lo que pasaba entre él y Richie, y claro, Richie, según el estereotipo de mexicanidad es más conservador en tema relaciones que la Reina Victoria. Por lo que una charla “sincera” entre ambos no podía más que suceder porque esa relación “prohibida” está fuera de cuadro, y ahora ambos se lo pueden permitir (y con Richie con la tarjeta de “get out of jail” basada en que aun no sabe que tipo de relación está teniendo con Brady). Digamos que lo que tienen en común Patrick y Richie no es el romanticismo que la s01 nos quiso vender, sino su inherente conservadurismo. Claro que también sabemos lo hipócrita que es Patrick: primero, como bien le dice a Richie y Richie no le va a perdonar, se acostó con Kevin cuando técnicamente aun estaba en relación con él. Segundo: no terminó la relación con Kevin porque “está mal” o por deber, sino porque Kevin no le dio lo que quería (exclusividad al dejar a Jon), por lo que acá le está vendiendo pescado podrido (otra vez) a Richie. 
Por otro lado, pasamos algo de tiempo con Agustín y Eddie, y no sé si es un error de continuidad, pero tenemos que entender que entre estos dos aun no pasó nada, aun cuando Eddie le permitió pasar la noche en su casa hace no tanto tiempo. Al margen de eso, el nuevo “buen” Agustín definitivamente está interesado en Eddie, y lo interesante narrativamente (al margen de que Eddie ya es el mejor personaje del programa) es que está ahora del otro lado de lo que el de alguna manera infligía en la temporada anterior. Son principios básicos de rehabilitación de personajes que los guionistas destruyeron, veamos hacia dónde lo llevan.
Lo que une a las historias de ambas parejas son los momentos de sinceramiento, un clásico de la serie (seguimos con las historias de Patrick, gordito y puto y haciendo cosas “de nena” para disgusto de sus padres), y el contraste entre el conflicto de los asimilados (Patrick pudo llevar un novio al casamiento de su hermana, después de todo), y los que no: la relación de Richie con su padre es una mierda, y Eddie tendrá todos los tatuajes reveladores que quieran, pero todavía no tuvo “la charla” con sus padres. El avance de ambos personajes va en esa dirección, y solo espero que no tengamos que verlas en el mismo episodio y con el empujoncito de sus cuasi-novios como superhéroes. 

Gay pedigree:

  • Por si no se dieron cuenta, Dom no aparece ni es mencionado en todo el episodio. Lo más grave es que ni se lo extraña. La historia de Dom esta temporada no está funcionando al nivel que no funcionaba la de Agustín la temporada pasada.
  • La analogía de Jon que no estuvo “dentro de la oficina” de Kevin en tres meses me pareció un poco demasiado. Lo único interesante es mostrar lo flojito de papeles que está Kevin en todo.
  • Lean cualquier guía de cómo tener una charla con alguien que decide blanquear su seropositividad: todas las recomendaciones son NO HACER lo que hace Agustín. 
  • Para ser un programa que intenta aunque sea tangencialmente derribar estereotipos sobre la comunidad LGTB, son bastante estereotípicos con los mexicanos (toda la historia de Richie, su primo Hector siendo el “testaferro macho” de su padre) y con la casi-fag hag en Ceci. 
  • Lesbian Watch: nada, salvo la compañera ambigua de la oficina de Patrick, que tengo que admitir que me causa un poco de gracia.
  • Sex watch: un episodio casi sin sexo, calculo que intencionalmente, salvo por la paja de Patrick (con porno en pantalla y sin toalla amiga) y unos besos entre Agustin y Eddie.
    • Para compensar, montones de chistes de doble sentido, algunos de nivel “escuela primaria”, como referir al tamaño del burrito y Patrick sabiendo “manejar con palanca”.
    • Agustín SABE cuando Patrick se está pajeando. Por supuesto. 
  • Music watch: si bien hay montones de música en el episodio, todo gira alrededor de Finally, el clásico noventero de CeCe Peniston. 
    • Es graciosa la malinterpretación de la letra de Agustín, pero creo que es simbólica de otras malinterpretaciones subyacentes en ambas historias.
    • Finally aparte de ser un clásico de la disco gay de los últimos 20 años tiene pedrigree adicional por su rol clave en la versión cinematográfica de Priscilla, la reina del desierto.
    • Finalmente (*cuack*) tenemos la secuencia de titulo con la genial versión de la canción de Cherry Ghost, que además en este mezcla juega intertextualmente con Hall & Oates de los tempranos ochentas, y como tantos otros covers de música bailable, al sacarle el ritmo, termina siendo curiosamente doloroso y sentimental. 
    • Ah, y CeCe/Ceci... estoy hilando demasiado fino?


viernes, 23 de mayo de 2014

El fin del sueño americano: Sobre la brillante segunda temporada de The Americans

