sábado, 29 de septiembre de 2012

Conozco la canción: sobre el poder de las canciones en las series y peliculas



No es secreto que una de mis películas favoritas ( si no LA favorita) es Cuando Harry conoció a Sally. Además de todas las fortalezas con la que cuenta tales como su maravilloso guión, está también su banda de sonido: esa serie de “songbook standards” que Harry Connick eligió y reinterpretó. Muchas de esas canciones para cuando se estrenó la película ya tenían más de 50 años, pero a mis juveniles 20 muchas eran para mi novedosas y las conocí y asocié a esa película para siempre.
Todo este rodeo es para hablar del poder de las películas y las series de televisión para acercarnos por intermedio de sus bandas de sonido a música no compuesta especialmente para ellas pero que cobra una nueva vigencia a partir de tener esa exposición.
Imagínense mi sorpresa cuando hoy a la mañana abro alguna de las redes sociales y me encuentro por todos lados con gente discutiendo  sobre una de mis bandas favoritas, separada hace casi 30 años: Yazoo. ¿eh? ¿qué me perdí? Lo que me perdí fue el episodio de Fringe de ayer a la noche, donde el clásico de la banda Only you fue expuesto. Momento seguido, una movilización de gente, desde los que no conocían la canción a los que podían indentificarla, a los que dirigían a los diversos servicios de vídeos o streaming para escucharla, al diálogo de sordos entre el nombre norteamericano y el del resto del mundo para la conjunción Alison/Vince (Yaz/Yazoo).

Más allá de la alegría que me da que mis chicos reciban el cheque correspondiente, más me lo da que mucha gente descubra una maravillosa canción y a sus magníficos interpretes (bonus: que también sepan que no es original de Enrique Iglesias, que la masacró hace unos años. No quiero hablar del eso, es demasiado doloroso). 
Las películas han tenido ese poder desde que tienen sonido, pero por varios motivos, principalmente pago de derechos y la posibilidad de una nominación más a los premios de la academia, solían ir por originales, salvo que hubiese que hacer alguna ambientación de época. Esto empezó a cambiar en los posmodernos ochentas, y se puede identificar el momento de quiebre a partir de la genial película de Lawrence Kasdan The Big Chill. Además de ser un peliculón con un elenco de lujo (en serio, véanla, no se van a arrepentir), la trama de baby boomers reencontrándose años después de sus años en la universidad estaba musicalizada por una serie de algunos de los mejores clásicos del soul de fines de los sesenta. En 1983, generó una revolución. La gente salía del cine directo a la disquería, la banda de sonido vendió millones y hasta hubo que hacer una segunda parte, no de la película, si no del disco. 
Otros ejemplos seguro que abundan, y cada uno debe tener el suyo, y pueden ir desde en serio (Unchained Melody en Ghost) a en broma (Bohemian Rapsody en Wayne´s World, la soundtrack de The wedding singer), el resultado es siempre el mismo: una segunda vida para las canciones, un nuevo público expuesto.
El trailer de The Big Chill, noten el acento en la música.

Como en muchas otras cosas, la preeminencia del cine está dando lugar a la de las series de TV, y con resultados similares. Y no hablo de la obviedad de Glee, que es un fenómeno en si mismo pero no para los originales si no para las reinterpretaciones de su elenco, si no a cosas como la cuidada musicalización de The Sopranos, por ejemplo, que se manejó desde lo esperable (los crooners ítalo-americanos, alguna canzonetta, el soul de los 60 y el rock de los 70 de las juventudes de los personajes), a lo sorprendente (David Chase es claramente un fan de Annie Lennox, musicalizando escenas clave con material solista y de Eurythmics que me hicieron querer aun más a una serie que ya era mi favorita). La sucesora lógica de Sopranos es Mad Men, claro, donde la ambientación de época implica el uso de música para reforzar ciertos eventos o momentos, y que va desde instancias o menciones menores, a momentos clásicos con toda la artillería como el uso de Satisfaction de los Stones en The Summer Man para decir “acá hay un nuevo hombre y una nueva época” o el discutidísimo uso de Tomorrow never Knows de los Beatles esta temporada, una movida que llamó la atención porque ese minuto de música fue más caro que el resto del presupuesto del episodio.
Don no aprecia Tomorrow never knows (ojo, super spoilery!)

Porque ese es el otro tema con usar canciones conocidas: se maneja muchísimo dinero, dinero que no siempre los productores tienen (por eso a veces se recurren a canciones menores o covers) y dinero que significa ingresos alternativos para los músicos en estas épocas de vacas flacas de venta de discos.
Quiero hacer una mención aparte, y volviendo al ataque ochentoso de Fringe anoche, para hablar de dos series inglesas que hicieron de la música un componente integral: Life on Mars y Ashes to Ashes. Compañeras en un mismo universo, la primera ambientada en los setentas, la segunda en los tempranos ochentas, usan y abusan de la música (y las referencias a la música) para situar en tiempo y lugar y caracterizar a los personajes. El efecto es fantástico. Especialmente para esta criatura de los ochenta que soy, donde cada canción de Ashes to Ashes me saca una sonrisa. Y donde algunos de mis artistas favoritos son descubiertos por las oportunas bandas de sonido y el genial sitio interactivo de la BBC donde luego de cada episodio se puede ir a identificar que sonó en cada episodio. Mirenlas. Ya otra vez dije que iba a escribir algo al respecto, tal vez sea hora de que cumpla con mi palabra.
Y ustedes, ¿qué música, canciones, bandas, conocieron por las películas o series de TV?

