lunes, 1 de abril de 2013

Los próximos años - David Bowie: The next day.


Este comentario fue escrito originalmente para Casa Brutus

Uno se sienta a escribir una reseña de un disco, y trata de evitar los clichés. Pero claro, hay algunos que son inescapables, especialmente porque muchas veces es imposible juzgar la relevancia de un disco si uno no provee un poco de contexto. De esa manera, hablar de The Next Day implica hablar de la desaparición de Bowie los últimos diez años, no sólo de no sacar música nueva, si no de no hacer apariciones públicas, haciéndonos creer que probablemente no nos quedaba David para largo.
Entonces “sorpresa” es inescapable. Igual que “vital”.
Hablar de David también implica otro cliché, el de camaleón, el de reinvención. Y este es más fácil de escapar, porque justamente lo agradablemente sorprendente de The Next Day no es una nueva reinvención de Bowie, una nueva persona, una nueva exploración musical: es cómo “lo mejor de Bowie”, pero no en el sentido de refrito o
recorrido de carrera, si no de resumir todo lo que hizo de David Bowie, DAVID BOWIE.
David se sentó, se rodeó de algunos de sus colaboradores más consistentes de los últimos cuarenta años y se puso a hacer un excelente disco de David Bowie. No el más innovador, si no uno que destila lo mejor que tiene para ofrecer: sus canciones, su versatilidad como cantante (y de paso da cátedra de como un fumador consuetudinario que estuvo de gira más de la mitad de su vida, todavía puede ser un mejor cantante que cuando tenía 25), el equilibrio entre lo intimista y lo “out there”. En general, el David “me arremango y soy profesional” lo que hace es un “back to basics”: buenos arreglos de rock, con un dejo avant garde pero bien lejos de tratar de reinventar la rueda, canciones breves y concisas (es refrescante un disco no-punk con canciones duración promedio 3 minutos 30 segundos, como el ideal indica. Y traten de conseguir alguna de las ediciones limitadas, con una joyitas de 2 minutos que tienen una inmediatez que varios artistas en edad de ser nietos de David tendrían que escuchar e intentar reproducir).
Y que canciones! Cuándo el día de su cumpleaños nos sorprendió a todos con Where are we now? hubo quienes clamaron aburrimiento, o madurez en un sentido peyorativo. Nada más lejos de la verdad: el álbum es fuerte, enérgico, pero también necesitaba de Where we are now? para reflexionar, para pensar, y no voy a decir para “explicar” los últimos diez años, pero por lo menos aludir a los mismos. De hecho,
todas las canciones tienen algo en sus letras que nos hace sentarnos y escuchar, algo actual, del mundo, de su vida. Este es un disco de canciones claramente nuevas, no de rescatar sobras de otras épocas. Y si alguno sigue con esa idea, háganle escuchar If you can see me para ver que la esencia Bowie sigue intacta y muy, muy lejos del “viejo que hace discos de baladas”.
Dudo que tengamos la suerte de una nueva gira de Bowie, pero si así lo eligiera, todo el disco podría ser tocado por una banda de formación tradicional en vivo, sin que nada se perdiera, demostrando una vez más que no se trata de innovaciones formales, de trucos de estudio, de superproducciones: se trata de consistencia, de solidez, de confianza en que lo que se está haciendo es lo mejor.
Leo comentarios que dicen “clásico” refiriéndose al álbum. Yo no puedo saber como el tiempo va a tratar al disco, sólo puedo decir que David ya es un clásico. Si me preguntan, preferiría definir The next day como atemporal. Y no se me ocurre mejor halago.