Últimamente nos enfrentamos con tantas series “inclasificables” que resulta complicado explicar a alguien de manera sencilla de que van. Si alguien que no vio nunca Mad Men pregunta de qué se trata la serie, más allá de tratar de explicar algo sobre Don/agencias de publicidad/los 60, si uno dice “es un drama” no está explicando nada. Para el caso también Breaking Bad o Revenge son dramas, y nadie hablaría de esas tres series en la misma oración salvo que sea “enumerar series de los últimos cinco años”.
En el caso de The Americans, sería mucho más fácil, podríamos decir que es una “serie de espías”, y no estaríamos mintiendo. Pero claro, nos estaríamos quedando tan, pero tan cortos. Es más, puedo decir sin más que no tengo el mas mínimo interés sobre el género “espías” y sin embargo la segunda temporada de The Americans se transformó en una de esas de mirada indispensable, de recomendación inmediata, de análisis e investigación.
Tranquila y silenciosamente, tomaron todo lo que brillantemente habían establecido en la temporada 1 y lo expandieron, mejoraron, refinaron, inicialmente supongo que para hacer sostenible la premisa en el tiempo (espías rusos viviendo completamente asimilados como norteamericanos en su territorio), y en el camino abriendo la trama en varias direcciones, de por si todas interesantes, pero dando el golpe maestro al cerrar la temporada mostrando que además todas esas direcciones tenían un punto en común, que estuvo delante de nuestros ojos todo el tiempo y que no vimos hasta que nos pasó, brillantemente, por encima.
El final de la temporada 1 trajo  un cierre/apertura al conflicto entre Philip y Elizabeth Jennings: ¿son o no son una pareja, más allá de su “trabajo”? La respuesta fue, si, son una pareja y principalmente, son una familia junto con sus hijos. Los desafíos que vinieron en la temporada 2 fueron justamente provocados por la situación familiar, especialmente la relación con su hija adolescente, Paige. Y aquí las cosas se empiezan a poner interesantes, porque en lugar de agregar personajes, lo que los creadores hicieron fue desarrollar a los que ya tenían de modos que hubiese sido difícilmente imaginables en la primer temporada: Paige tiene la clásica rebeldía adolescente pero expresada de un modo completamente impredecible, acercándose a la religión, para el horror de sus padres, y al mismo tiempo, para la curiosidad sobre las similitudes que las unen con su madre, que va a ser además el disparador para la ya confirmada temporada 3. El hermano de Paige, Henry, tiene bastante menos que hacer, pero una subtrama sobre cómo se infiltra en la casa de sus vecinos, que es un momento “aha” cuando sucede y un momento “AHA!” luego del final de la temporada.
Ampliando el círculo, tenemos a Martha la “otra” esposa de Philip, o mejor dicho, su alter ego Clark, un personaje que al mismo tiempo que pone los –muy pocos toques de comedia, representa todo lo trágico que la red de mentiras en la que están inmersos los personajes tiene. Hay un chiste recurrente entre los comentaristas de la serie que dicen que por lo menos una vez por episodio hay un momento “Pobre Martha”, lo que es cierto, pero también estamos viendo que Martha es mucho más astuta sobre lo que está rodeándola de lo que parece indicar, y Clark, todos nos dimos cuenta que estas usando un peluquín.
Tal vez uno de los puntos iniciales más discutibles de la trama de The Americans fue la elección creativa de “el vecino de en frente es agente del FBI”, algo que oportunamente comparé con Hechizada o Alf. Claro que el solo hecho de que ese personaje estuviese interpretado por Noah Emmerich cambia todo. Especialmente porque a diferencia de la Señora Kravitz, Stan Beeman es súper competente en su trabajo de espía, e increíblemente humano y tridimensional, al caer atrapado en los encantos y trampas de la verdadera estrella de esta temporada: la agente – doble agente – TRIPLE agente Nina Sergeeva, magistralmente interpretada por Annet Mahendru. Esta es la temporada de Mahendru, con un personaje de una complejidad inusitada, e interpretado con tal sutileza que todos quedamos tan dudosos de sus verdaderas intenciones como Stan, Oleg y Arkady Ivanonich.  El resto del entorno y dolores de cabeza de Stan (su esposa Sandra cayendo en la redes de la auto ayuda, su jefe Gaad siendo víctima de los errores de su subordinado) y Nina (todos los personajes de la Rezidentura, tan receptores de sus engaños como Stan), con mucho menos tiempo en pantalla, también tienen la oportunidad de brillar.
Todos estos hallazgos de caracterización serian de por sí de oro, pero además se cruzan con la historia de espías central a la temporada: una pareja de espías que operan con el mismo modus operandi que los Jennings es sanguinariamente asesinada junto con su hija, dejando como único sobreviviente a su hijo mayor. Quién y por qué motivo asesinó a los Connors une tanto a los agentes soviéticos como los del FBI, más a otros personajes satelitales, como el también doble agente, militar asociado a la CIA, gay en el ropero y más evidente “villano” de la temporada Larrick, interpretado por Lee Tergesen; a Fred, un ingeniero afin a la causa de los rusos que había sido reclutado por los Connor; a Lucia, una nicaragüense en busca de justicia; y claro, a las “manejadoras” de los Jennings, Kate y Claudia, la siempre brillante Margo Martindale.
La revelación del asesino y su motivación es un momento entre infartante y de revisión de todo lo que pasó en la temporada, aun las historias no directamente relacionadas (¡así que POR ESO pasamos tanto tiempo viendo el desarrollo independiente de Paige!), y de un tono negrísimo y triste: el final de temporada no deja una sola esperanza por los protagonistas, no ya por su supervivencia (salvo en un caso que no voy a spoilear), si no por su destino más en general,  ya sean Philip y Elizabeth, Paige o Stan. Todos están atrapados en un juego enfermo y sin salida, y donde voluntaria o involuntariamente han arrastrado a todos lo que los rodean.
La serie fue renovada para una tercera temporada, y el final establece claramente una dirección en la que llevar a la historia, y no queda más que esperar que mantenga el altísimo nivel de esta que acaba de terminar.

Algunas observaciones al paso:
  • Aquellos de ustedes que elijan ver la serie por medios “alternativos” y necesiten subtítulos, sepan que un 30% de la trama más o menos transcurre hablada en ruso y con subtítulos en inglés. Una brillante elección creativa pero que crea problemas de visualización importantes.
  • La serie consiguió prensa adicional y levantar un poco de polémica por el uso de Oliver North, el militar convicto por el escándalo Irán-Contras como asesor y guionista. La caracterización de Lee Tergesen le debe muchísimo a su inspiración.
  • Si bien la ambientación de época no es impecable, es siempre un placer ver los detalles con respecto a la informática que se presentan, y solamente desde nuestra perspectiva actual podemos entender lo clave que resulta ARPANET.
  • Requisito de televisión paga: mucho sexo, a veces muy explícito. Que la protagonista sea Keri Russell hace que esto sea a veces inquietante.
  • Hablando de Russell, que fue la revelación de la temporada 1, en este caso es la oportunidad de Matthew Rhys para brillar.
  • Y una más sobre Russell, que alguien le dé un sándwich a esa chica que está muy flaca.



The Americans se emite en latinoamerica a través de FX. 

lunes, 21 de abril de 2014

Comentario: Mad Men 7x02 - A day's work

"Hello Shirley, Hello Dawn"

En el ya clásico episodio de la temporada 4 de Mad Men “The Beautiful Girls” una visita de Sally Draper a las oficinas de la entonces SCDP sirve de catalista para poner al frente y al centro las historias de todos los personajes femeninos de la serie. Como suele suceder en Mad Men, los episodios “dialogan” entre sí, y ‘A day’s work’ definitivamente dialoga con ese clásico, propulsando en direcciones no esperadas a Joan, Dawn, Peggy, Sally y al hombre al centro de todas ellas, Don.
El día de trabajo al que refiere el título es el viernes de San Valentin de 1969, donde lo que menos hay es romance, pero si política corporativa y de oficina, ascensos, cambios, corazones rotos y racismo, todo tomado con un tono de farsa, de casi comedia que no hace más que disimular la gravedad y los avances que están ocurriendo.
Durante años vimos como la estrella de Peggy ascendía mientras la de Joan bajaba, hasta que finalmente lograron algún tipo de paridad (fantásticamente reflejada en el diálogo cómplice en For immediate reléase). Los dos episodios que hemos visto de esta temporada nos están mostrando ahora un camino inverso: la estrella de Joan asciende (literalmente, un piso, con la gente de cuentas) en la medida en que se hace cargo de cuál es su verdadera estatura en la agencia (y con un empujoncito de Jim Cutler, que lo único que quiere es molestar a Roger), y la de Peggy baja, hasta llegar, dentro de su posición de privilegio, a su punto más bajo, tanto en lo profesional luchando contra Lou como en lo personal, creyendo que aun ocupa algún lugar en las prioridades de Ted.
Claro que sus acciones tienen repercusiones en las Joan y Peggy modelo ’69: Dawn y Shirley. Cuando Dawn fue presentada, todo apuntaba a que era la nueva Peggy, pero ahora vemos que es en realidad la nueva Joan, y esto no tiene que sorprender dado que sus fortalezas son justamente las de la señora Holloway-Harris: ultra profesionalismo y discreción, como bien nos muestra la tarea de doble agente que ha estado haciendo con Don este tiempo. Cuando para el final del episodio toma el trono de Joan (así investida por Su Serena Majestad), es un paso completamente  lógico, y que además habla a las claras del avance en sensibilidad de género y racial de Joan en estos años (además de su pragmatismo: no cabe duda que Dawn es la mejor para la tarea). Y hablando de raza, más allá del comentario obviamente racista de Bert Cooper (que no nos tiene que sorprender en absoluto sabiendo lo que sabemos del personaje), la relación de complicidad de Dawn y Shirley, llamándose entre sí con el nombre de la otra, como la caracterización “chica negra intercambiable” que deben sufrir a diario es la que desnuda la verdadera cara cotidiana del racismo. Shirley y Dawn pueden ser las nuevas Joan y Peggy, pero hay una hermandad real entre ambas que nunca existió en sus predecesoras.
Todo este juego de política de oficina tiene otra consecuencia en la caída de otra mentira de Don: la de pretender que sigue trabajando. Sally, claro, no solo es la persona más astuta de su entorno (segunda solamente a Joan), sino la que más se ha visto impactada por sus mentiras  y la que menos dispuesta está a aceptárselas. Luego de pretender por un rato (Don es un maestro en pretender, no hay más que ver a como se “transforma” en Don Draper antes de la visita de Dawn), Don finalmente se da cuenta que lo único que puede recomponer la relación con su hija es la honestidad total. Y Sally lo recompensa, con ese sentido “Happy Valentines, I love you”. La sorpresa y la emoción en el rostro de Don son uno de los puntos más altos en lo que ha sido una actuación notable de Jon Hamm a lo largo de los años. Y lo de Kiernan Shipka es simplemente de otro planeta. Química como la que tienen estos dos actores es casi imposible de encontrar, y cuando uno piensa que Shipka tiene 13 años…
Mad Men no cansa, no decepciona, e invariablemente nos deja con ganas de más. No se me ocurre cumplido más alto.