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La trampa de la creatividad monetizada: Eno, Morrison y otros a los que se los comió el personaje.



 El concepto de “creatividad” es tan viejo como la humanidad, salvo que durante la mayor parte de la misma nunca fue considerado una commodity o materia prima. Nadie pone en duda que Miguel Angel era “creativo”, pero no es ésta la cualidad que lo llevo a la inmortalidad (salvo retroactivamente desde las últimas décadas del siglo XX, y podríamos discutir que algún Medici lo pudo haber visto de esa manera, pero me voy de tema…).
El tema es, se le puede enseñar una técnica a una persona, esta la puede perfeccionar al punto de la maestría, pero eso no garantiza que la tan elusiva “creatividad” se haga presente. Es un don natural, una de esas cosas sin explicación que seguramente algún neurocientífico está tratando de aislar y embotellar y que, esperemos, nunca lo podrá hacer. Y además, desde fines de los 60, pero especialmente en los 80, producto del impacto de la publicidad y los mass media y las nuevas escuelas de dirección de empresas, se postuló que la tan mentada creatividad es todo lo que hace falta para tener éxito. Empezó entonces una cacería de aquellos que se consideraba como creativos para ver si era posible, sin importar de que campo de las artes, ciencias o negocios vinieran, aislar eso que los hacía creativos y transplantar la creatividad a otros. Esto claro dio el puntapié inicial para ese oxímoron que son los “cursos de creatividad”, donde se supone que un sesudo creativo puede transmitir en 45 minutos de aforismos, y por una suma sustancial, aquello que lo hace ser quien es. Obviamente, creativos como son, encontraron una manera creativa de sacarles el dinero a los ingenuos. Porque verán, salvo en ciertas y muy aisladas ocasiones, especialmente en el campo de la publicidad o de la tecnología, ser creativo por el solo hecho de serlo no es rentable (algunos ejemplos y excepciones más adelante).
¿Qué tiene que ver esto con este blog y su áreas de cobertura, ustedes se preguntaran? Bueno, el tema es que varios de estos “creativos en venta” vienen del mundo de la música, las películas o las historietas,  habiendo hecho el cruce en algunos casos a otras artes, pero más que nada, al ámbito corporativo.
El precursor de esto fue Brian Eno. Eno siempre fue lo que en líneas generales se podría considerar un excéntrico, alguien con un ego descomunal y dos o tres ideas que se auto posicionó como un gurú que conocía los secretos que lo hacían “especial”. Esto ya desde sus inicios de escuela de arte británica (muchos de estos gurúes creativos salieron de estas escuelas, que comparten la materia “Arrogancia I” con las facultades de ingeniería) y su carrera como fundador y competidor por los reflectores y la marquesina en Roxy Music con Bryan Ferry. Como buena diva, Eno se fue de Roxy y muy pronto se dio cuenta que tener algunas ideas adelantadas a su época (como la música ambient, por ejemplo) no era muy rentable y había que poner la comida sobre la mesa de alguna manera. Con ya ganada una reputación como “creativo”, Eno tuvo la idea de vender una fórmula para la creatividad, en la forma de sus “Estrategias oblicuas”. Las estrategias eran un mazo de cartas con una frase cada una, que en caso de atascamiento creativo uno podía tomar y poner en práctica. Con una mezcla de filosofía zen, galletita de la fortuna china, sentido del humor y algo de sana experiencia en el estudio de grabación, una carta podía decir “intente lo mismo con otra herramienta” o “deje los errores y deshágase de lo que está bien”. Las estrategias oblicuas no lo hicieron rico, pero lo posicionaron en el lugar que quería: el de Sabio Creativo. De ahí a cobrar 15000 dólares para dar una conferencia, fue un salto sencillo.
Obviamente que Eno tiene otros (muchos) meritos, entre ellos haber trabajado a la par de otros Creativos afines como David Byrne o David Bowie, pero que en general siempre tuvieron suficiente éxito como para confinar sus dones de creatividad a sus campos específicos, sin salir a robar a los caminos. Y Eno mismo, a partir de mediados de los 80 con su más que rentable asociación con U2 y más acá en el tiempo con Coldplay ahora puede asociar su creatividad a verdadero éxito comercial (y de paso agregar un cero al final de su tarifa para dar una charla sobre “creatividad”).
Aunque nunca lo haya admitido abiertamente, el fan número uno de Eno es Grant Morrison. Tal vez menos conocido que el precursor, más que nada por haberse dedicado a un campo menos masivo: el de la historieta. Morrison salió del comic independiente británico cruzando el atlántico con la “invasión británica” de DC Comics liderada por Moore y Gaiman en los ochenta. Morrison se hizo cargo de un proyecto que no por comercialmente inviable iba a no tener un perfil alto: la serie de Animal Man. Lo que parecía una serie mas de superhéroes  en menos de dos años se transformó en un tópico de conversación obligatorio entre los fans  y los críticos, culminando con una ruptura de la cuarta pared y meta análisis del comic de superhéroes de los cincuenta años anteriores que lo llevaron de las revistas especializadas a los medios masivos y académicos. De nuevo: ser el (discutiblemente) más creativo en un medio pequeño y achicándose como el de las historietas, y a pesar de haber jugado con los chiches importantes (los X-Men para Marvel, Superman y Batman para DC), nunca fue rentable, y pronto en las conferencias de management se lo empezó a recibir como una excéntrica estrella de rock que les venía a traer la luz.
La diferencia entre Eno y Morrison, sin embargo, es que Eno nunca se la creyó. Obviamente aprovecha los beneficios que esta posición le trae, pero no es el principal foco de su carrera. En cambio Morrison, megalómano y egocéntrico, la explota a más no poder, desde aprovechando para que lo dejen tener poder absoluto sobre personajes que tienen férreo control editorial, como Batman, a sacar sus vanity projects, o retratarse como si fuera una estrella del rock o del porno (créanme, no necesitaba ver una foto de su erección sobresaliendo de un slip blanco).
Otra diferencia entre Eno y Morrison es que cuando Eno hizo cosas raras, las hizo por genuina experimentación y no para agrandar su credibilidad como “raro” (de hecho, cuanto menos raro –Coldplay–, más rentable. Eno lo sabe muy bien). En cambio Morrison hizo una carrera de la rareza por la rareza misma, desde sus primeras experimentaciones en la serie Doom Patrol a el que se considera su opus maximun, la serie The Invisibles (de la que se alega que una versión aguada en forma de la serie de películas de The Matrix de los Wachosky le significó a Morrison un par de jugosos cheques o al menos una garantía de trabajo de por vida). Muchos creativos de en serio en algún momento empiezan a correr por otro andarivel y a ser considerados raros, pero no esperan tener éxito comercial a cambio. Estoy pensando en gente como Bjork, que subvenciona su carrera de loca actual basándose en el éxito comercial anterior, pero sin pretender que sus experimentos sean disco de platino o llenen River. Nada de eso para Morrison, que tiene una legion de zombies hipsters que siguen y sobre analizan cualquier pavada que hace en búsqueda de ‘significados ocultos’. Como se suele decir, a Morrison se lo devoró el personaje.
Melero: creativo de cabotaje
En la versión local, tenemos a Daniel Melero, un Eno de cabotaje, que justamente por lo local de su alcance lo hace no tanto por el dinero si no por la reputación y los tragos gratis en boliches de Palermo.
No malinterpreten esta diatriba como un resentimiento o envidia de los creativos, sino más bien como una observación sobre su verdadera creatividad (comercial) y sobre la ingenuidad/tontería de cierto publico que cree que la creatividad es comprable, contagiosa o aprehensible. Sigan participando, no funciona así. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Muy lejos de los Campos Elíseos : Sobre Elysium, el nuevo album de los Pet Shop Boys