lunes, 25 de marzo de 2013

Discos Mejores: Sobre Delta Machine de Depeche Mode


Me acuerdo cuando en algún momento de los ochenta empezaron a salir los discos tardíos de los Rollling Stones, que básicamente tenían una canción radiable y mucho relleno, cómo el fan de la banda me daba un poco de lástima por la falta de ganas que le estaba poniendo su artista favorito. Claro, en esa época mis artistas de cabecera eran todavía frescos y vitales, la novedad era la moneda corriente y era fácil hacer el contraste. Me resulta raro hoy pensar que los Stones 88 estaban por los 25 años de carrera, cuando algunos de los artistas que sigo, tal como los Depeche que aquí nos ocupan, ya pasaron comodamente las tres décadas de actividad. Y no estoy diciendo que Delta Machine, por caso sea como uno de esos discos sin ganas, pero tampoco estamos en la mejor época de la banda. Y no está mal: como analizábamos por redes sociales con amigos en estos días, lejos quedó la Etapa Imperial de Depeche, una de las más largas y fructíferas de las que se tenga memoria, y con que nos tiren un disco profesional, nos alcanza.
En ese sentido, DM (la banda y el disco) no decepcionan completamente, como desde hace  una década, desde que empezaron a trabajar con Ben Hiller. Pero tampoco entusiasman de la misma manera. 
Los motivos son muchos y variados, algunos objetivos y por lo menos uno muy subjetivo. En la primera categoría tenemos que desmitificar que hizo de Depeche Mode Etapa Imperial lo que fueron: eran las canciones de Martin, por supuesto. Y el carisma de El Dave. Pero la musicalidad, el SONIDO, ese que inspiró un género completo de música, a artistas de todo el mundo por años después, era producto de Alan Wilder. Y lo extrañamos a Alan, a la musicalidad, la originalidad, a la experimentación de Alan. La historia de DM post 93 es la de buscar como llenar ese vacío, y gente como Tim Simenon o el ya mencionado Hiller están demasiado influenciados por el clásico DM de Alan como para aportar algo original. Y permitirle a Dave meter un par de sus canciones con sus colaboradores externos no es la solución (aunque va mejorando, Secret to the end remite a Suffer Well como un Dave competente, casi al nivel de Martin)
En lo subjetivo, mi historia de amor con Depeche tiene un final tan definitorio que no es "alrededor de" si no que tiene un momento y un lugar: la elección de Condemnation como tercer single de Songs of faith and devotion. Ese fue el momento en el que decidieron que no les alcanzaba con ser una banda europea perversa, si no que eran "serios", "rockeros", "con auténticas raíces gospel". Básicamente, una banda de estadios norteamericana hecha y derecha. Las canciones de Martin desde ese momento siempre terminan en ese remanido cliché, y por eso no fui de los que aceptaron el primer corte de DM, Heaven, inmediatamente, por tirar tanto para ese lado. De hecho, sólo me reconcilié con Heaven luego de la deconstrucción que hicieron los Freemansons, que remite a aquellos 12" que perseguía por todas las disquerías de Buenos Aires en mi adolescencia. 
La combinación de falta de Alan con canción pseudo gospel es lo que hace de estos discos (Delta Machine, pero también Playing the angel y Sounds of the universe) una masa informe con sólo algunos momentos de brillantez que nos hacen reconocer algo como único: las cuerdas en el estribillo de Welcome to my world; la fuerza de Raw Nerve; Soothe my Soul, un futuro clásico en vivo a juzgar por como funcionó en el mini show que hicieron en el programa de Letterman.
Pero la reiteración es lo que aplasta el conjunto, y de la misma manera que en otra época esperaba ansiosamente "la canción que canta Martin", en primera escuchada, en cuanto empezaron los ruiditos al principio de The Child inside, la reacción fue "pfff, seguro que ésta es la que canta Martin", por lo previsible.
Hay un track que quiero destacar por la ambivalencia que me genera: My little universe, que trae un poco de "minimal" para actualizar el sonido y recordarnos cuando todo DM era cutting edge... pero sin olvidarme que el minimal ya es un sonido relativamente viejo, y que en una época, la música bailable electrónica se nutría de Depeche, y no al revés. 
Ojo, de ninguna manera considero que este sea un mal disco, y lejos está de lo abismal de Elyseum, por dar un ejemplo. Pero no me tiren la expectativa de "está a la altura de Violator" cuando los más flojo de ese clásico es mil veces mejor que el punto más alto de Delta Machine

Como los Stones ochentaypico, el disco es una excusa para una gira, una de esas llenas de clásicos que nos hacen sonreir y agitar los brazos, y no está mal. Por 30 años de servicio, les damos ese crédito, que se lo han ganado. 


viernes, 15 de marzo de 2013

Belleza Americana: sobre el estreno de The Americans



Hay una pregunta que se hacen los ejecutivos de las cadenas de televisión de todo el mundo antes de aprobar una serie, y es ¿qué tan importante es que los actores que protagonicen una serie, además de su capacidad actoral y su buena apariencia, sean queribles, o “gusten” en algún sentido poco definido?
Ese “factor x” es la mayor parte de las veces lo que hace que nosotros mismos le demos una oportunidad o no a una serie, salvo que venga muy recomendada por otros motivos o sea un motivo de discusión tan conspicuo que no haya escapatoria (estoy pensando en Girls en este caso, cuyos protagonistas estaríamos en condiciones de asegurar, nunca van a estar en ninguna lista de “gustan” o “queribles”).
Es sin duda una pregunta que se hicieron los productores de The Americans, uno de los estrenos más recomendados de la temporada, que la cadena FX acaba de estrenar esta semana para Latino América. Para protagonizar a esta pareja de espías rusos infiltrados en los Estados Unidos en los años 80, de por si una premisa que podía resultar difícil de digerir, necesitaban actores inmediatamente queribles. Entonces fueron por los actores Keri Russel y Matthew Rhys. Efectivamente, la mismísima Felicity y Kevin Walker de Brothers and Sisters. No voy a negarles que no teniendo ninguna vergüenza en admitir mi gusto por ambas series, es el motivo por el que le di una primera oportunidad. Y que suerte que se la di, porque la serie realmente vale la pena.
Como les decía, The Americans es la historia de Elizabeth y Philip Jennings, que detrás de su fachada “all american” son en realidad dos espías rusos tan completamente integrados en los suburbios de Virginia que no se les permite jamás volver a hablar en otro idioma que no sea inglés y que parte de su coartada son dos niños que concibieron y crían en tierra norteamericana. De día son los clásicos vecinos suburbanos de cualquier serie, mientras que de noche salen a cazar defectores, torturarlos y asesinarlos, seducir políticos con absolutamente cualquier recurso que crean necesario (a que no se imaginaron a Felcitiy en un corset de cuero practicando fellatio…) y cometer el actor de sabotaje o traición que se imaginen.
La serie funciona por tres factores, esencialmente: en primer lugar, logra el equilibrio necesario entre la historia de espías y el conflicto de pareja (o no pareja) de los Jennings. En segundo lugar, el ya mencionado atractivo de los actores. Russel en particular tiene un papel de mujer dura e inflexible, que usa su sexualidad como arma y no duda en poner en su lugar a nadie, de cualquier lado de la división política. Para que este personaje no fuera una caricatura, hacía falta una actriz que pudiera dar el registro “dulce” y cambiarlo en un segundo. Sabíamos que Russel podía hacer Felicity, pero ¿podía hacer también Pussy Galore? Bueno, parece que sí. De hecho, viendo el primer episodio me acordé de como JJ Abrams había propuesto la serie Alias originalmente: Que pasaría si Felicity fuera espía. Bueno, tanto como me gusta Alias y Jennifer Garner como la espía que alterna sweaters de punto grueso con intriga internacional, Russel aquí da clase de cómo manejar la alternancia. Rhys también lo logra, aunque la característica principal de su personaje es la ambigüedad y la duda (Phillip ha sido claramente seducido por el Sueño Americano), pero el hecho de que el actor ya de por si este imitando el acento norteamericano  (Rhys es galés) le da una credibilidad adicional.
Y el tercer factor es la época, claro. Si bien no es secreto mi amor por los ochentas y como esta ubicación cronológica afecta, por ejemplo, mi gusto por Ashes toAshes, hay algo interesante en este momento que es mas de transición de los 70 a los 80, justo al comienzo de la era Reagan, con las consecuencias que tendría sobre la guerra fría. Y claro, los ochenta también significan la música de los 80, que inicialmente además va por caminos que no son los standard: los primeros 10 minutos del capítulo, probablemente de los mejores 10 minutos de televisión que puedan ver este año, transcurren musicalizados por esa extraña criatura que es Tusk de Fleetwood Mac, en una versión que además limita con el dub, logrando un efecto hipnótico y atrapante. Uno de esos casos de perfecta sincronía entre imagen, dialogo y música incidental.
Claro que la serie no es perfecta: la recreación de época mucho dista de los detallismos de Mad Men o Downton Abbey (de hecho, los Jennings padres e hijos tienen aproximadamente la edad de mis padres, la mia y de mi hermana en esa misma época. Les aseguro que ninguno de nosotros se veía como Felicity Porter, Kevin Walker y su potencial descendencia), y la historia del agente del FBI que se transforma en vecino parece salida de Hechizada o Alf más que de una serie de cable adulta en el 2013, y finalmente hay que ver hasta donde se puede llevar la tensión entre vida personal y vida de espías antes de que esto se transforme en la segunda temporada de Homeland. Por lo pronto, una muy buena señal en que FX ya se haya comprometido a una segunda temporada, lo que implica un pensamiento a más largo plazo que puede ser beneficioso.
Denle una oportunidad, estén advertidos que el piloto tira toda la carne al asador y luego hay una meseta hasta que se pone realmente interesante, y disfruten.
Y claro, si le tienen cariño a Felicity o Kevin, ya saben que hacer…