Algunas observaciones al margen:
  • El “day’s Work” del título también puede ser el día no descripto de Don en su casa que abre el episodio, desde su abuso del snooze al abuso del booze… que termina viendo That Girl, obviamente, el jueves a las 8 PM. A esta gente no se le escapa un detalle.
  • Tenemos confirmación que Megan efectivamente no sabe sobre el status laboral de Don. Otra bomba a punto de explotar.
  • Sally, el personaje más astuto de todo Mad Men, sabe perfectamente quien es la única persona que sabe todo y dice la verdad en SC&P: en cuanto Lou no sabe que decir y ante la ausencia de su padre, pregunta por Joan.
  • Para todos los que luchamos a diario con las conference calls, ver que hace 45 años que la batalla se lleva adelante nos resulta un poco agridulce.
  • Y hablando de conference calls, ¿hasta qué punto el conflicto bi-costal y el dialogo posterior de Pete y Ted apuntan a un nuevo cisma de agencia, esta vez geográfico aparte de jerárquico?
  • Ausentes en pantalla, pero presentes en espíritu: los Francis (el comentario de Sally sobre enterrar a Betty – a quien insiste en llamar “Betty”- es jugosísimo), la engañada Megan y Harry, que según Joan “está prácticamente casado con Scarlett”. Oh, my…
  • Dos días después de los eventos de este episodio, el domingo 16, nacía el que aquí escribe. No puedo negar que esto ha coloreado un poco mi opinión ya de por si ultra positiva de este episodio.
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viernes, 28 de marzo de 2014

Nene, largá la guitarra: sobre el synthpop que dio el mal paso.


Cuando se hacen calendarios de efemérides musicales, se suele observar “el día que Dylan agarró la eléctrica” como un punto de quiebre en la historia de la música popular. Conocen la historia: Bob Dylan, el artista folk de mayor popularidad y relevancia, en 1965 shockeó al público al salir acompañado por una banda eléctrica de rock. La audiencia se levantó indignada, la crítica lo destruyó, y una nueva página en la historia de la música fue escrita.
La disonante guitarra eléctrica no solo creó controversia en ese caso, ya que ha sido objeto de discusión, transgresión y cambio de rumbo musical en varios otros casos, y coherente con el gusto sintético y ochentero de este blog, me voy a referir a los artistas synth pop o como quieran llamarlos que un buen día deciden incorporar las guitarras, o hacerse los guitarreros, con diversos resultados y consecuencias, para ellos mismos y para el público.
Como todo lo que tiene que ver con el género, comenzó con The Human League. La liga, aun antes del mega éxito pop del álbum Dare y simples como Don’t you want me, era sinónimo con “uso hardcore de la tecnología”: nada de guitarras, nada de baterías. Si la tecnología del momento no estaba a la altura de las necesidades, se ponía un conspicuo grabador a cinta en el escenario y en lugar de un músico de refuerzo, se ponía alguien proyectando diapositivas. Era un CONCEPTO. Y ese concepto era “somos diferentes del rock”, dado que guitarra eléctrica=rock, entonces, no guitarras.
Lo que nadie esperaba era la crisis personal y creativa que el éxito de Dare le traería a la banda: con las infinitas sesiones de grabación de su sucesor, Hysteria, sin avanzar, el productor Martin Rushent se fue y la banda contrato a Hugh Padgham, más famoso por haber trabajado con gente como Genesis y The Police. Entre otras innovaciones que trajo al sonido de la banda, estaba la incorporación de guitarras, y no sutilmente: el primer simple del nuevo disco fue The Lebanon, una movida que tenía “polémica” escrita en todos lados: desde el tema de su letra (el conflicto bélico-político en El Líbano), el pobre nivel de esa misma letra (la línea “where there used to be some shops is where the snipers sometimes hide” está considerada en el Top 10 de las peores letras de todos los tiempos), a el look general de los músicos (dejando el glam new romantic por mullets, jeans gastados y barbas a medio crecer), a lo que realmente nos importa: era un disco de guitarras. Solo guitarras. Distorsionadas. Llevando los acordes y la melodía. Hoy diríamos que “suena a U2” (que casualmente en ese momento estaban trabajando con Eno e incorporando los sintetizadores a su sonido) aunque en el momento el comentario era que sonaban a Big Country, que tuvieron fugaz suceso con sus guitarras que sonaban como gaitas en esa época.
El daño que le hizo a la banda es indescriptible (el momento fue salvado por una oportuna colaboración con Giorgio Moroder, el abuelo synth), y al género synthpop todo, que no tendría un referente hasta la aparición de los Pet Shop Boys… que también se mandaron de las suyas, como veremos unos párrafos más adelante.

