jueves, 15 de agosto de 2013

Varones menguantes, mujeres crecientes


Hace ya un tiempo que se viene hablando de la nueva “Era de oro de la televisión”, producto de la madurez alcanzada por el medio a partir del boom HBO de los tempranos 2000 y sus actuales “hijos”. Claro que toda la serie de halagos a productos que se resumen en un puñado de nombres (Sopranos, Mad Men, Breaking Bad, The Wire) estaba también siendo conspicuamente acrítica con respecto a las resonancias más profundas de los mismos más allá de del factor “wow”. Recién ahora estas conversaciones están empezando a darse, tanto desde el lado de los críticos (y siendo que hay una nueva camada de críticos que son contemporáneos o surgieron como productos de estas series, encabezados por Alan Seppinwall) y de los mismos creadores pensando críticamente sus creaciones (finalmente roto el modelo David Chase de “pongo mi producto ahí afuera, ustedes hagan lo que quieran que yo no opino”).

Las conversaciones que se necesitan tener sobre estas series tienen que ver con sus textos o subtextos; su violencia, cinismo y visión distópica; su idea romántica del anti-héroe (o simplemente villano por otros medios); y un poco el corolario de todo esto, su misoginia.
Rebobinemos un poco: ¿En que reside el éxito de estas series, a nivel no de calidad o factura, sino sociológicamente o psicológicamente hablando? En que por primera vez lograron captar a una audiencia masculina con productos que nos son los dos facilismos a los que siempre se recurre: el deporte y la acción. ¿Y cuál fue el secreto de ese atractivo? En gran parte (y no estoy sugiriendo que es el único factor, pero es uno de peso) es la fuerte identificación a nivel de “realización del deseo” de esta audiencia con estos personajes. Claro, conscientemente son monstruos, pero inconscientemente, están haciendo todo lo que un ser humano de género masculino haría si no tuviese ninguna traba social o superyoica: tener a todas las mujeres, hacerse ricos ilegalmente, solucionar los conflictos con armas, ser el más poderoso formal o informalmente, o el más inteligente, o el más creativo. Lo pueden admitir o no, pero hay algo de goce vicario, de SER Tony, SER Walter, SER Stringer, SER Don.
Entonces, cuando me identifico al punto del SER, los enemigos de mi alter ego se transforman en mis enemigos. Y no estoy hablando de Gus Fring, Avon Barksdale o Phil Leotardo. Estoy hablando de Skyler White, de Carmela Soprano, de Betty o Megan Draper. Peguen una mirada por las redes sociales  y vean el grado de odio, sorna, sarcasmo que circula con respecto a estos personajes. Se las ve solamente como un obstaculo a los fines de los “héroes”, como arpías molestas, histéricas que no saben lo que quieren, con el mismo grado de profundidad con que los muchachos del picado de los viernes hablan de “la bruja” que dejaron en casa. ¿Por qué esto es así? ¿Están estos personajes efectivamente escritos de esta manera, o es simplemente una lectura?
Habría que hacer un análisis caso por caso, supongo. Una lectura profunda de Mad Men permitiría hasta verlo como un programa proto-feminista, si se siguen de cerca las historias de Peggy y Joan, y es cierto que Betty fue escrita como una histérica de manual, de las que se le presentaban a Freud en 1890. Digamos que la lectura peyorativa en ese caso se aplica más que nada a Megan (y pensemos en Megan como la que “domesticó” a Don, por lo menos en la temporada 5). Carmela, como Tony, es un personaje multi demensional, y muchas de sus decisiones fueron producto directo o reacciones a otras tantas de Tony. Igual Carmela es un personaje con agencia propia, no solo reactiva, y moralmente tan dudosa como su marido, salvo que lo tiene más negado (lo que la hace una neurótica de jardín mucho más accesible). Y esto nos lleva a Skyler. Empecemos con el descargo, tan bien demostrado en este artículo en The AV Club , sobre lo mal que estaban inicialmente escritos varios personajes de Breaking Bad (salvo Walter, y hasta cierto punto Jesse). Luego se les fue dando más posibilidades de expandirse, y en algunos casos se manejó mejor que en otros. Pero antes de acusar a Skyler de arpía, castradora, amarga, controladora o lo que se les ocurra, pensemos que la única cosa “mala” por agencia propia que hizo fue todo el affaire Ted Beneke (que incluye el acostarse con él y darle la plata). Pero todo lo demás... estamos en presencia de una mujer que tuvo que salir a laburar porque su marido no hacia un mango (aun cuando hubiese tenido la oportunidad de hacerlo y lo dejó de lado por algún tipo de “principio” y ahora culpa a sus ex socios), que tiene un hijo discapacitado y que embarazada de varios meses recibe el diagnostico de cáncer de su marido, quien “por ella y los chicos” se transforma en el mayor productor/traficante/enforcer de drogas de su región, cambiando en el proceso de personalidad en 180 grados, y a quien acuerda ayudar mediante el blanqueo de sus fondos, solo para ser eternamente vapuleada.
En serio, ¿Skyler es “la mala”? Vince Gilligan lo dijo mejor que nadie hace poco: “La gente que tiene problemas con Skyler son misóginos, sencillamente. La quiero un poco menos ahora que sucumbió ante Walt”. 
Ojo, no estoy en contra de los Don, Tony o Walt en principio, sino contra sus apologistas, contra la tendencia de justificar todo como producto de los “Difficult men” olvidándose de o simplemente oponiéndolos a sus contrapartidas femeninas.
Y ni hablar de la actitud hacia las protagonistas efectivas de género femenino: Sex and the City es “un programa para minitas”, Weeds, Nurse Jackie, The Big C o United States of Tara son “series menores”, y solamente zafan las Girls porque rompe con las credenciales hipsters no verlas. Y ojo, tampoco vamos a defenderlas a prueba de todo, pero no hay más que ver las primeras dos temporadas de Jackie para ver que Jackie Peyton puede ser tan mentirosa, perversa, infiel y frágil como Don o Walter, y sin embargo lejos de aparecer los apologistas, se la quiere mandar a la hoguera tanto como a Skyler.
Queda por verse si es Orange is the new black la que logre romper esta hegemonía. A los personajes femeninos se les permite tener varias dimensiones, crecer, ser victimarias tanto como víctimas, tener agencia como para haber tomado decisiones, generalmente erróneas, y pagar las consecuencias de las mismas. La falla de la serie está, claro, en presentar a todos los varones  como villanos o idiotas, como un reverso perfecto de la percepción que hay de las otras series mencionadas * : Mendez y Caputo son villanos irredimibles, Larry es un nabo, Bennet es, en un ataque bien de machismo de libro, un “nabo por amor” y Healy es la peor clase de tipo: el “bienintencionado” que cree, honestamente, que está haciendo un favor cuando actúa como el ser pequeño que es. Pero bueno, Skyler de s01 de Breaking Bad no es la misma de ahora, veamos que sucede en la s02 de Orange... antes de juzgar. 
Creo que el usar a Orange… de ejemplo es una mala idea, de todos modos, justamente por este desequilibrio que hace que funcione como un “negativo” de las otras series. Si queremos verdadera paridad, las puntas están en Homeland y The Americans: Carrie y Elizabeth son coprotagonistas verdaderas de la historia (y es más, en términos hollywoodenses, ambas encabezan los elencos, ya que Angela Chase y Felicity Porter las convirtieron en verdaderos iconos televisivos en los noventa, mucho más que sus coestrellas). Carrie y Elizabeth no son mejores ni peores. Son complejas, pueden ser heroicas o cometer errores, a veces por llevarse por su sentimentalismo, pero que no es lo que las domina (de hecho, ambas son mucho más complejamente dominadas por su enfermedad mental y su ideología política respectivamente, que por sentimientos, varones o cualquier otra cosa). Y sus compañeros son exactamente eso: compañeros, con las mismas cualidades y fallas. Y no se espera que nos identifiquemos ni con unos, ni con los otros. Nadie llamaría a Elizabeth “arpía” por cómo trata a su no-marido, sino por sus acciones como espía internacional, y nadie ve a Carrie como un obstáculo para que Brody alcance no sé qué cometido (en serio, la trama de Homeland ya se complicó demasiado…).