El peor enemigo de la satisfacción, es, sin lugar a dudas, la expectativa. Cuanta más alta la expectativa, seguramente más decepcionante va a ser el resultado.
Nos pasa con todo: con esas vacaciones tan planeadas, con ese beso tan esperado… o más acorde con este blog, con esa película tan manijeada, esa serie con “consenso unánime” o ese disco de un artista que nos encanta. De hecho, si piensan en algunos de los posteos mas negativos que presentado en los últimos meses, tiene que ver justamente con eso: lo que a mi entender fue una película sub estándar de Batman, o la abrupta caída de calidad de Modern Family o The Big C. Este año tuve varios de esos momentos “oh, no…”, pero no siempre me tomo el trabajo de escribir sobre ellos, o si lo hago, es medio indirectamente (digamos que MDNA de Madonna no me prendió en llamas, precisamente, pero en lugar de tomarme el trabajo de escribir mil palabras al respecto, cualquiera que lea mi comentario sobre el show de el entretiempo del superbowl puede deducirlo).
Lo que despierta mi escribir hoy aquí es el pronto a salir nuevo álbum de los Pet Shop Boys, Elysium. Verán, como ya lo comente en varias recientes ocasiones, soy fan de los PSB: me caen bien musicalmente, me parecen gente interesante, se han destacado en varios medios (discos propios y ajenos, autores de canciones, autores de libros, actuaciones en vivo, presentaciones multimediales, video) y general estamos en sintonía cultural y política. Lejos ha quedado claro su Etapa Imperial, pero suelen ser consistentemente gente no decepciona, o al menos no lo hacen feamente (como si lo puede hacer, Madonna, pongámosle). Aun un flojo álbum de los PSB (pensemos Release, del 2002) lo podemos atribuir mas a un experimento fallido (“los Pet Shop Boys hacen un disco de brit pop!”) que a una caída real de calidad.
Las señales de que algo podía salir mal, estaban ahí: la innecesariamente larga (e inamovible) gira Pandemonium de presentación de Yes, la conversación off the record sobre reciclado de viejas canciones de inventario y la gota que rebalsó el vaso, la elección de Andrew Dawson como productor, un ignoto con pedigree de hip hop. El pánico nos arrebató junto con un cercano círculo de amigos que apreciamos a los PSB desde el momento en que lo supimos, el fantasma de lo que en clave llamamos el “Hard Candy Massacre” (en relación del los espantosos álbumes de Madonna y Duran Duran producidos por Timbaland y que salieron a la venta casi al mismo tiempo): hemos escuchado experimentos PSB que flirtearon desde el italo hasta el jungle, del disco al brit pop, de Broadway al electroclash y hasta en algunos duros momentos de digerir con la música brasileña. Pero ¿hip hop, señores gay cincuentones ingleses de más de 50 años? Por favor…
La buena noticia es que no hay rastros de hip hop en todo el álbum. La mala noticia es que el disco es tan, pero tan…triste, que hasta hubiésemos preferido un fallido disco de hip hop, echarle la culpa al productor y olvidarnos del tema.
Pero no, el problema es otro, estructural, y del que no se puede culpar a nadie más que a Tennant y Lowe. Las canciones son malas, aburridas, trilladas. Los arreglos poco imaginativos. El control de calidad claramente no está funcionando: esto es material que en el mejor de los casos tendría que haber quedado relegado a algunas caras B. Ya los dos adelantos nos dieron mala espina: la balada Invisible y el  ‘corte olímpico’ Winner se destacaban justamente por lo poco destacables, canciones que claramente no merecían ser elegidas para difusión, y en el caso de Winner, apelando a una demagogia que rara vez termina dando buenos resultados (cada vez que los PSB juegan para la hinchada, tienen hits que solamente son apreciados por los no-fans: Go West, New York City Boy, etc.). Y tampoco se malinterprete esto como una reacción anti-balada: algunas de las mejores canciones del dúo califican como tales, y de hecho, esta acordado que lo que es la obra maestra de la banda a nivel álbum es su disco más tranquilo, Behaviour. El problema no es con los BPM de las canciones, es que son espantosamente aburridas. Y son mayoría, casi más de la mitad del álbum. Encima de eso, el resto no es que brille, precisamente, generando una respuesta más de “seh” que de “SI!”. Hay algunos momentos que nos indican que ahí abajo podría haber un buen disco, como el potencial hit A face like that, o la canción de cierre Requiem in denim and leopardskin, que probablemente cae mejor por su titulo que por los meritos reales que tiene. Hay algo un poco más experimental, Ego Music, que hace 15 años hubiera sido una festejada cara B y hoy genera más una reacción de “por lo menos les queda UNA idea…”.
Igual, nada de esto nos prepara para lo que retrospectivamente va a ser considerada la Peor Canción Que Los Pet Shop Boys Hayan Grabado: un adefesio llamado Hold On, que solamente puede ser empezada a definir como “Heal the World de Michael Jackson interpretado por USA for Africa en un musical de Broadway protagonizado por niños de preescolar”. Decir que es un atentado al buen gusto es poco. Es un insulto al oyente. Es tomar cada trillado cliché de “canción con mensaje” y ejecutarlo como solamente puede ser considerado como una estética de peluquera de barrio vieja. El rechazo que genera es visceral, trasciende lo intelectual o afectivo. Solamente justificable si nos enteramos que hay un caso de demencia senil entre los muchachos, porque si no…
Y más allá del chiste sobre senilidad, sabemos que si quieren los Pet tienen potencial. Su álbum anterior, Yes, fue de lo más vital que grabaron en diez años. Si era necesario esperar un tiempo a que salieran mejores canciones, probablemente era mejor tomárselo. Mientras tanto, esperemos que en la venidera gira de presentación se limiten a solo algunas piezas seleccionadas y se despachen con algunos hits desintoxoicantes, porque si no va a ser más sufrimiento que pone a prueba la banca que uno les tiene a ciertos artistas.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Clavar o retorcer, es tu elección: Sobre el aniversario de Confide in Me