sábado, 2 de marzo de 2013

Cuatro discos, dos comentarios: Cuatricromía, de Fangoria


“Cuatricromía”: ¿un invento o un intento?
Comentario de nuestro columnista invitado Pablo Costa Wegsman

Este undécimo álbum de estudio de Fangoria, aunque según mis cuentas es el octavo (sin contar  previos ep´s), ha sido promocionado como “el disco más esperado”. Y sí, es cierto, ya que pasaron 4 años desde que saliera “Absolutamente”, el último material nuevo de la banda. Entre medio, un disco en directo (como aquí se dice en vivo), qué cómo muy bien dijo mi amigo Casals, no aportó nada; y una compilación triple (o cuádruple, si contamos el DVD) que, y en este caso difiero con el mencionado autor, tiene algún que otro mérito. El primero de ellos, sin duda, es el arte de tapa. Esto es algo que ha caracterizado a Fangoria, y ellos siempre recalcaron que era precisamente eso lo que hacía de su producto algo conceptual y completo, e incentivaba a comprar sus cd´s (en vez de piratearlos), ya que ese arte no te lo podías bajar de ningún lado… Incluso, aparentemente (hear say), ellos corrían con los gastos del arte, porque la compañía discográfica no estaba dispuesta a gastar pequeñas fortunas en portadas, ya que lo consideraban simplemente eso, un gasto; no una inversión. Este es un tema al que volveré, por razones obvias, cuando comience con el comentario del nuevo material… El segundo mérito, por llamarlo de algún modo, es su re-visitación a sus días de Dinarama y Pegamoides. Aunque no todo ese material ha tenido el resultado esperado, hay algunas cosillas que valen la pena. Lo más importante de esa experiencia es que los llevó a trabajar con distintos productores, uno no muy bien elegido, al punto que prescindieron de casi todo el material de Carlos Jean, y terminaron re-produciendo ellos mismo tres de los temas originalmente producidos por este.  Este “formato” es el que decidieron para la obra que nos ocupa, y algo que la hace variada y “entretenida”.
Debo confesar que, como me pasa con muchos artistas, y Fangoria no es una excepción, la primera escucha es, por lo general, decepcionante. Pero hay que seguir escuchando para descubrir méritos, canciones favoritas, y hallazgos. En una nota que acabo de leer, le preguntaban a Alaska si se habían “rendido ante la dictadura de iTunes”. Ella sale airosa, comentando, más bien, el formato ep, el cual utilizaban a comienzos de la carrera del grupo. Esto viene a cuento a que, debido a este formato, abandonaron la consigna antes comentada del concepto de obra completa: música y arte de portada. Por suerte, en este formato la portada no es importante; y digo por suerte porque en este caso, si tuvieras que comprar el cd físico, tras ver la foto de la portada, probablemente te lo pensarías dos veces. Creo que coincidimos todos en que es horripilante. Con perdón a Juan Gatti, y con todo el respeto que le tengo, entiendo que debe tener muy claro el concepto que quiso plasmar, pero yo sigo sin entenderlo. Vamos, que la tipo es de un ridículo tal (como las fotos) que ni siquiera se puede leer lo que pone…