El segundo caso es un poco más complejo: Eurythmics, como ellos mismos se empeñaban en asegurar, nunca fueron un “duo synth”, pero ese es el sonido con el que se hicieron famosos, y que siempre incluyó guitarras en alguna capacidad (Dave Stewart, después de todo, es guitarrista, y probablemente pase a la historia más como productor y guitar hero que como la mitad de Eurythmics, que se asocia a Annie nada mas). Dicho esto, el impacto de la salida de Would I lie to you?, con su sonido R&B de Stax de los 60, guitarras al palo al frente, y cambio de imagen a camperas de cuero y Annie rubia y con un vestidito, dejó helados a más de uno, yo incluido. La intención de Eurythmics era otra, hacer un disco de soul clásico (ver lo invitados en Be Yourself Tonight: Aretha, Stevie) y patear el tablero para empezar con otra etapa de su carrera, que sería hasta más exitosa: la encarnación “de estadios” del álbum Revenge y su gira sería la más taquillera, aunque no la más creativa, de la banda.
Tomemos un pequeño desvío por la carrera de Depeche Mode. Podríamos argumentar que el “Depeche Wilder” ya no era una banda de synth pop, y que las guitarras, al igual que en Eurythmics, ya estaban incorporadas como otra fuente tímbrica desde antes. Pero también tenemos que decir que, siguiendo el modelo Annie&Dave, cuando se transformaron en una banda de estadios algo cambió, y si bien hoy lo tenemos naturalizado, el riff de Personal Jesus fue la separación más notable de una banda de su sonido original de la que tenga memoria, que solo se profundizó con I feel you (ya incorporando la batería en vivo también, pero ni me estoy metiendo en ese terreno). Al igual que Eurythmics, las guitarras los hicieron más viables para el público norteamericano, siendo una de las ideas más rentables que hayan tenido.

Y esto nos trae a los Pet Shop Boys. Como ya lo he dicho en varios lugares, parte de la experiencia de disfrutar a la banda es meterse en su universo de opiniones, amores y odios. Una de las más lúcidas declaraciones de Tennant, en la época que comenzaron a salir de gira en un formato que recordaba más a una compañía de teatro musical que una banda de rock, era acerca de cómo salir de gira y tener una banda en vivo cambiaba el espíritu y el sonido de los artistas: “un día sos un dúo techno ligeramente perverso, al otro día sos una banda con un guitarrista que hace solos distorsionados, batería,  tres coristas y una sección de vientos”. El palo, nada disimulado, era para Euryhmics, pero como ya vimos podría haber sido para Depeche, Tears for Fears o muchos otros de sus predecesores inmediatos y/o contemporáneos. Pero… hay que tener cuidado con lo que se dice y nadie resiste un archivo: para comienzo de los 2000 hicieron su fallido experimento brit pop Release, un disco efectivamente con banda en vivo que cambiaba radicalmente el sonido de toda su carrera, y que para colmo, saldrían a presentar con una banda con 2 (DOS!) guitarristas y percusión en vivo. El disco en si no es tan atroz como uno lo pensaría o recuerda, pero si es uno de los momentos peor recibidos de su carrera.
¿Hay una moraleja en todo esto? Yo creo que no, cambiar y evolucionar es parte de lo que garantiza la longevidad de un artista, y muchas veces es, como decía un crítico comentando Be yourself tonight de Eurythmics, una muestra de auto confianza (en la misma oración mencionaba a los Talking Heads, otros que tuvieron un quiebre similar para esa época con Little Creatures). Pero también es importante entender cuál es la esencia de un artista: Dylan sabía que la suya eran las canciones, y que funcionarían en el formato que las presentaran. Para la Human League, la esencia era la presentación de las canciones, y cambiar esa presentación se desviaba demasiado del curso esperable.
¿Se les ocurren otros casos similares, no de evolución de sonido, sino de rupturas abruptas?


lunes, 17 de marzo de 2014

El "tapado" del año: The Blank Project de Neneh Cherry


Neneh Cherry acaba de sacar su primer disco en casi 20 años, un disco que ya se perla como uno de los mejores del año. Y es un disco de trip-hop.
Ay, que original la Cherry” los imagino pensando, “llegó un toque tarde a la tendencia”. Pero me voy a tomar el atrevimiento de decirles que no es así porque Neneh Cherry, junto con su marido y co equiper musical desde hace casi 30 años Cameron McVey INVENTARON EL TRIP HOP.
¿Ehh?¿KE?
Si, como lo escuchan, bajo el nombre The Wild Bunch fueron los mentores, organizadores y arregladores de un buen cacho de Blue Lines, el debut de Massive Attack que se considera el puntapié inicial a toda la movida Bristol/Trip-Hop, y uno de sus tempranos descubrimientos (en el increíble Somedays de Homebrew, el segundo disco de la Cherry) fue Geoff Barrow, que luego formaría Portishead.
Pero bueno, estos son datos para poner este disco en contexto, ya que es en muchos modos, inclasicable. Ultra personal, despojado, “crudo”, es una colección de música que denota madurez, tanto musical como lírica, y sobre todo, emocional: Cherry y McVey hacen una sociedad formidable, sobre la que Neneh se siente libre de rescatar tanto lo bueno como lo malo, ya sea en la canción que le da nombre al disco, The Blank Project,  donde describe esa relación de tres décadas de una manera, como el resto del disco, directa sin desestimar lo poético; hasta Dossier, que narra sus primeros tentativos encuentros hasta la solidicación de la relación (Cherry famosamente fue la que le pidió matrimonio), hasta el presente que los encuentra lavándose juntos los dientes antes de irse a la cama. ¡Y que cama! Como una secuela a su canción más sexual (Kootchy, de su álbum Man), en Out of the Black nos cuenta como mantener una vida sexual viva después de tantos años: no tener miedo de ser un poco kinky.
Musicalmente el disco empieza completamente despojado con Across the water, todo voz en vivo y percusión mínima, y termina en Everything, una orgía salvaje de samples low-que remiten directamente a Kate Bush, era The Dreaming (particularmente a Sat in your lap). Los que me conocen saben que no es una referencia que me tomo levemente. Y si bien le tiro ese “low-fi” al álbum, creo que en realidad el efecto buscado es una mezcla entre “retro” y “casero”. Todo suena improvisado, como unos demos grabados al pasar con tecnología no vintage, si no vieja (escuchar los efectos percusivos en Naked a manera de ejemplo), con interesantes consecuencias, como las síncopas casi jungle de Weightless que suenan grabadas por un baterista demente con unos parches desafinados. Y hablando de desafinado, todas las voces suenan grabadas de primera toma, con la Cherry sin miedo a desafinar o que se le quiebre la voz en varios momentos. Y esto no es porque no pueda cantar bien, como lo demuestra en mucho del resto del disco, sino una elección creativa: en esta era donde todo está sobregrabado y autotuneado hasta el punto de parecer un vocoder de Kraftwerk (estoy pensando en las voces que supuestamente puso Minogue en su último álbum, que suenan a cualquier cosa menos a ser viviente), hay algo humano, fresco en esas voces, que además pegan perfecto con lo personal e intimista del material expuesto. Y aun cuando aparece una invitada externa (Robyn, que es sueca como Neneh, aunque esta última no lo parezca), queda completamente integrada al efecto (y agregando una cuota más de perversión a Out of the Black, como una tercera vouyerista).
Releo lo que escribí, y me doy cuenta que tendría ganas de mencionar más canciones, porque en otra muestra de fortaleza inusitada en esta era de fragmentaciones y canciones sueltas, todo The Blank Project suena como una obra completa y a las que mencioné antes tendría que agregar Cynical, una perfecta fotografía de la era twitter, o mi favorita (hoy) Spit three times.
Por lo personal, por lo vigente, por ser producto de una mujer y artista que a los cincuenta está en la plenitud de la vida en lugar de en la cuesta abajo, mucho de The Blank Project me recuerda a the minutes de Alison Moyet, que entiendo como el mejor disco del 2013. De nuevo, como en la comparación con Kate, no es una analogía que me atreva a tirar así nomas: estoy equiparando a Neneh Cherry con dos de las artistas que considero sin lugar a dudas de las más grandes de todos los tiempos.
Nada mal para una artista que cuando la escuche por primera vez hace 27 años con Buffalo Stance, la detesté.


