martes, 13 de enero de 2015

Comentario: Looking 2x01 - Looking for the Promised land

"Come party with the big boys!"

Bienvenidos a lo que intentaremos sean los comentarios semanales de la temporada 2 de Looking. Antes de comenzar, un descargo: los que hayan leído mis comentarios de la temporada pasada verán que los dejé en una nota amarga, decepcionado con la serie, que me pareció que, gusto al margen, no tenía una línea clara de dirección. Si no han tenido la oportunidad de escucharme en alguna de mis incursiones podcasteras o radiales, luego de un viaje a San Francisco a fines del año pasado, moderé bastante esta opinión, viendo con otros ojos a la serie, los personajes y algunas de sus situaciones. En este estado mental “positivo” es que retomo los comentarios, veremos que tanto lo sostengo en la manera que transcurran las semanas.

Como primer episodio de la temporada, especialmente uno después de una temporada poco vista, este Looking requería una puesta al día con los personajes, y el recurso usado, no por viejo es menos efectivo: encerrar a los personajes con alguna excusa, drogarlos un poco, agregar un poco de sexo casual y dejar que el “encuentro personal” se hiciera cargo del resto. Si bien no lo inventó, es el recurso perfeccionado por The Big Chill hace más de 30 años y que sigue siendo igual de efectivo en This is where I leave you en el 2014.
Entonces Patrick, Agustín y Dom se van a una cabaña en Russian River, ahí nomás de San Francisco, a alejarse de los desastres que hizo Agustín con su vida en general, del nuevo “noviazgo” de Dom con Lynn, y ostensiblemente, de el cuelgue de Patrick con Richie. Lo que como audiencia sabemos, pero no Dom y Augstín es que Patrick ha estado cogiendo con Kevin, su jefe casado, y ha sido más de una vez. Los personajes claro que no se bancan demasiado el aislamiento, y como siempre es Doris la voz sensata que los saca a una noche de extasis y discoteca en el bosque.
Si hay algo que Looking hace bien, cortesía de Andrew Haigh es mostrar los momentos íntimos, bien de cerca, ya sea de tres hombres maduros en una casa que no se dicen lo que se tienen que decir, o esos mismos tres, mas otros trescientos, bailando bajo el efecto de la pastilla del amor. Dom consigue un compañero “aprobado” por su nuevo contrato de pareja, Agustín conoce a un personaje inesperado (más sobre él abajo), y Patrick… no deja de ser Patrick: lo llama a Kevin, cogen en el bosque y finalmente se confiesa con sus amigos, retomando algo de esa camaradería del primer episodio que luego se había diluido en el medio del teleteatro.
Un buen comienzo, sin ser un borrón y cuenta nueva ni solamente una continuación. Sigan así muchachos, les tenemos fé.

Gay pedigree:

  • Bienvenido Daniel Franzese al elenco como Eddie. Parece innecesario tener que decirlo, pero cuando se trata de varones gay, la tele a veces es tan implacable como con las mujeres: todos jóvenes y bellos. Daniel/Eddie es un osazo hecho y derecho, y aparece tan desnudo como Hannah Horvath. Bien por él, y por nosotros.
  • Eddie también es HIV positivo y activista. San Francisco real, gente.
  • Hablando de diversidad, la recepción a la fiesta la hace una de las Radical Faeries, coloridos personajes producto de la intersección del gay power y el hipismo de San Francisco.
  • Kevin y Doris pasan a ser parte del elenco permanente desde este episodio, ambos muy bienvenidos (Doris sobre todo, la persona más sana de este elenco)
  • Con unas líneas de diálogo, sabemos todo lo que hay que saber sobre los personajes: Patrick es nerd y sexualmente un poco conservador (por lo menos lo era). Agustín usa la promiscuidad, el alcohol y otros tóxicos para ocultar sus inseguridades. Dom, mal que le pese, es casi la figura paterna de los otros dos.
  • Dicho esto, es interesante como se muestra el residuo de tensión sexual entre Dom y Patrick, entre quienes antes que empezara la serie, pasó algo.
  • Lindo toque las caras de mala noche de los tres protagonistas en su encuentro post coital al amanecer.
  • Sex watch: oral para Dom, refrescantemente versátil. Anal para Patrick contra un árbol, que ya se está engolosinando. ¿Tenemos que entender que Agustín y Eddie solo conversaron y no cogieron?
  • Music Watch: Un poco de queercore con Bobby Lavender (hubiese jurado que era Pansy Division), un poco de nuevos clásicos con Hercules & Love Affair y su maravilloso Blind, un clásico en serio de Sister Sledge.
  • Y si Looking me quería reconquistar, no tenía más que terminar con This is the day, uno de mis favoritos absolutos de The The.