Vamos con las canciones, que en definitiva, es lo que más nos importa. Todos sabemos ya que el disco no es un disco, sino cuatro mini-discos (ep´s).El primero, el azul, que me causa cierta gracia que sea azul probablemente porque es una producción de la Casa Azul, es el más pop, y tiene obvias influencias de los Pet Shop Boys. No voy a hablar de Dramas y Comedias, que ya está harto comentado, y sigo pensando lo mismo… no me aporta nada y me parece que no es un buen single pre-álbum, ya que no lo representa del todo, y a mí, personalmente, me predispuso mal para escuchar el resto. Por suerte, le he dado, al disco, una segunda chance, con resultados positivos. Piensa en Positivo tampoco me parece que muestre el potencial de la banda, es musicalmente pobre, los coros son, además de un robo, una tontería. Lo más interesante es la letra… que no condice en absoluto con la filosofía de ninguno de ellos. Es el tema constante que encuentro en Fangoria, la contradicción… pero no me voy a meter con eso, por lo menos no ahora, porque si no, no termino más, y esto se transformaría en un ensayo, más que un comentario.
Desfachatez me parece brillante, y aunque he dicho que debería ser el próximo corte, probablemente sacarán algo de uno de los otros “colores”. En realidad, creo que debería haber sido el primer corte, pero ya es tarde para eso. La letra encaja perfectamente con la “filosofía” del grupo, y así y todo podría tranquilamente ser una versión de un tema de Rocío Jurado. El ritmo es irresistible, imposible no querer bailar y cantar con ella… una cosa así como Absolutamente (la canción).La influencia Pet Shop Boys es obvia, con algo de It´s a Sin, y algo propio de A Quién le Importa, con un resultado similar a versiones más recientes de You Spin me Round… pero muchísimo mejor.
Para Volver a Empezar no aporta mucho… y ahí queda, para terminar con este ep, que creo que es el menos interesante de los cuatro.
Pasamos al magenta, en el que vuelven a trabajar con LAS Sigue Sigue Sputnik (como a ellos les gusta llamarlos), colaboración a la que no le veo mucho futuro. En Absolutamente (el disco completo, esta vez) esta colaboración funcionó perfectamente, así como en los temas que produjeron para Astracanada; aunque en estos ya había cierta magia, o espontaneidad por así decirlo, que se había perdido. Aquí creo que sucedió lo mismo. Además, me parece que van más a por nuevos productores, sonidos nuevos, descubriendo talentos y ahorrándose unos duros (dinero) entre tanto, y dando trabajo en casa, que hoy resulta necesario. Tormenta solar perfecta es intranscendental, y el sinte del comienzo es casi bochornoso. Rendez-vous espacial es una canción linda, aunque no estoy seguro del vocoder… las guitarras, por otro lado, bien usadas y aportan un sonido no muy convencional en Fangoria; probablemente el mejor aporte de las Sputniks al disco. Muy bien la voz en este tema Alaska; me saco el sombrero. Capricho de un Corazón Estrafalario, además de poder ser una canción de, o para Las Nancys Rubias (como bien lo ha dicho Gus), suena exactamente como las versiones producidas por Neil y Tony de El rey del Glam y Perlas Ensangrentadas de Astracanada. Viaje a Ninguna Parte es, para mí, el mejor tema de este ep. La letra me parece absolutamente coherente con Olvido, y preciosa; el sonido es espectacular: una joyita como muchas de Absolutamente; algo así como La pequeña Edad de Hielo. Me mata el “sin mi memoria” “a capella”, y ella está cantando mucho, pero mucho mejor. 
Llegamos al amarillo, y al sonido más electrónico que tanto nos gusta de Fangoria. Un sonido no nuevo, pero sí renovado, respaldado por Los Pilotos, proyecto electrónico de dos de los integrantes de Los Planetas, grupo más rockero, cosa que lo hace MUY interesante. Y sí, el bolerazo con el que abre, Errores Garrafales, con un sonido potente, y una letra casi perversa y tan diva, me rompe la cabeza. Peligros, de sonar como Elektronic o Camouflage, no queda a la altura del tema anterior, pero es un lindo tema que no deja de hacerme sonreír que diga que “los planetas brillan como el sol”, y no Los Planetas… no sé si me entendéis… Un Robot no Cree en Dios no destaca tampoco, y sigo insistiendo: cuidado con esos vocoders, que eran modernos a principios de los 80´s. Rompe la cadena es un lindo tema, especialmente, como mencionó Gus, si te has tomado una pasti…sí, muy fangoriano; probablemente hubiera sido una evolución natural a Una Temporada en el Infierno o Naturaleza Muerta (la Etapa Imperial, como la llama Casals).
El, definitivamente, broche de oro, es el disco negro. Un riesgo para una banda que ha tenido su mayor éxito comercial con temas fáciles, poperos, o raveros… pero decidieron hacernos, a los fan, un aporte artístico que estábamos necesitando, y que se quedará como parte de lo favorito de Fangoria. Es como cuando hicieron el concierto de doble sonido, una primera mitad rock, y una segunda electrónica. En la primera parte, Olvido dijo que quienes no eran fans podían irse a tomar algo por ahí, porque iban a aburrirse mucho… La elección del productor fue brillante, y el señor tiene menudas credenciales. Es como que decidieron ponerse serios y mostrar que son una gran banda, verdaderos músicos, artistas, creadores. 
Lo tuyo no es normal es un TEMAZO. Un sonido más que potente, donde no sobra nada. Volvemos un poco al bolero, que también les queda bien, pero con mucha clase. La letra, simplemente brillante. Creo que podría escribir un comentario tan largo como este de solamente esta canción, pero no se trata de eso, por lo que es mejor seguir.
Ecos de Ayer no tiene nada que envidiarle a la anterior. No tengo palabras para definirla… es una de esas canciones que te dejan extasiados y no quieres dejar de escucharla; algo que, como decía antes, necesitábamos de Fangoria.
El Mundo Conspira Contra Ti es el tema más pop de este ep. Una linda canción, pero a mi entender no le llega ni a la rodilla a las anteriores. Sí, puede ser que sea el próximo corte como dice mi editor, pero bueno, mejor ni empezar con el tema de los cortes, ¿no? ¿Hacen justicia al producto íntegro o son sólo lo más fácil de difundir y que tiene más posibilidades para promocionar? Tiro la piedra (y escondo la mano).
Cuatro Voces, si bien tampoco me parece una de las mejores canciones del disco, está perfectamente ubicada al final del álbum, y le da un cierre, una especie de conclusión. Al principio, parece que viniera a ocupar el lugar que ocupó Ese Hombre en Naturaleza Muerta; pero no, no es otra versión de un tema de Rocío Jurado, sino un tema prototípico del grupo, de su sonido más particular, más extraño y agresivo.
En definitiva, Fangoria ha “vuelto” con un discaso que, además de tenernos a todos locos escuchándolo y comentándolo, revalora nuestro gusto e interés por la banda. 
Olvido y Nacho: GRACIAS POR LA MÚSICA, y por muchos discos más.