lunes, 17 de febrero de 2014

Comentario: Looking 1x05 - Looking for the future


¿Y si el episodio 2 de Looking hubiese sido este, eh? O el 3 en todo caso: Patrick conoce a Richie, salen, vuelven a la casa de él, tienen la oportunidad de conocerse.
Estaríamos viendo una serie muy diferente, una serie mucho mejor. No es ninguna declaración descabellada que este episodio es el mejor de toda la serie que vimos hasta ahora, y uno de los mejores episodios autocontenidos de cualquier serie que puedan ver en estos días. Pero claro, con los antecedentes de las cuatro semanas anteriores, poca gente le va a dar la oportunidad que se merece, y con razón.
Looking for the future” es como un corto, no un episodio de una serie, altamente influenciado por el cine de Linklater y su trilogía Sunrise y por Weekend, la obra maestra del guionista y director de este episodio, Andrew Haigh. Dos chicos se conocen, tienen sexo, pasan el día siguiente conversando sobre todo: sobre el sexo que tuvieron, sobre el futuro, sobre el pasado. De películas y familia, de comida y trabajo. No pasa nada que sacuda la tierra, y no tiene que pasar, no es lo que esperamos. Y tampoco nada se resuelve: al final del episodio Patrick y Richie no deciden casarse ni deciden separarse. Solamente se conocen un poco mejor, y tal se animen a un poco más (seguramente en la cama, donde Patrick, consistente con lo que conocemos del personaje, es bastante mojigato).
La idea claramente era mostrar intimidad, y eso es lo que muestra, en todos los sentidos: el despertarse juntos después de una noche de sexo (y seguramente alcohol), el no querer despertar al otro, el encontrarse en una casa desconocida, el querer lavarse los dientes sin cepillo, el lavarse las partes después de la noche anterior, el querer irse a trabajar y al mismo tiempo quedarse. Luego, intimidad sexual, sorprendentemente gráfica (la oralidad de Richie es ampliamente implicada, aunque no se muestre). Y cerrando, intimidad reflexiva sobre ese acto, casi tabú y las consecuencias que podría tener (y de paso, LA CHARLA sobre seropositividad, miedo, antecedentes). El limite a la intimidad es ir a hacerse leer el futuro por una vidente, y tener que usar al otro de traductor por no hablar el idioma. De todas maneras, ni falta hace, Patrick y Richie ya compartieron lo que tenían que compartir.
En media hora conocemos más sobre Richie, Patrick, San Francisco y cultura popular para los veinte/treintañeros que en todo lo que vimos anterior de la serie, y se pasa como si nada, como se les debe haber pasado ese domingo que no lo es pero se siente como tal a estos chicos. Por un episodio, ni a Patrick ni a nosotros nos interesan ni Kevin y el trabajo, ni Dom, ni Agustin.
Que lastima que recién haya llegado en la semana 5, me gustaría hacérselo ver a todos los que fueron abandonando la serie las cuatro semanas anteriores.

Pedigree gay:
  • Sex watch: Este episodio amerita que empecemos por acá, porque realmente muestra o da a entender mucho más de lo que recuerde haber visto jamás en televisión entre dos hombres. Cuando queda claro que Richie va a tragar, a pesar de las protestas de Patrick, tuve una reacción visceral casi tan fuerte como la infame acabada de Adam con su novia-no-Hanna en la temporada 2 de Girls.  Como si fuera poco, sigue de la escena de rimming (beso negro, no googleen en el trabajo que pueden quedar mal) menos pacata de la que tenga memoria. Y como si esto fuera poco, después se habla de esto, de lo que significa desde un punto de vista de salud, afectivo, de intimidad. Fuerte y sutil al mismo tiempo, excelentemente escrito, filmado y ejecutado. De nuevo… si esto hubiese pasado antes…
  • Interesante también como el “post gay” de Patrick lo lleva a cierta fobia al sexo anal. Mucho mas realista de lo que mis lectores heterosexuales puedan imaginarse. Interesante también como “el latino”, supuestamente machista, es el que menos rollo tiene con este tema. Felicitaciones por ir en contra del estereotipo.
  • Simpática referencia a la pop culture la cita en el planetario que remite directamente a la primera cita de Ross y Rachel en Friends. La gracia está en la conciencia de los personajes sobre este hecho, y como luego se lleva  a la discusión sobre activo/pasivo. Hay acuerdo que Rachel siempre fue el “top” de esa relación, no lo voy a discutir.
  • Cuando refería al domingo que no lo es, el Everyday is like Sunday de Morrissey se caía de maduro. Tan bello, tan bien usado, empezando en el momento justo y fade to black. Seguramente el viejo puto tiene problemas con todo: con la televisión, la serie, la sexualidad de los personajes. Por una vez, agradezcamos que la compañía discográfica tenga el control de los derechos y no el autor de la canción.
  • Soy un poco grande para que los Goonies tengan el impacto que tienen sobre los que son unos 5 o 10 años más jóvenes, pero la referencia de Patrick da justo en el blanco. Y están los que se enamoraron de Sean Astin jovencito, y los que prefieren a la versión más chubby actual. Multitarget, para todos los gustos.
  • Los chistes y referencias al status bilingüe de Richie son interesantes. ¿El mejor? Que le diga “Pato” a Patrick. ¿El peor? Maná. ¿En serio Richie? Media pila…