lunes, 12 de enero de 2015

Parks & Recreation: Hay vida más allá del cinismo


Hace unos años cometí un error grave al intentar reseñar, semana a semana, la tercera temporada de Modern Family. Venia súper embalado con las dos primeras, y me pareció un experimento interesante.
Falló por completo por dos motivos, uno externo y uno interno a la serie: el motivo externo es que prácticamente ninguna sitcom sostiene el tipo de escrutinio semana a semana que un drama de múltiples capas como Mad Men o Breaking Bad puede reproducir hasta el infinito, por cuestiones argumentales, de construcción de personajes, avance de las tramas, etc. El segundo motivo fue que esa es la temporada donde Modern Family dejó su tono socarrón y un tanto cínico de sus primeras temporadas para focalizarse en el “corazón”, ese temido destructor de comedias. Es bien sabido que uno de los motivos que hicieron grande a Seinfeld en su momento fue su premisa de “nadie se abraza, nadie aprende nada”, y un poco todas las comedias de relevancia de ahí en adelante siguieron más o menos este principio (la única excepción exitosa es Friends, que justamente era un Seinfeld con abrazos y aprendizaje, y algunas de sus seguidoras/imitadoras como How I met your mother). La proliferación posterior de comedias de una sola cámara y foco en los ambientes de trabajo (The Office, 30 Rock) o de familias extremadamente disfuncionales (Arrested Development) no hicieron más que acentuar la tendencia. (Vale notar que todas estas además usan y/o abusan del recurso del “mockumentary” como modo de quebrar la cuarta pared, algo que también se ve en Modern Family).
Toda esta larga introducción es para presentar a la comedia, que casi sin que se registrara de este modo abiertamente, devolvió el corazón a la sitcom, sin sacrificar la ironía, el sarcasmo, el comentario incisivo ni los personajes misantrópicos: Parks & Recreation.
Parks empezó mal por una serie de motivos, al igual que mis comentarios de MF, no solamente intrínsecos a la serie: la expectativa de que fuera “la nueva 30 Rock”, por la relación de Amy Poehler con SNL y Tina Fey en particular, el pésimo momento que estaba pasando la NBC al momento de su lanzamiento, y si, una premisa y guiones de la temporada 1 que si bien tenían buenas intenciones, fallaban más de lo que acertaban. Fue por estos motivos que también se le garantizó una segunda temporada, aun cuando lejos estaba de ser un éxito. Y algo pasó en esa segunda temporada: repentinamente, la serie encontró su “voz’, y no fue por casualidad o cambio de equipo creativo, sino justamente, por darse cuenta de lo que la hace única y poner en eso el acento: claro que P&R es una comedia de “lugar de trabajo” protagonizada por una neurótica con pedigree de SNL, todo igual que 30 Rock, pero la diferencia esencial es que por todo lo urbanos que son Liz Lemon y su equipo, Leslie Knope y los suyos son inherentemente rurales. Pawnee, Indiana, y sus habitantes, son otra clase de gente, con otros tiempos, otras prioridades, otros intereses. Este contraste además quedó evidenciado con la presentación de dos personajes adicionales, Ben y Chris, que justamente vinieron a mostrar por contraste de que se trataban los otros personajes.
A partir de ese momento, todo fue un crescendo, donde lo que podría haber sido una galería de personajes desagradables (todos menos Leslie y Ann) se fueron transformando en personajes con fallas humanas pero redimibles: Andy es una bestia pero la persona más buena del universo, Tom un fenicio pero invariablemente fiel a sus amigos (si, aun a Jean Ralphio), Donna y Jerry son pésimos empleados pero grandes personas. Y lo que podrían haber sido las dos grandes caricaturas de trazo grueso, mostraron tener mucho más que mostrar que lo superficial: Ron y April. Ron, visto prima facie, y guiándose nada más por los memes que lo popularizaron por fuera del programa, no es más que un libertario fanático, misantrópico y reaccionario. Sin embargo, detrás de esa fachada, Ron tiene la debilidad de sus dos ex mujeres, es un jefe justo, tiene una preferencia por Leslie y Andy que es casi paternal… es un rudo, pero no por eso menos humano. Y April, tal vez el personaje que más costó que encontrara su punto más allá del chiste de una sola nota de su odio a la humanidad y su relación con Andy. Justamente en April es donde se pone en evidencia que el “nadie aprende” tiene un límite: April no empezó a sonreír o llevarse bien con la gente, pero si a ser increíblemente eficiente en su trabajo, al punto de ganarse el respeto real de Ron y Ben, y ser una reemplazante creíble de Leslie. Y si ven los primeros episodios, tanto Ron como Leslie siempre creyeron en ese potencial, no es algo que se le agregó al personaje a último minuto, estaba inscripto en la biblia de la serie desde el principio, solo que tomó más tiempo que se hiciera evidente.