Stick or twist, the choice is yours. Hit or miss, what’s mine is yours.

Es fácil decir que una canción o un disco fue un “momento definitorio” para un artista, pero pocas veces eso significa realmente algo. “Definitorio” tendría que ser reservado para esos momentos que marcan claramente un antes y un después, que despejan un aspecto desconocido, marcan un nuevo rumbo, influencian a todos a su alrededor.
Hoy justamente se cumplen 18 años (y no quieran saber como estoy acusando recibo de esos 18 años…) de la salida al mercado de Confide In Me, el single de Kylie Minogue que merece llamarse, más que ningún otro, momento definitorio. Si escuchan la canción, disponible un poco más abajo, aun sin saber nada de Kylie, se van a sorprender un poco. Tal como lo escuchan es como se mandó a la radio, no es una versión para el video: así con su introducción ambient  de 50 segundos, orquestal de un minuto y siete segundos hasta que entra la batería, y 1 minuto 26 hasta que Kylie empieza  a cantar. Y cuando aparecen las voces, tampoco son lo que uno espera, al menos no para un disco pop de la época. Mucho menos la vocalización del estribillo (dato de color: esto fue 4 años antes de Ray of Light). Estamos hablando de una canción climática, oscura, muy de la época (pensar Debut de Bjork, Blue Lines de Massive Attack), pero no muy de la chica que cantaba I Should be so lucky…
La elección no fue arbitraria, se trataba de artista y compañía tratando de hacer una fuerte declaración: ”esta no es la Kylie que ustedes conocían”. Kylie había dejado al mundo Stock Aitken y Waterman/PWL y firmado contrato con lo que era un sello de casi avanzada en el momento, deConstruction. Se trataba de lanzar una Kylie adulta, apoyándose en la buena recepción que su imagen sexy estaba teniendo entre la prensa musical y los muchachos indie, y aportando una capa de “coolness” sin descuidar al publico nuclear (la comunidad gay) que también estaba pasando del pop ochentero a variantes dance más sofisticadas. Quedaba por el camino el público “ama de casa”, pero seguramente eso también era una decisión estratégica.
Mucho se habló de ese primer disco para deConstruction que finalmente se conoció simplemente como “Kylie Minogue” (entre los fans, es “el de la tapita blanca”): que incluiría colaboraciones con todo el mundo (Prince, Lenny Kravitz, Prefab Sprout, The Grid, M-people, los Pet Shop Boys, Saint Etienne), que iba a ser un disco “dance”, que trabajaría con los productores de música bailable del momento, que estaba preparado para que fuera un éxito en Estados Unidos… Poco de eso se materializó (si PSB y M-People, los Prefab y Saint Etienne quedaron relegados a las caras B del Confide, The Grid no aparecerían en escena hasta el disco siguiente, Prince y Lenny, cri-cri. El disco no vendió ni dos copias en EE.UU y la compañía que lo editó quebró al poco tiempo), el disco contiene algunas cosas medianamente bailables pero también mucha balada, y los verdaderos productores son los Brothers in Rhythm.
Siguiendo a los BiR, David Seaman y Steve Anderson, es donde podemos entender mejor de donde salió el Confide ( Seaman y Anderson no solo produjeron sino que también escribieron la canción ). El  ADN de la Kylie modelo 90s estaba ya en la primer colaboración que había tenido con los BiR al remezclar su poco escuchado simple Finer Feelings, aun de la etapa SAW. 