sábado, 16 de noviembre de 2013

Autobiografías musicales ochenteras: Morrissey y Tracey Thorn


Probablemente no es sorpresa para nadie que soy una criatura de los años 80. Los ricos años de mi adolescencia me marcaron a fuego, y mientras que para mucha gente la “música de los ochenta” es un viaje de nostalgia, algo kitsch que se baila en las fiestas irónicamente o uno de los períodos más olvidables de la música popular, para mi es un constante objeto de admiración, descubrimiento y estudio. No hay día que no encuentre algo nuevo, descubra una conexión que se me había escapado, redescubra algo que tenía olvidado o revalorice algo que menospreciaba. 
Este interés por la década y su música se extiende también hacia otras áreas de la cultura pop del período, especialmente las revistas y el periodismo de la época. Mucho de ello lo pude experimentar de primera mano, mucho tengo la suerte de la biblioteca universal de la internet para actualizarme.
Con esto que con mis congéneres ahora estamos alrededor de los 40 y en el pico de nuestros poderes consumistas, todo el tiempo hay reediciones, programas de nostalgia, giras del recuerdo, álbumes tributo, y por supuesto, biografías y autobiografías por doquier sobre los protagonistas de la época. Me quería detener sobre dos de ellas: la de Morrissey y la de Tracey Thorn. Parece medio desubicado ponerlas a la misma altura, a pesar de que Tracey narra los puntos de entrecruzamiento entre ambos en cierto momento de los tempranos ochenta. Por lo demás, todo tendrían que ser diferencias, hacia afuera (el libro de Morrissey es, discutiblemente, el acontecimiento editorial del año en Inglaterra, el de Tracey una rareza independiente) y hacia adentro (adoro a Tracey desde que la escuché por primera vez hace más de 25 años y detesto a Moz desde el día que descolgué el poster que decoraba la pared de mi dormitorio hace el mismo cuarto de siglo cuando me dí cuenta que ser humano insoportable que era). Fui activamente a buscar el libro de Tracey, que entendía imperdible, y me compré el de Stephen Patrick para no quedarme afuera de la conversación del momento.
No va a ser sorpresa entonces que ninguno de los dos libros ha hecho nada para que cambie mis opiniones sobre ambos sujetos.
Piensen en el momento más autocomplaciente de la carrera de Morrissey, y háganlo prosa. Voilá! ahi tienen su autotitulado libro. Nadie puede decir que SPM escriba mal (tampoco Tracey, con su maestría en letras), pero hay constantemente un regodeo, un “miren cuanto mejor que ustedes soy”, el mismo que siempre caracterizó a sus letras que intentan pasarse de inteligentes. Y al igual que sus letras, hay un discurso constante de “pobrecito yo, el mundo ha sido tan malo conmigo” que podía resultar creíble cuando era un alfeñique principiante hace treinta años, pero no ahora cuando es una mega estrella internacional multimillonaria y adorada por millones de personas en todo el mundo. Y es una lástima, porque cuando Moz es bueno, es REALMENTE  bueno (como sus discos, bah...): leer sus recolecciones sobre Manchester de los 60 y 70, sobre la colorida historia de su familia, sobre sus cruces con las celebridades de Los Angeles en los 90 es un placer, siempre con el debido tono de outsider irónico. Pero cuando se pone en vícitima (del periodismo, el NME en particular, de los ex Smiths que le hicieron juicio, del juez que se puso del lado de ellos) es sencillamente insoportable. El libro, de autoindulgentes 600 páginas, gasta más de 100 en el citado juicio... solamente porque terminó con la emisión de un cheque de varias decenas de millones, que de ninguna manera lo dejaron en bancarrota. Aun cuando tenga que hablar bien de alguien, se las ingenia para dar cuenta de como lo traicionaron, a pesar de lo talentosos que eran: Johnny Marr es por supuesto el principal blanco (admitamos que nunca lo ataca como a otros personajes, alguna buena voluntad sigue teniendo), así como casi todos los colaboradores musicales que tuvo en años posteriores (y algunos celebritiy colleagues, como Bowie y Siouxsie a quien maltrata con especial saña).
Por supuesto, de lo que realmente queríamos leer, nos cuenta muy poco. Me resulta difícil de creer que en 50 años sólo haya tenido una relación de 3 que sea digna de contar, aunque es refrescante que sea muy claramente y sin aclaraciones con un hombre: ni la pavada del celibato, ni la innecesaria salida del closet a esta altura de los acontecimientos. Y de lo que no queríamos leer, no puede dejar de hablar: si, ya sabemos que sos vegetariano y que opinás sobre el maltrato animal, no tenés que volver a decirlo cada 30 páginas como un relojito. 
Tracey, por otro lado, también tiene un tono de “pobrecita yo”, pero con mucho más sentido del humor, con un tono de modestia que nunca resulta falsa, y genuina sorpresa a su éxito a lo largo de tres décadas, que muy francamente sabe que fue más suerte que otra cosa. Lo que diferencia a Tracey de Moz aparte de la modestia, es el sentido del humor auto menospreciante, la capacidad de asombro, la intención de contar una historia bien contada y no de hacer una catársis por escrito “porque ustedes la pidieron”.
Las diferencias claro, son de éxito (y momento de éxito: cuando Tracey se convirtió en la más inesperada superestrella a mediados de los 90, ya era una mujer de 35 y no un pendejo petulante de 20) y de apoyo: esta claro que detrás de todas las quejas el hecho de que Morrissey es un solitario, por elección o por haber alienado a todos los que lo rodeaban es ineludible, mientras que la historia de los 30 años de carrera de Tracey están   siempre atados a los de Ben Watt, su compañero musical y de vida desde que ambos tenían 19 años. Ben es el centro de gravedad de la vida de Tracey, algo que ella no pudo articular hasta que él estuvo al borde de la muerte (y narrado en su propio libro, compañero de este, Patient), y que derivó en esa “segunda” carrera de EBTG y Tracey que nos dio Missing y Protection, que a partir de la lectura de este libro, es imposible escuchar sin lagrimear un poco. 
Tracey hoy está semi retirada, criando a sus hijos, retomando el placer en las letras y sorprendiendo con lo bien escrito que está su libro de memorias. Moz sigue desesperado por el candelero, con pretensiones de suplemento literario pero tácticas de promoción de diario tabloide.
En algún lugar de Londres, Tracey se ríe tomando un rico trago en compañía de su marido, sus hijos y un montón de buenos recuerdos. En otro, Stephen está solo en una habitación a oscuras, tomando un té amargo y odiando al mundo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Hija 'e tigre: Sobre el fenómeno Roar de Katy Perry


Descargo: en el debate Gaga vs Katy al igual que en su momento el de Britney vs Christina, yo estoy del lado de la vida. Básicamente todas las involucradas me interesan TAN POCO que no tomo posición por ninguna.
Dicho esto, siempre me interesó y disfruté de la música pop, y me gusta estar aunque sea medianamente sintonizado con que está pasando, y en este momento lo que pasa es que Perry y Germanotta están sacando sendos discos altamente anticipados, siguiendo una compulsa de simples: Roar y Applause.
Como el año pasado estando de viaje, tuve la oportunidad de tomar la temperatura del debate de primera mano, y de la misma manera que entonces We found love fue claramente mi banda musical y necesité explayarme al respecto, esta vez mi viaje fue uniformemente musicalizado por Roar y necesito tratar de deconstruir un poco que estuvo pasando con esta chica.
Primero tuve una reacción casi clínica, muy de estudio de mercado: era indudable el grado de popularidad de Roar, pero a niveles donde su omnipresencia era tal que si su declarado rival que se suponía que era Applause... bueno, no había tal carrera, Roar ganó por afano, y a otra cosa (que quede registrado que si hay una rival que le puede poner el cuerpo a este momento de la Perry, es Miley).
Claro que cuando para el segundo día me encontré a mi mismo gritando al tope de mis pulmones “I’VE GOT THE EYE OF THE TIGER, THE FIRE!” claramente, al igual que We found love, esta canción tiene ... algo. 
Leia un comentario en Rolling Stone sobre Prism, el álbum que contiene Roar, donde astutamente señalaban que la Perry tiene una, llamémosla “inteligencia pop”, como para entender por donde ir para ser parte de un cuerpo mas grande de música pop, y al mismo tiempo destacar. En este caso, en lugar de ir por el “sonido del momento” tal como lo hizo con Fireworks y el resto de su disco anterior, fue a otro lado por inspiración, y en lugar de clavarse una obviedad (Born this way, *ehem*) fue al pop rock 80/90, mucho más americano que europeo, y le pegó una vuelta de tuerca contemporánea. No hace falta tener un PhD para encontrar las referencias, pero lo refrescante es su falta de obviedad. Insisto, Perry no cita a Madonna, ni Stock Aitken y Waterman, ni siquiera a Michael y Janet: fue directo por Survivor (de donde salió el ojo del tigre si no), a Heart, a ciertos momentos de Pat Benatar, y de ahí hace el salto a Mariah sin escalas en algunas baladas (con las limitaciones vocales del caso, por supuesto) y hasta un pastiche Animotion/Queen en This Moment que hay que ser de piedra para no sonreir. 
Yo agregaría que acá no solo hay comprensión de la música pop, también del público. Esta locura de “sonido europeo” que empezó hace unos años y que tuvo su pináculo con su propio Teenage Dream y We found love se va a acabar y pronto, y va a haber un backlash peor que con el “disco sucks” del año 80. Astutamente, Perry ya se reinsertó en la tradición del pop norteamericano, salvando las diferencias como lo hicieron los discos “rock” de Donna Summer en la era disco, que le dieron 20 años de sobrevida que una, Gloria Gaynor, digamos, nunca tuvo.