Para la temporada 5, los creadores claramente creían que no volvían para una sexta, y se empezaron a dar casi-cierres a todas las historias: Leslie y Ben llevan al fin lógico a su relación, el parque del “sector 48” finalmente es una realidad (no nos olvidemos que este era el McGuffin original de la serie), Ron finalmente conoce a una mujer como corresponde, Tom logra iniciar un negocio, Andy encausar su vocación, April se transforma en la nueva Leslie…Es en esta temporada donde lo que podría ser una catarata de finales felices sin valor de comedia se hace evidente que un programa puede seguir siendo gracioso “ja ja” y a la vez ser humano, tierno, apelar a la emoción, tener “corazón” sin caer en el cliché. Todo lo que Modern Family no hizo o hizo mal. Y, casi milagrosamente, el público acompañó a la serie, garantizando una sexta temporada y una séptima que comienza el próximo martes 13 de enero y que va a dar, ahora sí, fin a la serie, donde ya varios de sus protagonistas son demasiado famosos para una sitcom que se sigue percibiendo como de segunda categoría. Nada más lejos de la verdad. 

martes, 30 de septiembre de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x12 - The revolution will not be televised

“Intercourse is off the table.”

Basta de defender lo indefendible” dice la dulce, inteligente Libby Masters en un momento de auto-percepción en el episodio (uno de los varios que tiene, en realidad), y creo que llegó la hora que hagamos lo mismo como televidentes y a veces críticos del programa. Si, es cierto, Masters of Sex es televisión de calidad, y también es cierto que tuvo una brillante temporada 1. También es innegable que ha tenido momentos de brillantez absoluta esta temporada (miren nada más los comentarios a lo largo de estas 12 semanas), pero en total, al final, nos quedamos con gusto a poco, con una notoria falta de dirección. ¿Cuál fue el objetivo de esta temporada? ¿Mostrar qué? ¿Llegar a dónde? Avanzamos varios años, tenemos la clínica Masters & Johnson, pero ni atisbos de llegar al famoso método (sólo en el minuto final, con Virginia, finalmente, en el guardapolvo que siempre se mereció), ni de su ingreso a la pop culture (por una artimaña de Bill, a quien se insiste en transformar en uno de esos “hombre difíciles” sin pensar si este es ese tipo de programa, o no) y claro, la historia nos indica que aun estamos a CINCO AÑOS de la publicación de Human Sexual Response. Eso es pobre, paupérrima narración, poblada de clichés e historias innecesarias o incompletas como las de Betty, Austin, Flo y claro, la de Libby, que parece diseñada nada más para darle algo que hacer a la pobre Caitlin Fitzgerald. Lo peor es que, Libby demuestra, en una línea de diálogo, ser mucho más inteligente y perceptiva que lo que los guionistas le permitieron en 12 horas de televisión. Y también, las apariciones, casi cameos de Ethan y Barton Scully nos muestran lo que podría haber sido un programa mejor.