Sí, estamos en una nueva era de oro de la televisión, una más refinada y madura, donde finalmente parece que vamos a poder disfrutar de ficción sin las ridículas categorías de “para varones” o “para mujeres”.


*(ojo, y creo que vale la pena aclararlo nuevamente que hablo de percepción: no son David Chase, Matthew Weiner o Vincen Gilligan -bueno, este tal vez un poquito-  los misóginos, sino cierta audiencia, especialmente la más vocal en los diferentes social media)


Para una muestra de los interesantes análisis que se pueden hacer sobre estos riquísimos personajes (de nuevo, si critico es porque no tengo más que respeto y admiración) los dirijo a esta nota de mi primo y colega Fernando Casals, que inspiro el título de este post.

2 comentarios:

  1. Yo le sumaria a esa lista de mujeres a mi guilty pleasure: la ex-sra (o sra?) Alicia Florrick. Su personaje puede no tener la dimensión del de Jackie o Tara, pero me gusta las dicotomías con las que se encuentra Mrs Margulies en la serie: familia-trabajo, marido-amante.

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  2. Coincido Helio, y el tema es que Good Wife en general se considera en otra categoría, no tanto por calidad si no por las limitaciones de la tele de aire (cantidad de episodios, cosas que se pueden y no se pueden mostrar).
    Pero Alicia definitivamente logró trascender ciertas barreras (el único problema es que en USA no la considerán "para mujeres" sino "para viejos")

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