Y otra cosa, por todo lo malo que el sistema tradicional de la industria discográfica de “single adelanto/álbum/balada/tema impacto/álbum con material extra”, lo cierto es que funciona. La campaña Artpop, con sus cortes múltiples, sus idas y venidas, y su “esto no es un producto, es un regalo para mis pequeños monstruos” esta repitiendo todo lo que hizo fallar a Born this way. Llámenme tradicionalista, pero prefiero el approach Perry de honestidad pop a la pretensión innecesaria de Gaga. Estoy seguro que Interscope/Universal se sienten igual que yo. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Una mujer natural: algunas notas sobre las memorias de Carole King


Hay gente de la que conocemos mucho sin saber nada. En el caso de Carole King, salvo la gente de “cierta edad” que tenía conciencia en los momentos en los que tuvo mucho éxito con su nombre y apellido en el título (digamos hace… 40 años), muchos no sabrían quien es. Y sin embargo, todos, en algún momento, hemos escuchado y probablemente cantado alguna de sus canciones. Algunas de sus cientos de canciones, que fueron interpretadas por TODOS, desde los Beatles a Kylie, desde Aretha a Marcela Morelo, y si, claro, por ella misma, en sus discos o en los títulos de Gilmore Girls.
King es una figura mítica por un sinnúmero de razones: por tener una carrera que esta en su septima decada (!) a pesar de que no es tan grande (sus primeros éxitos como compositora a fines de los cincuenta fueron cuando tenía 17 años o menos), por haber trabajado con todos, por ser una temprana defensora de las causas ecologistas a nivel de activismo político y no de palabra, y por una colorida vida sentimental. Pero esto solo no arma un mito. El mito se arma porque a falta de una “historia” oficial, aparecen las historias apócrifas, los rumores, los “alguien que conoce lo contó”, y si el personaje es lo suficientemente relevante, hasta se arman narraciones que se suponen “oficiales” cuando no lo son (en el caso de King, la película Grace of my heart, un racconto levemente ficcionalizado de su vida y la de algunos de sus contemporáneos, con una banda de sonido fantástica que incluye, como para embarrar mas la cancha, canciones escritas por su hija y su ex marido. Super recomendable como peli por mérito propio, y el disco de OST como disco sin película también).
Después de que mucho le insistieran, la buena de Carole finalmente se decidió por sacar un libro de memorias y narrar algunas de estas cosas en primera persona, no tomarse el trabajo en desmentir otras, y contar un par de chismes en el camino. Si bien, como en todo momento nos aclara en el libro, King es la que escribe la música y no las letras, su fuerte siempre fue el de contar historias, ya sea de un artista o el “personaje” de ese artista, o en sus discos propios, armar una mini novela. No debe sorprender entonces lo interesante que resulta como narradora en esta colección de viñetas, que como un crítico hizo notar, es como escuchar a una tía abuela piola contar sus aventuras de juventud. Ayuda, claro, que sus historias de juventud son un quién es quién de la música pop y rock desde los 50 hasta la actualidad, con que fue testigo presencial de la era pre-rock, el rock, la invasión británica, el crossover del R&B al público blanco, el hippismo, el soft rock, la industria de la costa Este Y la costa Oeste, los plásticos ochenta… absolutamente todo.  Intercalando su historia de amor de la juventud con Gerry Goffin, con quien escribió todos los tempranos hits y con quien engendró a sus dos hijas mayores, con la historia de su gato Telémaco, inmortalizado en la tapa de su clásico álbum Tapestry, con su amistad (¿y algo más? nunca termina de quedar claro) con James Taylor y sus eventuales mujeres (un par de pibas llamadas Joni Mitchell y Carly Simon), su fallido encuentro con John Lennon en 1965 y feliz reencuentro con él y Yoko en el 76, a sus años de “caída del mapa” producto de un par de relaciones complicadas, de las que habla con candidez y mucho cariño (en esto me hizo acordar a los mejores momentos de las memorias de Diane Keaton que comenté en otro lado), todo matizado con sus puntos de vista sobre tocar en vivo y colaborar con otros músicos, el proceso de escribir canciones, la inspiración de algunas de las clásicas canciones, sus opiniones sobre otros artistas de la época y sus detalles de “insider” sobre los mismos, y hasta algunos puntos de vista sobre ecología y espiritualidad que en manos de alguien menos interesante hubieran caído en el terreno de la autoayuda.
Parte de la gracia de leer este libro es además musicalizarlo: es imposible no leerlo al lado de una computadora y buscar las canciones, artistas, performances referidas, ya sea un clásico soul de los tempranos 60, un disco “soft” completo de los 70, alguna cosita superproducida de los 80 o los incontables homenajes y contrahomenajes de los que es sujeto en los últimos años, como corresponde a la persona que nos legó You’ve got a friend, The loco-motion, Crying in the rain, A Natural Woman, I feel the earth move y tantísimas más.
Más que recomendable, para fans y no fans de la artista, para los que les interesa la historia de la música y la cultura popular o sencillamente las historias en primera persona bien narradas. 

martes, 20 de agosto de 2013

Mi discos favoritos: Sade - Diamond Life


Mis discos favoritos

¿Qué hacen dos chicos de 15 años escuchando discos que hoy no podrían ser clasificados de ningún otro modo que "discos para adultos"? Como en tantas otras cosas, la respuesta es "eran los ochenta", pero para tratar de entender mejor como Diamond Life se transformó en un Disco Favorito tanto para mi como para el columnista invitado, Pablo Costa Wegsman, sigan leyendo. 