El siguiente comentario fue escrito especialmente para Casa Brutus y fue publicado en la sección Discos de marzo.

No es secreto que Fangoria son fans de los Pet Shop Boys, así que supongo que no está fuera de lugar empezar este comentario con un concepto muy PSB, que es el de “Etapa Imperial”. La Etapa Imperial de un artista es esa cuando coincide la creatividad del artista con el gusto del público y el apoyo de la crítica. Ese momento “intocable”. Fangoria, claro, tuvo su Etapa Imperial, que comenzó con Una temporada en el infierno, tuvo su pico creativo en Naturaleza Muerta y su pico comercial con Arquitectura Efímera. Todo lo que hagan de ahora en más, como le pasa a cualquier artista con su propia EI, será medido contra esa altísima vara, y lamentablemente, los últimos discos no estuvieron a la altura. Primero por un énfasis en el “sonido en directo” que los hizo perder algo de sutileza, y algunos excesos kistch que siempre fueron parte de la esencia de la banda, pero que se estaban exacerbando, según opinan algunos, por demasiada influencia del marido de la Señora Olvido, Mario Vaquerizo. La gota que rebalsó el vaso fue el innecesario disco (triple!) compilado y aun mas innecesario disco en vivo que le siguió.
Lo que podemos rescatar de esta revisión de carrera es que probablemente les sirvió a Alaska y Nacho para poner en perspectiva fortalezas y debilidades, y un poco producto de esto es Cuatricromía.
Cuatricromía no es un disco, sino que son cuatro mini discos, cada uno focalizado en uno de los aspectos que hacen de Fangoria, Fangoria: algo pop,  un poco de rock, un toque de electrónica, y un dejo dark-gótico. Cada uno cuenta además con un productor diferente acorde al estilo. El resultado es interesante por su variedad, además de ser uniformemente bueno desde el punto de vista de las canciones, que más allá de estilos, es lo que los ha hecho memorables todos estos años. 
El disco azul es el más pop, y no es casual que Dramas y Comedias el corte de difusión, fuera elegido de esta sección. Inmediato y soleado, remitiendo al ya clásico Miro la vida pasar; y como Dramas... y  Piensa en positivo dan cuenta, un tanto MUY influenciados por los ya mencionados PSB. De hecho ambos parecen refritos de I Wouldn’t normally do this kind of thing.
El disco magenta es más rockero, y los reúne con los ex Sigue Sigue Sputnik, como en sus últimos álbumes, y no aportan nada que no estuviese ya hecho en Absolutamente, por ejemplo. Y en el caso de Caprichos de un corazón estrafalario, por favor Olvido, devolvele la canción a las Nancys Rubias y aquí no ha sucedido nada...
El disco amarillo es el disco electrónico, y si bien no presenta grandes innovaciones, remite directamente a la Etapa Imperial antes mencionada, y contiene Errores garrafales, uno de esos bolerazos que Fangoria hacen pasar por otra cosa pero que tienen el ADN Olga Guillot a full. Y como para recordarnos de su auténtico pedigree, Rompe la cadena termina con un minuto completo que salió de una noche de pastis a principios de los noventa, y que aun suena fresco y Fangoria-apropiado.
El disco negro es tal vez el más sorpresivo. Fangoria, desde su mismo nombre hasta los diferentes looks de Alaska a lo largo de los años, no necesitan revalidar sus credenciales “dark”, sin embargo no es lo primero que nos viene a la mente cuando pensamos en ellos.  Y al escuchar estas canciones, resulta tan ... apropiado. Combina los diversos elementos musicales que ya les conocemos, le permite a Olvido trabajar en un registro vocal más sutil y más acorde a su limitado registro, combina el DRAMA de los elementos bolero que mencionaba más arriba y da una cosa más acorde a gente que está cerca de los 50 que una rave maniática o cancioncitas pop. Claro que no es material inmediatamente radiable, pero da un cierre al disco que nos deja con ganas de más, algo que hace tiempo que no sucedía. 
Y de hecho, el cierre de esta sección y del disco, El mundo conspira contra ti, es un perfecto resumen de todas estas facetas, y no me extrañaría que fuera el próximo (muy acertado) corte.
Habrá que ver como se traslada esto ahora a un vivo, que imágenes eligen para acompañarlo, pero en el momento en que Fangoria podía empezar a cansar, les damos un nuevo crédito. 