Y para peor, en este final de temporada, torpemente narrado alrededor de la asunción de Kennedy a la presidencia (y de nuevo, si no quieren las comparaciones con Mad Men ¡dejen de usar los mismos recursos!), introduce de la nada el conflicto por la tenencia de los hijos de Virginia, lo resuelve demasiado rápido y desinfla cualquier tipo de impacto real que la sucia maniobra de Bill fuera de cámara podría haber tenido.
Y esta decepción acumulada también hace que no apreciemos todo lo que el episodio hace más que bien: toda la secuencia inicial de Bill y Virginia en el hotel a través de las semanas, haciendo un call back, pero no evidente, a uno de los mejores momentos de la serie, Fight; las observaciones sobre la censura y los tabúes sobre el sexo en general; la ilustración de estos mismos en la tierna y real historia de Lester y Bárbara (aunque, con un subtexto casi peligroso: piénsenlo, la única pareja más o menos feliz y equilibrada es la que tiene una relación prácticamente platónica); la charla de amigas de Libby y Ginny y su posterior resignificación cuando nos enteramos que sí, efectivamente, hace años que sabe que pasa a sus espaldas.
Concluyendo, no fue un mal episodio (más sobre lo que me gustó en las observaciones), pero fue un mal final de temporada, a una temporada que en el mejor de los casos, fue altamente despareja. Esperamos más de Masters of Sex, mucho más.

Algunos comentarios al paso:
  • Como el resto de los mejores episodios de la temporada, este está dirigido por Michael Apted, que muestra maestría en la secuencia del hotel mencionada más arriba, y especialmente en el encuadre de Virginia teniendo su quiebre vista a través de la ventana de la sala de examinación.
  • Dicho esto, la secuencia onírica fue HORRIBLE e innecesaria, salvo por verla a Lizzy Caplan en drag de Jackie.
  • Nunca habíamos visto a Libby desnuda, y aplaudo ese momento de honestidad, que no resulta "fan service" sino que demuestra como claramente Libby está EN OTRO LUGAR de su evolución
  • No suelo hablar en general de la maravillosa música original de Michael Penn, utilizada mejor que nunca en la escena del hotel y en el momento de Barbara y Lester.
  • Así como las referencias político-temporales (JFK, MLK) son innecesarias, las cinematográficas funcionan de maravilla, tanto para ilustrar la relación como para caracterizar a Lester. Son el clásico de Doris Day y Rock Hudson Pillow Talk y L'Avventura de Antonioni.



martes, 23 de septiembre de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x11 - One for the money, two for the show

The woman behind the woman behind the man.