Fieles a su estilo (a diferencia de otra gente contemporánea, Seaman era y es DJ, pero Anderson es músico clásicamente entrenado y arreglador), en lugar de transformar lo que remezclaban en un house indefinido, siempre agregaban elementos de alta musicalidad, aun cuando los resultados no fueran completamente bailables, jugando a las fortalezas de las canciones y respetando a los cantantes. Todos los clásicos elementos Brothers in Rhythm están en Confide in me: los arreglos orquestales, la percusión sincopada, la estructura clásica estrofa/estribillo/estrofa/estribillo/puente/estribillo/estribillo, la larga introducción instrumental, el jugar con la fortaleza vocal del intérprete.
El lanzamiento no escatimó gastos ni impacto: cautivantes fotos en blanco y negro de la cantante en la tapa de todas las revistas imaginables, pero con especial énfasis en las de moda  y estilo, como The Face o iD, presentaciones televisivas “no tradicionales” como la de Top of the Pops acompañada por un cuarteto de cuerdas y cantando las voces en vivo. Y el video. ESE video. Dirigido por Paul Boyd, nos mostraba 6 Kylies alternativas, algunas de alta carga erótica, y la invitación a llamar al 1-555-Confide para “inmediata comprensión” en todos los idiomas.

Confide in Me se transformó en un clásico de Kylie, fue interpretado en todas sus giras a partir de ese momento, a veces radicalmente reinterpretado (Steve Anderson sigue siendo hasta este día el arreglador de los shows de Kylie) como la versión con scratching hip hop del Fever Tour o la electroclash del más reciente Aphrodite y está identificado como el mejor momento de ese raro periodo experimental. Es también la canción de Kylie que más veces fue “covereada” por otros artistas sin toques “irónicos”, desde los Sister of Mercy tocándola en vivo a mediados de los 90 a la cautivante versión de Hurts, amigos, colaboradores y espíritus afines de Minogue.

Como con todos estos aniversarios, por un momento nos viene la sobriedad por nuestra propia edad, en segundo lugar un poco de sorpresa en la longevidad de la carrera de ciertos artistas, y finalmente,  maravillarnos en lo perdurable de esta canción, que en su momento algunos consideraron como el final de una carrera y algo que pasaría al olvido, y que el tiempo probó que no podría estar más lejos de esa evaluación.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El Imperio contraataca: Definiendo la Etapa Imperial


