"Everyone is scared there"
Una crítica
fácil que muchas veces se le hace a Mad Men es que “nunca pasa nada”. Los
motivos son varios, el principal es que el “plot”, el argumento en sí de la
serie es secundario en comparación con el desarrollo de los personajes. También
viene por cierta morosidad, intencional, en la estructura narrativa de la
serie, donde pequeñas cosas se van sembrando los primeros cuatro o cinco
episodios, luego hay un cambio de tono abrupto, y las resoluciones recién se
ven en los últimos ( o directamente EL último) episodios de la temporada.
Pero eso
era antes. En la medida que avanzan los sesenta, y la historia se va llevando
por delante a los personajes, la narración de Mad Men también fue cambiando. El
año pasado era como que cada episodio era un Gran Tema, y los personajes
actuaban una pequeña obra dentro de ese tema. Este año, las cosas que podíamos intuir
en el primer episodio (la precipitación de las relaciones Megan-Don y Pete-Trudy,
la rivalidad entre agencias ahora que Peggy trabaja para el enemigo, la rara posición
de Joan en el negocio, las consecuencias
comerciales de tratar de dejar las cuentas chicas y focalizarse en cuentas más
grandes) en lugar de resolverse en 10 semanas se están cayendo por su propio
peso. De hecho, este episodio ya asienta un nuevo status quo para tantos
personajes que podría ser un final de temporada y nos hace llegar al domingo
que viene en la oscuridad total.
De todas
maneras, el episodio es puro Mad Men, donde el lema es ‘adaptarse o morir’. Y
retomando otro tema central de la serie, las mujeres parecen estar mejor
preparadas para esa adaptación. Joan, que sigue luchando con su imagen histórica
y con las consecuencias de cómo consiguió ser socia de la agencia, primero
tiene un momento que podría haber sucedido en 1961, cuando solamente era la
abeja reina en una colmena de secretarias, e intenta poner en su lugar a
Scarlett (una baby-Joan si las hay) como alguna vez lo hizo con Jane, mandándola
derecho a los brazos de Roger. Entra en escena Harry Crane, de quien su cambio
de apariencia exterior encaja perfectamente con su interior. No importa si
Harry merece lo que pretende y pide (probablemente sí), lo hace de una manera
tan desagradable que nadie se pone de su lado, y lo único que logra es quedarse
con su secretaria y un cheque de “cállate, Harry”. Le veo poco futuro a Harry
en SCDP tal como está.
Volviendo a
Joan, un deus-ex machina en forma de una vieja amiga de visita, le hace darse
cuenta que para logar el respeto del que se cree merecedora necesita por
empezar a actuar ella la parte. No hay más que ver a la Joan que vuelve a la
oficina al otro día para darse cuenta, y si parte de su cambio de imagen pasa
por dejar de lado las “pequeñas cosas” de ser la office manager y secretaria
glorificada, la beneficiada es Dawn. Otro dato interesante: en otro momento histórico,
Scarlett hubiera sido la heredera natural de las simbólicas llaves de Joan. En
su lugar, es Dawn las que las recibe, leyendo en el gesto, aun mejor que Joan,
que eso no es un castigo sino un premio. Me gusta Dawn, espero grandes cosas
para ella.
Otra mujer
que está transitando los sesenta con gracia es Peggy, directamente enfrentada,
por primera vez, con Don. Y mostrando, una vez más, lo buena que es en lo suyo.
Don siempre lo supo, pero no estoy seguro que supiese lo peligroso para sus
negocios que podía ser hasta ahora. Siempre es refrescante también cuando la
serie se toma unos minutos para mostrarnos lo profesional que es esa gente, que
no están ahí por capricho nada más. Y si bien Peggy le dio al cliente justo lo
que necesitaba, la presentación de Don también fue brillante, aunque como con
la presentación de Sheraton en el primer episodio, tal vez se está volviendo
demasiado abstracto para las necesidades del mercado de fines de los sesenta.
Me pregunto si un “final feliz” para Don no sería dedicándose a algo creativo
por la creatividad misma… lo dudo, pero sería interesante de ver. Finalmente,
ni Don ni Peggy se quedan con la cuenta, y en el proceso SCDP pierde otra
cuenta y probablemente la fidelidad de Ken. Los socios mejor que no se olviden
que Ken es Dow, y no hay napalm que revierta el hecho de que es la cuenta más
grande que tienen en este momento.
Y
finalmente la tenemos a Megan. Podría ser debatible, en el mejor de los casos,
si Megan se está adaptando o no a los cambios
que la rodean. De algo estoy seguro: por más que su marido, con uno de esos
regresos a la edad de piedra que le son característicos le ponga palos en la
rueda a su carrera, ella no lo va a aceptar. El fin de ese matrimonio puede que
sea cuando un día encuentre a Don a los besos en el ascensor con Sylvia, pero
es mucho más probable que sea cuando se canse de ser llamada puta por el hipócrita
putañero de su marido. Megan no es Betty, y como suele suceder, el poder le va
a venir con el dinero, y en cuanto sea una estrella de televisión como
corresponde, hasta aquí llegó su amor como señora Draper.
Fue nuestra
querida Trudy Campbell la que la semana pasada resumió las reglas de la
apariencia que dominaron durante años a estos personajes. Y que puede ser que
aun los dominen, como Joan y Don parecen querer creer. Pero hasta Don se fuma
un fasito inspirador EN LA OFICINA y un par de desconocidos no tienen ningún tapujo
en tratar de seducir a los Draper para poner el “swinging” en el “sixties”. La
sutileza, claramente, los ha abandonado.
Algunas
observaciones al paso:
- Siempre nos
quedamos con ganas de un poco más. Los primeros dos episodios, faltó un poco de
Joan. En este, bastante Joan-céntrico, nos faltó un poco de Roger. Pero sus dos
participaciones, ambas por el asunto Harry, son impagables.
- A veces nos
olvidamos lo divertido que puede ser Mad Men, no solo por los chistes de Roger:
la música de agente secreto que acompaña la llegada de Stan es impagable.
- El
personaje de Megan en la telenovela es de una mucama. Que seguramente va a
terminar casándose con el señor rico. Cualquier parecido con la realidad es
mera coincidencia.
- Y hablando
de la telenovela, espero ver más de señor y señora fiesteros. Ella me recordó por
un momento a la nueva Dark Betty. Y hablando de Betty, como alguien comentaba
en twitter, seguramente es adicta a To have and to hold.
- Sensitized!
Bonnie & Clyde de Gainsbourg y Bardot musicaliza uno de esos momentos que
encapsulan perfectamente la época y el perfil de los involucrados.