Diamond Life – Sade Por Pablo
Sade, que no se pronuncia “sade, “seid”, ni “sadi”, sino shar-day, es, seguramente, una banda que tampoco necesita presentación, y mucho menos el disco que nos ocupa. El éxito de “Diamond Life”, primer trabajo discográfico del grupo, es casi icónico: llegó al puesto 2 del ranking de discos del Reino Unido, permaneciendo en este por 6 meses, al puesto 5 del mismo ranking de los EEUU, número 1 en varios países europeos, con ventas de millones de copias, y recibiendo el Brit Award  al mejor disco británico del año en 1985… Y los éxitos de la banda continuaron, con Promise, su segundo trabajo, llegando a número 1 en el Reino Unido y los EEUU; y trabajos posteriores en puestos 2 y 3 a ambos lados del océano, en los 80´s y 90´s. Las ventas del grupo están certificadas por la  Recording Industry Association of America en 23,5 millones de copias en ese país, y se calcula que sus ventas mundiales ascienden a  más de 50 millones. Poca cosa, ¿no?... y ni hablar de sus giras, sus conciertos, (que mis compatriotas tuvieron la oportunidad de disfrutar no hace mucho tiempo)…
Recuerdo perfectamente cuando Sade apareció en la escena musical: mediados de los 80´s, 1984 para ser preciso, una época en la que artistas aparecían cada día como hongos después de la lluvia, y muchos desaparecían casi tan rápido. No Sade, NO. Clasificados como R&B (británico, claro), en esa época nosotros los calificábamos como jazzy, junto a Bryan Ferry y otros. Aunque esta “calificación” era bastante arbitral, y estaba más basada en su glamour, su buen gusto, su coolness y smoothness, si se quiere. Lo recuerdo muy bien porque nos rompió la cabeza a muchos… y lo más curioso del caso es que no tenía nada que ver con nuestra música favorita del momento, el techno.
El disco comienza con la que es, probablemente, la canción más conocida de Sade, “Smooth Operator” ¡Y qué temazo! Sólo el comienzo con el recitado es una maravilla en sí misma: “He's laughing with another girl and playing with another heart. Placing high stakes, making hearts ache. He´s loved in seven languages. Diamond nights and ruby lights, high in the sky. Heaven help him, when he falls”. Lamentablemente, en algunos cortes para la radio esta introducción fue “amputada”, perdiendo el tema  gran parte de su magia. En realidad, toda la letra es brillante, tan obvia y sutil a la vez. El ritmo es sensual y pegadizo, el saxo, ostentoso y perfecto al mismo tiempo… la voz, impecable, y la interpretación, adorable. El video, dirigido por Julien Temple, termina de definir la atmósfera de sofisticación que rodea a la canción.
Your love is King”, primer corte del grupo, editado antes de la salida del disco, es otra canción maravillosa, y el simple más exitoso de la banda en el Reino Unido. Y aquí pasamos de lleno a una canción de amor, después de una, si se quiere, de desamor. Y cuando Sade escribe y canta una canción de amor, nunca se queda en chiquitas; ya con el título podemos darnos cuenta de ello. Una canción absolutamente sensual, y con algunos guiños sexuales también (“touching the very part of me”, “I´m coming up, I´m coming”). Volvemos a esos perfectos saxos melosos, que se repiten en todas las canciones del disco y que, sorprendentemente, no llegan a aburrir (no, no es “Careless whisper”). 
Hang on to your love”, también cortada cómo simple, sigue en la dinámica de “Your love”; otra canción de amor, aunque un poco menos melosa, con un ritmo más movedizo, y donde destaca la guitarra, con un sonido casi “nilerogeano”. 
El disco continúa con una seguidilla de hermosas canciones, entre las que destacan "When Am I Going to Make a Living", segundo simple del disco y un desmerecido fracaso comercial;   “Cherry pie”, melosa como su título, con un maravilloso bajo, y un arreglo atenuadamente disco; y “I will be your friend”, por la belleza de su letra, y una sublime interpretación.
En realidad, es difícil destacar canciones de este disco, majestuosamente producido por Robin Millar, ya que el mismo es una obra de arte completa; uno de los pocos discos que siempre puedo escuchar de comienzo a fin. Un tributo a la música, y al amor. 
Diamond Life – Sade Por Gus
Algunas de las cosas que me preocupaban en 1984: los sintetizadores, los cantantes andróginos, las bandas con sintetizadores y cantantes andróginos, la revista Smash Hits. De todo esto, es difícil ver cómo Sade podría haber entrado en mi radar salvo por aparecer en la Smash. Pero no solo en la Smash… Sade también estaba en la Newsweek sobre Girl Power (la clásica con Cyndi Lauper en la tapa) mencionada en la misma oración que Alison Moyet. Eso para mi ya era suficiente para pegarle una escuchada.
Claro que salvo alguna raíz común en el R&B, nada une a Sade y Alison, una tan contenida y la otra tan desbordada. Pero en esa contención estaba el secreto. Había algo en Sade, banda y cantante, que pedía ser descifrado, un algo más. Había inmediatez, por supuesto, Smooth Operator era un hit porque la radio lo amaba, pero pasados los hits, para estos inmaduro oídos, todo era nuevo, misterioso, climático.
Otro adjetivo que solíamos usar para describirla, junto con Pablo, era “gélido”. habíamos comprado el paquete de prensa completo, y junto con esa clásica foto con sus guantes de cuero de dominatrix, estábamos convencidos de que era distante, clínica, fría. 
Claro que Diamond Life aun no se había transformado en el más claro ejemplo de “disco para coger”, justamente por su inmensa intimidad y calidez, y mientras nuestras mentes de 15 años hacían chistes sobre lo aburrido que podía ser ver a Sade en vivo, ni podían imaginarse que se transformarían en uno de los más consistentes y buscados artistas en vivo. 
Todo en Diamond Life es una invitación a prestar atención, a ir más allá de lo obvio: ir más allá de los super hits que abren el disco, ir más allá de las percibidas “limitaciones” de la cantante, clásico ejemplo de confundir falta de efectismo con poca destreza técnica, ir más allá de la influencia de Bryan Ferry Avalon/Boys &Girls (que está, pero las décadas de distancia nos hacen relativizar) y hasta descubrir cual es la manera correcta de pronunciar ese maldito nombre...
Claro que no fuimos los únicos en malinterpretar la “formula” y cuando el jazzy se hizo popular lo único que quedó fueron un montón de artistas de FM con saxo de fondo y nada para decir, mientras que Sade y los chicos siguieron experimentando, creciendo, explotando el minimalismo de Frankie´s first affair en obras de arte posteriores como Is it a crime?, o los hits casi tirando a bailables como When am I going to make a living en futuros crossovers como Paradise
Diamond Life y Sade son productos de una época en que todavía se podía experimentar y transformarse en una estrella pop, algo inconcebible 30 años después. Hoy serían en el mejor de los casos un artista de un sello menor de jazz, saldrían en caras revistas de estilo en lugar de las de teeny boppers, y ningún quinceañero tendría la oportunidad de empezar un romance de tres décadas con los artistas. No pasa un solo día que no agradezca haber crecido en ese momento.