El otro día, comentando Results de Liza, hice una referencia al pasar a la “Etapa Imperial” de los Pet Shop Boys. Verán, ser fan de los PSB es una experiencia enriquecedora no solo en lo musical y lo visual, sino también en lo intelectual. Neil Tennant, más allá de cantante y letrista, es un intelectual. Alguien interesado en la historia mundial, la política y la música popular como forma de arte en general. Es también un astuto observador y tiene años como periodista de música en su haber.
Suele ser muy interesante leer o escuchar las observaciones que hace sobre su propia obra y carrera así como la de los demás, ya sean amigos, colaboradores, contemporáneos o fenómenos pasajeros. No puedo más que recomendarles los dos libros que escribieron junto a Chris Heath (Pet Shop Boys, Literally y Pet Shop Boys versus America) como referencia para encontrar muchas de estas observaciones. Allí encontraran agudas definiciones tales como la diferencia entre los artistas aspiracionales en oposición  a lo inspiracionales (use esto como referencia bibliográfica en una monografía para la facultad. Me saqué un 10),  o como explica a lo que hacen los PSB, así como lo que en su momento hicieron los Beatles como “canciones de formato clásico con el ritmo del momento”. Y también el concepto de la Etapa Imperial.
¿De qué se trata esto? Bueno, la Etapa Imperial de un artista es ese momento, difícil de definir mientras sucede, en que se juntan el gusto del público,  el apoyo de la crítica,  y principalmente la autoconfianza del artista para que haya un consenso de que “no puede fallar”. Es ese momento de pico creativo, éxito de venta, apoyo de la prensa que hace que el artista sea un indiscutido. Estos fugaces momentos no siempre se dan, y cuando lo hacen es cuando se construyen reputaciones que luego solo muy fallidos intentos posteriores pueden derrocar el buen karma que generan.
Si bien Tennant utilizó la expresión por primera vez para referir a su propia carrera, y sus usos posteriores como ya veremos también se aplican a otros exponentes de la música popular, se podría utilizar para hablar de un actor o director de cine, de un escritor, un pintor o cualquier otro tipo de artista que tiene “ese” momento.
Según esta primera definición, la Etapa Imperial de los Pet Shop Boys se extendería desde la salida del single It’s a sin hasta la caída de  los charts del single It’s allright, incluyendo en el medio los álbumes Actually e Instrospective, todos sus cortes y videos, el pináculo de éxito que significó Always on my mind y las producciones para otros artistas (I’m not scared con Eight Wonder; Results, como ya mencionamos; y fue el momento en que comenzaron a colaborar con Dusty). El motivo de la primera “decadencia” seria la fallida primera gira que realizaron para esa misma época (fallidamente documentada en el fallido video Highlights).
La referencia se ha usado varias veces para hablar de la banda, y la usaron ellos para hablar de sí mismos y de otros artistas, pero le debemos a Peter Robinson, el curador del sitio de “Recuperacion del pop” Popjustice (además, admirador y amigote de Tennant y Lowe) su uso extendido. Robinson lo utilizó para definir al momento de mayor impacto de Lady GaGa. Según su punto de vista es el momento que va desde la salida de Poker Face hasta el final de la perfomance comercial del single Born this way, habiendo llegado a su momento más alto con Bad Romance (son famosos los twits diarios de Robinson diciendo “estoy escuchando Bad Romance”).
Noten en ambos casos cómo es el patrón: primero, es muy raro que la Etapa Imperial comience con la carrera del artista; luego hay un momento que es identificado, retroactivamente, como el súmmum (Always on my mind y Bad Romance, respectivamente); a partir de ese momento, se puede identificar cual fue la rampa de lanzamiento (con los PSB no su primer disco, sino la extrema popularidad de It’s a Sin, con GaGa el momento, a través del video, en el cual se despegó del pelotón de “las del montón” para ser GaGa propiamente dicha, Poker Face); finalmente, se identifica el momento en que la magia se acaba (la gira fallida, la pobre elección de los cortes de Born this way). Y ojo, porque no significa que se acabe la popularidad o la carrera del artista, o que luego tengan otros picos (en caso PSB, está el pico creativo y de crítica de Behaviour, que el público no acompañó con el mismo ímpetu, además de haberse cortado su carrera americana; o el éxito comercial de Very, que no fue unánimente apoyado por la crítica). Pero ESE momento, rara vez se vuelva a dar.
Los PSB + GaGa + Brandon Flowers que carece de Etapa Imperial
Una de las excepciones probablemente sea gente como Madonna, con carreras que se desarrollan en décadas (podemos hablar de hipotéticos momentos imperiales en la etapa de Desperately Seeking Susan/Like a Virgin/Virgin Tour, el arco que va de Express Yourself a Justify my Love, o hasta el múltiple impacto Evita/Ray of Light/Music –Music el single, no Music el álbum), o los multiples momentos de esplendor de las carreras de los Rolling Stones, David Bowie, Bruce Springsteen y otros.
En el cine se me ocurren cosas como el momento Jurassic Park/Schindler’s list de Spielberg (cómodamente sanguicheado entre Hook y Amistad, principio/fin) o los medios ’00 de Will Smith. En TV, piensen el el momento “Must see TV” de la NBC (ese momento de Seinfeld/ER/Friends, que empezó y terminó con Kelsey Grammer, desde su primera aparición en Cheers hasta su última aparición en Frasier. Una Etapa Imperial de casi 20 años, solo sostenible desde lo colectivo)
¿Qué otros ejemplos de Etapas Imperiales se les ocurren? Acuérdense, no es solo éxito: es éxito comercial, respaldo de crítica, alta creatividad. Y hay un principio y un final claramente identificables. Los dejo con el ejercicio, me gustaría escuchar sus hallazgos. 

viernes, 17 de agosto de 2012

Supermodelo, ponete a trabajar

"Linda, Naomi, Christy, Cindy, Claudia, Nikki."  – RuPaul, filósofa contemporánea.

¿Supermodelos? ¿En serio?
Si si, sigan leyendo, no estoy rascando el fondo del frasco todavía. Y además, el poco claro objeto de  este blog es la cultura popular, y el fenómeno de las modelos en general y de las supers en particular es omnipresente en los últimos 25 años. Adicionalmente, hay tantos cruces entre el mundo de las modelos y el de la música, rastreables desde Twiggy en el swinging London de los 60, hasta las tapas de los álbumes de Roxy Music, pasando por los romances de Rod y David en los 70 que culminaron en la “boda real” de Mick y Jerry; alcanzado el pináculo en los 80 de la mano de Duran Duran y en los tempranos 90 de la mano de George Michael, y dándonos la primera estrella híbrida fashion-rock: Kate Moss. Y ya tenemos hasta la next generation, producto de aquella primera y ese experimento genético que nos dio a Jade Jagger y Amber Rose Le Bon.
Igual, no estamos hablando de “modelos”, estamos hablando de “SUPERMODELOS”, y como su nombre lo indica, hay algo sobre humano en este selecto grupo, al punto que está acordado que Kate fue la última, Tyra el comienzo de la decadencia, y todas las posteriores una pálida sombra de las grandes. ¿Y quiénes son las grandes? La lista puede ser discutida hasta el cansancio, pero básicamente son aquellas que quedaron inmortalizadas, aparte de por su aparición en el video de Freedom 90 y algunas insuperables fotos de Herb Ritts, por sus primeros nombres: Linda, Cindy, Naomi, Christy. Segunda sólida línea: Claudia, Kate, Helena, Eva. Si extendemos un poco nuestros estándares,  Stephanie Seymour, Yasmin (Parvaneh) Le Bon, Nikki Taylor (Noten como estas tres requieren apellidos. En términos de cultura popular, esto es un terrible #fail).
En algún momento de los excesivos ochentas, estas excesivas amazonas con sus excesivos cachets (la famosa línea de Linda era que “no salían de la cama por menos de diez mil dólares") salieron a la luz y en poco tiempo conquistaron TODO. Cada una con su perfil: Linda la camaleónica con sus colores de pelo y su imponente andar; Cindy la bomba sexual all-american, la que verdaderamente logró cruzar al imaginario popular; Naomi, la primera mujer negra que el racista mundo de la moda posicionó como “bella” y no solamente como “excéntrica” (de eso se encargó ella solita más adelante, con su beligerante comportamiento), y Christy, con el equilibrio justo entre la belleza exótica y “la chica de al lado”. De las pasarelas a la tapa de Vogue y de ahí a todas partes: los comerciales de Pepsi, las tapas de álbumes de Duran Duran, las casas de sus celebrity boyfriends (Kyle Mclahan, Richard Gere, Larry Clayton, Ed Burns)… y el video de Freedom 90.