Calificación 4 brutus de 5


martes, 19 de febrero de 2013

Karen y kd: mis chicas K



Cuando se trata de desarrollar un gusto  personal, ya sea en música, películas o cualquier otra expresión artística, es siempre importante la presencia de hermanos mayores. Ya sea de manera proactiva (al acercarnos material por primera vez basado en su experiencia personal) o reactiva (desarrollando un gusto que es exactamente el opuesto del propuesto, por contraste). Se puede argumentar que la presencia de un mentor o un grupo de pares cumple la misma función, pero hay algo único que sale de la convivencia bajo el mismo techo  y los juegos mutuos de admiración y rivalidad propios de la relación fraterna.
En mi caso, con mí varias veces mencionada hermana Marcela, esto fue en todas direcciones: ella me acercó a los Beatles, al rock argentino de diversas generaciones, y a ciertas cantantes argentinas de los años 80. Pude respetar a los primeros (y familiarizarme de manera casi inconsciente con su repertorio), hacerme temporariamente fan de lo segundo, y desarrollar una complicada relación amor-odio con las terceras. Con los años, cuando mi gusto comenzó a tomar autonomía (pista: el material que suele ser cubierto en este blog), un poco de la influencia comenzó a ir en la dirección opuesta.  Digamos que  desarrollamos un respeto mutuo por el gusto del otro, que sirve para tener en cuenta lo que sea que el otro recomiende, comience a seguir, o defenestre.
Independientemente del gusto, se desarrolló casi naturalmente un dialogo, un intercambio de opiniones que muchas veces la gente que nos conoce por separado no puede evitar ver como cierta característica familiar cuando nos ven juntos o interactúando con el otro. Todo lo que no tenemos de parecidos físicamente, lo tenemos en la manera de expresarnos y relacionarnos con las cosas que nos apasionan.
Fue por intermedio de Marcela que fui expuesto y varios años después aprendí a apreciar a los Carpenters, a Karen en particular y esa voz tan característica, que mezcla calidez con precisión y hace suyo cualquier material que se le diera por cantar. Eternamente considerados “blandos” en los ámbitos más rockeros, fue la recuperación “irónica” en los 90 que hecho luz sobre lo genial de sus discos.
Al mismo tiempo, fue por intermedio mío que mi hermana se acercó a kd Lang, a su majestuosa voz, su revolucionaria actitud, tanto como militante LGBT como gran pateadora de tablero en su capacidad de cambiar de género musical como de corte de pelo.
Estábamos en algún momento de los noventa ambos alineados en nuestra admiración por Karen y kd, cuando esta última saco a la venta su álbum de covers Drag. Prefiriendo el material más pop y un tanto más arriesgado de sus producciones anteriores (kd es un magnífico ejemplo de etapa imperial, comenzando con su colaboración con Roy Orbison en Crying, teniendo su pináculo en el ya clásico Ingenue, y decayendo en el ya mencionado Drag), Marcela le prestó inicialmente más atención que yo, y un día, contándome cuanto le gustaba el disco, me hace reparar en un detalle en la canción My old addiction. Hay algo, una cierta… cualidad típica de Karen. No es que suenen parecidas, ni que kd la esté citando: es un aire, una reminiscencia. Y es también una de esas cosas que una vez que las escuchamos, es imposible des-escucharlas.

Para mí fue como una puerta que se abrió, fue re escuchar a kd bajo una nueva luz y comparar, efectivamente, su emparentamiento con Karen. No es casual que esto saliera a la luz con Drag, tampoco,  donde la selección de covers elegida por kd tiene mucho en común con las clásicas reinvenciones de Karen y Richard (uno de mis momentos favoritos de su carrera es como hicieron suya Ticket to Ride, al punto que para mí escuchar la versión de los Beatles es escuchar el cover, y no viceversa).
No tengo memoria de que kd haya citado nunca a Karen como una influencia directa, pero estoy seguro que ocupa un lugarcito en su corazón y su discoteca. Karen, claro, se nos fue antes de tener la oportunidad de escucharla a kd. Estoy seguro que le hubiese gustado (aunque tan conservadora la familia Carpenter, seguramente se hubiese shockeado un poco con “el estilo de vida” de kd).  Una colaboración entre ambas queda en la imaginación de nosotros que las queremos (y varios escritores de fan fiction a quienes les acabo de dar la idea… la faceta “baterista” de Karen fue un temprano desafío a las convenciones de género).
Les dejo como tarea para el hogar, si gustan de Karen, darle una oportunidad a kd. Si son militantes de la la Lang, agarrar el famoso disco de “la tapita marron” de los Carpenters y pegarle una escuchada. Y si les gustan cualquiera de ambas o ambas, ir familiarizándose con el modelo 2013, la cantante Rummer (astutamente recomendada para este posteo por  mi amiga Yolanda).
material de referencia: el album "de la tapita marron"

miércoles, 13 de febrero de 2013

Mala Reputación: sobre el criminalmente ignorado Queer de los Thompson Twins

Porque cuando moves el culo, es lo primero que notan, y algunos errores se cometieron para quedar.
George Michael, filósofo contemporáneo


