lunes, 6 de febrero de 2012

Señora de las cuatro décadas de carrera.



Mal que le pese a ella y a muchos de sus detractores (que son de por si muchos), Madonna ya es un clásico. Con un corpus que abarca treinta años y comienza su #31; sobre analizada, criticada, alabada, imitada, defenestrada, su carrera ya está más cerca de la de Michael Jackson, los Rolling Stones, Aretha Franklin que la de Britney, Christina, Kathy, Beyonce o cualquiera de las otras con las que se las ponga en línea.
Entonces, una artista que empieza su cuarta década de carrera, tiene que tomar una decisión, complicada y que define su futuro: se transforma en un artista ‘de nostalgia’, viviendo de sus pasadas y muy merecidas glorias, o sale a ponerle su sobre entrenado cuerpo a una competencia con artistas con la mitad de su edad.  La presentación en el entre tiempo del SuperBowl anoche fue una clara muestra de esta tensión que probablemente se extienda a su nuevo disco, pronto a salir y la seguramente espectacular gira que le va a seguir.
Por un lado tenemos a la Madonna clásica, reviviendo su repertorio eterno  a prueba de balas, curiosamente limitado a su primera década de carrera (salvo la muy honrosa excepción de Music, perfectamente elegida por su capacidad de levantar a cualquier muerto). Por el otro  tenemos a su nuevo corte, Give me all your Luvin’, con un toque infantiloide bastante poco adecuado para una mujer de 53 años y apoyado en una serie de invitados especiales que intentan demostrar que “actual” es la señora.

Independientemente de cuál de los dos paradigmas gane, anoche quedó bien claro que hay uno que le cabe a la perfección y otro que resulta un poco desesperado. El concierto abrió con un pastiche greco-egipcio-romano, que lamentablemente no por ser una buena idea nos hace olvidar que una de sus rivales  de generación “intermedia” (Kylie) lo acaba de hacer en una gira de amplia difusión mundial, y con un golpe ente los ojos: Vogue, uno de sus cortes más clásicos. Apelar a lo obvio es, claro, una receta perfecta para algo tan masivo como el SuperBowl, y mucho del resto de la selección de repertorio, salvo la presentación de su nueva canción, apeló a este mismo,  efectivo recurso. Siendo un artista con decenas de canciones que suenan inmediatamente familiares, Madonna podría vivir perfectamente de reciclarlas eternamente y su fiel publico de 2 o 3 millones de personas la seguirían acríticamente hasta que decidiera retirarse.

Pero La Señora no quiere esto: ella necesita mostrar lo vigente que es, y entonces sale con los tacos aguja de punta a hacerle frente  a las nuevas generaciones, al tiempo que los aprovecha para acercarse a un público juvenil que la mira con cara de “que onda la abuela?”. Give me all your luvin’, cuyo video se estrenó durante la semana en el aluvión mediático que nos recordó nuevamente la maestría con la que maneja sus relaciones publicas, es un triste homenaje a Mickey de Toni Basil, que apela a una estética de porristas, que no por adecuada al evento de anoche podríamos considerar apropiada para una señora de esta edad y logros de carrera. Musicalmente remite al exitoso pero criticadísimo pop de Kathy Perry, un producto que tiene por target a princesas Disney que piensan que el pelo azul es una locura divertida. De la canción participan, casi innecesariamente, dos de las chicas del momento, Nicky Minaj y M.I.A, con una aparición tan breve e irrelevante que si pestañamos la perdimos, y que aportaron si, en el show futbolístico, un toque de autentica frescura.  Hablando de invitados, durante Music aparecieron LMFAO, la definición misma de ‘one hit wonder’, y aquí es donde tenemos que empezar a dudar del criterio de selección: mientras que Minaj y M.I.A además de jóvenes tienen un verdadero toque de vanguardia y actualidad, el dúo californiano no son más que un producto chicle de verano, y asociarse a ellos es más dañino que salvador. Son esos los momentos donde el plan maestro de carrera nos hace dudar, es algo que suena a manotazo desesperado de alguien que todavía no se está ahogando.
El cuarto invitado fue si, especialmente adecuado: Cee-Lo Green.  Madonna siempre coqueteo con el soul, y Cee-lo tiene una cosa de estar bien en el presente remitiendo al pasado, que se ajusta a la perfección al plan “nostalgia/actualidad” al que nos referíamos más arriba. La aparición de Green hizo un quiebre en la presentación: para empezar, se abrieron los micrófonos en serio (criticar a Madonna por hacer playback es como criticar a la lluvia porque moja: ella institucionalizó y justificó su uso para los artistas multimedia que tienen que verse mejor de lo que suenan), y con dos líneas, una de Open your heart y otra de Express yourself, validó la carrera de Madonna en toda su dimensión.
El cierre fue con Like a Prayer, coro góspel como desde siempre, invitación a cantar y celebrar, y nuevamente ratificando la excelente decisión de utilizar a Cee-lo como invitado. Como notaron varios comentaristas, tal vez lo más notable de toda la presentación fue ‘la sonrisa de mama’: desde hace varios años, el profesionalismo de Madonna viró en mala onda, y ayer se la pudo ver sonreír ante un trabajo bien hecho, entendiendo que si quiere mantenerse cerca del público masivo, tiene que necesariamente ablandar su imagen.
Pero antes del final, un recordatorio a la Madonna seria y falta de humor de los últimos 10 años: en la (impresionante) pantalla al frente del escenario, la inscripción “World peace”, que nos trae un flashback desagradable a la Madonna mística que tiene el caradurismo de hacer un cover de Imagine, sin ninguna ironia.
Concluyendo, como calificar a esta presentación? Bueno, fue una buena muestra de todo lo bueno y todo lo malo que tiene Madonna para mostrar. Por el lado bueno, su profesionalismo, carisma, excelente puñado de canciones, timing. Por el malo, su desesperación por aferrarse a su juventud y la de su hipotético público, su frialdad como performer, su necesidad de trascender como ‘profunda’ o ‘relevante’, cuando todo lo que queremos de ella es que nos saque, como ella misma inauguro su carrera hace 30 años, a cantar, bailar, pararnos y hacer la nuestra.
Dance and sing, get up and do your thing

1 comentario:

  1. En un todo de acuerdo!! No queremos (paradójicamente) a Madonnas místicas. Hay otros artistas más aptos para ese transporte. Yo quiero sentir la brillantina en las manos cuando suena un tema de ella, y con ello me basta, y me encanta.

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