El pináculo de la popularidad, exposición y cruce con la música se dio en 1990. George Michael estaba en su etapa “no me toman en serio” y entre otros caprichos no comerciales, decidió no aparecer más en sus videos. Su declaración de principios fue una canción, una de sus mejores canciones: Freedom 90.
Había que promocionar el álbum, la canción tenia potencial, el artista no quería aparecer en su propio video. La solución se transformo en un clásico: llamar a las supers, ponerlas en el video haciendo la mímica de la canción, todo bellamente filmando por David Fincher. El resultado es hipnótico, como una perfecta foto que dura 6 minutos, que hicieron a estas famosas mujeres aun más famosas, lanzaron a la canción a la popularidad y en el camino se transformó en el que reiteradamente se considera uno de los cinco mejores videos musicales de todos los tiempos.

George intentó repetir la fórmula un par de años después, pero como era para un video a beneficio (Too Funky) y no había presupuesto, la única que se prestó de onda fue Linda. La declaración de George: “si no tenemos supers, las inventamos”. Casi lo logró: una fresca Tyra Banks haría su primera aparición masiva, y el resto es historia de reality show.
De todo el grupo, la que representa mejor que nadie el concepto de “cultura popular” es Kate. Jovencísima cuando empezó, petisa para los estándares de la pasarela, mimada hasta el cansancio, drogada por los rincones, comportándose como una estrella de rock más que los mismos rockeros con los que solía salir, grabando discos porque podía y quería (y logrando venderlos, lo menos que digamos del álbum de Naomi con Bono y The Edge, mejor), Kate es el rostro mismo de Inglaterra de los últimos 25 años, en el arco que va del thatcherismo a la cool britannia a al reino del los reality shows que es el 2012.

¿Por qué se preguntaran ustedes, esta nota nostálgica sobre algunas mujeres que se hicieron famosas por hacer de lindas hace 25 años? Porque el fenómeno que representaron nunca fue superado. Todas ya en sus cuarentas (la más joven, Kate, ya tiene 41. La más grande, Linda, 47) siguen siendo la cara de las más importantes marcas, las firmas de cosméticos se matan por tenerlas en sus campañas, sus idas y venidas siguen llenando los tabloides. Una producción de cinco páginas de cualquiera de ellas en el Vogue de septiembre, con sus 700 páginas, es lo único que se comenta de todo el número.
En general, reniegan de ser agrupadas como algún fenómeno que ya pasó, rara vez trabajando juntas. Pero cuando lo hacen… nos muestras una vez mas cual era su secreto. 
Las chicas en 2008, aun impecables
El año pasado, el director de videos Jonas Ackerlund presentó un concepto para el  video de Duran Duran Girl Panic!: “supermodelos decadentes juegan a ser Duran Duran”. Un Freedom 2012, si se quiere.  Duran, claro, son la más perfecta contrapartida de las supers, por lo que significaron en los ochenta y por su similar longevidad. Y tienen los contactos correctos, a través del extrañamente duradero matrimonio de Yasmin y Simon Le Bon. Un llamado a unas amigas, y una reunión: Cindy, Naomi, Helena, Eva y la misma Yasmin. Linda falto a la cita y mas sospechosamente, Christy (que después de todo se hizo famosa por ser la chica de la tapa y el video de Notorious en 1986). Pero no importa, agreguen un poco de Dolce & Gabbana y otro tanto de opulencia decadente, y voila, arte ochentero instantáneo. Los dejo con Girl Panic!, la mejor manera de pasar los próximos nueve minutos.

viernes, 3 de agosto de 2012

Resultados tangibles: Una apreciación de “Results” de Liza Minelli.