“Hazte fama y échate a dormir” es un refrancito mala leche, porque tiene dos implicancias bastante negativas: hacé algo bien y dormite en los laureles o, una vez que te mandaste una cagada, es irremontable. El mundo de la música está lleno de historias donde esto se aplica, desde esa gente que tuvo un momento brillante en su carrera (una etapa imperial, digamos) y luego no volvió a pegarle una pero siguen robando con sus pasadas glorias, o al revés, gente que cometió algún error temprano, y luego pasa una vida tratando de levantar el muerto. La frase de George Michael que cito más arriba es de su clásico Freedom 90, que justamente narra lo complicado de estas transiciones, de las cuales él cayó más o menos bien parado, tenido todo en cuenta. Pero George es la excepción y no la regla.
Empecé por acá porque tenía ganas de hacer una apreciación de un disco “maldito” pero que en ciertos ámbitos (digamos, mi círculo de amigos) es considerado un clásico: Queer de los Thompson Twins. Los TT, claro, tuvieron su momento de gloria unos siete años antes a la salida de Queer, a mediados de los 80, con canciones de ligero corte teeny bopper y una imagen demasiado telegénica como para ser tomada en serio: Tom Bailey clásicamente buen mozo con su ridícula colita roja; un integrante de origen africano y una mujer, cuando ninguna de las dos cosas se consideraban diversidad sino “truquito de marketing”; y una presentación que derivó rápidamente en payasesca. Las sólidas credenciales de Bailey como autor de canciones y músico nunca trascendieron más allá del círculo de revistas “muso” (de apreciación de los “músicos serios”), y para el final de los ochenta eran básicamente un chiste.
Tuvieron un intento de reinventarse con el álbum  Big trash (gran nombre, pero en lugar de ironía se prestó para el chiste fácil) y el hit menor Sugar Daddy, que los encontraba en nueva compañía discográfica y un hasta entonces raro éxito en un mercado que no les era el más familiar: la música dance.  Un poco frustrado, Bailey comenzó a trabajar con el productor Keith Fernley y sacar discos dance casi anónimos, con etiquetas blancas y atribuidas a un tal “Feedback max”. Uno de estos cortes  se llamaba Come inside y fue un hit de cierta importancia en el pico de popularidad rave 88-89. Envalentonados con este éxito, la Warner decidió sacar a la venta Come Inside en versión cantada y correctamente atribuida a los Thompson Twins, solamente para verla languidecer en los rankings. El álbum que la iba a contener, junto con otros tracks de Feecback Max resignificados, titulado Queer aprovechando tanto a homenajear a la poetisa favorita de Alannah Currie, Edith Sitwell y al momento político de asociaciones LGTB militantes tales como Act Up y su campaña Absolutely Queer, nunca salió a la venta en Inglaterra por miedo a que no funcionara.

Del otro lado del atlántico, artista y compañía se negaron a dejarlo morir, y Queer fue editado y promocionado de acuerdo a la campaña original (primero la disco antes que la radio). El disco fue un fracaso, pero los cortes dance tuvieron una repercusión inesperada. De hecho, quedaron tan aislados de la experiencia del álbum completa, que el tercer corte, una canción ligeramente hippie Strange Jane, fue incluida como un instrumental en la banda de sonido de la película Cool Word con el nombre de Play with me y cortada como simple como Play with me (Jane). Es decir, ni intenten buscar el álbum que contiene esta canción.
Una lástima, porque el álbum completo es sumamente interesante, tanto cuando intenta reproducir la experiencia rave en formato pop como en Come inside o Groove on, como cuando es clásicamente pop como en Flower girl y Jane, o cuando intenta una cosa más lúdica como en My funky valentine. Hasta se dieron el gusto de hacer un track completamente experimental, el que le da el título al disco, que es básicamente el poema del mismo nombre de Sitwell recitado por Currie sobre una base psicodélica y que casi se adelanta dos años al freak pop que sería característico de Bjork.
El fracaso del disco no fue un mensaje perdido en Bailey y Currie que decidieron que el estigma que los seguía no tenía que ver con la calidad del material que estaban colocando en el mercado, si no con la marca “Thompson Twins”, y fue lo último que hicieron con ese nombre. A partir de entonces comenzaron a presentarse bajo el nombre de Babble, dedicándose al dance y la electrónica, con éxito moderado y buena respuesta de la crítica, y sólo los fans y conocedores sabían de quienes se trataba en realidad.
Actualmente Tom hace música para películas y televisión, produce artistas con mucho éxito, y hasta tiene un proyecto multimedia experimental con el astrónomo y artista José Francisco Salgado, mientras Alannah se dedica a la política feminista y ecologista en su Nueva Zelandia natal, alternando con algunos experimentos en las artes visuales muy bien recibidos. Como lo mencioné en algún otro lado, fueron durante bastante tiempo pareja, y ahora cada uno rehízo su vida por su lado.
Queer hasta hace poco se conseguia en bateas de oferta, una gran oportunidad de hacerse y disfrutar del mismo. 