El efecto “puesta en abismo” es ese que habrán visto más de una vez en la tapa de una revista, donde la imagen se repite dentro de la imagen hasta el infinito. En la películas y las series se usa para definir el recurso de “película dentro de la película”, y si bien en este episodio de Masters of Sex tenemos “televisión dentro de la televisión”, creo que la puesta en abismo va a un más allá: recordemos que hubo hechos reales que fueron puestos en un libro que fueron llevados a la televisión, que incluyen a personas reales que fueron llevadas a la televisión que ahora son recreadas en un programa de televisión como siendo llevados a la televisión. ¿Se perdieron? Bien, porque creo que en parte también se perdió Masters of Sex, no dentro de este episodio, sino en general, por esta puesta en abismo.
Ejemplo de puesta en abismo
La pregunta del fondo del episodio es que es real, que es representación, y cuantas veces, especialmente cuando se trata de buena televisión o de buen sexo, la representación puede ser mejor que la realidad… o el artificio mostrar mejor la realidad que el ojo desnudo. Hay algo en esa imagen en blanco y negro de Bill y Ginny  tras una mesa que, cambio de peinados o corbatas al margen, y capas y capas de maquillaje no pueden tapar: hay una química única entre ellos, que hizo funcionar el estudio, los va a transformar en estrellas, y los hace tan compatibles en su vida privada (sexual). El que no ve eso, es ciego. O está cegado por el cinema verité, como Lester, una vez más el centro moral del programa, o Bill insistiendo que él no es un vendedor. No hace falta un mercenario como Shep para hacer notar que todos estamos vendiendo algo, y lo mejor que lo hagamos, los mejores resultados que vamos a obtener.
Claro que inteligente como es la idea, la ejecución no llega hasta donde están las intenciones (abismo nuevamente con los actores contratados para hacer de pacientes que aun no existen pero que traerán nuevos pacientes): sí hay un momento único, tan bien reflejado en la foto que ilustra este artículo cuando la que finalmente VE es Libby. Su marido y su amiga tienen algo que ella nunca va a tener, y EE.UU a pleno está a punto de descubrirlo en la pantalla chica. Hubiese preferido que la liberación de Libby luego de este momento de insight llegara de un modo más sutil que la concreción del la tensión con Robert, que la analogía de la liberación que trajo el Black Power fuera suficiente para despertarla de su estupor (porque además, aquí nos vamos un poco del infinito y me pregunto que pensarán los herederos Masters de ver a su madre en esta situación, difícilmente documentada al grado que la de papá Masters lo está).
Como en un mal episodio de Mad Men, todos tienen en este juego de espejos un momento de auto revelación, desde Flo y Austin hasta Ginny misma con respecto a la relación con sus hijos, pero lo importante es lo que finalmente pasa en el triángulo principal de protagonistas, cuyas relaciones espero completamente reformuladas para el final del episodio que viene de final de temporada.

Algunos comentarios al paso:
  • Claro que si esas definiciones vienen de la mano del abogado deus ex machina que instaló convenientemente sus oficinas (junto con CORE, y supongo que una fábrica de martillos para darnos por la cabeza) en el complejo de M&J, prefiero que no.
  • MoS no tiene las pretensiones históricas de Mad Men, por lo que las menciones a Clark Gable, Kennedy vs. Nixon y MLK quedaron completamente forzadas.
  • Buenas observaciones todas sobre la censura televisiva de la época, y que ponen aun más en evidencia el carácter revolucionario del trabajo de Masters y Johnson.
  • Si pasaron 3 años… ¿por qué los hijos de Ginny tienen la misma edad? Bad, bad Masters of Sex.
  • Hay una pregunta subyacente más en el episodio que me resultó interesante, sobre qué es atractivo y quién encuentra atractivo a qué. En eso banco fuerte a la (de otro modo) innecesaria historia de Austin y Flo.
  • Interesante los juegos con el tema de las apariencias y el maquillaje, y otra muestra más de que adelantado como  está a la época, Bill sigue siendo un neardenthal cuando se trata de cosas como “usar maquillaje no es de hombres” (aunque si de hombres golpeados y humillados, parece)