Por el momento en el que comenzó su carrera, el pedigree del que viene y la tradición artística a la que pertenece, muchas veces cuando hablamos de Liza Minelli nos imaginamos a un dinosaurio. Su mal estado físico y de salud en general, producto de abusos varios durante décadas, tampoco ayuda demasiado. Esto es así hoy, pero también era así hace 23 años, cuando salió a la venta el disco que nos ocupa hoy, Results. Verán, es fácil considerar a este álbum vital, innovador y sin lugar a dudas 100% de su momento y lugar como el disco “de esa señora” que “se quería hacer la moderna”. Bueno, les digo, en 1989 “esa señora” tenía 43 años, es decir uno menos que Kylie hoy o casi 12 menos que Madonna, ambas de las cuales esperamos que saquen discos que sean “ahora” y salgan de gira y levanten la patita como lo hacen sus competidoras veinte años menores.
Es cierto que para 1989 la carrera de Minelli era un desastre: luego de su pico de fama y calidad a principios de los 70, que culminaron con su icónica y recordada participación en Cabaret, vinieron una década y media de sexo, drogas y rocanrol (más bien, disco music) que hicieron un daño que muchos consideraban irreparable. En una de sus tantas entradas y salidas de rehabilitación, uno de los que creyó en ella fue Gene Simmons. Si, EL Gene Simmons, el de Kiss, que decidió ser su manager para rehabilitar su carrera. La estrategia fue doble, dadas las múltiples facetas de su carrera: hacer una película, Stepping out, que en realidad salió un par de años después, y grabar un disco contemporáneo. El concepto de “grabar un disco contemporáneo con Liza Minelli” era un poco más complejo de lo que parecía. No era simplemente pongan a Liza en un estudio con músicos de la época (de haber sido así, Simmons podría haberla hecho hacer un “Liza canta Kiss”, pero esa nunca fue la idea): hacía falta un productor o productores que entendieran la esencia Liza, que no se quedaran en el facilismo camp (“Disco glamour Liza!”), que entendieran el recorrido de su carrera que viene del showbiz mas tradicional, entendido como Vegas y Broadway, y al mismo tiempo pudieran darle un toque bien de fines de los ochenta.  Afortunadamente para Liza y para nosotros, ese era el mejor momento de la carrera de unos artistas que exactamente encarnaban ese perfil: los Pet Shop Boys. Como ha sido variadamente analizado, el secreto PSB es esa sinergia Tennant/Lowe, que mezclan el más tradicional de los estilos de canción (teatro musical, standards, Gillbert and Sullivan) con lo más contemporáneo de la música bailable en cada uno de los momentos de sus 25 años de carrera. Adicionalmente, en ese momento (la así llamada ‘Etapaimperial’ de su carrera, mas sobre esto en alguna nota en futuro cercano) eran prácticamente infalibles, y venían de hacer algo similar a lo que se esperaba que hicieran con Liza con otra vieja gloria, Dusty Springfield. Lo que paso con Dusty fue casi accidental: fans de la cantante, la invitaron a que los acompañaran en What have I done to deserve this, que se transformó en un hit mundial, rehabilitando la carrera de Springfield luego de veinte años. Si bien siguieron algunas otras colaboraciones (hicieron juntos la canción de la película Scandal, produjeron algunas canciones del álbum Reputation), Dusty, famosamente difícil de trabajar con, no se decidía entre la esquizofrenia de la pista de baile y Richard Carpenter, y todo quedo en una media tinta. El misión statement con Liza entonces era otro: control completo del proceso del álbum, después hagan lo que quieran.

En mi esquema mental, era una de esas cosas que difícilmente podían salir mal: la magnífica producción PSB con la impecable voz de Liza. Y es cierto que esto es así, pero la clave del disco son LAS CANCIONES. No era cuestión de ponerla a Liza a cantar cualquier cosa, tenía que ser algo relevante para a) una mujer, b) cuarentona, c) con una vida MUY pública y un poco tragicómica. La selección termino así: un clásico de Broadway totalmente re-imaginado (Losing my mind), dos covers bastante inesperados (el clásico disco Love Pains, y el contemporáneo hit pre-emo de Tanita Tikaram Twist in my sobriety), dos clásicos PSB renovados (Rent y Tonight is Forever) y cinco canciones especialmente escritas para la artista. ¡Y que cinco canciones! Es cierto que Tennant-Lowe estaban en su mejor momento, pero el cuidado puesto en estas composiciones se nota de lejos, siendo algunas de las mas cuidadas lirica y musicalmente de su carrera (inmediatamente luego de este disco, pasaron a grabar Behaviour, que mantiene esta delicada línea). Desde el perfecto impacto de apertura de I want you now hasta If there was love y su cita a Shakespeare y culminando con So sorry, I said, probablemente una de las 5 mejores canciones del abultado y estelar catalogo de estos cancionistas. Tan buena es esta canción, que como suelen hacer los muy pillos, luego la tomaron prestada o reclamaron para sí mismos,  interpretándola en vivo en su gira Perfomance.

Mucho de lo que funciona es también ir en contra de las expectativas: contrastar el sombrío tono funerario y la voz de contralto de Tikaram por un proto-hip hop y un falsete; hacer arreglos de cuerdas tradicionales sobre los originales techno pop (atención a la obra maestra de Angelo Badalamenti arreglando Rent en lo que se transformó en el arreglo definitivo para esta varias veces re interpretada canción) y el maniaco efecto sobre Losing my mind. De hecho, cuentan los involucrados que este fue el único momento en el que Liza dijo un “no” rotundo: la canción, de Stephen Sondheim escrita para su musical Follies, es decir, algo que viene de la misma tradición cultural que Minelli, fue reconvertida en un techno-disco exasperado, que en su demo original contenía sampleos de gritos histéricos. Liza consideró que era poco respetuoso del material original y pidió que se quitaran los gritos. No se equivocó: la canción funciona mucho mejor sin ese detalle y finalmente fue un importante hit (el demo original con todo y gritos, cantado por Tennant, se puede encontrar como cara B del single de los PSB Jealousy o en el álbum Alternative)

Disfrutar de este disco significa dejar de lado un montón de prejuicios: sobre la artista (desde considerarla un producto demodé hasta el latiguillo reductivista “gay”), sobre los productores, sobre que cocoliche puede salir de combinarlos. Sin embargo, no puedo más que decirles que se están perdiendo algo por no intentarlo: un gran disco de Liza, un gran disco de los PSB y sencillamente un GRAN DISCO.