lunes, 4 de febrero de 2013

Sin vergüenza: Escuche sin prejuicios, volumen XXVII



La verdadera prehistoria de este blog no fueron colaboraciones varias que hice en blogs de amigos, ni siquiera mi festejada participación en la ya mítica La Chancleta (no intenten con el link, este maravilloso producto noventero ya no existe, solo en el espíritu de su ideóloga Lady Ryk y el mío). No, el verdadero origen de mi versión opinionada por escrito fue una nota que escribí hace unos… 25 años, en mi tierna adolescencia, a mano alzada en papel cuadriculado de algún cuaderno de la facultad.
La nota se llamaba “Hasta la vista prejuicios” y fue leída por un selecto grupete de amigos, que me alegra decir, siguen siendo en alguna capacidad, parte de mi círculo amistoso.
Historia al margen, lo que me recordó esta nota fue su contenido, una especie de racconto personal de cómo había pasado de detestar ciertos tipos de música a hacerme fan de los mismos. Y pensé en esto porque aún hoy en día me encuentro con gente que tiene gustos “vergonzantes”, que disfruta de cierto tipo de música, películas, programas de TV a escondidas, porque “no queda bien” o “como voy a admitir que me gusta eso”. El tema es, el gusto, si bien se puede educar, tiene también algo similar a lo que nos pasa con la atracción sexual: tenemos poco control sobre lo que nos gusta o nos deja de gustar, siempre sobredeterminado por tantos factores separados que lo máximo que podemos hacer es controlar una de todas esas infinitas variables.
“Hasta la vista prejuicios” jugaba no con la referencia pop culture de Arnold, si no con la de Jody Watley y su clásico Looking for a new love. Hoy en día es fácil admirar esta pieza de pop funk que de hecho la puso a la Watley en el mapa, con sus reminiscencias Prince de pedigree auténtico, vía la producción de André Cymone. Pero en ese momento, en mi círculo, sencillamente, no. Todos anglófilos y para qué negarlo, bastante musicalmente racistas, no nos permitíamos nada de música negra contemporánea, en gran parte cansados de Michael Jackson y la gran “domingodinubileada” a la que habíamos sido sometidos. Así que Prince, no. Hasta teníamos el tupé de reírnos del falsete de Kiss, y manteníamos una informada ignorancia sobre las apropiaciones blancas que de este estilo se estaban haciendo (discos de Madonna y Duran Duran principalmente, en ambos casos con abundante producción de gente como Nile Rogers o Stephen Bray, de quienes como estaban detrás de la cámara, no prestábamos atención a sus orígenes).
Pero hubo algo en Looking for a new love, su int
érprete y su video que sacudió esta barrera,  y una vez que la barrera se cae... Si se disfrutaba de esa canción y el magnífico álbum que la contenía, seguir negando a Prince era solo necedad. Y que suerte, porque estaba justo al salir Sign o’ the times, y haberse perdido uno de los mejores 10 discos de los ochenta por esta boludez, realmente no calificaba.
Y más fuerte aún, admitir a Prince y Cymone significaba no poder negarse a Jam & Lewis, y con ellos llegaba Janet Jackson, cuyo peor pecado solo era la portación de apellido.
El cambio no fue de un día para el otro: podían gustarme ciertas cosas, pero no estaba listo para admitirlo públicamente (cualquier similitud con otros aspectos de mi persona, seguramente no son ninguna coincidencia). Al punto que en aquella era pre youtube, y más aún, pre MTV, cuando grabábamos los video clips de Música Total moviendo la antena para agarrar canal 2, tenía una cinta separada para los videos vergonzantes.
En algún momento, un ataque de madurez me hizo darme cuenta de esta salvaje pavada, y a partir de ahí pase a relajarme. Fue en esta época que salí de otro closet, el de los comics, en épocas cuando que a uno le gustaran las “historietas” era visto como un infantilismo impresentable (esa historia ya la conté en otro lugar).
Admitir gustos, también implicaba admitir disgustos, que también pueden condenar al ostracismo: admitir que a uno no le gusta el rock, o que Morrissey nos cae como el orto; y que con el tiempo, ayudado por la capacidad argumentativa que me es característica y el medir dos metros, pude salir a ponerle el pecho a todos estos gustos desviados.
Hoy en día no hay más que leer este blog para saber que soy capaz de defender las más impopulares opiniones (o para horror de mis lectores hipsters, las MAS populares opiniones, rompiendo algún tipo de tabú de coolness). Mucho de esto tiene que ver con la edad claro, con haber derribado más closets de los que una sola persona puede tener, y haber decidido ser militante de sus contenidos (los del closet, se entiende).
¡Entonces, liberémonos! ¿Esa canción de Sonia te hace mover la patita? Escuchala. ¿Te morís con las telenovelas venezolanas? Bueno, adelante. ¿las películas coreanas te aburren hasta las lágrimas? ¡No las veas! ¿te calienta ese sex symbol popular que tus amigos consideran “un grasa”? Bueno, ellos se lo pierden. Y el dia que tus compañeros de oficina insisten en quemarse el sueldo en sushi, comete una milanga grasosa de la fonda de la vuelta sin ninguna culpa.
Yo por mi lado, 25 años después sigo queriendo a la Watley como el día que la descubrí, y muchas cosas que en esa época consumía porque eran “lo que había que escuchar” (o ver, o disfrutar) han quedado en el lejano olvido.

A los fines de preservación histórica, me he tomado la libertad de postear, sin ninguna edición, al original que refiero más arriba, gracias a las maravillas de la tecnología, como si Blogger hubiese existido en los ochenta. Pueden leerlo aqui, sean buenos conmigo, era joven e inexperto.