martes, 16 de septiembre de 2014

Comentario: Masters of Sex 2x10 - Below the Belt

Everyone has their own version of everything that’s ever happened

Supongo que esta temporada de Masters of Sex va a requerir un análisis in toto al final dentro de un par de semanas, para ver cual es el veredicto final. Porque realmente, hasta ahora, es todo un cruce de sensaciones encontradas: como ya hemos visto, ha sido una temporada de episodios descollantes, mientras que por otro lado, también decepcionó en conjunto hasta el brillante Asterion. El problema es, la segunda parte de la temporada está teniendo sus propios problemas, y excelente como fue el episodiode la semana pasada, el conjunto está haciendo agua. Como en los primeros 5 episodios, el sentimiento es que el ritmo (no se me ocurre mejor correlato para el ingles “pacing”, corríjanme en los comentarios) no termina de estar logrado, que la historia se está demorando demasiado (¿exactamente hace cuanto tiempo que Frank y Pauline están de visita?), y que varias cosas que están a punto de suceder, no terminan de suceder y rápidamente otra las reemplaza: cuando todo parecía que el tema de encontrar soluciones a las disfunciones, que es central como pocos a la trama, era la próxima gran cosa, aparece el agente de relaciones públicas para explorar la veta “televisiva” de M&J. No me malentiendan, la carrera de M&J se sostuvo en tres patas (el estudio, que salvo por la indignación de Bill, parece, como dice la infame cita al pié, abandonado), la cura de las disfunciones, y Bill y Virginia como los sexólogos pop. Pero pareciera que todo se va presentando, y no se termina de resolver.
Y ojo, este episodio me pareció excelente, pero en el conjunto, me parece que es donde aparecen las fallas. Hagamos un poco de análisis en el vacío para ver por donde se encaminan las cosas que funcionan: Virginia “blanqueando” la situación con el analista, y el modo de éste de encausarla a hablar de sus propios temas, está tocado con maestría, y las dos historias paralelas que lo tienen a Bill como centro, tanto la de su impotencia como la del conflicto con su hermano, siguen avanzando (con un trabajo brillante de Michael Sheen, sin ningún miedo de resultar terriblemente antipático). Hasta las super discutibles historias de Langham y Libby, que realmente me parecen innecesarias, siguen un curso coherente (en el caso de Flo y Austin, ofreciendo un poco de muy necesario alivio por el lado de la comedia). Y el acercamiento de Barbara y Lester es de una increíble ternura. Pero lo cierto es que varios de estos temas parecen tocados casi en tiempo real, y nos hace preguntarnos como es que en 5 episodios pasaron 3 meses, luego en uno varios años, y ahora hace semanas que estamos desarrollando, ¿cuanto? ¿un mes en total?.
No me malentiendan: me encanta el programa, me parece una excelente temporada, y este episodio tiene mucho a su favor, pero el resultado total es más flojo que la suma de sus partes. Quedan dos semanas, veamos hacia dónde nos llevan.

Algunas observaciones al paso:
  • Mucho juego con el “Below the belt” del título: por supuesto refiere a lo que pasa “debajo de la cintura” de Bill, Lester, Barbara y hasta Austin, pero también es el término boxístico para el golpe bajo, y el enfrentamiento de los hermanos Masters remite justamente a eso.
  • Como mencionaba la semana pasada, me parece muy interesante el modo en que se están encarando los temas psi, pero dicho esto, me sorprende como el mismo programa puede mostrar tan bien lo que sucede en la terapia de Virginia y caer en el reduccionismo de “los padres Masters eran/son alcohólicos, entonces sus hijos lo son”
  • Dicho esto, también es bastante común que un AA le diagnostique adicciones a todos los que lo rodean…
  • Apruebo completamente del acercamiento de Lester y Barbara, y espero que esto termine en romance, disfuncional como es.
  • Nuevamente la criminalmente sub utilizada Betty es la Most Valuable Player del programa.
  • Adam Arkin, que hace del agente de relaciones públicas Shep Talley es además un brillante director de TV, y quien dirigió este episodio. Es de esa gente que hace mejor todo en lo que aparece (desde Chicago Hope a The West Wing).