lunes, 26 de mayo de 2014

Comentario: Mad Men 7x07 - Waterloo

They want me to move on

Para muchos Mad Men es una ventana a la era de oro de la modernidad, o por lo menos de la modernidad del siglo XX, y sin ponerme todo Fukuyama al respecto, dónde mejor lugar para “empezar a terminar” que en su máximo logro: la llegada del hombre a la luna. Podremos discutir si el verdadero fin de la modernidad fue 20 años después con la caída del muro y la instalación ideología única, o un año antes en mayo del 68, pero lo cierto es que no hay momento más icónico de la era que Neil Amstrong diciendo en granuloso blanco y negro que eso es un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad. Bertram Cooper, tal vez el más acabado símbolo de esa era moderna, aprueba de este logro, con lo que es su última palabra no-como-fantasma en el programa, y la que intuyo fue su última palabra absoluta: BRAVO
“Bravo” es también nuestra reacción ante estos 47 minutos televisivos, marcados por varios finales-que-son-principios: el fin de Sterling Cooper tal como la conocimos (aunque aun Sterling Cooper gracias a la habilidad de Roger empujada por su herido orgullo tras lo que para el fueron las últimas palabras de Bert); el fin de Peggy como simplemente la aprendiz de Don, o por lo menos, la sombra de Don; el fin de la infancia de Sally Draper y el comienzo de su madurez; el fin del matrimonio de Don y Megan.
En todos estos casos, con un salto cualitativo por fuera de la modernidad o de la más absoluta modernidad, según como se lo vea, ya sea con un merger-acquisition que no estaría fuera de lugar en los ochentas, Sally eligiendo al nerd por sobre el jock, o la terminación de un matrimonio telefónicamente.
Estructuralmente, mucho de este episodio dialoga con el más clásico episodio de transición de Mad Men, el que mejor marcó el pase de esos sesentas que todavía recordaban a los cincuentas a los sesentas propiamente dichos: Shut the door, take a seat. Al igual que en el ya clásico final de la temporada 3, una nueva agencia surge, pero en lugar de para huir de McCann, esta es una subsidiaria de McCann. Una vez más un logro de Peggy queda opacado por políticas que la superan (aunque esta vez Don estuvo ahí, cual padre en acto escolar, y también nosotros, que ya sabemos que la “nuca de Peggy” al final de la temporada pasada apuntaba a este momento y no a los tristes 7 meses de su vida que vimos en lo que iba de la temporada). Y claro, una vez más enmarcado por un hecho histórico omnipresente en las pantallas de TV, un matrimonio Draper llega a su fin, nuevamente con una llamada telefónica que más que tristeza o enojo deja un sentimiento de inevitabilidad. 
En lo que podría haber sido un episodio de “plot” nada más, es un testimonio a la calidad de la escritura que lo que todos nos vamos a acordar son de los momentos de caracterización que contuvo: el momento maternal de Peggy con Julio; Sally eligiendo a Neil por sobre Sean y al mismo tiempo obedeciendo y rechazando a su madre, al dejar de lado al “chico malo” (Don es simultáneamente definido como un “bad boyfriend" por Betty y como un “bully” por Jim Cutler), pero haciendo caso omiso de “no besas a los chicos, los chicos te besan”; Joan mostrando sus colores verdaderos (en este caso, verde dólar) y Ted resultando ser mucho más parecido que Don que lo que ninguno de los dos quisiera admitir, aunque Don use magistralmente este entendimiento para hacer su venta más efectiva en bastante tiempo. 
Claro que la estrella del episodio es Roger, que bien lejos ha llegado de donde lo encontramos en la primera escena de la temporada, rodeado ahora de lo que queda de su familia, tomándose muy a pecho lo que serán las últimas palabras que le dice Bert Cooper, y mostrando al mismo tiempo su habilidad para los negocios y su lealtad por Don. Y su desprecio por Harry...
Poco queda por decir de Don, que es objeto más que sujeto de todos los acontecimientos que son realmente movilizados por Jim, Roger o Megan, y su única acción verdadera es darle el volante a Peggy, en un acto de respeto y fidelidad de los que le conocemos pocos.
Resulta raro saber que nos quedan 7 episodios más, tanto de lo que sucedió nos da “final” que nos resulta difícil imaginarlo. Por otro lado, la idea de que nos quedan siete horas televisivas más por delante es un incentivo de pilas para los meses que nos quedan por delante hasta que lleguen. 

Algunas observaciones al paso:
  • Cuento por lo menos tres momentos musicales anteriores en Mad Men: Roger haciendo un incorrecto My old Kentucky home (y discutiblemente Pete y Trudy bailando el charleston en el mismo episodio), Sal llegando a nuevos niveles de patetismo con Bye Bye, Birdie y claro, Zou Bisou Bisou (podemos agregar a Ken bailando tap bajo el efecto de las anfetaminas, pero la extrañeza de ese momento surge justamente por la falta de música del mismo).
  • Dicho esto, y con la admiración que tengo por Robert Morse y su pedigree musical, la escena me pareció fuera de registro para la serie. Me vienen a la mente tres momentos de alucinación de Don (sin contar los que son una excusa abierta al flashback): regresar a su casa y que lo reciba su familia que en realidad está de vacaciones en The Carrousel, la aparición del fantasma de Anna en The Suitcase y ahora este, y se aplica la ley de rendimiento decreciente en que cada vez es menos creíble y efectiva.
  • No, no cuento el sueño asesino de Don ni la alucinación en California, que fueron causadas por el poder inconsciente del sueño o ayuda de sustancias, y por tanto narrativamente incorporadas. 
  • Probablemente tuvo tres importantes ayudas para lograrlo (un push up o corpiño relleno, horas de grabaciones de January Jones fumando y un hair & makeup de otro mundo), pero lo que hace Kiernan Shipka para transformarse delante de nuestros ojos en su madre televisiva es el material del que se hacen los premios a la actuación. 
  • Si bien todos sabemos que Meredith es el comic relief de la serie, y su fascinación con Don fue un tropo de toda la temporada, hubo algo en su fallida seducción que me recordó a Peggy en el piloto. Claro, sabemos que Meredith nunca va a hacer una presentación como la de Burger Chef. 
  • La caracterización de Joan es probablemente la más negativa que haya tenido desde los primeros episodios de la temporada 1, y está por verse si viene una redención o simplemente es la dirección en la que decidieron llevar al personaje. Lo que obligaría a hacer una nueva relectura de The Other Woman, también. 
  • Si bien claramente episodios separados, mucho remite a la semana anterior, especialmente la idea de “familias”: la ya mencionada familia ensamblada de Roger viendo la llegada a la luna, la de Don y sus niños Peggy, Pete y Harry en la habitación del hotel, la de los Francis y claro, la que fue la primera y última vista de la vida domestica de Bertram Cooper. 
  • Gracias a todos los que leyeron, compartieron y comentaron aquí y en las redes sociales estas reseñas. Pocas cosas me dan tanto placer como Mad Men y poder “publicarlo” y compartirlo. Acá me encuentran el año que viene para los últimos 7.