“Un
fanático nunca debe ser subestimado”. Claudia Brucken ~ Fanatic
Hace unos días, hablando sobre Spinetta, comentaba como toda la vida los fanáticos me dieron una especie de respeto que limita con el miedo.
Obviamente
cuando hablamos de fanáticos, pensamos en los religiosos, políticos o que
apoyan alguna causa especifica (vegetarianos y proteccionistas vienen a la
mente). Pero estoy pensando particularmente en los fanáticos de ciertos
artistas. Y ojo que digo "ciertos" y no digo "cualquier"
artista, porque parece haber cierta categoría de artista que genera algo más
que seguidores o fans, artistas que generan algo más parecido a la devoción.
Mencioné a Spinetta como un ejemplo, pero hay casos que se sirven de ejemplos más
claros: estoy pensando en Boy George, en Morrissey. Más acá en el tiempo hay
intentos de artistas como Gaga de hacer algo similar.
¿Que
caracteriza a estos fanáticos y a estos artistas? Primero y principal, devoción
acrítica. En segundo lugar una absoluta falta de sentido del humor. Y en
tercero, y tal vez la más peligrosa o sencillamente irritante, una militancia
incansable, persecutoria y punitiva de cualquiera que no comulgue con su
favorito. Por el lado de los artistas, hay un cierto mesianismo, siempre
disimulado tras una fachada de "en realidad esos fans me molestan"
pero que efectivamente no hacen nada por desactivarlos (debemos admitir que
George tiene antecedentes de insultar abiertamente a sus fans, quienes en un
arrebato masoquista se sienten aun más validados en el insulto).
Estos
fenómenos además han empeorado en la era de las redes sociales, donde una
mezcla de fácil acceso sumado al posible anonimato son algo así como el sueño
del psicótico. Intenten escribir un comentario en Twitter sobre ese ídolo pre-adolescente
que no voy a mencionar para que no me empiecen a spammear y prepárense para
recibir 348 mensajes que incluyen amenazas de muerte, declaraciones de amor
escritas con pobre ortografía, argumentos descabellados sobre calidad, talento
y origen de los mismos y varios cientos de spambots ofreciendo cosas de las que
mejor no enterarse.
Dándoles
un punto a los fans del “artista” tácito en el párrafo anterior, la excusa
suele ser que estos fanatismos son un fenómeno claramente adolescente, que
tiene que ver con la necesidad de validación en grupos de referencia. Pero la
experiencia muestra que más allá de adolescencias estiradas, hay gente que ya
tiene edad de saber mejor lo que está haciendo, que mantiene intacta su devoción
por algún cantante de sexualidad dudosa que supo tener su momento de esplendor
hace muchos años.
Madonna y su limo. Tengan mucho miedo. |
Independientemente
de lo molestos que puedan resultar a sus ocasionales victimas críticas (en este
caso, vendría siendo yo), también son un poco un riesgo para sí mismos. Estamos
hablando de la gente que es atropellada por la limosina en movimiento de su objeto
de adoración en un momento de persecución (Madonna es encantadoramente
despreciativa de sus fans psicóticos y a ella pertenece el vehículo que se llevó
puesto un fan en una de sus visitas a la Argentina), gente que va hasta la puerta
de la casa de su admirado y cual cartoneros revisan las bolsas de basura que
estos dejaron (en nombre de la privacidad voy a mantener la identidad de los
psicos y del/a artista involucrada, PERO USTEDES SABEN QUIENES SON).
Claro
que todos tenemos ídolos, sin ir más lejos soy y me relaciono con gente que se
ha gastado los ahorros de una vida en un viaje internacional para ver a su
artista favorito en concierto. Pero he aquí la diferencia: una cosa es morir
por ver al artista en el escenario, otra la de acampar en la puerta de su casa
por robar una foto, un beso o un protector diario de la bolsa de residuos.
Existen
claro, fans muy fanáticos que se toman las cosas con más levedad. Siempre suelo
citar mi amiga la Negra, que era fan de Madonna de aquellas. Nadie la quería más,
pero tampoco nadie era más crítico. Justamente, el amor por el artista le permitía
ser implacable ante sus fallas, y siempre con un sentido del humor que lograba
transmitir tanto su fanatismo como lo grave de la ofensa de Ciccone (que ya
hemos establecido, le importan soberanamente un bledo sus seguidores). Han
habido clubs de fans que han sufrido más cismas que partido trosquista por
diferencias de encare (amigos Poof, a ustedes los estoy mirando) hacia el
artista y su carrera.
Imagen autocensurada en nombre del buen gusto |
Lamentablemente,
son la minoría. La gran mayoría son los que caen en la categoría que Mariano Lago suele llamar “fronterizo”.
Puedo no coincidir con el diagnóstico, pero si con la apreciación. No hay más
que ver a los “fanáticos” de ciertas “estrellas” vernáculas participando en
reality shows para darse cuenta que o esa gente está muy mal como para sufrir
esa exposición, o tan necesitados de exposición como para simular estar tan
mal. De una forma u otra, hay alguien que esta lucrando poniéndolos frente a
las cámaras, y como estas cosas se esparcen por contagio cual síntoma histérico
en el internado de señoritas, dando el ejemplo de cómo un “fan” debe “actuar”.
Y el mundo es un lugar peor a causa de ello.
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